Paul Schrader demuestra estar en plena forma con The Basics of Philosophy, un relato moral tan fluido como profundo, en el que Jack Huston interpreta a un profesor de filosofía obligado a enfrentarse a aquello que ningún sistema de pensamiento puede resolver por él.
Paul Schrader lleva más de medio siglo encerrando a hombres dentro de sí mismos, en diferentes habitaciones, cambiando los oficios y las formas de expiación, pero permanece una misma pregunta a lo largo de su filmografía, ¿qué hace un hombre con aquello de sí mismo que no puede soportar?. En The Basics of Philosophy, presentada en Venice Open fuera de competición en el 83º Festival de Venecia, ese hombre se llama John Jorissen (Jack Huston) y enseña filosofía en una pequeña universidad del Medio Oeste estadounidense.
Escribe un libro sobre Spinoza, comparte su vida con Becca (Sofia Boutella), también profesora, y el hijo adolescente de ella, y posee, al menos en apariencia, todas las herramientas intelectuales necesarias para examinar una existencia. Excepto, quizá, la capacidad de enfrentarse limpiamente a la suya.
Schrader ha descrito The Basics of Philosophy como una exploración del comportamiento transgresor y de la “arquitectura de la conciencia”.
La muerte de su padre, Melvyn (Bill Pullman), y la aparición de Miguel (Daniel Zovatto), una figura procedente de un pasado que Jorissen creía convenientemente clausurado, abren una grieta en esa vida ordenada. No nos hace falta saber mucho más. Schrader administra la información con precisión y convierte lo ocurrido en algo más interesante que un secreto destinado a ser revelado: la materia sobre la que observar las estrategias que desarrollamos para seguir viviendo después de nuestros propios actos.
La filosofía como refugio
Esta vez, Schrader encuentra en un profesor de filosofía una nueva y especialmente sugestiva encarnación de su protagonista habitual. Sus personajes han buscado tradicionalmente una disciplina que imponga algún orden sobre el caos interior: la religión, el trabajo manual, las rutinas, la escritura. Jorissen dispone de algo todavía más tentador, un sistema de pensamiento desde el que interpretar el mundo y, por extensión, interpretarse a sí mismo.

Sin embargo, el hecho de conocer los mecanismos de la conciencia no significa necesariamente obedecerlos. A partir de ahí, el guionista de Taxi Driver nos obliga a cuestionarnos algo aún más crucial, ¿sirve la inteligencia para acercarnos a la verdad o puede proporcionarnos argumentos cada vez más sofisticados para mantenerla a distancia?
Spinoza adquiere entonces una función que va mucho más allá de proporcionar prestigio intelectual al personaje. Jorissen trabaja sobre un filósofo que cuestiona el libre albedrío y rechaza la idea de un Dios personal que juzga, castiga y perdona. Para alguien atormentado por la responsabilidad de sus propios actos, no parece una elección inocente.
Schrader conoce bien la otra cara de ese conflicto, su cine ha estado atravesado desde sus inicios por la educación calvinista del director y por conceptos como pecado, culpa, castigo y redención. Enfrentar ese sustrato religioso con la racionalidad de Spinoza permite que The Basics of Philosophy formule su cuestión moral sin necesidad de resolverla. Si no existe una instancia superior que pueda absolvernos, ¿qué hacemos con aquello que no podemos perdonarnos nosotros mismos?
Un Schrader en plena forma
Lo más notable es que toda esta densidad conceptual no convierte la película en un tratado, por suerte. A estas alturas de su carrera, Paul Schrader, cuya actividad y curiosidad intelectual no han disminuido ni un ápice, no necesita subrayar aquello que domina y The Basics of Philosophy avanza con una agilidad que no está reñida con la profundidad de las cuestiones que plantea.

Los sucesivos giros del guion modifican nuestra percepción de Jorissen y de quienes lo rodean sin convertir la película en un mecanismo de suspense ni hacer visible su andamiaje. La información llega cuando debe hacerlo y el relato fluye con una naturalidad sorprendente dentro de un estilo depurado, sin apenas digresiones ni ornamentos.
Esa economía resulta particularmente eficaz porque Schrader trabaja con un material que fácilmente podría haberse vuelto discursivo. Hay filosofía, culpa, deseo, autoengaño y responsabilidad moral, pero la película no se detiene para transformarlos en tesis. Los hace circular a través de los personajes. La profundidad no ralentiza el relato y los giros no banalizan su complejidad, porque ambas cosas avanzan simultáneamente.
También Jack Huston comprende que Jorissen no necesita exteriorizar permanentemente su conflicto. Lo construye desde la contención, dejando que la respetabilidad académica y la inteligencia convivan con una opacidad progresivamente más intrigante. Sofia Boutella aporta el necesario contrapunto a ese repliegue, mientras la presencia de Daniel Zovatto introduce algo que ningún razonamiento puede neutralizar, es la existencia del otro. Bill Pullman, como el padre de Jorissen, completa una estructura en la que el pasado familiar tampoco resulta ajeno a las formas de silencio que la película interroga sin juzgar.
La arquitectura de la conciencia
Schrader ha descrito The Basics of Philosophy como una exploración del comportamiento transgresor y de la “arquitectura de la conciencia”. La expresión resulta particularmente certera para un personaje que parece haber construido la suya mediante compartimentos estancos: la profesión, la pareja, la familia, el pasado. El problema comienza cuando las paredes que los separaban dejan de ser impermeables.

Schrader nos plantea de nuevo si es posible la transformación. No simplemente si un hombre merece ser perdonado, sino si alguien puede llegar a ser distinto de quien fue. La diferencia es sustancial. El perdón puede proceder de otro; cambiar exige romper de alguna manera la continuidad con uno mismo.
Tras décadas interrogando variaciones de un mismo arquetipo masculino, el director sí ha evolucionado, no necesita reinventarlo mediante el exceso, sino depurarlo. Jorissen pertenece inequívocamente a su universo y, sin embargo, nunca transmite la impresión de ser la repetición mecánica de un personaje anterior, más bien encarna una de las virtudes de ese Schrader tardío.
Por eso percibimos en la precisión narrativa de The Basics of Philosophy, en su fluidez y en la forma de administrar cada nueva revelación, la seguridad de un cineasta que conoce perfectamente sus obsesiones y todavía encuentra nuevas maneras de ponerlas a prueba.
La filosofía puede ofrecer a Jorissen argumentos para explicar el mundo, incluso para explicarse a sí mismo, pero lo que plantea Schrader nos deja una reflexión que concierne a la ética, porque comprender perfectamente lo que hemos hecho no significa necesariamente convertirnos en mejores personas.







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