Música

Melenudos como Él: Cristo, drogas y rock and roll

En Move your soul, Música 16 April, 2019

Óscar Carrera

Óscar Carrera

PERFIL

El rock cristiano tiene demasiados momentos clave como para que pretendamos ser exhaustivos. En un principio no era cuestión incluirlo, pero hemos decidido hacer hoy una excepción: nos parecía injusto tanto Kṛṣṇa y tan poco Christós.

Sorprender es complicado. La música popular evangélica abarca desde el góspel, el pop acaramelado y el cantautorismo beato hasta los chirridos del black metal (Horde, Antestor…) o la psicodelia stoner (Azitis, Concrete Rubber Band…). Es la religión más seguida del mundo, lo que nos lo pone muy difícil, pero intentaremos discernir entre la inmensidad de su legado, separando trigo y cizaña, en busca de la última visita de Jesús a California.

Barry McGuire

Cuando, en la segunda mitad de los 70, Barry McGuire recibió el llamado del Señor al término de un turbulento periodo sentimental y narcótico, pocos reconocieron al jovencillo que, en 1965, había conmovido a América con su “Eve of Destruction”.

Su más alta cumbre espiritual fueron probablemente las extasiadas interpretaciones de Cosmic Cowboy (1978), en cuya portada aparece él mismo como un Jesucristo que se abre el pecho para compartir su amor de cowboy extraterrestre con el mundo. Nada mejor le puede pasar a  un one-hit-wonder.

John Rydgren

John Rydgren era un pastor protestante, director del departamento de televisión, radio y film de la Iglesia Luterana Americana.  Preocupado por la falta de contacto entre la Institución y los jóvenes hippies, se le ocurrió la revolucionaria idea de grabar sermones sobre música yeyé, donde mezclaba drogas, sexo, rock and roll, paz, amor y Cristo. A ver si este último colaba. (Lo hizo. De nadie hemos escuchado tantos sermones…)

Sister Irene O’Connor

Las hermanas Irene O’Connor y Marimil Lobregat se conocieron como maestras y misioneras en Singapur. Diez años más tarde se reencontrarían en Sídney y, con una primitiva caja de ritmos y mucha vida santa por delante, optaron por entretenerse grabando canciones piadosas que publicarían en 1976.

Lo que ha justificado su estatus de culto, más allá del inevitable atractivo kitsch del proyecto, es que su sonido cavernoso y fantasmal las hizo pioneras del post-punk, sin probablemente llegar nunca a saberlo. Fuentes fidedignas declaran que su Fire of God’s Love, la primera de varias grabaciones prácticamente inencontrables, fue grabado nada menos que en 1973.

D. R. Hooker

Jesucristo volvió a la Tierra, pero esta vez no se lo dijo a nadie. Eso es lo que nos da a pensar la portada de The Truth (1972), maqueta privada firmada bajo el pseudónimo de D.R. Hooker (“D.R. Puta”), donde aparece un mesiánico Hijo del Hombre empuñando su guitarra.  Está dedicado “a Madre”, con mayúscula. ¿La Virgen María?

Reaparecería, con idéntico secretismo, en 1979, predicando un Armageddon, pero lo cierto es que fue grabado varios años antes. Le perdimos la pista, otra vez.

Gary S. Paxton

Gary S. Paxton era una cabecita loquita de los tardíos 60, hasta que irrumpió en una iglesia en pleno colocón y, ¡aleluya!, tuvo la visión de su vida.

No por ello abandonó sus maneras de Merry Prankster. Empezó a grabar modestos álbumes con títulos como The Astonishing, Outrageous, Amazing, Incredible, Unbelievable, Different World of Gary S. Paxton (“El mundo increíble, extravagante, asombroso, sorprendente, inverosímil, diferente de Gary S. Paxton”), More From the Astonishing, Outrageous, Amazing, Incredible, Unbelievable Gary S. Paxton o, el mejor de todos, Terminally Weird/But Godly Right (“Terminalmente bizarro, pero divinamente bien”). Acabó calzando botas doradas, guitarras extravagantes, capa escarlata y una máscara con sus iniciales. Todo sea por conseguir nuevo público… para el Altísimo.

Pero por encima de los temas góspel de este superhéroe converso está el magnífico himno pro-armas It’s not the guns (it’s people that can’t feel): «No son las pistolas (es gente que no puede sentir)».

Fratello Metallo

Si The Monks (Alemania, 1964) y Los Monjes (México, 1966) se disfrazaban en consonancia con sus nombres, y Sudden Death (USA, 1972) lo hacían de frailes rodeados de calaveras, el capuchino Cesare Bonizzi, por el contrario, no pretendía llamar a engaño.

El hermano Cesare acudió, a saber por qué, a un concierto de Metallica. Fue una experiencia que le cambió la vida. Descubrió que el heavy metal era la forma idónea de transmitir el mensaje de Cristo a los jóvenes. En el escenario, declaraba, se sentía como en el altar, y describía los conciertos de Megadeth (que finalmente prefirió a Metallica) como “paradisíacos”. En cuanto a la controvertida mano cornuta, la interpretaba como el gesto I Love You en el lenguaje de signos americano. Amor, por supuesto, casto y cristiano.

Luego vinieron la fama, las giras (con barba y sotana), los roces con sus compañeros, las discusiones con los managers, y, finalmente, la decisión de retirarse de los agotadores avatares del negocio, tras los que afirma haber visto la mano del Maligno. Questo succede solo in Italia…

Aunque el hermano Cesare ha continuado produciendo una música edificante de corte más suave, esta sigue siendo su mejor presentación:

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