«Look Back»: crecer, crear

En Cine y Series miércoles, 09/09/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

La decisión de Hirokazu Kore-eda de adaptar Look Back, el manga homónimo de Tatsuki Fujimoto, ya llevado al cine de animación en 2024 por Kiyotaka Oshiyama, es perfectamente coherente con su filmografía. En manos del director de Monstruo (2023), la historia de dos niñas unidas por el dibujo se sitúa en un territorio familiar: el de una infancia observada no como antesala de la edad adulta, sino como un mundo completo, con sus propias jerarquías, deseos, decepciones y formas de relacionarse.

Look Back, estrenada en el 83.º Festival de Venecia, es, ante todo, una película dedicada a la infancia y a su inocencia. Y, como tantas veces sucede en el cine de Kore-eda, los niños no son meros receptores de las decisiones de los adultos, sino sujetos activos y funcionales de su propia historia. Los padres prácticamente desaparecen del relato: en el caso de Kyomoto ni siquiera los vemos, mientras que la familia de Fujino permanece como una presencia accesoria, disponible y protectora, pero sin intervenir verdaderamente en aquello que determina la vida de su hija.

Esta ausencia no implica abandono. Al contrario, permite que Kore-eda conceda a las niñas autonomía emocional, algo que el cine no siempre les reconoce.

Dos niñas y una habitación

Conocemos a Fujino (Furi Nanase) cuando cursa cuarto de primaria. Segura de su talento y obsesionada con el manga, dibuja con la satisfacción de quien todavía no ha encontrado una razón para dudar de sí misma, hasta que aparece Kyomoto (Rokka Okada), una compañera hikikomori que no asiste a clase y cuya capacidad para el dibujo pone en cuestión esa confianza.

La paradoja es que, mientras Fujino descubre en ella a una rival capaz de amenazar su sentimiento de superioridad, Kyomoto la contempla desde la distancia con auténtica veneración. Cuando, a petición de su profesor, Fujino entra finalmente en contacto con la niña recluida, la competición imaginada empieza a transformarse en otra cosa. La pasión compartida por el manga y, después, el compañerismo alimentarán y modificarán a ambas de manera decisiva.

Look Back

Kore-eda sabe que no necesita convertir esa amistad en una sucesión de grandes acontecimientos, la construye precisamente, muy en la línea de su propio estilo, a partir de su repetición cotidiana. Las interminables sesiones en las que las dos amigas dibujan prácticamente en silencio, acompañadas únicamente por el sonido de los lápices sobre el papel, son casi hipnóticas y la relación se consolida sin necesidad de verbalizarse, porque el acto creativo ya funciona como lenguaje entre ellas.

Fujino realiza el dibujo principal; Kyomoto, los fondos. El trabajo conjunto no supone simplemente sumar dos habilidades, sino descubrir que la creatividad puede potenciarse cuando deja de concebirse como una afirmación exclusivamente individual.

Aprender a mirar al otro

En el caso de Fujino, la interacción es especialmente importante, ya que su orgullo había llegado a poner en peligro aquello mismo que pretendía proteger. Cuando comprende que quizá no pueda alcanzar la excelencia que se exige, contempla la posibilidad de abandonar el dibujo y conformarse con disfrutar del manga como lectora. El encuentro con Kyomoto transforma esa relación competitiva con el talento. Dibujar vuelve a proporcionar placer porque deja de consistir exclusivamente en demostrar que se es la mejor.

Será en este momento de Look Back donde se plantee por primera vez la tesis de Kore-eda, una idea tan sencilla como fértil: el apoyo interpersonal no disminuye el talento individual, sino que puede liberarlo. La generosidad y la alegría que proporciona trabajar con otro se convierten en fuerzas transformadoras.

Y el movimiento funciona en ambas direcciones. Si Kyomoto devuelve a Fujino el placer de crear, Fujino va sacando lentamente a su amiga de ese espacio cerrado desde el que observaba el mundo. Su relación le permite aventurarse fuera del caparazón del aislamiento hasta que, inevitablemente, llega el momento en que desea ir incluso más allá del ala protectora de su mejor amiga.

Kore-eda evita convertir esa evolución en una lección explícita, como siempre le basta con observar. La amistad no salva mágicamente a ninguna de las dos ni permanece congelada en la forma ideal que adquirió durante la infancia, las hace avanzar. Y crecer significa también aceptar que la persona a la que hemos ayudado a descubrir el mundo puede querer recorrerlo sin nosotros.

Look Back

El tiempo de Kore-eda

La cotidianidad y la perseverancia adquieren una dimensión especialmente hermosa gracias a la fotografía de alto contraste de Senzo Ueno. El paso del tiempo se manifiesta en las estaciones, en la naturaleza que rodea el pueblo, en los espacios que lentamente cambian y, sobre todo, en las horas acumuladas dentro de la habitación-estudio de Fujino.

Son imágenes aparentemente ligeras que van dejando un poso. Cuando las niñas se convierten en jóvenes adultas y la película se aproxima al desenlace de su amistad, Kore-eda no necesita explicarnos cuánto tiempo ha transcurrido ni cuánto significa la una para la otra, porque lo hemos experimentado con ellas.

Ese es precisamente el valor de su característico ritmo pausado. Look Back avanza despacio, tranquilamente, sin aparente urgencia, pero bajo esa serenidad Kore-eda alimenta un mecanismo narrativo que funciona como un reloj. Cada repetición, cada estación y cada silencio prepara algo que solo comprenderemos plenamente después.

La delicada música de Yuta Bandoh acompaña ese proceso sin imponer a las imágenes una emoción que estas ya contienen. Kore-eda sabe esperar a que el sentimiento aparezca por acumulación, y precisamente por eso puede resultar mucho más poderoso cuando finalmente emerge.

Mirar hacia atrás

El inmenso respeto que Kore-eda ha mostrado siempre en su cine hacia la infancia encuentra en Look Back otra de sus expresiones más lúcidas y empáticas. Su cámara entiende los sueños infantiles y adolescentes de realización personal sin condescendencia, pero también sus miedos, inseguridades y obstáculos autoimpuestos. Fujino puede ser orgullosa, competitiva y egoísta; Kyomoto, vulnerable y dependiente. Nada de ello las reduce. Son niñas antes de ser símbolos.

Y quizá por eso el golpe emocional que aguarda en la última parte de la película resulta tan intenso. No porque Kore-eda haya construido un dramón —Look Back está muy lejos de serlo—, sino porque durante buena parte del metraje nos ha permitido compartir algo tan modesto como el tiempo que dos personas pasan juntas.

La película acaba con una reflexión implícita e inevitable sobre aquello que permanece cuando miramos atrás y pensamos en las decisiones tomadas, las posibilidades abandonadas, las vidas que podrían haber sido distintas. Pero también sobre algo mucho más concreto que concierne a la creación artística: ¿por qué seguimos creando cuando crear duele, cuando exige perseverancia y cuando aquello que amamos queda unido para siempre a alguien a quien hemos amado?

Look Back es una de las películas más conmovedoras de Kore-eda, en la que observa dos lápices moviéndose sobre el papel, dos niñas creciendo y una amistad transformándose. Y deja que sea el tiempo, como tantas veces en su cine, quien haga el resto.

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