«Siempre soy tu animal materno»: las ruinas afectivas de la familia

En Cine y Series domingo, 17/05/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Con Siempre soy tu animal materno, presentada en la sección Un Certain Regard del 79º Festival de Cannes, la directora costarricense Valentina Maurel confirma y amplía las intuiciones que ya atravesaban su debut, Tengo sueños eléctricos (2022). Si aquella película observaba el núcleo familiar desde el desconcierto de una adolescente atrapada entre el amor filial y la violencia soterrada de los adultos, este segundo largometraje desplaza la mirada hacia el tránsito a la edad adulta y hacia las huellas que dejan las dinámicas afectivas fallidas cuando el tiempo ya no sirve como refugio ni como excusa.

La continuidad entre ambas obras es evidente, no solo temática sino también emocional. Daniela Marín Navarro y Reinaldo Amien vuelven a compartir la compleja relación de hija y padre que tantos reconocimientos obtuvo en Tengo sueños eléctricos, película premiada en Locarno Film Festival con los galardones de mejor actriz, mejor actor y mejor dirección para Maurel, además del premio FIPRESCI en Mar del Plata International Film Festival. Allí, la joven Eva se resistía a aceptar las razones de la separación de sus padres y el peso de los malos tratos, aferrándose a una idea idealizada del vínculo paterno-filial, incluso cuando este ya mostraba signos evidentes de fractura. Aquella ambivalencia afectiva, que también resonaba en La buena hija, de Júlia de Paz Solvas, reaparece aquí transformada en una exploración más coral y amarga de la descomposición familiar.

En Siempre soy tu animal materno, Maurel expande el retrato de la familia disfuncional y distribuye el peso dramático entre todos sus integrantes. Elsa, interpretada nuevamente por Marín Navarro, regresa a Costa Rica desde Bruselas, donde estudia antropología y mantiene una relación estable con su novio belga. Sin embargo, la aparente autonomía de su vida europea se revela pronto como una forma de huida. La casa familiar abandonada funciona como el auténtico centro físico y simbólico de la película: un espacio del que todos escaparon —los padres con nuevas parejas, Elsa hacia Europa— dejando atrás únicamente a Amalia, la hermana menor, convertida en el miembro más vulnerable y olvidado del grupo.

Siempre soy tu animal materno Forever your maternal animal

Daniela Marín Navarro, en una escena de la película.

La película encuentra ahí su dimensión más devastadora. Amalia vive aislada en una casa invadida por jóvenes que beben, consumen drogas y crían perros como si intentaran improvisar una comunidad sustituta. Ha abandonado la universidad, asegura ver fantasmas que la violan durante la noche y permanece emocionalmente suspendida en una adolescencia deteriorada por el abandono afectivo. La antigua tata de la familia, ahora enferma terminal, desaparece también como último vínculo estable, mientras Amalia rechaza la llegada de una nueva asistenta y conserva el caos doméstico —materializado en un fregadero permanentemente atascado— como un gesto desesperado de resistencia al paso del tiempo y a la desaparición del pasado.

Cada miembro de la familia arrastra, a su manera, una incapacidad para aceptar el envejecimiento y la pérdida. La madre, interpretada por Marina de Tavira —nominada al Óscar por Roma, de Alfonso Cuarón—, intenta reconstruirse lejos de sus hijas, confesando sin culpa que ya les entregó todo lo que podía dar. Quiere recuperar su carrera literaria y reedita un poemario juvenil donde permanece congelada una versión ingenua y apasionada de sí misma, obsesionada todavía con el amor y el deseo. Paralelamente, intenta corregir el deterioro físico mediante una blefaroplastia que ni siquiera se atreve a confesar a Elsa. El padre, por su parte, insiste torpemente en demostrar que sigue siendo deseable y vigente presentando a su hija a una nueva pareja que había sido compañera de estudios de ella. Todos parecen aferrarse a versiones imposibles de sí mismos.

Siempre soy tu animal materno Forever your maternal animal

Valentina Maurel en el último día de rodaje de Siempre soy tu animal materno.

En un primer momento, Elsa parece ocupar el centro emocional del relato. Sus escenas en la habitación alquilada donde decide instalarse durante su visita —prefiriendo la incomodidad de un espacio impersonal antes que convivir con cualquiera de sus familiares— apuntan hacia una reafirmación de independencia. Sus encuentros sexuales esporádicos, la distancia deliberada respecto a su pareja en Bélgica y su insistente masturbación parecen expresar una desesperada libertad emocional a conquistar. Sin embargo, Maurel subvierte progresivamente esa lectura: la confesión posterior de Elsa revela que el verdadero motor de su comportamiento es el miedo radical a enamorarse, a entregarse afectivamente y reproducir así el modelo de relaciones fallidas que heredó de su propia familia.

La película termina cerrando ese círculo emocional a través del vínculo entre Elsa y Amalia. Allí donde Elsa todavía conserva mecanismos de huida y racionalización, Amalia permanece atrapada dentro de las ruinas materiales y afectivas de la familia. Su fragilidad emocional y la negligencia con la que sus padres observan su evidente necesidad de ayuda psicológica convierten al personaje en el verdadero epicentro trágico del film. La interpretación de la joven Mariangel Villegas resulta extraordinaria: vulnerable, errática, inquietante y profundamente dolorosa, consigue permanecer en la memoria del espectador mucho después del final de la película. Su presencia concentra toda la evidencia de una debacle doméstica y generacional que Maurel filma sin sentimentalismo, pero con una lucidez devastadora.

Siempre soy tu animal materno nos habla de la incapacidad contemporánea para sostener los vínculos, asumir responsabilidades afectivas o aceptar el desgaste inevitable del amor y del tiempo.

Formalmente, la directora mantiene esa sensibilidad ya presente en sus trabajos anteriores, capaz de observar los cuerpos y los espacios desde una proximidad incómoda, casi física, a veces en un movimiento de cámara que transmite inestabilidad. El deterioro emocional se traduce continuamente en elementos materiales: basura acumulada, perros enjaulados, habitaciones inhabitables, tuberías atascadas y un grafiti que se resiste a desaparecer. Todo en la película parece detenido en un estado de desgaste irreversible.

Con este segundo largometraje, Valentina Maurel confirma no solo una voz propia, sino también la consolidación de un cine costarricense cada vez más visible internacionalmente. Siempre soy tu animal materno se convierte así en el segundo largometraje de Costa Rica seleccionado en la sección Un certain regard, en la historia de Cannes, tras la excelente Domingo y la niebla (2022), de Ariel Escalante Meza. El recorrido de Maurel en el festival viene además de lejos: en 2017 obtuvo el premio de la Cinéfondation con Paul est là y ya había participado en Cannes con el cortometraje Lucía en el limbo en 2019.

Siempre soy tu animal materno nos habla de la incapacidad contemporánea para sostener los vínculos, asumir responsabilidades afectivas o aceptar el desgaste inevitable del amor y del tiempo, en un universo donde padres e hijas continúan buscándose incluso cuando ya no saben cómo amarse o convivir.

Suscríbete a nuestra newsletter

* indicates required

Compartir:

Alfonso CuarónAriel Escalante MezaDaniela Marín NavarroJúlia de Paz SolvasMariangel VillegasMarina de TaviraReinaldo AmienValentina Maurel

Artículos relacionados

Comentar

Debes ser registrado para dejar un comentario.

Sin comentarios

Nadie ha publicado ningún comentario aún. ¡Se tú la primera persona!

Revista cultural el Hype
Resumen de la privacidad

Esta página web utiliza cookies para poderte ofrecer la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones como reconocerte cuando vuelves y ayudar a nuestro equipo a entender qué secciones de la página web son de mayor interés y utilidad.

Puedes ajustar la configuración de las cookies navegando por las pestañas situadas en la franja lateral izquierda.