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«La Luz», entrevista con Fernando Franco

En Entrevistas, Cine y Series jueves, 11/06/2026

Philipp Engel

Philipp Engel

PERFIL

Si Paul Schrader dedicó su famosa tesis titulada El cine trascendental a Ozu, Bresson y Dreyer, está claro que el sevillano Fernando Franco también ha orientado su carrera como cineasta en esa misma dirección, alcanzando una cumbre con La consagración de la primavera. La luz es algo más que una reválida. No solo es, muy probablemente, el mejor papel de Antonio San Juan con el alzacuellos del cura pedófilo que, treinta años después de sus crímenes, va al encuentro de sus víctimas para tratar de lavar su pasado. También es un extraordinario objeto cinematográfico que funciona a varios niveles. Primero, claro está, como un drama de denuncia social, puesto que incide en una herida que sigue abierta, pero sobre todo como un artefacto que nos presenta un personaje utópico que plantea preguntas de orden cinematográfico y, en fin, trascendental.

Hablamos con Fernando Franco, director de La Luz, una película tremenda, a todos los niveles, sobre los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia Católica, que protagoniza un inmenso Alberto San Juan.

PHILIPP ENGEL: Se podría decir que esta película, formalmente, es tu First Reformed, ¿no? De alguna manera culmina una búsqueda.

FERNANDO FRANCO: Qué bien que lo digas, porque en todas las entrevistas me preguntan si mi referencia ha sido Spotlight cuando mi inspiración viene más de Diario de un cura rural y de First Reformed, claro.

Conceptualmente, me parece muy audaz, porque plantea un personaje utópico que solo puede existir en el cine, por lo que acaba haciendo, y porque Alberto San Juan le da una humanidad que despierta nuestra empatía, y eso tampoco podríamos sentirlo con un cura pedófilo real. ¿Cómo surgió la idea del proyecto?

Lo de utópico es algo que siempre estuvo ahí, porque desgraciadamente nos parece más raro un cura que se arrepiente que no uno que abusa u otro que lo encubre. Todo surgió cuando la productora ejecutiva de Morena Films, Merry Colomer, me llamó. Era cuando El País estaba llevando a cabo la investigación que dio lugar al informe del Defensor del Pueblo que ha dado paso a los acuerdos de reparación. Me dijo que había que hacer algo con ese tema porque estaba súper indignada y no se ha hecho prácticamente nada en España. Me dio total libertad para escribir el guión, que de hecho es el primero que firmo en solitario. Lo primero que hice fue verme todas las películas y documentales que, quitando El Club, de Pablo Larraín, son casi todas desde el ángulo de la víctima o de la investigación. En todas hay una constante que se repite: cuando la víctima acude a confrontarse con el abusador, y entonces me pregunté: ¿Qué pasaría si fuese al revés? A partir de ahí se fueron trazando un poco los ejes.

La Luz

¿Ahondaste en el proceso de documentación?

–Sí, por suerte para el investigador o por desgracia para la humanidad, la bibliografía es tremenda. Es constante, cuando pones el foco ahí ves que todo el rato están saliendo noticias de abusos. Todos los días encuentras algo nuevo. Luego estuve también hablando con gente dentro de la iglesia, porque la hay, afortunadamente, que siente todo esto como un problema e intenta hacer cosas para resolverlo. En los agradecimientos, aparece por ejemplo Javier Baeza, un sacerdote que tiene una parroquia en Entrevías, en Madrid, con el que estuvimos leyendo el guión. También ayudó mucho a Alberto a preparar el personaje.

Hablé por ejemplo con Gemma Varona, que es una reputada victimóloga que forma parte del Comité asesor del Defensor del Pueblo, y también con algunas víctimas que leyeron el guion, ahí de manera anónima, porque hay muchos que todavía no salieron del armario como tales. Es como suelo trabajar. Siempre me documento, y luego lo filtro a través de gente que controla el tema en cuestión.

¿Estás de acuerdo en que este personaje utópico nos plantea preguntas, desde el cine sobre lo real? Por ejemplo, ¿se puede sentir empatía hacia un personaje como este? Son preguntas que te haces inevitablemente cuando ves la película.

Totalmente. El tema de la empatía ha sido, de hecho, una constante preocupación en mis pelis desde La herida, donde el personaje planteaba problemas de conducta, porque a veces era injustamente agresiva con la gente a su alrededor. Era un personaje áspero como una lija, pero la película te planteaba hasta qué punto puedes sentir empatía con esa persona o reconocerte en las cosas que hace. Una cosa es la empatía y otra la simpatía. Igual el personaje no me cae simpático, pero sí empatizo con él, porque hay fisuras de su personalidad en las que me puedo reconocer.

Desde el momento en el que adoptas el punto de vista del abusador, sabes que vas a tener que lidiar con conflictos que atañen específicamente a estos problemas de la empatía, simpatía.  Hay gente que incluso me dice: es que me siento mal empatizando con el personaje, pero me genera empatía. No puedo evitarlo.

La Luz

Pero eso se debe a que es un personaje puramente cinematográfico, y porque Alberto San Juan te es simpático de salida, ¿no crees?

Sí. La elección de Alberto, aparte de que me parece un buenísimo actor que está en un momento excelente, tiene que ver con esto también, porque retrata muy bien a una persona cercana. El tipo de persona con el que uno baja la guardia automáticamente, que es el perfil más habitual de un abusador. No es un tío con rabo y tridente, sino alguien que puede permear perfectamente en sus relaciones con una familia, y a partir de ahí ejercer el abuso.

Sí, porque cuando ves a un abusador en un documental lo ves como lo que es, y no te puedes poner en el punto de vista de un niño que, en un principio, ve a una persona en la que confía. No te puedes poner en situación… Es imposible.

Claro, ves el monstruo. Aquí la idea era una persona con la que te puede cruzar en el ascensor. Por eso hay una secuencia en un ascensor, donde se encuentra con una señora, e intercambian unos buenos días. Puede parecer una estupidez, pero quería retratar  eso de que “con este tío me crucé ayer en el ascensor y era super majo”. Pues mira.

Otra gran pregunta sin respuesta es que también te preguntas si puede existir el genuino arrepentimiento, derivado de un examen de conciencia,  después de haber pasado una linea roja de esa magnitud. Es una de las bases de la religión católica: pecas, te arrepientes, se te perdona. Y eso la película lo pone sobre la mesa, y lo cuestiona, ¿estás de acuerdo?

Claro, hay una cosa que yo comentaba mucho con Alberto: dentro de la religión católica hay dos maneras de pedir perdón, digamos, y de arrepentirse. Una es con atrición y otra es la contrición. Atrición es cuando pides perdón de manera instrumental porque buscas un fin a cambio de eso. Y en la película eso está: me han puesto una denuncia y voy a pedir perdón porque lo que me preocupa es que me quiten la denuncia. O el arrepentimiento sincero, total, sin fisuras. Me arrepiento de verdad, pero a cambio de nada, que sería el acto de contrición.

Yo creo que el personaje viaja de una cosa a la otra, que al principio se ve pillado cuando tenía unos planes maravillosos y actúa desde la picardía, digamos, y hace un viaje hacia la luz, hacia la trascendencia, porque pasa de la atrición a la contrición.

Totalmente, y de hecho, si te das cuenta, la peli también es dual a nivel formal en ese sentido. En la primera parte, que tiene que ver más con la atrición, es más depurada a nivel de estilo, con trípode, más ascética, y la segunda, que tiene que ver más con la contrición, es más cámara al hombro, más discontinua…

Interesante. Luego también me llamó la atención el tiempo transcurrido, se insiste bastante en que han pasado casi treinta años. ¿Eso tiene que ver con las leyes españolas al respecto?

La ley cambió. Antes se consideraba la prescripción del delito a partir de la mayoría de edad. Es decir, se empezaba a contar a partir de cuando la víctima cumplía 18 años. Las asociaciones de víctimas apelaron argumentando que a la víctima le cuesta mucho tiempo reconocer que ha sufrido un abuso, y para que no prescribieran los delitos se consiguió fue retrasarlo a los 35 años. O sea, que se empezara a contar el plazo de prescripción a partir de que la persona ha cumplido los 35 años.

Pero el tiempo de prescripción también varía en función de la gravedad del delito. Entonces, lo que nosotros estamos contando, es que incluso en el caso del delito más grave, eso ya está a punto de prescribir, porque otro problema es que la ley no tiene carácter retroactivo. Es decir, si tú cometiste el delito en un momento en el que la ley decía una cosa, tú te acoges a la ley que había en ese momento, por lo que la ley no va a empezar a computar más que con los abusos que se sufrieron a partir de 2021, que creo que fue cuando se aprobó la ley. Y esa es una reclamación persistente por parte de las asociaciones de víctimas, claro.

Otra de las preguntas que plantea la película es cómo es posible que la Iglesia haya encubierto, y podría seguir encubriendo en algún caso, algo que lo más opuesto a lo defiende la religión, que sería defender al débil y al oprimido.

Aquí la respuesta sí se puede deducir un poco y es porque se trata de una estructura de poder con un nivel de arraigo muy grande, con intereses de todo tipo, incluso económicos, en los que el tema de los abusos, además de dañar obviamente a la gente abusada, también puede hacer mucho daño a la propia institución. Hace poco salían noticias de diócesis que entran en bancarrota porque se aprobó la ley según la cual tienen que indemnizar.

La Luz

Otro aspecto en el que incide mucho la película es el celibato, no como una causa, sino como un agravante.

Lo que es seguro es un vehículo de represión sexual. No es la causa, como bien dices tú, pero sí que es un agravante, en el sentido de que es más probable que pueda suceder algo así en un ámbito como ese que en otro, digamos, más saneado.

Luego creo que hay una comicidad muy medida, muy sutil, por lo menos al principio, que es bastante innovadora, ya que es tabú mezclar el humor, a excepción de Happiness, de Todd Sollondz, con estos temas. ¿Crees que estaba esa microcomicidad, inherente a Alberto San Juan, que es lo que hace más humano al personaje, considerándolo siempre como un personaje cinematográfico, utópico, como decíamos al principio?

Pues de todo lo que hemos hablado es lo que más me sorprende, porque no creo que sea voluntario por nuestra parte. Aunque es verdad que el otro día estuve viendo la peli en un preestreno en Sevilla, gente que se reía puntualmente en algún momento, aunque era más con Miguel Rellán. Alberto no generó eso, o por lo menos no nos dio la sensación, y no es una cosa que yo haya marcado con él. No era para nada intencionado llevarlo por ahí.

Yo lo veo en el sentido del cazador cazado que se ve contra las cuerdas y trata desesperadamente salir del atolladero cayendo en situaciones patéticas o ridículas que acaban siendo cómicas, por mucho que la situación y lo que nos cuenta la película no lo sean en absoluto, en la línea de la picaresca que comentaba al principio.

Ahí te estoy pillando, entonces sí.

No me refiero a un humor de carcajada, pero te estás riendo con o de un tipo, que al final es un abusador. Y, ya para acabar, al meterte en este jardín, ¿has tenido algún tipo de temor a la reacción de la Iglesia?

De momento no. Ahora que hablamos cuando todavía faltan unos días para el estreno, s0lo he tenido feedback del primer pase en Sevilla. Fue muy curioso porque en el coloquio pasaron dos cosas. Una es que salió una persona que dijo que era súper católica y súper creyente, pero que consideraba que la película era 100% respetuosa con sus creencias y con su fe, cosa que a priori le daba un poco de miedo antes de verla. Pero que había visto que la película no cuestionaba nada de eso, sino que hablaba de una mala gestión de la institución. Luego, por otro lado, un chico cogió el micro y dijo: agradezco mucho que se haga una película como esta, porque creo que efectivamente el silencio no es bueno. Yo, de hecho, hasta este momento, nunca he reconocido en público que fui abusado de pequeño. Salió del armario ahí mismo, de repente, en el coloquio.

Tremendo. Eso es un indicativo de que puede generar mucha conversación. Creo que, durante un tiempo la cinefilia quiso creer que el cine político implicaba una cierta relajación de las formas, y que esta película demuestra lo contrario.

Gracias. A mí me fascina por ejemplo el cine de Elio Petri, y una referencia muy importante fue Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, que es una película que me encanta.

Y el documental de Examen de conciencia, imagino que lo viste también, ¿no?

Sí. De hecho, uno de los protagonistas del documental, Miguel Hurtado, tiene un libro llamado El manual del silencio, que también fue clave en la documentación. Es un activista por los derechos de las víctimas. Hace un mes envió una carta al Papa pidiéndole que no visite Montserrat para legitimar un sitio donde todavía hay un montón de heridas abiertas.

Imagino que ya ha habido pases con asociaciones de víctimas también, ¿cómo fueron?

Bien. Han visto como creíbles y verosímiles tanto al personaje del abusador como a las víctimas. Y de hecho, el chico este que salió del armario en el pase también le dijo a Alberto, que también estaba en el coloquio: “Es que, joder, parece que te hayas inspirado en la persona que abusó de mí. Te estaba viendo y lo estaba viendo a él”.

Qué fuerte. También pienso que, como en muchas formas de abuso, también hay una forma de seducción, porque al abusador no sólo le interesa someterte, sino que guardes silencio, y ahí interviene una forma de chantaje emocional.

Absolutamente.

¿Has podido reflexionar sobre si son enfermos o no, y si por tanto tienen cura o no?

Sí, he reflexionado bastante, y también he visto, dicho esto con muchísima cautela, que se están haciendo cosas. En Catalunya, concretamente, hay como una asociación –la Asociación Àngel Blau– que plantea una vía psiquiátrica, y que tiene que ver con una cierta justicia restaurativa. He estado en encuentros con algún abusador por Zoom al que te podías apuntar. La persona estaba con la cámara apagada. Eran personas arrepentidas, que en algunos casos habían pasado por cárcel, y contaban un poco su experiencia. Es una manera de intentar acercarnos ahí para intentar prevenir también. Eso también me interesa.

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