Peter Hujar (1934-1987) no deja de cruzarse últimamente en mi vida, cosa que me congratula. Este fotógrafo, icono del underground del Nueva York de los 70 y 80, está siendo rescatado del olvido cuarenta años después de su fallecimiento gracias a los esfuerzos del Peter Hujar Archive. Una reivindicación que se inició hace una década, cuando museos e instituciones internacionales comenzaron a poner en valor a los artistas estigmatizados por el sida en los años 80 y 90.
Aunque el VIH se cobró la vida de numerosos intelectuales y creadores de todo el mundo, en aquellos años fue extremadamente virulento en las comunidades artísticas de Nueva York y París, dos grandes ciudades que habían vivido intensamente la liberación sexual y la aparición de la heroína como una droga más de la contracultura.
Visibilizar el sida fue una acción política y una defensa de la dignidad humana.
Estas urbes se convirtieron en nodos globales de la epidemia ante la indiferencia de los políticos, la falta de tratamientos médicos y la ignominia que sufrieron los enfermos. El sida fue también una pandemia moral, como muy bien analizó Susan Sontag en su conocido ensayo AIDS and Its Metaphors (El sida y sus metáforas, 1988).
Muchos de estos creadores afectados por el VIH encontraron en el arte una efectiva herramienta para su activismo y un consuelo para su duelo. Visibilizar el sida fue una acción política y una defensa de la dignidad humana. No tendremos un relato completo de la cultura del siglo XX mientras no rescatemos de la infamia a estos artistas.

Tras formarse en la School of Industrial Arts de Nueva York, Peter Hujar comenzó a trabajar como fotógrafo publicitario, pero en 1973 abandonó la publicidad y se trasladó al East Village neoyorquino para dedicarse exclusivamente a su proyecto artístico, aceptando solo los encargos necesarios para poder subsistir. Formó parte de la Factory de Andy Warhol y compartió círculo de amistades con Robert Mapplethorpe, aunque los trabajos de ambos fotógrafos son muy diferentes.
Mientras Mapplethorpe vivía la vorágine de la fama y buscaba la perfección formal, Hujar optaba por la discreción y la búsqueda de la introspección psicológica. Sus fotografías captan el instante, detienen el tiempo, congelan la emoción e interpelan al espectador; cualidades que hicieron de él un artista que se apartó de las galerías y de los canales tradicionales de comercialización del arte.
En 1987 fue diagnosticado de sida y falleció en el Beth Israel Medical Center de Nueva York el 26 de noviembre de ese mismo año. Poco antes de morir, le pidió al escritor David Wojnarowicz que lo fotografiara en su lecho de muerte. Estas imágenes se han convertido en uno de los documentos artísticos más desgarradores que existen sobre el VIH.
David Wojnarowicz, Untitled (Peter Hujar), 1989. Courtesy the Estate of David Wojnarowicz and P·P·O·W, New York.
La reivindicación internacional de Hujar se inicia en 2015, cuando la escritora norteamericana Hanya Yanagihara eligió una de las fotografías de la serie Orgasmic Man (1969) como portada de su novela A Little Life (Tan poca vida), un éxito mundial que hizo que la imagen se volviera icónica. Dos años después se organizó la primera gran retrospectiva de su legado, que se expuso en instituciones como The Morgan Library & Museum de Nueva York, la Fundación Mapfre de Barcelona, el Berkeley Art Museum & Pacific Film Archive de California, el Wexner Center for the Arts de Columbus (Ohio) y la Fundación Loewe de Madrid (esta última escala agregó otros trabajos de Wojnarowicz).
Más tarde se sumarían las muestras en la Galerie Buchholz de Berlín (2020), la Maureen Paley de Londres (2021) y la del Istituto Santa Maria della Pietà, en la Bienal de Venecia de 2024, que acogió los 41 retratos originales del fotolibro Portraits in Life and Death (1976), reeditado ese mismo año.

Este trabajo confronta —siempre con gran delicadeza y melancolía— 12 fotografías de cadáveres anónimos de las catacumbas de los Capuchinos de Palermo, realizadas en 1963, con 29 retratos de amigos y conocidos del fotógrafo, entre los que figuran William Burroughs, Susan Sontag, Divine, John Waters, Paul Thek, Fran Lebowitz, Robert Wilson y John Ashbery. En esta obra, Hujar reflexiona sobre la vida, la muerte y la memoria a través de la fotografía.
El tiempo ha convertido a este trabajo en un memento mori generacional y una premonición de la crisis del sida: Portraits in Life and Death se publica cinco años antes del diagnóstico de los primeros casos de infectados por VIH. La nueva reedición recupera el prólogo de Susan Sontag de la primera edición, al que se le ha añadido un nuevo texto de Benjamin Moser.

Susan Sontag, 1975. EPH_0021-13-1024×1017 Peter Hujar Archive.
La presencia internacional de la obra del fotógrafo ha sido tan importante en el 2026 que podríamos calificarlo como «año Hujar». Se han programado exposiciones en el Gropius Bau de Berlín, la Bundeskunsthalle de Bonn, The Morgan Library & Museum de Nueva York y el Jeu de Paume de París. A estas muestras se ha sumado un ciclo de conferencias y películas en el MoMA de Nueva York con motivo de la publicación del libro de Andrew Durbin, The Wonderful World That Almost Was: A Life of Peter Hujar and Paul Thek, que recoge los legados de ambos artistas.
Todos estos eventos han coincidido con la distribución en salas cinematográficas y plataformas digitales de la película Peter Hujar’s Day (Ira Sachs, 2025), que desde su estreno en Sundance no ha dejado de recorrer festivales internacionales con gran éxito de crítica.
Ira Sachs ha escrito y dirigido un melancólico homenaje a Hujar. Conocía su estimulante Passages (2023), pero con esta película el cineasta norteamericano da un paso importante en su carrera. Un ejemplo de cine oral que, en algunos aspectos, puede recordar a Éric Rohmer, a My Dinner with Andre (Louis Malle, 1981) e incluso a Scener ur ett äktenskap (Secretos de un matrimonio, 1973), de Ingmar Bergman. Digo oral porque el film va más allá de una simple película hablada al hacer de la oralidad un medio para transmitir y preservar la cultura y el conocimiento.
El origen de esta producción se encuentra en una entrevista en que Linda Rosenkrantz grabó al artista el 19 de diciembre de 1974. Conocida como una de las precursoras de la no ficción, la escritora le había pedido al fotógrafo que anotara todo lo que había hecho el día anterior para contárselo en una grabación.
Inicialmente, esta entrevista iba a formar parte de un libro en el que diferentes intelectuales relatarían su vida cotidiana, pero el proyecto nunca se publicó y la cinta de audio se perdió. En 2019 apareció una transcripción de la conversación entre los documentos de Hujar conservados en The Morgan Library & Museum de Nueva York, que acabó publicando Magic Hour Press en 2021 con el título de Peter Hujar’s Day. Este libro es el que adapta Ira Sachs.

Protagonizado por Ben Whishaw como Hujar y Rebecca Hall como Rosenkrantz, el film se inicia con la entrada del fotógrafo en el ascensor del edificio donde vive la escritora: un plano de metaficción en el que vemos al equipo de rodaje y el golpe de claqueta con el que se rompe la cuarta pared. Este recurso de metacine aparecerá de nuevo en otro momento del metraje. Tras los créditos y unos rótulos en los que se explica el origen de la grabación, los personajes aparecen en el interior del apartamento y comienza la entrevista.
Hujar relata minuciosamente lo que hizo el día anterior, desde que se despertó hasta que se acostó, con referencias a Susan Sontag, Fran Lebowitz, Paul Thek y William Burroughs; cita a las personas con las que habló por teléfono; lo que comió; la visita que le hizo la redactora de Elle, Jacqueline de Mornay, y la del crítico Vince Aletti, así como las continuas idas y venidas a la sala de revelado, su santuario.
Referencias cotidianas que configuran un fresco del underground neoyorquino de aquellos años. Sin embargo, esta conversación ha pasado a la historia como el relato del día que Hujar fotografió al poeta Allen Ginsberg por encargo de The New York Times.

Allen Ginsberg, 1975. EPH_5498-1 Peter Hujar Archive.
La falta de conexión en la sesión de fotos le sirve al fotógrafo para hacerle a Rosenkrantz un despiadado retrato oral sobre el autor de Howl (Aullido, 1955), que evidencia el enfrentamiento entre dos generaciones de la contracultura norteamericana: la beat generation con su misticismo y el underground iconoclasta de los 70. La fotografía se realizó, a petición del poeta, junto a un edificio incendiado del East Village donde estuvo la librería Peace Eye, centro de reunión de los pacifistas de los 60. A pesar de haber sido calificada por Hujar como una «mala fotografía», ha acabado convirtiéndose en uno de los retratos más conocidos de Ginsberg.
Sachs filma la conversación entre Hujar y Rosenkrantz con una gran economía de medios. Huye de la narrativa plano-contraplano y combina los primeros planos con lentos barridos de cámara por las diferentes estancias de la vivienda. Los personajes hablan en el salón, en el dormitorio, en la terraza. Debemos destacar el evocador ambiente setentero de la fotografía de Alex Ashe, conseguido por un singular uso de la película analógica de 16 mm, con sus granos y texturas, que contrasta con los planos de exterior —panorámicas diurnas y nocturnas de la ciudad— rodados en 35 mm.

Un hecho destacable es la fragmentación de la conversación entre Hujar y Rosenkrantz por la inserción de una serie de primeros planos introspectivos fuera de la narración. Estos planos, auténticos retratos psicológicos de los personajes desafiando a la cámara, están subrayados por fragmentos del Réquiem de Mozart que dan como resultado una liturgia laica de gran sinestesia fílmica.
Peter Hujar’s Day es una crónica transcendente que evoca el simbolismo de Portraits in Life and Death. En realidad, toda la obra de Hujar juega con el sentido metafísico de la existencia humana. Sachs lo sabe y firma un film muy personal, que funciona como una elegía al fotógrafo neoyorquino extensible a toda una generación de artistas quebrada por el sida. Y esto es muy importante.







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