Me fascina la fotografía, sobre todo el retrato. Me conmueve el hecho de convertir el instante en algo eterno, de hacer mecánico lo que jamás se podrá repetir en la vida. Es un arte que transforma al sujeto en objeto y a los personajes que aparecen en la instantánea en figuras sin intencionalidad: un «no ser» visible, un «yo» que no soy «yo», sino «otro»; una disociación de la identidad que el fotógrafo convierte en arte y el tiempo en objeto de memoria, en signo triádico —como decía Charles S. Peirce—, con su significante y significado, su constante mutabilidad, su imparable capacidad de remitir a otras cosas y el nuevo signo que crea el espectador en su mente.
Estas reflexiones sobre el arte fotográfico me han surgido con la lectura de My Education, un fotolibro excepcional publicado por Taschen que reúne 500 fotografías sobre la vida y obra de Bruce Weber (Greensburg, Pensilvania, 1946), el famoso fotógrafo de algunas de las campañas publicitarias más icónicas de Calvin Klein, Ralph Lauren, Versace y Abercrombie & Fitch, y de reportajes de referencia en Vogue, GQ, W Magazine y Vanity Fair.

Ordenado en cinco bloques temáticos —familia y orígenes, cuerpo y deporte, juventud y cultura juvenil, retratos de personalidades y trabajos inéditos—, My Education combina imágenes conocidas con otras inéditas. La edición ha estado a cargo del propio artista, quien firma también buena parte de los textos. El volumen se completa con poemas y fragmentos literarios de Charles Bukowski, Rupert Brooke y John Steinbeck.
Este fotolibro es, en realidad, el catálogo extendido de la gran exposición retrospectiva Bruce Weber: My Education, organizada por la Prague City Gallery en la Casa de la Campana de Piedra de la capital checa durante el otoño de 2024. Comisariada por Helena Musilová, la muestra reunió 300 fotografías —destacando la sesión realizada en Praga en el año 2000 con el fallecido actor Heath Ledger, o los retratos de Eva Herzigová y Martina Navratilova—, además de sus cortometrajes, documentales y material de archivo: una exposición que ofreció una panorámica completa de sus cincuenta años de trayectoria profesional.
Tras la cita de Praga, Bruce ha realizado la exposición Try a Little Tenderness, en la Fahey/Klein Gallery de Los Ángeles, y ha colaborado con las revistas 032c y la edición italiana de Icon. También ha realizado un nuevo documental —The Treasure of His Youth: The Photographs of Paolo Di Paolo (2021) —, así como la gestión de su colección con Paris Photo, Art Basel y Art Miami.
Nacido y criado en Greensburg, Pensilvania, estudió teatro en la Universidad de Denison y posteriormente cine en la Universidad de Nueva York, asistiendo asimismo a clases de fotografía con Lisette Model en la New School for Social Research (donde también se formaron Diane Arbus y Larry Fink). Model transmitió a sus alumnos un enfoque humanístico basado en retratar en espacios abiertos, con encuadres cerrados, ángulos bajos y marcados contrastes para capturar la psicología de los personajes y su autenticidad sin idealizarlos; lecciones que Weber nunca ha olvidado.

Campaña FW17 para Versace. Foto: Bruce Weber.
A finales de los años setenta, Bruce Weber comienza a trabajar para Vogue (en sus ediciones americana, italiana y francesa), Vanity Fair, Interview y GQ, y con marcas como Ralph Lauren, Karl Lagerfeld, Gianni Versace, Louis Vuitton y, sobre todo, Calvin Klein. Sus imágenes de jóvenes en un blanco y negro nostálgico, a menudo ambientadas en playas o pequeños pueblos, transmitían una sensualidad y sensación de libertad que rompían radicalmente con las convenciones imperantes. Una nueva masculinidad caracterizada por un homoerotismo sutil, una camaradería y una fragilidad que rompía el cliché del hombre duro y autosuficiente.
Esta nueva imagen masculina se lanzó en 1982 con la campaña de Calvin Klein Underwear en la que aparecía el atleta Tom Hintnaus desnudo, con un slip blanco y recostado sobre una pared encalada en la isla griega de Santorini. La imagen se exhibió en una valla de 150 metros cuadrados de Times Square, Nueva York, y fue una revolución al ser la primera vez que se mostraba un cuerpo semidesnudo como objeto de deseo en una campaña publicitaria a gran escala y en un espacio público.
La fotografía se convirtió rápidamente en un icono, disparó las ventas de ropa interior —ese año Calvin Kline vendió slips por valor de más de 20 millones de dólares— y abrió el homoerotismo al consumo de masas. Desde entonces, la ropa interior masculina de esta marca se viene considerando objeto de moda, estatus y erotismo.

Tom Hintnaus para Calvin Klein. Foto: Bruce Weber.
La publicación del fotolibro My Education forma parte del renacimiento artístico de Weber, tras las denuncias por acoso sexual que recibió en el contexto del movimiento #MeToo. En diciembre de 2017, el exmodelo Jason Boyce presentó en la Corte Suprema de Nueva York una demanda contra el fotógrafo acusándolo de agresión sexual y comportamiento impropio durante una sesión en Manhattan tres años antes, cuando Boyce tenía 18 años. Según la denuncia, estos hechos le provocaron tal angustia emocional que le llevaron a abandonar su carrera como modelo.
En enero de 2018, en pleno auge del #MeToo, The New York Times publicó los testimonios de otros trece modelos masculinos que acusaron a Weber y al fotógrafo Mario Testino —famoso por sus trabajos para Gucci, Burberry, Versace, Michael Kors, Chanel, Stuart Weitzman, Carolina Herrera y Estée Lauder— de haber mantenido conductas sexuales agresivas durante las sesiones fotográficas.
Weber, al igual que Testino, negó todas las acusaciones desde el primer momento, sosteniendo con firmeza que las afirmaciones eran falsas y que jamás había agredido ni obligado a nadie a mantener relaciones íntimas. De inmediato, el grupo editorial Condé Nast —editor de Vogue, GQ y Vanity Fair— canceló sus relaciones comerciales con el fotógrafo, medida a la que se sumaron las firmas Ralph Lauren, Versace, Michael Kors y Abercrombie & Fitch.

Leonardo di Caprio fotografiado en 1994 por Bruce Weber para Interview.
Las demandas nunca llegaron a juicio ni derivaron en una sentencia de culpabilidad, aunque Weber fue condenado moralmente por la industria de la moda y un sector de la opinión pública. En julio de 2021, la defensa legal del fotógrafo alcanzó un pacto económico confidencial con Boyce y, en septiembre de ese mismo año, cerró una resolución similar con la representación del resto de los modelos. Los importes jamás se hicieron públicos y estos acuerdos no supusieron la admisión de culpa por parte de Weber.
Sin embargo, aunque se zanjó la vía legal, las grandes marcas del sector no han vuelto a contratarlo ni le han pedido disculpas, por lo que desde otoño de 2021 ha redirigido su carrera hacia el circuito del arte, al margen del negocio de la moda.
Weber utiliza una técnica fotográfica muy particular en sus instantáneas, en la que reside gran parte del origen de la polémica. No dispara de inmediato en el set, sino que busca un clima de confianza y desmitificación. Se adentra en el terreno de lo íntimo, de la desnudez emocional y de la vulnerabilidad de los modelos, lo que le permite capturar la espontaneidad y la fragilidad física y afectiva. Una técnica difícil, exigente en lo psicológico y no siempre comprendida por los modelos, que le permite humanizar a los sujetos al despojarlos de artificialidad.

Esta técnica es muy similar a la empleada por cineastas como John Cassavetes —auténtico maestro del realismo emocional—, Ingmar Bergman, Pedro Almodóvar en sus últimos filmes o Bernardo Bertolucci, que buscan la verdad interpretativa a través de las emociones y la vulnerabilidad. Todos ellos alentan a sus intérpretes a mostrar la desnudez física y emocional en la composición de los personajes, explorando sus traumas y evitando la codificación del sistema interpretativo tradicional; algo que no todos los actores —o, en el caso de Weber, modelos— están dispuestos a exponer.
Un enfoque que encontramos en el famoso método del Actors Studio que desarrolló Lee Strasberg al vincular la técnica teatral de Konstantin Stanislavski con el psicoanálisis. De esta forma, el actor no interpreta las emociones, sino que las vive, y todos los actores y actrices no están dispuestos a exponerse tanto. Cabe esperar que la incorporación progresiva de la figura del coordinador de intimidad en los rodajes cinematográficos y sets fotográficos contribuya a resolver gran parte de estos conflictos con actores y modelos, algo que muestra muy bien la película El ser querido (Rodrigo Sorogoyen, 2026). Todo sea por el bien del arte.






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