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Entrevista con Ugo Bienvenu: «La animación es el lugar del error y la humanidad»

En Entrevistas, Cine y Series viernes, 22/05/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Ugo Bienvenu representa una de las trayectorias más interesantes entre los nuevos creadores europeos. Dibujante, autor de novelas gráficas, productor y cineasta, su formación transcurrió entre varios continentes, de Guatemala y Chad a México y Francia, una diversidad cultural que ha marcado profundamente su imaginario. Con Arco, su primer largometraje de animación, estrenado en Cannes en 2025, logró una extraordinaria proyección internacional que culminó con premios en Annecy, los Lumières, los César y los European Film Awards, además de una nominación al Óscar. Su carrera encarna la figura del creador contemporáneo: un artista que transita con naturalidad entre distintos formatos y disciplinas, alimentado por una mirada profundamente global.

Seleccionado entre los “10 to Watch 2026”, una lista de talentos emergentes del cine francés escogidos por periodistas internacionales especializados (Screen International, Cineuropa, The Hollywood Reporter, France Inter), que cada primavera presenta UNIFRANCE en el Festival de Cannes, Bienvenu consolida su carrera como un artista multifacético.

Conversamos con Ugo Bienvenu, que se encuentra además en Cannes para estrenar su película Adieu, monde cruel, dirigida por Félix de Givry, con la que participa como productor en la Semaine de la Critique.

EVA PEYDRÓ: Usted ha vivido entre Guatemala, Ciudad de México, Estados Unidos y Francia. ¿Ese desplazamiento geográfico ha influido de alguna manera en su visión del mundo y en su trabajo?

UGO BIENVENU: Muchísimo. Estoy hecho de culturas diferentes y soy una mezcla extraña. Soy europeo, pero crecí en América y en África. Cuando cumplí dieciocho años me fui a China porque quería conocer Oriente. Lo que más me impactó fue la cultura japonesa. Tenía ya un conocimiento bastante profundo del mundo occidental, africano y latino cuando era niño, y después descubrí Asia. Así que soy una especie de autor globalizado, lo que en su momento se llamó la «globalización feliz».

La obra de Ugo Bienvenu trata sobre la condición humana, donde la imaginación, la duda y la sensibilidad son formas valiosas e insustituibles de conocimiento.

¿En qué momento comprendió que Arco debía convertirse en una película y no quedarse en otro tipo de obra?

Las ideas llegan ya con una forma. A veces tengo una idea y sé que es un dibujo. Otras veces sé que será un libro. No soy yo quien elige: son las propias ideas las que eligen, porque están formadas por signos, símbolos y formas que encajan mejor en un medio u otro. En Arco necesitaba el viento, necesitaba el espacio. Eso no lo tenía ni en el cómic ni en la literatura. Además, es una película sobre compartir y el cine es el lugar del compartir.

¿Qué puede expresar hoy la animación que otros tipos de cine apenas pueden alcanzar?

La magia. Creo que la animación es el mejor lugar para hablar de la realidad sensible, más que de la realidad objetiva. Todo pasa por el cuerpo del dibujante y de los equipos que trabajan en la película. Además es el lugar del error. Es el lugar de la humanidad. Porque errar es humano, pero también el ser humano es el error. Lo que reconocemos en los demás son precisamente esas imperfecciones. Por eso en las grandes producciones perfectas nos reconocemos menos: reducen la zona del error. Y yo creo que los seres humanos nos reconocemos precisamente en la calidad de nuestros errores.

ARco. Ugo Bienvenu

Arco (Ugo Bienvenu, 2025).

Estoy completamente de acuerdo. Siempre prefiero una obra imperfecta y viva que una obra impecable inane.

Porque tiene encanto. Por eso me gusta tanto la animación dibujada a mano. Porque nos pone frente a la sensibilidad humana y al gesto humano.

La animación sigue percibiéndose muchas veces como un nicho. ¿Cree que esa idea está cambiando?

Es un nicho mucho más fuerte de lo que se piensa. Las películas de animación atraen más espectadores que la mayoría de las películas de acción real, aunque no se quiera reconocer demasiado.

Tradicionalmente existía esa percepción.

Siempre se exporta mejor y siempre ha llevado más público a las salas que muchas películas de imagen real. Es curioso. Lo que ocurre es que el cine de acción real se protege a sí mismo. Es una forma de proteccionismo. Hay una arrogancia que consiste en decir que la animación es para niños. Es absurdo. Es como si los niños y los adultos fueran especies diferentes. Pero somos la misma especie.

Con sensibilidades distintas, pero no especies diferentes.

Exacto. Lo que nos hace humanos son nuestras emociones. Y el cine es el lugar de las emociones. Cuando era niño tenía la impresión de que no se respetaba al adulto que había en mí. Ahora que soy adulto tengo la impresión de que no se respeta al niño que sigue existiendo en mí. Yo intento dirigirme a ambos: respetar la inteligencia de los niños y la sensibilidad de los adultos.

Arco. Ugo Bienvenu

Arco (Ugo Bienvenu, 2025).

Usted trabaja tanto para marcas de lujo como en proyectos artísticos muy personales. ¿Cómo gestiona la tensión entre lo comercial y lo artístico?

Tengo suerte porque la gente me busca por lo que soy. Nunca me dicen lo que tengo que hacer. Me preguntan: “¿Qué quieres hacer?” Yo respondo y me dejan hacerlo. Es una suerte increíble. Y cuando recibo un encargo también soy libre de apropiármelo y hacerlo mío. Todo forma parte del mismo movimiento creativo.

Produce junto a Félix de Givry y ambos comparten una visión artística. ¿Cómo funciona esa relación creativa?

Compartimos muchas cosas. Es un socio extraordinario porque tenemos ideas parecidas sobre la sociedad y sobre la vida. Además somos muy complementarios.

¿Qué es lo que más le estimula de trabajar con él?

Él mismo. Y también una frase de Charles Gillibert, de CG Cinéma. Un día nos dijo: “Yo no produzco películas, produzco personas”. Y creo que tiene razón. Nosotros trabajamos con gente a la que queremos. Lo que me gusta es dar valor a cosas que todavía no lo tienen. Prefiero crear valor antes que aprovecharme del valor que ya existe.

En sus obras la tecnología nunca aparece como algo completamente utópico ni completamente monstruoso. ¿Le interesa más la ambigüedad que el relato de advertencia?

No me gustan las películas que me dicen lo que tengo que pensar. Personalmente creo que la tecnología nos está llevando hacia un abismo y hacia lo peor. Pero mi trabajo no es dar mi opinión. Mi trabajo es interrogar al mundo. Intento mostrar sus matices y no decir “esto está bien” o “esto está mal”. Si hiciera eso estaría escribiendo una tesis, no una película. Lo que quiero es ofrecer placer y plantear preguntas.

Por ejemplo, cuando utilizo un robot o una máquina, los utilizo como un espejo. Si le doy humanidad a una máquina, nos obliga a preguntarnos qué es lo que nos hace humanos. Al introducir humanidad en la máquina nos damos cuenta de que estamos perdiendo parte de nuestra propia humanidad.

Adieu, monde cruel. (Félix de Givry, 2026)

Adieu, monde cruel (Félix de Givry, 2026)

Es una forma distinta de hacer visibles las cosas.

Exactamente. Dar características humanas a un objeto las amplifica. Aunque, personalmente, creo que nos estamos suicidando.

Entre Arco y Adama encontramos personajes jóvenes enfrentados a mundos bastante inquietantes. ¿Cree que su generación mira la adolescencia de manera diferente?

No necesariamente. Creo que simplemente somos conscientes de que los jóvenes llegan hoy a un mundo muy complicado. Cada vez estoy más convencido de que la mayor riqueza que podemos ofrecer a nuestros hijos es proteger su inocencia el mayor tiempo posible. Vivimos en una sociedad que destruye esa inocencia demasiado rápido.

Los adultos más sólidos suelen ser aquellos cuya imaginación y cuya inocencia fueron protegidas durante más tiempo. Yo mismo intento conservar esa mirada infantil, no en el sentido de ser inmaduro, sino en el de mirar el mundo como si fuera nuevo. Cuando nos hacemos mayores corremos el riesgo de verlo todo como algo gastado en lugar de seguir descubriéndolo.

Su trabajo ha recibido muchísimo reconocimiento. ¿Ha cambiado algo en su manera de trabajar?

Sí, me ha perturbado un poco.

¿Ha sentido presión?

Sí. Antes, cuando hacía algo, todo el mundo decía que era malo. Así que trabajaba sin pensar demasiado en ello. Ahora me digo: “Tiene que ser bueno”. Antes no tenía esa presión. Además he visto el reverso de la industria y no me gusta demasiado. Me decepciona comprobar que desde la era industrial el mundo piensa cada vez más en cifras y cada vez menos en ideas.

Aunque esos éxitos también le permiten acceder a presupuestos mayores.

No lo sé. También es complicado porque la gente quiere que repitas lo que ya has hecho. Ahora tengo nuevas ideas y probablemente me dirán: “No, eso no es como Arco”. Así que volverá a ser difícil.

Adieu, monde cruel.

Adieu, monde cruel (Félix de Givry, 2026)

¿Qué busca en sus próximos proyectos?

Por ahora quiero hacer cosas más pequeñas. Cosas que me reconecten conmigo mismo. Quiero volver a preguntarme por qué hago lo que hago. ¿Es para alimentar mi ego o es para intentar hacer algo que ayude un poco a los seres humanos?

Tengo una idea que va en esa dirección, pero todavía estoy intentando entender si mis motivos son los correctos. Lo único que sé es que no quiero hacer nada que no sea más importante que yo mismo.

Le felicito por esa lucidez. No es tan frecuente en un creador joven que ya ha recibido tantos premios.

Es difícil. Además todo es muy aleatorio. He sido jurado en muchos festivales y sé perfectamente que muchas veces no gana la mejor película. A veces sí, a veces no.

Por eso, cuando recibes un premio, sólo puedes esperar que sea merecido. Pero en realidad no es lo importante. Los premios también pesan. Son como una mochila cada vez más pesada. Hay que recuperar la ligereza y olvidarse de ellos.

Porque si uno escucha demasiado los elogios también debería escuchar las malas críticas.

Exactamente. Y yo me he dejado arrastrar demasiado por todo eso. He caído dentro de la olla y ahora necesito limpiarme.

Además, esta película me ha alejado mucho de mi familia. Y lo primero que quiero hacer es volver a conectar con ellos. Está muy bien hacer películas, pero también quiero tener éxito como padre. Eso es mucho más importante.

Al final de la conversación, resulta evidente que el verdadero tema de la obra de Ugo Bienvenu no es la tecnología ni el futuro, sino la condición humana, en la que la imaginación, la duda y la sensibilidad son algunas de las formas más valiosas e insustituibles de conocimiento.

Foto de cabecera © Eva Peydró

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