Kane Parsons: YouTube conquista Hollywood con «Backrooms»

En Cine y Series sábado, 01/08/2026

Aleix de Vargas-Machuca

Aleix de Vargas-Machuca

PERFIL

A los dieciséis años, Kane Parsons revolucionó internet con un cortometraje de apenas unos minutos. Cuatro años después, aquel experimento nacido en YouTube se ha convertido en Backrooms, una producción de A24 que confirma que uno de los cambios más profundos del audiovisual contemporáneo ha sido descubrir que algunos de los cineastas más prometedores ya no proceden de las escuelas de cine, sino de internet.

Parsons constituye un caso singular. Completamente autodidacta, aprendió efectos visuales utilizando Blender y After Effects a través de tutoriales de internet; comenzó a diseñar espacios virtuales cuando apenas tenía diez años jugando a LittleBigPlanet y, antes de hacerse viral, había producido cerca de cuatrocientos vídeos que nunca llegó a publicar. También compone personalmente la música de sus obras bajo el nombre de Kane Pixels, lo que convierte su universo creativo en una propuesta sorprendentemente autoral.

Del fenómeno viral al largometraje

Durante la rueda de prensa internacional celebrada el pasado 31 de julio, Parsons explicó que nunca entendió el salto al largometraje como una ruptura con su serie de YouTube, sino como una evolución natural. «Siempre he visto Backrooms como un árbol que sigue creciendo», explicó. «Sus ramas pueden extenderse hacia distintos mundos y distintos medios».

Backrooms

Kane Parsons en el set de Backrooms.

La serie original invitaba al espectador a descifrar la lógica del universo, reconstruyendo sus reglas a partir de fragmentos dispersos. La película, en cambio, desplaza el interés hacia un hilo emocional mucho más definido. Parsons reconoce que el cine exige administrar el tiempo y la atención de forma diferente: una caminata de veinte minutos por un pasillo puede funcionar en YouTube, donde el espectador controla el ritmo, pero no dentro de una película de noventa minutos.

Paradójicamente, disponer de un presupuesto muy superior no alteró su filosofía creativa. Para Parsons, la mayor ventaja no consiste tanto en disponer de mejores cámaras o efectos especiales como en haber podido construir físicamente algunos de esos espacios imposibles que hasta ahora solo existían mediante animación digital.

La arquitectura como protagonista

La verdadera protagonista de Backrooms es la propia arquitectura convertida en personaje.

Parsons confesó sentirse fascinado desde niño por la capacidad emocional de los espacios. Según explicó, le interesa capturar «detalles extrañamente universales» que cualquier espectador reconoce sin saber exactamente por qué. Habitaciones olvidadas de la infancia, pasillos recorridos hace décadas o edificios aparentemente anodinos terminan convirtiéndose en detonantes de una memoria colectiva difícil de explicar racionalmente.

Backrooms

Renate Reinsve en Backrooms.

Ese interés conecta directamente con la estética del llamado analog horror, género del que Parsons se ha convertido en uno de sus principales referentes. Sus imágenes parecen recuerdos mal conservados de finales de los noventa y principios de los dos mil, con texturas VHS que evocan una memoria defectuosa más que una reconstrucción objetiva del pasado.

De hecho, reveló uno de los secretos técnicos de la película: las secuencias fueron rodadas digitalmente con una RED Komodo, pero posteriormente se grabaron sobre cintas VHS reales y se volvieron a digitalizar para obtener las imperfecciones analógicas que caracterizan el universo visual de Backrooms.

Mucho más que una película de terror

Aunque el público y la campaña promocional sitúen Backrooms dentro del cine de terror, Parsons rechaza esa definición.

«Nunca he pensado realmente en ella como una película de terror», afirmó durante la rueda de prensa. «No intento asustar al espectador, sino provocar introspección».

Backrooms

El potencia de esta afirmación es innegable y nos ayuda a comprender el éxito del fenómeno. Huyendo de la película de jump scare, Parsons utiliza un dispositivo más próximo a la ciencia ficción para explorar el terreno existencial, y cuestionarse sobre la relación entre el individuo y los sistemas que habita, la memoria, el duelo, la nostalgia o la búsqueda de sentido.

No intento asustar al espectador, sino provocar introspección.

En este sentido, Backrooms se acerca más a cierta tradición de la ciencia ficción filosófica que al terror convencional. Parsons insiste en que la película nunca pretende ofrecer respuestas cerradas. La ambigüedad forma parte de su manera de entender tanto el arte como la vida.

«En la vida nunca recibimos un resumen final que nos explique qué hicimos bien o mal», explicó. «Por eso la ambigüedad está presente en todo lo que hago».

El lenguaje de una generación

Uno de los momentos más interesantes de la conversación surgió cuando preguntaron a Kane Parsons por la relación entre los nuevos cineastas procedentes de YouTube y el público de la Generación Z.

Backrooms

Kane Parsons en el set de Backrooms.

Parsons evitó cualquier receta. Según él, no existe ninguna fórmula para conectar con esa audiencia. Lo que sí reconoce es que quienes han crecido navegando constantemente por internet han desarrollado una intuición casi automática para anticipar cómo reaccionará una comunidad online ante una obra.

Esa sensibilidad, más que una estrategia consciente, forma parte de su educación sentimental como creador. Haber crecido leyendo comentarios, observando memes y participando en comunidades digitales ha configurado una manera diferente de construir imágenes y narraciones.

Del algoritmo al autor

Hollywood parece haber descubierto en los últimos años que YouTube funciona como un extraordinario laboratorio de nuevos cineastas. Los hermanos Philippou (Talk to Me), Zach Cregger o el propio Parsons representan una generación que ha aprendido a experimentar directamente frente al público antes incluso de llegar a la industria.

El director cree que el fenómeno resulta casi inevitable. Hace cuarenta años, explica, esos mismos creadores habrían recorrido otros caminos para llegar al cine; hoy internet acelera el proceso y permite comprobar inmediatamente qué ideas conectan con millones de personas.

Backrooms

Chiwetel Ejiofor en Backrooms.

Sin embargo, Parsons insiste en que el éxito viral nunca puede sustituir a una buena idea. Todavía considera algunas de sus piezas favoritas aquellas realizadas con presupuesto cero para YouTube. Los recursos ayudan, afirma, pero nunca garantizan una mejor película.

Pensar los espacios

Al final del encuentro con Kane Parsons, surgió una idea fascinante, cuando confesó que siempre ha sentido una extraña tendencia a atribuir cualidades humanas a los edificios y a los espacios arquitectónicos. Durante el proceso creativo llegó incluso a imaginar los Backrooms como una especie de organismo vivo, un parásito silencioso que convive con la humanidad.

Puede parecer una forma casi delirante de pensar, admite entre risas, pero precisamente ese tipo de inmersión emocional es lo que le permite encontrar imágenes que no se parecen a las de ningún otro cineasta.

No cabe ninguna duda de que Kane Parsons representa la consolidación de una nueva forma de entender el cine, la de una generación formada entre motores gráficos, comunidades digitales, efectos visuales autodidactas y cultura de internet que ha conseguido convertir un meme, una arquitectura imposible y un pasillo infinito en una de las propuestas cinematográficas más singulares de los últimos años.

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