En los últimos años, la conocida Creator Economy (economía del creador) está transformando los sistemas de producción de la cultura independiente a nivel internacional. Se trata de un fenómeno global que, aunque convive con las fórmulas de negocio más convencionales, ya comienza a hacer sentir su efecto. Dicho modelo de negocio permite a los creadores monetizar directamente sus contenidos en internet sin la intervención obligatoria de productoras, medios de comunicación o discográficas. El ecosistema se divide principalmente entre plataformas de distribución gratuita como TikTok, YouTube o Instagram —útiles para que el público descubra a los autores— y plataformas de monetización directa a través del pago por visión (pay-per-view). Entre estas últimas destacan Teachable para cursos, Harbiz y Trainek para entrenadores personales, Kick y Twitch para videojuegos, Etsy para galerías de arte, Redbubble para ilustración, Patreon para proyectos culturales, Substack para periodistas y escritores.
Dentro de este sistema de mercado, las plataformas de contenidos para adultos se han consolidado como las más lucrativas de la red, registrando en ocasiones ingresos superiores a los de algunas de las grandes compañías tecnológicas de Silicon Valley. El principal referente es OnlyFans. Según los datos financieros de su empresa matriz, Fenix International, la compañía facturó en 2024 más de 7.220 millones de dólares brutos, lo que supuso un crecimiento del 9% respecto al año anterior. De esta cantidad, los ingresos netos de la plataforma alcanzaron los 1.410 millones de dólares. En ese mismo ejercicio, registró 4,6 millones de cuentas de creadores (un 13% más que en 2023) y 377,5 millones de usuarios inscritos, lo que representa un incremento interanual del 24%: una cifra verdaderamente sorprendente.
OnlyFans fue creada en 2016 por los británicos Tim y Guy Stokely como un espacio de pago por visionado orientado a temáticas como el fitness, la cocina, la música o la literatura, excluyendo inicialmente el contenido erótico. El rumbo de la empresa cambió en 2018 cuando el empresario Leonid Radvinsky adquirió el 75% de la compañía. Licenciado en Economía por la Universidad Northwestern, este hombre de negocios tenía experiencia previa en el sector tras haber fundado en 2004 MyFreeCams, un sitio web de streaming pornográfico que actualmente cuenta con unos 100.000 creadores.

Poco antes de la adquisición de Radvinsky, OnlyFans detectó un nicho de mercado en los contenidos para adultos y levantó la prohibición que mantenía desde su creación. A partir de entonces, su crecimiento ha sido imparable, sobre todo a raíz de su gestión y de la oportunidad de negocio que se generó con la pandemia de COVID-19, periodo en el que el confinamiento y la pérdida de empleos en el mundo analógico llevaron a millones de personas a buscar fuentes de ingresos rápidas a través de dispositivos móviles y ordenadores. Esto incluyó tanto a profesionales del sexo que trasladaron su actividad a la red ante la imposibilidad de trabajar en entornos físicos, como a perfiles amateurs que recurrieron a la plataforma para conseguir dinero rápido tras verse afectados por despidos y cierres de empresas.
A estos dos perfiles de creadores se sumaron celebridades de la cultura popular como la actriz Bella Thorne, quien se unió en 2020 y recaudó más de un millón de dólares en su primer día en la red. El éxito de su iniciativa provocó cambios en la política de tarifas de OnlyFans. El aumento de los consumidores también fue extraordinario en este periodo: el confinamiento acentuó la soledad de muchas personas que encontraron en la interactividad de la plataforma una vía de comunicación que, desde entonces, no ha dejado de expandirse.

Bella Thorne.
A pesar de su importante volumen de negocio, OnlyFans también afronta problemas. El principal de ellos es la compleja relación que mantiene con las entidades bancarias debido a la naturaleza de sus contenidos y a la falta de una regulación homogénea en la red. Esta dependencia del capitalismo financiero representa la verdadera espada de Damocles para la compañía. En 2021, ante el auge de los contenidos pornográficos, las principales pasarelas de pago amenazaron con suspender sus servicios a la plataforma, evidenciando su vulnerabilidad frente a corporaciones como Visa o Mastercard. Actualmente, los bancos exigen a OnlyFans controles estrictos para evitar la presencia de menores y la difusión de material sin consentimiento (revenge porn). Además, las transacciones digitales del sector del porno están marcadas con el código de riesgo MCC 5967, lo que genera un alto índice de chargebacks (devoluciones de cargo por presunto fraude). Estas incidencias técnicas y financieras obligan a OnlyFans a demorar los pagos a los creadores, lo que genera agravios comparativos con otras industrias digitales de pago por visión. El puritanismo y la moral también son financieros.
A estas dificultades operativas se suma la incertidumbre sobre el futuro corporativo de la firma tras el fallecimiento de Radvinsky a los 43 años a causa de un cáncer el pasado mes de marzo. Aunque el control económico está garantizado por un fideicomiso familiar, existen rumores de venta a inversores internacionales, así como obstáculos para una futura salida a bolsa debido al riesgo reputacional que el sector de la pornografía supone para los inversores más tradicionales. A ello se añade el impacto de la inteligencia artificial. La proliferación de imágenes hiperrealistas generadas mediante herramientas como Midjourney o Stable Diffusion ha atraído a un volumen importante de suscriptores, lo que llevó a la plataforma a prohibir formalmente las cuentas gestionadas por IA para priorizar el contenido humano. Sin embargo, la velocidad del avance tecnológico dificulta la detección de estos contenidos automatizados, lo que amenaza con generar un círculo vicioso de difícil control.
El modelo operativo de OnlyFans ha transformando la industria del cine porno convencional y sus hábitos de consumo a través de estas redes. Por una parte, existe un impacto positivo: las plataformas han logrado que los usuarios vuelvan a pagar por este tipo de contenidos, algo que el porno comercial no conseguía desde hacia más de 30 años. Pero por otra parte, ha ocasionado una caída en los presupuestos de las producciones convencionales, ya que los ingresos recaudados no van a las productoras, sino directamente a las cuentas de los propios creadores.
La gramática cinematográfica también se ha visto afectada al otorgar una nueva relevancia al creador independiente. Este gestiona sus propias condiciones laborales y produce bajo demanda con equipos reducidos en entornos domésticos, buscando la autenticidad de lo casero y amateur. Asimismo, sustituye la narrativa clásica —planteamiento, nudo y desenlace— por formatos fragmentados y centrados en el clímax, priorizando el formato vertical y la iluminación plana con aros de luz (ring lights) frente al formato horizontal del cine comercial, entre otros aspectos formales.

Maitland Ward
Esta nueva estructura visual ha comenzado a trasladarse a producciones independientes no pornográficas. Formatos como el Screenlife —películas que se desarrollan íntegramente en la pantalla de un ordenador o un teléfono móvil— adoptan de manera directa los sistemas de producción de las plataformas y los hábitos de consumo de redes como TikTok u OnlyFans. De igual modo, actrices procedentes de la televisión convencional, como Maitland Ward, han consolidado sus carreras de forma independiente en estas plataformas, mientras que artistas musicales como la rapera Bhad Bhabie las utilizan para ofrecer material exclusivo sin contenido erótico a sus seguidores.
La influencia social del fenómeno OnlyFans ya se refleja también en producciones televisivas de gran audiencia como Euphoria o Industry, donde algunos personajes utilizan estas herramientas de monetización de manera normalizada dentro de la trama, consolidando un modelo económico y visual cuyo impacto promete ir mucho más allá del mercado del entretenimiento digital y los contenidos para adultos. Según los especialistas, el futuro ya no estará tanto en la producción de imágenes sino en el acceso a los contenidos; el valor ya no estará en la imagen en sí, sino en la mercatilización de la intimidad y que alguien interactúe de manera personalizada mediante pago. Un futuro complejo para las relaciones sociales, la cultura del ocio y la vida privada. Esto no ha hecho más que empezar.






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