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75 Festival de Cannes: “Close”, el fin de la inocencia

En Cine y Series viernes, 27 de mayo de 2022

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

El debut del director belga Lukas Dhont con Girl fue una sensación en el Festival de Cannes, donde la película fue seleccionada en 2018 en la sección Un certain regard con un saldo de cuatro premios —FIPRESCI, mejor actor, Queer Palm y Caméra d’or—, iniciando así una carrera fulgurante en la exhibición —con un presupuesto de millón y medio de dólares hizo una taquilla mundial de más de cuatro— y en el circuito de premios.

Por lo tanto, era inevitable, al igual que ha sucedido con otros directores como Ali Abbasi o como debería haber sucedido con Kantemir Balagov, que fuera promovido a la Sección oficial para presentar su siguiente película. En ella, descubrimos que Dhont vuelve a colaborar en el guion con Angelo Tijssens, para narrar una historia con múltiples puntos de conexión con su primer film. De nuevo, se sumerge en el mundo de la primera adolescencia, sus protagonistas Rémi (Gustav De Waele) y Léo (Eden Dambrine) son dos niños de trece años, cuya amistad se nos describe en la primera parte de la película de un modo poético y subyugante, tan cargado de sensibilidad como de originalidad.

Close

En lo que parece un verano sin fin, en el que los colores de las flores que cultivan los padres de Léo los envuelven, ambos inventan juegos, crean sus propios mundos y el afecto que les une brilla en cada mirada y en su gestualidad, tanto como en sus palabras. La cercanía extraordinaria y la intimidad entre ellos es descrita como un estado de gracia dentro de la burbuja de cariño que los envuelve. Es el primer verano, dentro de las estaciones que marcarán el ritmo del filme y, como un paraíso,  es descrito por el director.

Instantáneamente, como sucedía con Girl quedamos seducidos por sus protagonistas, por su dulzura y, en este caso, por su imaginación. Léo inventa historias para Rémi, adora escucharlo tocar el oboe y le admira absolutamente. La cámara parece tener como único objetivo los ojos, las miradas, especialmente la de Léo, tan límpia e inocente. C0n el final del verano, llega el cambio de colegio, ambos amigos siguen inseparables en la nueva experiencia hasta que unas compañeras les hacen un comentario, sin aparente malicia que da un vuelco definitivo a sus  vidas. El punto de inflexión del filme llega en ese punto que hace añicos la magia. En la que es una de las escenas más importantes del filme, Dhont filma con gran talento la reacción de los niños, desconcertados al principio, negando y dando explicaciones sobre algo que jamás había pasado por su imaginación. El más afectado es Léo, cuya vehemencia contrasta con la aparente pasividad de Rémi.

Close

El director no carga las tintas no quiere que malinterpretemos la actitud de las niñas como bullying y no nos deja mirar más allá de la turbación y la sorpresa. Es en la reacción de los amigos donde pivotará el resto de la historia. Será este el instante disruptor que,  en unos minutos, marque el fin de la infancia, de la inocencia, de la feliz ignorancia del resto del mundo y del encantamiento. La sutileza de Dhont nos obliga a sentir la angustia que atenaza a Léo, su lucha interior, el debate entre lo que siente por Rémi y la distorsión que la inclusión de una nueva perspectiva sobre su relación supone.

Por primera vez, existe la mirada de otro, que no es alguien de su familia, alguien que conoce su cercanía y la alienta. El cambio de ciclo educativo, de colegio, es un hito que elige el director para marcar un paso entre la infancia y la adolescencia, en la que el mundo se amplía y nos pone a prueba. La transición de Lara en Girl la reafirma, la vuelve impaciente, pero para Léo, en Close, será un factor de inseguridad que le obligue a introducir cambios en su vida. Mientras que Rémi no puede ocultar su rabia y su dolor. A Dhont tampoco le interesa hurgar en la naturaleza del sentimiento entre ellos, porque es la fragilidad de sus emociones y su temor a no ser aceptados lo que quiere mostrar.

A partir de ahí, la segunda parte del filme se convierte en un infierno de frialdad y dolor, un largo invierno de duelo, en el que a Léo le pesará el remordimiento tanto como sentirá el vacío de la ausencia. Estéticamente, los colores vuelven a mimetizarse con las emociones y el ritmo evoluciona desde la fluidez de los correteos entre las flores a los chasquidos secos de los palos de hockey sobre el hielo. El director nos había cautivado y hubiéramos deseado no abandonar ese edén inocente y cálido, pero nos arrastra a un via crucis arriesgado, donde el sentimiento y el sentimentalismo podrían estar demasiado cerca.

Lukas Dhont consigue de los niños protagonistas una interpretación sobrecogedora en Close, que arrancó sollozos en su estreno en el Festival de Cannes, pero también de sus madres, interpretadas por Léa Drucker y  Émilie Dequenne (Rosetta) en un bellísimo filme cuya atmósfera nos trajo a la mente otro que ha pasado a la historia por su exquisitez, La calumnia, de William Wyler (1961), basado en la obra de teatro de Lillian Hellman, quien también adaptó el guion. Definitivamente, la película del joven director belga ha sido una confirmación de su gran talento.

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