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62 Festival de San Sebastián #2 Transgénero, eutanasia y robots

62 Festival de San Sebastián #2 Transgénero, eutanasia y robots

Ozon explora la identidad sexual; Bille August, la eutanasia y Gabe Ibáñez nos duerme. Si algo caracteriza el cine de François Ozon es la habilidad para explorar más allá de los límites con que la moral establecida acota la conducta humana, sobre todo en el medio burgués. Dans la maison, Swimming Pool o Jeune et

Ozon explora la identidad sexual; Bille August, la eutanasia y Gabe Ibáñez nos duerme.

Si algo caracteriza el cine de François Ozon es la habilidad para explorar más allá de los límites con que la moral establecida acota la conducta humana, sobre todo en el medio burgués. Dans la maison, Swimming Pool o Jeune et jolie, por citar algunas de sus películas, arañan la superficie hasta hacer sangre y revelar de lo que somos capaces las personas cuando nos dejamos ir, cuando la provocación es la adecuada y nos atrevemos a enfrentarnos a nosotros mismos y a los patrones de conducta que hemos asumido sin rechistar. Aquí hablamos de transgénero, pero lo important es el prefijo, muy querido a su director.

Une nouvelle amie es un film nacido como melodrama, que asume su potencial calidad de comedia con naturalidad. En algunos momentos, la conexión de Ozon con Chabrol nos resulta evidente, en ese no tomarse demasiado en serio, como prueba de apropiación de la historia, sin errar el tono ni un momento, osando pasear en una cuerda aflojada a voluntad. Basado en la novela de Ruth Rendell, pero con un importante cambio en el final, el film muestra que la vida nunca es ese río tranquilo que se espera desde la infancia, por el apego a las tradiciones y costumbres (en este sentido, hay que destacar el papel de los ritos católicos en los momentos clave: bautizo, boda, funeral).

La prematura muerte de Laura, la mejor amiga de Claire (Anaïs Demoustier), es el desencadenante de una situación soterrada, vivida anteriormente de puertas a dentro entre aquella y su marido David (Romain Duris), que con su concurso encontrará el valor de salir a la luz, asumiendo en principio el custionamiento de la  identidad y enredando en un juego de roles que van del compañerismo al deseo, al margen de las etiquetas “homosexualidad” o “heterosexualidad” (un aspecto que muy acertadamente plasmó Xavier Dolan en Laurence Anyways) hasta llegar a un nuevo estado de las cosas.

En su estilo, Ozon recurre a las secuencias oníricas, a otras realidades paralelas posibles, en un intento de liberar la mente y aceptar lo inaceptable. Duris resulta extraordinario en su doble papel de David/Virginia, consiguiendo nuestra empatía, a pesar de la impresión inicial, pronto aceptamos el reto que nos lanza Une nouvelle amie y un desenlace que es puro amor.

Con una película muy tradicional en la fórmula “escenas de familia”, Bille August presentó Silent Heart, recibiendo una ovación extraordinaria en la sesión con público, gente en pie con lágrimas en los ojos, provocadas por una historia que pone en el tapete la eutanasia de una madre, que pasa un último fin de semana con sus seres queridos, antes de despedirse para siempre. Entre la aceptación y el rechazo de las hijas, transcurren un par de días de recuerdos y últimos deseos que arrancan el llanto a una piedra.

Silent heart, (2014, Bille August)

Sin embargo, el poso no va suficientemente lejos para convertirse en una gran obra que, de todos modos tiene asegurada la popularidad. En algunos momentos, el humor consigue elevar Silent Heart y provocar carcajadas de alivio, pero quedan como retazos aislados en un film con firme vocación trágica. La actriz protagonista, Ghita Nørby (Jauja) y su hija mayor encarnada por Paprika Steen (Amor es todo lo que necesitas) destacan en un reparto donde también encontramos a Jens Albinus (El jefe de todo esto).

Autómata, (2014, Gabe Ibáñez)

Lo peor de la segunda jornada de festival ha sido Autómata, la película producida y protagonizada por Antonio Banderas (como Jacq Vaucan, agente de seguros de una fábrica de robots), dirigida por Gabe Ibáñez, que sitúa la acción en 2044, en un planeta inhabitable donde los autómatas se rebelan y superan en inteligencia a los humanos. En un personaje a lo Rick Deckard, sin parar ni un momento de sufrir y hacer muecas, el protagonista va de aquí para allá entre enemigos por todas partes, luchando por su vida arrastrado por un guion ramplón en un film que hace agua por todas partes. Entre los secundarios, Melanie Griffith, irreconocible gracias a su cirujano, Dylan McDermott y Robert Forster. Curiosidad: Javier Bardem pone la voz a uno de los robots.

Todas las crónicas del 62 Festival de San Sebastián, aquí.

Eva Peydró
ADMINISTRATOR
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