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Thelma no es una Carrie noruega

Thelma no es una Carrie noruega

Thelma es una joven recién llegada a la universidad, que deja atrás una familia profundamente católica, aparentemente comprensiva, para dar sus primeros pasos en su nueva e independiente vida. Tras un escueto y poderosamente inquietante miniprológo, el espectador ya está preparado para ver agrandarse las grietas del relato, que como en un visto y no

Thelma es una joven recién llegada a la universidad, que deja atrás una familia profundamente católica, aparentemente comprensiva, para dar sus primeros pasos en su nueva e independiente vida. Tras un escueto y poderosamente inquietante miniprológo, el espectador ya está preparado para ver agrandarse las grietas del relato, que como en un visto y no visto, nos ha mostrado el director de Oslo, 31 de agostoJoaquim Trier. Con la elegancia propia de una exquisita puesta en escena, en la que el color, la iluminación y la composición juegan con protagonismo, nos adentramos en la aventura de la joven estudiante de Biología, su inquietante y contemplativo ritmo de vida y la evolución que experimenta al interactuar con sus compañeros.

Thelma (Joachim Trier, 2017)

Como una depurada y compleja Carrie noruega, Thelma se introduce en la vida universitaria como una peculiar novicia sin las experiencias propias de la adolescencia, una fe cristiana que defiende con ingenuidad cool, y un deseo de acceder a lo prohibido con naturalidad. Sin embargo, a partir de un súbito ataque de epilepsia, que más tarde será diagnosticada como psicógenica, se abre un conflicto cuyo precio es doble; el menos oneroso y distractor, ser objeto de bromas;  el mayor, el que dispara el drama, es el propio enfrentamiento a la eclosión de una personalidad propia, lejos de su familia, en conflicto con sus creencias, que incluye el descubrimiento de los secretos del pasado familiar y la dolorosa gestión de emociones que acaba siendo una literal lucha por su vida.

Thelma (Joachim Trier, 2017)

Joaquim Trier con la estimable colaboración de su guionista habitual Eskil Vogt imbuye Thelma de misterio, suspense sobrenatural, drama psicológico, con una aparentemente gélida puesta en escena que alcanza el punto de ebullición en los momentos adecuados, imprescindible la fotografía de Jakob Ihre. El tratamiento de los géneros, la escenografía, las metáforas, los recursos a los objetos, nos aproxima al mundo femenino de represión de un Tourneur. Piscina, lago, pájaros, serpientes, ballet moderno, música, delimitan un espacio cinematográfico casi à la Hitchcock, pero con perspectiva feminista, con un acento básico sobre el desorden mental, la feminidad –y su pecado original–, el subconsciente y la espiritualidad.

Thelma (Joachim Trier, 2017)

Thelma, que ganó el Premio especial de jurado y el de Mejor guion en el Festival de Sitges 2017, también debe mucho a la interpretación de su protagonista, Eili Harboe, quien refleja todos los matices de la sumisión, el desconcierto, el miedo y la consciencia. Desde la docilidad propia de una hija de leñador a quien su padre adentra en el bosque, propia del terror de los Grimm, al brillo interior de una felicidad desconocida y del deseo, Harboe revela con sobresaliente las dificultades de enfrentarse a la ruptura con el pasado para vivir el presente.

Aunque Joaquim Trier juega alguna baza menos sutil en su filme, el conjunto es elegante y eficaz, resultando una mirada valiosa al conflicto que supone la creación de la propia identidad, más allá de lo heredado, aprendido y sobre la adquisición de nuevos recursos que, en lugar de suprimir, sustituyan los que una niña desarrolló para asegurar su supervivencia emocional.

Eva Peydró
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