La promesa y la ruptura: «The Telephone» y «Trouble in Tahiti» en Teatro Goldoni

En Música martes, 20/10/2026

Gian Giacomo Stiffoni

Gian Giacomo Stiffoni

PERFIL

La Fenice ha trasladado al Teatro Goldoni el díptico operístico que cierra la temporada mientras dura la reforma técnica del escenario veneciano, y la convivencia entre dos títulos nacidos con cinco años de diferencia termina revelándose más fecunda de lo previsto. La nueva producción no se limita a yuxtaponer dos actos breves, sino que construye entre ellos un puente dramatúrgico: imagina The Telephone de Gian Carlo Menotti como el preludio sentimental de lo que después será el matrimonio en crisis de Trouble in Tahiti de Leonard Bernstein, de modo que la promesa de Ben y Lucy se lee ya, retrospectivamente, como la semilla de la incomunicación de Sam y Dinah.

Menotti resuelve su comedia en poco más de veinte minutos con una precisión de relojería: Ben quiere pedir matrimonio a Lucy, pero el teléfono —ese objeto que nunca deja de interrumpir— se interpone una y otra vez, hasta que el propio aparato acaba siendo el medio por el que, paradójicamente, la propuesta llega a buen puerto. Es una partitura deudora del pospucciniano, de escritura melódica diáfana y guiños a la farsa italiana, concebida en origen como contrapeso ligero a la oscuridad de la otra ópera más conocida de Menotti, The Medium.

Teatro Goldoni

Elisa Balbo y Alen Boxer en Trouble in Tahiti. © Gianpaolo Parodi.

Bernstein invierte el planteamiento cinco años más tarde: aquí ya no se trata de declarar el amor, sino de constatar lo que queda cuando la comunicación conyugal se ha agotado. Sam y Dinah, matrimonio burgués atrapado en la rutina y en el decoro social, dejan que sus frustraciones se acumulen sin nombrarlas nunca directamente, mientras un trío vocal comenta la acción como un coro griego disfrazado de jingle radiofónico, amplificando la distancia entre el optimismo publicitario de la sociedad americana y la infelicidad doméstica que ese optimismo no sabe nombrar.

Vale la pena recordar que Bernstein no abandonaría a estos personajes: tres décadas después los recuperaría en A Quiet Place, ópera que incorpora Trouble in Tahiti entera como un flashback dentro de una historia familiar aún más sombría, confirmando que esta pareja fue para el compositor una obsesión de largo recorrido, no un simple ejercicio de juventud.

Un momento de "The Telephone". © Gianpaolo Parodi. La Fenice Teatro Goldoni

The Telephone. © Gianpaolo Parodi.

Y es precisamente esa ambición la que hace de Trouble in Tahiti la partitura musicalmente más rica del díptico: el lenguaje compuesto donde conviven jazz, musical y escritura operística ofrece una complejidad tímbrica y dramática que la limpieza de Menotti, deliciosa pero más limitada en sus intenciones, no puede igualar.

La introducción de la muerte de un hijo como herida original de la pareja —elemento ausente en el libreto original— es una decisión del directo de escena Gianmaria Aliverta que ofrece una motivación concreta a la incomunicación de Sam y Dinah, aunque no sin un coste: esa explicación tan explícita corre el riesgo de empobrecer la ambigüedad sobre el conformismo y las promesas incumplidas del sueño americano que constituía buena parte de la fuerza original de la obra. Todo bien representado por el decorado de Elena Zamparutti y el vestuario (del mismo Aliverta) basado con los colores azules del cielo con nubes blancas irreales.

La Fenice Teatro Goldoni

Elisa Balbo en Trouble in Tahiti. © Gianpaolo Parodi.

En el podio, Jacopo Brusa conduce con solvencia y versatilidad el tránsito entre dos universos sonoros distantes, y obtiene de la Orchestra del Teatro La Fenice una respuesta flexible, capaz de mudar de piel entre el lirismo de Menotti y la hibridez bernsteniana. El Goldoni, sin embargo, no favorece la empresa: la ausencia de foso y una masa orquestal considerable generan desequilibrios que una amplificación poco cuidada del trío vocal de Bernstein no contribuye a resolver, comprometiendo la claridad de un elemento dramatúrgico esencial.

Teatro Goldoni

Elisa Balbo en Trouble in Tahiti. © Gianpaolo Parodi.

Elisa Balbo y Allen Boxer, que afrontan ambas óperas pasando de Lucy a Dinah y de Ben a Sam, sostienen la velada con una entrega escénica notable. Balbo destaca sobre todo por su vivacidad actoral, brillante y desenvuelta en la comicidad de Menotti, más recogida y doliente en Bernstein. Boxer resulta un barítono eficaz, aunque las condiciones acústicas de la sala lo penalizan: en más de una ocasión su proyección se ve sencillamente engullida por la orquesta, sin que la voz logre imponerse con la nitidez que el personaje requeriría.

El resultado es de todas formas un espectáculo ágil, bien resuelto escénicamente, pero que acaba resintiéndose de cierta monotonía de tono en su tramo central, como si la propia solución dramatúrgica —tan coherente sobre el papel— aplanara en escena las asperezas que hacían interesantes a ambas partituras por separado.

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