Pocas actrices europeas de su generación han construido una trayectoria tan diversa y arriesgada en poco tiempo como la de Ella Rumpf. La actriz, que nació en Francia y creció en Suiza, se dio a conocer internacionalmente con Crudo (2016), la impactante película de Julia Ducournau presentada en la Semana de la Crítica de Cannes y convertida en fenómeno de culto. Desde entonces, ha transitado con naturalidad entre el cine de autor europeo y las grandes producciones internacionales, trabajando con directores tan distintos como Jakob Lass, Guillaume de Fontenay, Anna Novion o Alice Douard, al tiempo que participaba en series de prestigio como Succession y Tokyo Vice.
Su interpretación en Le Théorème de Marguerite (Anna Novion, 2023) confirmó definitivamente su talento, consiguiendo el Premio Lumières y el César a la actriz revelación en 2024. Desde entonces, su presencia ha seguido combinando fragilidad, inteligencia y una notable intensidad emocional.
Nos encontramos con Ella Rumpf durante el Festival de Cannes, donde fue una de las intérpretes seleccionadas por Unifrance dentro de la iniciativa 10 to Watch, que destaca cada año a los talentos emergentes más prometedores del cine francés. La actriz acude, además, para presentar L’espèce explosive, el nuevo largometraje de Sarah Arnold seleccionado en la Quincena de Cineastas. Conversamos con ella sobre los personajes femeninos que desafían las normas, la libertad interpretativa, el lugar que ocupa hoy el cine de autor y una carrera que continúa creciendo sin fronteras.

Raw (Julia Julia Ducournau , 2016)
EVA PEYDRÓ: ¿En qué momento supo que quería ser actriz?
ELLA RUMPF: Creo que fue algo que llegó poco a poco. Cuando empecé a hacer teatro en la escuela y, más tarde, a presentarme a castings por diversión, porque me parecía algo divertido. Después conocí a actores ya consolidados que me mostraron que esta profesión era mucho más profunda de lo que imaginaba, o al menos que era una profesión posible. Hasta entonces, para mí no lo era.Y de repente pensé: en realidad esto es un arte, y está conectado con tantas cosas interesantes. Es una manera práctica de estudiar el mundo; es una especie de antropología aplicada. Y también es una aventura.
¿Ha habido alguna actriz que le inspirara especialmente?
Hay algo que siempre me ha atraído mucho de las actrices. Primero las descubrí a través de películas antiguas y después a través de otras intérpretes… Realmente ha habido muchísimas actrices que he admirado. Algunas me han inspirado y otras me han conmovido profundamente en determinados papeles, mujeres llenas de vida por las que he sentido admiración: Scarlett Johansson, Cate Blanchett… Hay tantísimas actrices extraordinarias. Y en Francia, Marion Cotillard, por ejemplo.

Couture (Alice Winocour, 2025)
Raw fue una revelación muy importante en su momento. Era una película muy física, radical. ¿Su papel influyó en la forma en que los directores la percibieron después?
Sí, definitivamente. Y también intenté liberarme de eso. No quería quedar encasillada en una sola cosa y que me ofrecieran siempre el mismo tipo de papeles. Por eso intenté hacer cosas muy diferentes desde el principio, para transmitir esa idea. Creo que a veces uno se encierra en una sola identidad.
La interpretación es una forma práctica de estudiar el mundo; es una especie de antropología aplicada.
Después del César, ¿sintió nuevas libertades o nuevas presiones?
No cambió demasiado, la verdad. Pensaba que cambiarían más cosas, pero no fue así. Hubo un momento en el que me pregunté: “¿Qué tengo que hacer ahora? ¿Debo cambiar mi manera de trabajar?”. Pero después pensé: “No. He hecho las cosas bien hasta ahora. ¿Por qué debería cambiarlas porque tenga un César?” Para mí es importante mantener mi propia línea, escucharme a mí misma, hacer películas grandes y pequeñas, y sobre todo hacer cosas en las que creo.Yo no tengo un plan de carrera. No tengo un plan de vida.
Pero los premios confirman que estaba siguiendo el camino correcto.
Exactamente. Eso sí es tranquilizador.
No quería quedar encasillada en una sola cosa y que me ofrecieran siempre el mismo tipo de papeles.
El cine europeo suele permitir la construcción de personajes complejos, ambiguos, moralmente opacos. ¿Cree que esa libertad existe igual en las grandes producciones o en las grandes series?
Hay personajes complejos en todas partes, por supuesto. Pero en las grandes producciones a veces hay menos espacio y menos tiempo para trabajar realmente la profundidad de los personajes. En las grandes producciones o series muchas veces eres tú quien tiene que construir completamente el personaje. Eres responsable de darle carácter, de dirigirlo. Eres un poco el capitán de tu propio barco. En el cine de autor, en cambio, suele haber un director o directora con una visión muy fuerte y trabajas dentro de ella.
¿Cree que hoy tendemos a psicologizar demasiado a los personajes? Muchas veces todo parece necesitar una explicación.
Yo intento explicarlo todo durante la preparación y después olvidarlo. Reflexiono sobre muchas cosas y luego intento trabajar de una forma más intuitiva e inconsciente.

El teorema de Margarita (Anna Novion, 2023)
¿Habla mucho con los directores sobre los personajes?
Depende del director. Pero últimamente he tenido muchas conversaciones muy interesantes. Mucho diálogo, negociación, intercambio de ideas sobre lo que queremos hacer. Es un trabajo profundamente colaborativo.
Trabaja en francés, alemán e inglés. ¿Cada idioma modifica su forma de actuar?
Sí, completamente. No es lo mismo actuar en alemán que en francés. El francés invita a muchas sutilezas, es un idioma que permite trabajar muchos matices. En alemán necesito buscar más tiempo esas matizaciones, quizá porque no es mi lengua materna.
Y el inglés tiene algo diferente. Me gusta muchísimo actuar en inglés, me divierte mucho. De hecho, me gustaría volver a trabajar más en inglés o en alemán. Últimamente he rodado mucho en francés, lo cual es fantástico, pero ahora me apetecería cambiar.









Nadie ha publicado ningún comentario aún. ¡Se tú la primera persona!