Cultura

«Marcelino», entrevista a Bibiana Collado Cabrera

En Entrevistas, Cultura domingo, 07/06/2026

Andrés Mainardi

Andrés Mainardi

PERFIL

Los libros de Bibiana Collado Cabrera tienen dos funciones: algunos te hunden como un golpe, otros te sanan como una caricia. En ese vaivén, que también se vive dentro de las mismas obras, parece que pendulan las formas y los temas literarios que esta escritora elige poner en juego. De Yeguas exhaustas y Violencia (las obras del daño) a Marcelino y Pepitas de carne (las obras del perdón), se establece un gesto de misericordia que deja entrever la materia que compone las relaciones humanas y sus múltiples contradicciones. Manipulación y sufrimiento, cuidado y compasión. Centro y periferia, siempre en tensión. En esta entrevista, realizada una tarde de calor en un barecito de mala muerte en el centro de Valencia, la entrevistada nos entrega media hora de su agenda y algunas pistas, para intentar rastrear la fórmula mágica con la que ha encantado a quienes la han leído, la leen y leerán.

ANDRÉS MAINARDI: ¿Qué es para ti escribir?

BIBIANA COLLADO CABRERA: Supongo que es una forma de pensar, de gestionar ideas, trabajarlas, abrir brechas y conectarlas con las emociones y sensaciones. La escritura, especialmente la poética, sirve para decir lo indecible, para señalar aquello que con el lenguaje cotidiano y natural no alcanza. La literatura nos da esa herramienta para esponjar el lenguaje, para dar a cada palabra una hondura específica y para que las cosas empiecen a significar otras cosas.

¿Y cuándo empezaste a hacerlo? ¿Tienes una ficción de origen?

Desde siempre. Fui la típica niña que quería ser escritora.

La escritura, especialmente la poética, sirve para decir lo indecible, para señalar aquello que con el lenguaje cotidiano y natural no alcanza.

¿En serio?

Aunque no sabía muy bien qué era ser escritora.

¿De dónde nace ese deseo?

No sé. Siempre me gustó la escritura, la lectura y el recitado. Digamos que el ambiente no me acompañó del todo, en el sentido de que mi casa era una casa muy humilde, mi mamá no estuvo escolarizada, mi papá solo hizo la básica. No eran personas con hábito lector ni nada que se le pareciera, pero sin embargo creo que eran buenos contadores, buenos narradores orales y que ahí alguna semilla se plantó.

Si se puede hablar de una carrera, se podría decir que comenzaste escribiendo en verso y luego fuiste hacia la prosa, ¿ves un cambio con el tiempo de tu forma de narrar?

Veo conexiones. Soy de esas personas que creen que hablar de géneros literarios perdió el sentido y que en realidad las fronteras se difuminaron. Todo está contaminado y los estilos son maneras distintas de abordar los temas que a una le preocupan. De hecho, mis novelas y mis poemarios tienen mil puntos de cruce y conexiones, incluso juegos entre ellos casi gráficos. En Marcelino hay una página que es casi un poema de Chispitas de carne y a la vez alude a otro poemario que se llama El recelo del agua. Prosa y verso forman un pequeño cosmos. No veo diferencia entre un género y otro.

Bibiana Collado Cabrera

Marcelino, novela editada por Pepitas de calabaza.

De Yeguas exhaustas a Marcelino la escritura mutó bastante. Y también mutó tu obra poética. Aparecen diversos temas y otras preguntas.

Claro, Violencia y Yeguas exhaustas son una especie de caso de estudio sobre dónde están las violencias en el sistema, cómo se estructuran, funcionan y marcan las vidas, es una escritura con una voluntad crítica y dura. Y tanto, Chispitas de carne como Marcelino son una especie de puesta en práctica de cómo salir de esas estructuras. Lo que tiene que ver con la concepción amorosa, quizá sea la más evidente. Después de un poemario y un libro que suponen la bajada a los infiernos, el señalamiento del daño, la narradora se da cuenta de lo peligroso que es quedarse a vivir ahí. Con los otros dos libros se construye una propuesta alternativa a vivir en el infierno. Y de ahí nacen esos dos libros con una especie de voluntad de escribir sobre el buen amor, de plantear cómo se construye otro sujeto. Las cuatro obras arman un imaginario amoroso desde lugares opuestos.

En todos los libros se siente la tensión centro-periferia. Yeguas exhaustas es un libro que habla sobre cómo los de abajo intentan ser aceptados por los de arriba. En Marcelino lo que aparentemente es el margen termina siendo protagonista.

Veo menos diferencia y más continuidad entre los libros. En Yeguas exhaustas se narra la imposibilidad de ciertas personas de abajo de ocupar espacios destacados en los circuitos culturales de poder. La palabra aceptación no me gusta. Son dos obras con un abordaje diferente. Marcelino tiene que ver con construir una genealogía de los de abajo. No tanto con que ahora haya que reivindicar la ruralidad, sino que la idea es demostrar que eso es España. Porque de alguna manera, en Yeguas exhaustas, hay una salida de la ruralidad hacia la ciudad y esa ruralidad intenta insertarse, pero es la ciudad la que siempre le es esquiva. Y en Marcelino la ruralidad tiene una relación consigo misma.

La ruralidad no intenta ser aceptada, es la ciudad la que la rechaza, el capital cultural urbano es el que, de alguna manera, más o menos explícita, niega constantemente el capital humano proveniente del campo.

Sentirme una extranjera ha sido una catapulta. La sensación es que el mundo cultural no está pensado para personas como yo.

¿Tú crees que Beatriz, el personaje principal de Yeguas exhaustas, y Marcelino, el personaje principal de la novela que lleva su nombre, podrían ser amigos?

Sí, claro. Creo que Beatriz podría ser la nieta de Marcelino. En cierto sentido, en Marcelino se trata la genealogía y, por ejemplo, Marta sería de alguna manera el equivalente temporal a Beatriz, porque es un personaje que ya ha ido a la universidad. Entonces creo que sí tendrían una gran relación, desde luego.

¿Crees que el personaje femenino de Yeguas exhaustas te ha dado la posibilidad de construir el personaje masculino de Marcelino?

Después de Yeguas exhaustas las personas que la leyeron querían que el siguiente libro continuara con esta voz de mujer reivindicativa. Desde el principio sabía que después de esa experiencia me iba a tocar la voz de un hombre. Me di el gusto y el goce de hacerlo. Es una voz masculina que se cuestiona desde dentro, que duda, que todo el tiempo siente que hay algo que no termina de encajar. Poder meterme dentro de esa cabecita y esas entrañas, crear y ver lo que ocurre ahí, eso me gustó muchísimo.

El feminismo como suceso histórico lee obras y les impregna un sentido. Las obras también pueden darle y dotar de sentido al feminismo. Marcelino llega en un momento en que el feminismo se está haciendo preguntas distintas a las de Yeguas exhaustas, ya no está puesto tanto el ojo en reivindicar a las mujeres sino en abordar lo masculino.

Podríamos decir que hay algo ahí. Llevamos años trabajando con ese concepto ambiguo de nuevas masculinidades que no tenemos demasiado claro qué es. En Marcelino, por la época en la que está ambientada, no utiliza palabras del feminismo académico. El personaje principal de alguna manera está transitando una crisis en su masculinidad. De hecho, es llamativo porque ya avanzada la novela hay un momento en el que él recuerda unas palabras de Marta (la universitaria de la ciudad) y se sorprende en cómo esas palabras le sirven para nombrar lo que le pasa. Un señor rural que de repente está identificado la inseguridad del cuerpo con otras palabras.

Es muy interesante abrir esa brecha de sentido y ver qué es lo que ocurre ahí. Imaginar a esos hombres que han sentido que no encajaban en la masculinidad prototípica en la que debían reconocerse y ver cómo gestionaban la identidad, el deseo y la sexualidad dentro de ese mundo.

Es súper interesante cómo utilizas el lenguaje en Marcelino. Ese personaje, sin ser un académico enajenado, ni hacerse preguntas por las nuevas masculinidades, es mucho más vulnerable y consciente de su feminidad que Pedro, el personaje Yeguas exhaustas, un falso aliado universitario.

Estoy de acuerdo.

Bibiana Collado Cabrera

Bibiana Collado Cabrera (Burriana, 1985) es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Literatura Hispanoamericana.

Los personajes de tus novelas llevan la extranjería como símbolo. A nivel personal, ¿tú te sientes una extranjera dentro del mundo literario?

Sentirme una extranjera ha sido una catapulta. La sensación es que el mundo cultural no está pensado para personas como yo. Y personas como yo son la mayoría de las personas. Es muy curioso porque en este país es muy peculiar esa separación entre lo rural y lo urbano. Somos un país profundamente rural. Es decir, España es un país sin ciudades. Las ciudades que tiene son de juguete. Muy chiquititas y siempre vinculadas al sector rural. Hemos sido un país que ha estado caracterizado por vivir de la tierra y todavía, al día de hoy, no hemos sabido superar eso. Hemos pasado de la tierra al turismo y nos saltamos rápidamente la industrialización, por eso siempre hemos tenido una economía medio coja. Si cada persona mira dentro de su genealogía, en una generación o dos todas están en el campo.

Sin embargo, el proceso de transición, modernización, la entrada en la OTAN, la ONU, la UE, conllevó una especie de borrado de esos vínculos. De repente había que ser modernos. Hay una especie de cisma identitario, algo que no hemos gestionado bien y que todavía en el fondito nos avergüenza. Y eso se aprecia de una manera muy clara cuando uno entra en determinados espacios culturales o en determinados círculos de poder donde rápidamente se levantan muros. Claramente siento una extrañeza cada vez que participo en esos espacios.

¿Cuáles son esos muros?

En la cuestión literaria aquí se observa de una manera muy clara. Eso supongo que pasa igual en casi todos los países. El mundo editorial era un mundo que hasta ayer por la mañana estaba en manos de familias burguesas catalanas. Todo lo que se despliega alrededor del mundo del libro y de la industria del libro ha estado vinculado a esas familias, igual que ha estado vinculado a los autores que en su mayoría podían acceder a estudios de grado porque pertenecían a determinada clase social. De manera que han constituido un gueto simbólico en el que se han ido abriendo fisuras, pero aun así rápidamente devuelve a quienes no pertenecen a su lugar. Por eso seguimos teniendo, por ejemplo, premios literarios que se entregan con comidas en hoteles cinco estrellas como si aquello fuera una boda de lujo.

Cuando uno se plantea el sentido de esto no tiene otra búsqueda que sostener un tipo de poder. Esto se aprecia en congresos, festivales y ferias. Cuando menos te lo esperas, aunque creas que pertenezcas porque te invitan, la diferencia se ve y queda marcada. Hay determinadas herramientas e instrumentos que sólo conocen aquellos que sí pertenecen a ahí, y créeme que te las hacen saber.

Bibiana Collado Cabrera

Chispitas de carne, poemario editado por La Bella Varsovia.

Las películas de Carla Simón, Perros de caza de Borja Navarro, Carne de David Pascual. ¿Tú crees que, generacionalmente, volviendo al tema de la ruralidad, hay una generación que busca reivindicar esa identidad?

Creo que estamos en un punto y no solo en lo literario, sino como bien has señalado, desde las diferentes disciplinas, desde el cine y la música, de reivindicar lo que antes no se ha reivindicado. Tener a un Rodrigo Cuevas haciendo música en asturiano, recuperando esos gestos de su tierra. Hay una pregunta por la identidad que es lógica. En Marcelino, hay personajes que se ponen muy nerviosos si les hablan como se habla en el campo, porque asocian esas palabras a la miseria. Entonces quiere despegarse de eso. Pero después hay otros que están encantados con lo mismo. Ese ha sido nuestro recorrido. Venimos de generaciones que quisieron dejar eso de lado porque estaba muy vinculado a la penuria que hubo en este país, y sin embargo, nosotros ya entramos de otra manera y queremos religar ese paisaje, restablecer la cadena que en algún momento se rompió.

Mi familia es de Almería y migraron. Estuvieron por todas partes, mi padre estuvo en Argentina y Francia. Hizo el periplo del españolito completo y al final se quedó en Burriana. Si yo le hubiera dicho a mi mamá de joven que quería volver a Almería me hubiera dicho que estaba loca. Sin embargo, ahora se ve más bonito volver a las raíces. Estamos en un punto muy rico y abierto. Se nota también en el uso de todas las lenguas del Estado en la creación artística. Al mismo tiempo las ciudades no están pudiendo dar a las personas que viven en ellas una calidad de vida para defenderlas.

Bibiana Collado Cabrera

Yeguas exhaustas, primera novela de Bibiana Collado Cabrera.

Sigues siendo profesora, ¿cómo convive ese trabajo con tu vida de escritora?

Conviven muy difícilmente. Necesito dar clases porque es el sustento económico fijo No puedo soltar eso. La verdad es que soy una pluriempleada, porque al final no dejo de formar parte del precariado cultural, y aun incluso cuando a mis libros funcionan un poquito bien. Los ingresos reales para quien escribe son muy limitados. Por otro lado, a nivel vital, experiencial y emocional, me aporta muchísimo. Yo siempre digo que los institutos son pequeños estudios de sociología. A mí, dar clase me supone un cable a tierra, una toma de contacto con la realidad brutal. Ahí sí que ves todo. Es decir, esos chavales que no forman parte de tu grupo de amigos y pensamiento, sino que vienen de familias completamente diversas y distintas. Eso me daría pena perderlo, como dicen los chavales, que tanto les gusta: profe, te falta calle. Pues me daría pena perder la calle. Dar clase te sirve para eso, te da calle.

¿Y ahora qué estás leyendo o escribiendo?

Estoy escribiendo poesía. De normal, mi caminito, siempre estoy escribiendo poesía. Y depende el momento puedo estar escribiendo artículos para el periódico, fragmentos de novelas, pero mi continuum es la poesía, la que lo guía todo. Y leyendo, estoy con muchos intereses. Acabé, hace nada, La chica más lista que conozco de Sara Barquinero, me interesaba mucho porque tiene puntos en común con Yeguas exhaustas, la crítica a la endogamia universitaria, sobre todo. Y ahora estoy leyendo Me críe con un fascista de Antonio Maestre, porque lo voy a presentar en la Feria del Libro de Valencia.

Suscríbete a nuestra newsletter

* indicates required

Compartir:

Antonio MaestreBibiana ColladoBorja Navarro SellésDavid PascualEspañafeminismoHispanoaméricaMarcelinoSara BarquineroYeguas exhaustas

Artículos relacionados

Comentar

Debes ser registrado para dejar un comentario.

Sin comentarios

Nadie ha publicado ningún comentario aún. ¡Se tú la primera persona!

Revista cultural el Hype
Resumen de la privacidad

Esta página web utiliza cookies para poderte ofrecer la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones como reconocerte cuando vuelves y ayudar a nuestro equipo a entender qué secciones de la página web son de mayor interés y utilidad.

Puedes ajustar la configuración de las cookies navegando por las pestañas situadas en la franja lateral izquierda.