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Festival de Cannes: “Armageddon Time”, coming of age en la era Reagan

En Cine y TV 21 May, 2022

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

James Gray emprende un proyecto largo tiempo meditado en Armageddon Time, como suele ocurrir con los más personales, profundos e íntimos. Parcialmente autobiográfica, la película indaga en la dinámica familiar de un adolescente de sexto curso, de ascendencia judía, cuyo núcleo más cercano mantiene la cohesión y se esfuerza en que siga vivo el recuerdo de los ancestros. Cuarta generación de inmigrantes, Paul Graff (Banks Repeta), de once años, crece en Queens en un hogar alienta el sueño americano y busca el mejor porvenir para sus hijos. La presencia de los familiares más ancianos perpetúa la memoria de la búsqueda de la felicidad y la prosperidad, sin que la tradición sea una rémora. Por eso el personaje del abuelo, interpretado por Anthony Hopkins es un ejemplo en su modo de transmitir los valores (Sé un mensch), pero también en la comprensión y la tolerancia hacia los nuevos tiempos.

Sin sentimentalismo, Armageddon Time, estrenada en el 75 Festival de Cannes, llega en el año en que triunfó Belfast, un coming of age de signo bien distinto, pero no necesita el blanco y negro, al que también recurrió Cuarón en Roma, para lidiar con las contradicciones de los anhelos paternos de una vida mejor para sus hijos. Judíos y demócratas, asisten con dolor al triunfo de Reagan en 1980, quien amedrentó a América con el advenimiento del armagedón si no se ponía remedio y mano dura en lo que sería la víspera del final de la Guerra Fría, y la habilidad de Gray radica en la exploración de las inseguridades no asumidas de unos padres (Jeremy Strong y Anne Hathaway) cuya hipocresía subterránea les lleva por ejemplo a defender la escuela pública (la madre es presidenta del consejo escolar) pero a desear una educación privada que abra mayores posibilidades en el futuro.

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El sueño americano tiene pies de barro en un hogar alegre, donde Paul puede permitirse insolencias y caprichos, pero donde también puede llevarse una paliza cuando su padre se quita el cinturón. Un método educativo que hemos observado en la primera escena de la película y la figura del maestro de sexto grado, donde el afecto y la mano dura van juntos en un equilibrio más esquizoide que efectivo.

La evolución de los personajes, especialmente del niño protagonista, nos aleja de una foto de familia en sepia, como la que retrató Kenneth Branagh. El director de Ad Astra consigue del pequeño actor una interpretación sobresaliente que refleja su inconsciente rebeldía y más tarde la decepción, la duda y la contradicción. Para ello, el director opta por un recurso argumental, a través del personaje de Johnny (Jaylin Webb) un compañero de clase, negro, pobre, que está al cuidado de su abuela, anciana y enferma, un joven alegre, entusiasmado y decidido, con la ingenuidad intacta. Los mejores amigos idean bromas, hacen novillos y se protegen mutuamente, hasta que la lealtad entra en conflicto con sus propios intereses, que son los de su clase. Ese será el momento de la verdad, en que Paul tendrá que aceptar su traición y el lugar en el mundo para el que está destinado, su inseguridad y necesidad de aceptación, los riesgos de seguir su propio instinto (ser un artista, ayudar a su joven amigo fugitivo) y el miedo a ser diferente entre el rebaño de triunfadores con uniforme de colegio caro.

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El centro de la película no es el conflicto racial, ni la injusticia social, sino la maduración de un niño a través de sus relaciones con el mundo y el enfrentamiento a sus incoherencias, personajes como padres y abuelos, maestros y sobre todo el niño negro y pobre son peones de un juego cuyas reglas se van aprendiendo sobre la marcha, primero se ignoran, luego se rompen, más tarde se aceptan y en un gesto final, se abren como un interrogante.

Pese a lo personal del empeño, la película de Gray no cae en el sentimentalismo, la edulcoración o la nostalgia y deja claro que los avatares de los personajes no son independientes del sistema que les ampara, protege o excluye según extracción social y su posición en la pirámide económica. Armageddon Time es un nuevo derrotero en el cine del director, una mirada hacia dentro, más que hacia atrás, quizá un rito de paso que han cumplido casi todos los grandes.

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