El disco de debut de Weezer, de nombre homónimo, pero conocido como el Disco Azul, había vendido más de dos millones de copias para 1995 y había sido certificado como Doble Platino, sus tres sencillos, y sus correspondientes vídeos, habían sido un éxito y les habían convertido en la primera gran banda en triunfar en el espectro del rock alternativo, todavía la música dominante, tras la muerte de Kurt Cobain, con enormes expectativas puestas en su siguiente trabajo, uno que se iba a llamar Pinkerton.
Lo que nadie esperaba era que ese trabajo, que había comenzado como un extraño disco conceptual, acabara narrando en primera persona las vicisitudes de un tipo que se convertía en una estrella de rock y que tras cansarse de tener sexo, acababa anhelando una relación más profunda mientras se dedicaba a oler la carta de una fan casi menor de edad y se la imaginaba masturbándose.
El disco sería masacrado por la crítica, no tuvo ni la mitad del éxito del primero e incluso fue medio repudiado por su propio autor principal que lo describiría de la siguiente manera «fue como emborracharte realmente en una fiesta y soltar todo lo que te pasa por la cabeza delante de todo el mundo, sintiéndote increíblemente bien y liberado por ello, y luego despertarte a la mañana siguiente y darte cuenta de que has quedado como un verdadero imbécil delante de todo el mundo». Y es que Rivers Cuomo había vomitado, casi literalmente, una obra maestra.
Increíblemente, para cuando Weezer decidió seguir adelante con un tercer trabajo, cinco años después de Pinkerton, el disco ya había alcanzado la categoría de obra de culto y era el más querido por los fans de la banda, una parte de ellos, incluso, no volvería a conectar con todo lo publicado después de él, reconociendo solo al Disco Azul y a Pinkerton como las únicas obras maestras de la banda. Algo que hasta el mayor seguidor de «Beverly Hills» o «Pork & Beans» sabe que es cierto.
Así que retrocedamos al 14 de abril de 1995 cuando Rivers Cuomo, cantante, principal compositor y guitarrista principal de Weezer se sometió a una operación para corregir el hecho de que una de sus piernas fuera dos centímetros más corta que la otra. La recuperación será larga y dolorosa, además la acompañará matriculándose en Harvard para estudiar composición clásica. Para ese momento ya había empezado su obsesión con la ópera Madame Butterfly, que le llevaría al título de Pinkerton, y a componer las canciones para su siguiente disco, Songs From The Black Hole, una Ópera Rock en la que iba a lidiar con sus sentimientos cruzados por el éxito de Weezer.
Pinkerton es uno de los discos más honestos y crudos de lo que pasa por la cabeza de un chaval después de hacerse realidad su sueño de convertirse en una estrella de rock.
Ese éxito le había llevado a crear un complejo de inferioridad con respecto a su propia música, pensaba que sus canciones eran «simples y estúpidas» y quería crear algo complejo e intenso, lo que le llevaría a Harvard. Algo que seguirá en alguna de las canciones de Pinkerton, como cuando en «Falling For You» exclama What could you possibly see in little ol’ 3-chord me? (¿Qué podrías ver en un pequeño ser de tres acordes como yo?.
Pero tras la operación su estado mental iba empeorando, la idea de la Ópera Rock, que tenía lugar en el futuro e incluía robots, cada vez le parecía más caprichosa y alejada de su realidad. Aun así, la banda llegó a grabar varias canciones que ban a aparecer en el disco, cosas como «Blast Off!», «Longtime Sunshine», «I Just Threw Out the Love of My Dreams», «Tired of Sex» o «Getchoo». Algunas se reutilizarían para Pinkerton, lo que quedaba claro es que el nivel era muy alto y Cuomo estaba escribiendo algunas de las mejores canciones de su carrera.
Cuando se enroló en Harvard y comenzó un estilo de vida monacal y más enrocado en sí mismo, terminó por dejar de lado el proyecto de Songs From The Black Hole para enfocarse en lo que estaba pasando dentro de su cabeza. Y eso era más oscuro y visceral, desde luego ya no se sentía Buddy Holly, sino que se veía más como ese estúpido americano que deja embarazada a una japonesa en Madame Butterfly, B.F. Pinkerton.
El sonido de las canciones también se adecuó a las letras, atrás quedaba la reluciente y cristalina producción de Ric Ocasek y se pasaba a un sonido mucho más crudo, con unas guitarras más sucias. En enero de 1996, en la pausa de Navidad de la Universidad, grabaron canciones como «El Scorcho» y «Pink Triangle», una canción en la que Cuomo fantasea sobre la posibilidad de casarse con una chica de la Universidad con la que ni siquiera ha hablado, hasta que descubre un triángulo rosa y piensa que es imposible porque es lesbiana.
Toda una nueva generación vio en Pinkerton un espejo en el que mirarse.
Básicamente, Pinkerton es uno de los discos más honestos y crudos de lo que pasa por la cabeza de un chaval después de hacerse realidad su sueño de convertirse en una estrella de rock. Y lo es no porque Cuomo sea un letrista especialmente dotado, sino porque lo hace con una franqueza tan clara que realmente no se deja a sí mismo en muy buen lugar. Algo que también vieron sus compañeros en Weezer que tampoco se sintieron muy felices con el giro lírico del cantante.
La composición profundamente autobiográfica de Rivers, unida a que este pequeño ser de tres acordes seguía teniendo una facilidad innata para los estribillos altamente contagiosos hacen de Pinkerton el gran disco que es, uno que comenzaba con una nota altamente distorsionada que daba paso al cantante admitiendo que estaba cansado del sexo sin compromiso tan típico de la historia del rock. Era curioso que con un público objetivo que todavía jugaba a Dragones y mazmorras en sus 20 años, esta canción diera en el clavo, pero es que, a pesar de que no se estaban enrollando con Jen, ni con Lynn, ni con Jasmine, era fácil idenificarse con el tipo que buscaba el denostado (por lo menos por la Generación X) amor verdadero.
Las cosas seguían crudas en la directa y amenazante «Getchoo», otra canción rescatada del Songs From The Black Hole, pero, a pesar del buen comienzo, el disco comenzaba a elevarse con la maravillosa «Why Bother?» en la que, con uno de esos estribillos casi perfectos (y esos coros de Matt Sharp) tan propios de Weezer, Cuomo se preguntaba para qué valía la pena emocionarse con una nueva relación si le iban a terminar rompiendo el corazón.
«Across The Sea» es, a la vez, una de las mejores canciones y también de las más problemáticas de Pinkerton. Es la canción en la que habla de lo mucho que significó para él una carta de una fan japonesa de 18 años, aunque posiblemente fuera menor, en la que le decía lo mucho que le gustaban sus canciones. Rivers Cuomo no se ahorra detalles y se describe a sí mismo olfateando esa carta mientras se imagina a esa chica masturbándose y preguntándose por qué les tiene que separar todo el oceáno Pacífico. Lo único que quedaba claro era una de las cosas que decía en la canción, necesito ayuda…
Luego llegaba la canción que debió haber sido el sencillo principal de este disco, conteniendo el estribillo más certero de la carrera de Weezer junto al de «Buddy Holly». Se trataba de «The Good Life» en la que un Cuomo cansado de su retiro espiritual en Harvard decide que ha llegado el momento de volver a la buena vida, a menear el culo y al sexo sin responsabilidades. Cuando intentaron recurrir a ella para salvar las ventas, incluso grabando un vídeo como los del Disco Azul ya era tarde y Pinkerton no logró remontar el vuelo.
Lo cual es una pena porque aquel sencillo de «The Good Life» acompañaba a la canción con la mejor canción descartada del proyecto Songs From The Black Hole, se trataba de la fundamental «I Just Threw Out the Love of My Dreams», una de las mejores canciones de su carrera, cantada por Rachel Haden, la hija del bajista de Ornette Coleman, Charlie Haden. Sencillamente, uno de los grandes sencillos de los años 90.
Pero Cuomo prefirió presentar el disco con «El Scorcho», otra gran canción, pero mucho menos instantánea y más alejada del estilo que se le suponía a la banda, con el cantante medio rapeando sobre un ritmo funky, eso sí, el estribillo volvía a ser oro puro con ese coreable I thiiiiink IIIIII’d be gooooood for yoooooooou, and yoooooooou’d be gooooood for meeeeeee!. Y es que la canción volvía a otro de los flechazos del cantante, una chelista medio japonesa que conoció en Harvard y que también aparece en «Falling For You», la penúltima canción del disco, esa a la que le pregunta qué puede ver en ese «pequeño ser de tres acordes», y que contiene una de las letras fundamentales del disco haría lo que fuera para salir vivo de aquí o quizá preferiría sentar la cabeza contigo.
El disco finalizaba de la manera menos Weezer posible, con Cuomo y una guitarra acústica tomando el papel de Pinkerton y pidiendo perdón a su mariposa particular. Desde luego no había vídeo de Spike Jonze posible que pudiera hacer de esta canción un éxito. Era, eso sí, el cierre perfecto para un disco sobre un nerd convertido en estrella de rock al borde de un ataque de nervios.
Tras las críticas y viendo el rechazo del público River Cuomo se vio expuesto y pensó que había hecho el ridículo ante todo el mundo, exponiéndose sin filtro en sus canciones, pero toda una nueva generación vio en este disco un espejo en el que mirarse y bandas como Jimmy Eat World o The Get Up Kids que lideraron a las bandas emo de principios de Siglo XXI nunca han ocultado su amor por Weezer y, en concreto, Pinkerton.
De esta forma el disco que casi rompe la banda —de hecho Weezer se separaron tras la gira de presentación de Pinkerton y Matt Sharp nunca regresaría— terminó siendo sobre el que se construyó el legado de una banda que ha terminado grabando 18 discos más, aunque todos sepamos, tanto Rivers Cuomo como nosotros, que ninguno se acerca a las cotas alcanzadas aquí o en su debut.






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