Un mundo frágil y maravilloso nos habla de un país sin necesidad de convertirlo en tesis, y a la vez, es una película de amor que, sin dejar de ser íntima, contiene la temperatura moral de toda una época. La película de Cyril Aris narra la historia de Nino (Hassan Aqil) y Yasmina (Mounia Akhle) —nacidos el mismo día en medio de una Beirut bombardeada, compañeros de infancia y reencontrados en la edad adulta—, que se despliega a lo largo de tres décadas como una meditación sobre el amor, la pérdida y la imposibilidad —o la obstinación— de proyectar un futuro en un país atravesado por el colapso.
Aris, uno de los cineastas libaneses con mayor proyección internacional, ha construido una mirada singular capaz de capturar la fragilidad de la condición humana a través de una estética visual poderosa. Miembro de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences y formado en la Universidad de Columbia, donde obtuvo un máster en Bellas Artes, consolidó su trayectoria en el circuito internacional con trabajos como The President’s Visit —estrenado en el Toronto International Film Festival— y documentales como Dancing on the Edge of a Volcano, en los que ya se intuía esa tensión entre crudeza y lirismo que atraviesa su cine.
Premiada por el público en Venecia, en la SEMINCI y en el Middle East Now Film Festival, además de reconocida en otros certámenes como Arte Mare o CINÉMED, la película defiende con excelente resultado que una obra puede ser a la vez delicada y política, profundamente local y universal. Con las interpretaciones de Hasan Akil y Mounia Akl, cuya química sostiene el pulso emocional del film, Un mundo frágil y maravilloso encuentra en la historia sentimental una forma de pensar la supervivencia, el arraigo y la huida. Conversamos con Cyril Aris sobre el amor como resistencia y la manera en que el cine puede capturar la fragilidad de un mundo que se desmorona sin renunciar a su belleza.

Un mundo frágil y maravilloso es la historia de dos personajes ligados desde su nacimiento, en el corazón de una tragedia en Beirut. Aris prefirió extenderla a lo largo de treinta años en lugar de concentrarla en un momento en el tiempo, así que comenzamos nuestra entrevista preguntándole sobre esta decisión: «desde la primera versión, sabía que me gustaría contar esta historia que se extiende en el tiempo, en la que un amor verdadero se confronta a la realidad de las cosas y finalmente sobrevive a pesar de todos estos años. Pero también porque quería hablar de períodos diferentes del Líbano, quería hablar de un Beirut que pasa por dramas, guerras y tragedias, pero también un Líbano que vive períodos de paz, períodos de prosperidad, en los que uno se dice que es un país totalmente maravilloso». El director deseaba contrastar esta historia de pareja y este amor loco con la de un país que pasa por momentos muy diferentes. «Esta idea es la que estuvo siempre en la génesis del proyecto, mi deseo de hablar de una pareja y de un país a la vez».
La relación entre Nino y Yasmina parece indisociable del estado del país. Y eso nos habla de un riesgo permanente, de un derrumbamiento vital que dura generaciones. En esas circunstancias, ¿cómo se puede vivir en un mundo de inestabilidad extrema, cómo planificar una vida, una parentalidad, una profesión, un futuro? Esta fue la esencia de la película, según su director «¿cómo seguir creyendo en ese país y en este mundo de una manera general? ¿Cómo atreverse a creer en un futuro, en un porvenir? ¿Y merece realmente la pena traer niños a este tipo de mundo? Era el cuestionamiento por el que pasaba yo a título personal. Y es justamente esta voluntad de querer responder a esta pregunta a través de dos caracteres muy antagónicos. Dos fuerzas muy contradictorias de la naturaleza. Una persona que se obstina con su optimismo y su voluntad de creer en el futuro y que se confronta justamente con alguien más pragmático y más realista. Alguien que tiene esa capacidad de ver las cosas de frente. Y así que sí, es esa pregunta, en realidad, la que dio nacimiento a todo el resto de la película».

En Un mundo frágil y maravilloso podríamos considerar el amor una forma de resistencia que lleva esperanza o al contrario, la prueba de la imposibilidad de una vida estable, como si amarse se volviera incompatible con sobrevivir. Aris tuvo muy clara su opción: «yo pienso que justamente es esperanza, porque finalmente es todo lo que nos queda. Si pensamos racionalmente en el país, si vemos la historia del país, nos decimos que en realidad no merece realmente la pena seguir creyendo en él y querer inventarse un futuro en ese mundo. Sin embargo, pienso que el amor justamente es un prisma que ofrece una cierta distorsión de los hechos y facilita que, a través suyo, sigamos creyendo. Y finalmente, eso es lo que hace que este país sobreviva aún, es por el amor, el amor entre amigos, entre familias, el amor entre parejas. Es el motor principal que hace que este país sobreviva aún».
Una de las elecciones de Cyril Aris, que escribió el guion junto a Bane Fakih, fue representar simbólicamente un espacio mental, casi mítico, que ayuda al pequeño Nino a sobrellevar la muerte de sus padres, las pérdidas. Esa isla imaginaria será, así, un motivo recurrente en la película. «Vemos que en la historia —nos explica el director— es el abuelo quien utiliza primero ese concepto, precisamente, para explicar la muerte a Nino, como lugar imaginario, es el paraíso, es donde están tus padres y son felices. En realidad, transforman un concepto bastante oscuro y bastante macabro en algo absolutamente maravilloso. Después, la pequeña Yasmina, cuando oye este concepto de la isla, se lo apropia y transforma este lugar en algo donde las familias (sus padres se divorciaron) están intactas, unidas y felices. Y finalmente, esa isla, como usted ha dicho, se vuelve un poco ese lugar imaginario de escape, es su refugio cuando las circunstancias son un poco duras a su alrededor. Y finalmente, pienso que el plano final, donde se reencuentran en la isla y donde vemos esa postal de Beirut y del Líbano, finalmente, eso nos dice que esa isla podría ser el Líbano, si se decide verlo así».

La dirección de actores consigue una alquimia increíble entre los protagonistas. La química entre el actor Hassan Aqil y la actriz y realizadora Mounia Akhle (Costa Brava, Líbano, 2021), con quien el director ya había trabajado anteriormente, es admirable por tratarse de un resultado a la vez espontáneo y profundamente construido. Aris nos comenta que «todo estaba muy escrito, todos los diálogos estaban archiescritos y las escenas, sabíamos exactamente lo que iba a pasar. Pero cuando estábamos en el plató y en el rodaje, justamente, yo les decía que se apropiaran completamente de las escenas y que volvieran a decir el diálogo a su manera, como él, Hassan, habla, como ella, Mounia, habla. Hago eso un poco con todos los actores, no solo con ellos. Pero era un poco mi manera de obtener esa naturalidad y de sentir realmente que nada está forzado, nada está escrito, que todo pasa de una manera más bien espontánea.
Ahora, cuando dirijo a mis actores, tengo tendencia a dirigir a la persona que está fuera de campo, a la persona que no está en la cámara. Así que si, por ejemplo, la cámara está sobre Mounia, generalmente, dirijo a Hassan y le cambio un poco la energía con la que entra, le cambio su diálogo, y eso hace que Mounia, por ejemplo, que está en cámara, no tenga ninguna idea de lo que Hassan va a hacer. Ella no sabe demasiado cómo la escena va a cambiar entre una toma y otra, y por tanto, está constantemente a la escucha y se encuentra en una situación donde debe reaccionar de manera muy espontánea. Y después, cuando la cámara pasa a Hassan, hago lo mismo, pero con Mounia, por tanto, creamos esa espontaneidad constante y ese elemento de sorpresa entre cada toma y la otra. Igual para los niños, igual para los papeles secundarios. Así que, aunque todo esté muy escrito, finalmente, todo se reinventa en el plató inspirándose, justamente, en su manera de hablar, en su manera de reaccionar, y sobre todo en sus pulsiones que les vienen naturalmente».

La fluidez con que opera esa técnica es innegable, y lo más destacable aún es el juego de miradas, que en el primer plano es particularmente importante, porque la mirada entre los personajes parece volverse un verdadero lenguaje. El relato se desplaza hacia la mirada. La puesta en escena de la mirada actúa como vector principal, tanto del deseo, de la complicidad, como también de la distancia, no tiene un próposito único: «sí, sí, sí —nos confirma el director— efectivamente, porque pienso que en una pareja enamorada, a veces, lo no dicho es mucho más poderoso que las palabras. Hay todo un universo que se crea en una distancia tan pequeña como la que hay entre esos dos rostros, en esa mirada. Se trató un poco de jugar sobre este concepto, de este universo que se crea entre dos personas, aunque haya todo un caos alrededor, aunque pasen un montón de cosas alrededor. Finalmente, aunque sea por un momento, se siente que hay realmente todo un mundo entre esas miradas. Y bueno, igual también para una pareja que está en declive, una relación que se deconstruye y que se deshilacha. Se siente que incluso sin decir nada, a través de la mirada, todo se dice, ya sea en la distancia o en el desgarramiento. Por el mismo concepto, nos encontramos rehaciendo primeros planos silenciosos o colocando la cámara en ese círculo de intimidad entre esas dos miradas. Colocamos al espectador, una vez más, en ese universo donde todo se deshilacha y todo se deshace, incluso sin palabras. Exactamente».
El abordaje estético de Un mundo frágil y maravilloso se sitúa entre la fragilidad, la luz y la opacidad también. El título evoca ya una dualidad constante, pero visualmente, la película evoluciona hacia tonalidades más oscuras, más grises, casi sofocadas a veces. El director de fotografía, Jaouz Saad, consigue lo que podríamos denominar una estética de la desaparición donde la belleza persiste, pero alterada de alguna manera, ¿es así? «Es una súper pregunta y está realmente muy bien planteado —concuerda Aris—. Pienso que en la primera parte donde están enamorándose, se siente realmente que Beirut es una ciudad toda llena de canicas, los colores están saturados, la cámara se mueve un poco en todos los sentidos. Intenta retransmitir la energía de Nino, que es una energía muy caótica, muy hechizada y realmente llena de encanto. Empujamos un poco todos los colores hasta el límite. Se siente realmente que hay una verdadera energía detrás de los movimientos de cámara, porque es un período de paz, de prosperidad, de construcción y de amor.

Después, en la segunda parte, nos basamos bastante en nuestra propia percepción de Beirut en 2019, 2020, 2021, 2022. Cuando pasábamos por cortes de electricidad, cuando la gente se iba, cuando toda la vida cotidiana en Beirut se derrumbaba, sentíamos que la ciudad se volvía mucho más oscura. Es ahí donde Jaouz Saad empezó a apagar las luces, a atenuar la atmósfera. Incluso en el restaurante, ya no se ve tanta comida colorida, vibrante, saturada. Era justamente nuestra manera de mostrar cómo la ciudad se derrumba, lo que estaba basado en nuestra propia percepción de las cosas durante ese período, se retransmitía visualmente en una atmósfera mucho más fría. El contraste entre las dos hace que juguemos un poco con los dos tonos, el tono de belleza y de encanto, pero también el tono de tristeza y de fragilidad que están encarnados por los dos personajes de Nino y Yasmina y que también están personalizados por el propio título de la película».
Cyril Aris menciona el restaurante, el alma de la película, al que Nino se siente apegado y donde, sobre todo, la cocina, vibra como centro neurálgico. Pero también evoluciona y aporta un ritmo a la acción con los cambios de tempo, de ambiente. Aquí, es patente, por otra parte, el gran trabajo del montador Nath Sanders, «es el montador de las películas de Barry Jenkins, Moonlight (2016), El blues de Beale Street (2018), son películas muy emocionales, es un enorme editor.» Aris nos describe cómo trabajaron conjuntamente esa directriz sobre los cambios de ritmo, «teníamos esa idea de transmitir todo un caos en la primera parte y realmente tomarnos nuestro tiempo en la segunda. Y dado que es un gran montador y que tiene realmente mucha experiencia, sobre todo en historias que se extienden en el tiempo, encontramos juntos un poco ese equilibrio». La sintonía se logró a pesar de no compartir la misma lengua, «había una verdadera armonía entre nosotros porque a pesar de que él no habla árabe y no conoce la cultura libanesa, trabajaba realmente de manera muy instintiva, se basó en la gestualidad de los personajes, la musicalidad de la lengua, el tempo de los personajes en esas escenas diferentes. Para alguien que no conoce la cultura, que no conoce la lengua, cuentan mucho sus primeras impresiones».

Las elecciones afortunadas en Un mundo frágil y maravilloso, que crearon esa armonía entre imagen, sonido e historia, también incluyeron la música, que se percibe en Un mundo frágil y maravilloso como el ritmo de la respiración. La música electrónica juega un papel casi hechizante, perfectamente ensamblada con la música tradicional, podríamos decir que crea un espacio interior para los personajes como si fuera un poco la sustitución de las cosas que no pueden decir. Aris está de acuerdo con esta afirmación, «sí, en realidad está súper bien expresado. Trabajé con un compositor libanés que se llama Anthony Sahyoun, que es alguien que encarna un poco esta dualidad, es alguien muy arraigado en la herencia cultural musical libanesa (los cantos tradicionales, la música antigua, la música muy oriental), pero también hace música muy experimental, electrónica, digital. Esta dualidad justamente encarna un poco esta cultura libanesa que tenemos, donde estamos muy arraigados respecto a nuestra cultura y nuestra herencia tradicional, árabe, pero también siempre hay esa mirada hacia Occidente, hacia las culturas europeas. Se dice que entre todos los países árabes, el Líbano es el país más occidentalizado.
Y así que pienso que esta dualidad justamente está encarnada en la música pero también en el personaje de Nino y su forma de entender la cocina. Es alguien que retoma las recetas de su abuelo y de sus padres, pero con una mirada un poco más nueva, un poco occidental. En el curso de nuestras conversaciones, transmití a Anthony Sahyoun que la línea directriz tenía que ser el personaje de Nino. Y así, las mismas canciones de la primera parte, que son bastante caóticas y bastante energéticas, las retomó en la segunda parte, pero quitando instrumentos, retransformándolas para mostrar un poco esta evolución. Por tanto, cuando se escucha toda la banda sonora, se siente que pasamos por la tónica general del país, por algo muy energético al principio, pero que poco a poco se desnuda casi y pierde un poco toda su vitalidad, lo que hace que hacia el final, solo sean voces, en realidad. Es básicamente el armonizador, que se transformaba solo en voces de Anthony».

El trabajo con la banda sonora, por el que Sahyoun obtuvo un premio en el Festival de Montpellier fue singular, «sí, pasamos realmente quizá entre cinco y seis meses solo para encontrar la tonalidad que queríamos. Y después, una vez que la encontramos, el trabajo musical fue más bien rápido. Pero se tardó mucho tiempo precisamente en encontrar los instrumentos correctos, en encontrar el tono correcto, en hacer algo que no estuviera realmente a la altura de las expectativas de una comedia romántica, con el piano y los violines y las orquestas y todo eso, sino algo más nuevo, algo más original y más único».
A pesar de la gravedad del contexto, hay un humor destilado a lo largo de Un mundo frágil y maravilloso, sobre todo a través del personaje de Nino, pero también de una manera un poco más discreta por parte de su mujer, esa dimensión como forma personal de resistencia o de supervivencia era importante para Aris. «Efectivamente, lo ha dicho usted muy bien, porque pienso que en el Líbano, a pesar de los dramas, a pesar de las tragedias, nos reímos mucho. Hay mucho humor, hay muchas comedias, incluso en período de guerra. Y no es realmente para abstraerse de las tragedias y de los dramas, pero pienso que es, como usted ha dicho, una especie de herramienta de supervivencia. En realidad, es todo lo que tenemos para poder realmente afrontar estos períodos difíciles. Porque si no, es la destrucción de la vida total. Así que hay ese humor que está muy presente, ya sea cuando el país va bien o bien cuando el país va mal.
En momentos como el actual, está presente esa herramienta de supervivencia, y se puede decir casi de resistencia, que sobrevive en tiempos de crisis. Para mí, para ser realmente fiel a este tipo de atmósfera, hacía falta realmente integrar toda esa comedia. Y además, el personaje del chef (Tino Karam), por ejemplo, improvisó mucho y añadió muchas de sus propias bromas, y de sus propios toques de humor, porque justamente, elegí actores que son divertidos, incluso en su vida real y en su vida cotidiana».
Antes de despedirnos, queremos conocer cómo ha vivido Cyril Aris la apabullante recepción internacional de su película, alabada y premiada en diversos certámenes. Especialmente, cómo ha reaccionado al éxito cuando su país está siendo agradedido militarmente, por algunos de los que han acogido calurosamente su obra, «es terrible, es muy difícil. Desde octubre de 2023, desde esas guerras devastadoras que inicia Israel en el mundo árabe, ahora entre Israel e Irán, Irán bombardeando países árabes, en este momento… Le agradezco que me haga esta pregunta, es verdad que se siente que hay una especie de desilusión hacia las democracias occidentales y se siente una especie de hipocresía también de esos países que dan lecciones de moral, pero que permanecen silenciosos frente a toda esta tragedia.
Y hago realmente excepción de España, porque pienso que España, bueno, entre nosotros ahora, pienso que España es el único país que realmente intenta afrontar de una manera, aunque sea simbólica, pero aun así muy importante, esta máquina de guerra que se apodera un poco de Oriente Medio. Ahora, en cuanto a la recepción, sí, efectivamente, la película pasa a la distribución un poco por todas partes del mundo, ya está en Francia, lleva siete semanas». La reacción más general no ha podido hacer más feliz a su director, ya que se considera que representa fielmente a su pueblo, «dicen que están orgullosos de la película porque nos representa en nuestros problemas, en nuestra vida cotidiana, pero también en nuestro humor, en nuestra comedia, en nuestro deseo, en fin, nuestro amor y nuestro apego por este país, pero también nuestra desesperación y nuestra tristeza al ver este país que se expande. Así que eso, para mí, es lo que me hace más feliz, que los libaneses que ven la película me digan efectivamente, eso es lo que es ser libanés. De hecho, había una espectadora francesa, en realidad libanesa, que vive en Francia, que me dijo que si alguna vez me preguntaran qué es ser libanés, yo les diría, vayan a ver esta película y lo comprenderán. Fue un cumplido que me hizo sonrojar».
A lo largo de la conversación, Cyril Aris vuelve una y otra vez a defender su idea de que en contextos donde todo parece desmoronarse, el amor pervive como una forma de insistencia, la mejor arma contra la desolación. Un mundo frágil y maravilloso se pregunta qué significa construir un hogar —emocional, vital, incluso nacional— cuando el entorno lo hace casi imposible. Entre la luz que se apaga y la belleza que persiste, la película encuentra su verdad en esa tensión, en ese equilibrio inestable donde amar es, quizás, el último gesto de resistencia.







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