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Cultura

Parejas en guerra

En Abandonen el edificio, Cultura 4 January, 2021

Sandra Jiménez

Sandra Jiménez

PERFIL

Desde muy joven siempre me ha apasionado conocer la historia de aquellas parejas que, a lo largo de su vida, han compartido algo más que la pasión por su profesión. Generalmente, y salvo raras excepciones, estas relaciones suelen ser muy intensas e, incluso, rozan el límite de lo preestablecido porque tienen como trasfondo, el marco de la guerra. Sin embargo a los lectores y espectadores se nos representan como idílicas.

Algunas de ellas nos muestran relaciones complicadas de dependencia, poder, control, posesión, anulación… con un desenlace que acaba siendo destructivo e incluso fatídico, por lo cual permanecen en nuestra memoria como mitos o leyendas, o por un acto heroico que, en un momento determinado, desafía los convencionalismos de una época y termina mal.

No se me ocurre mayor suerte que encontrar a tu alma gemela y que además, puedas trabajar con ella.

Estos romances se basan en complejas relaciones, generalmente protagonizadas por personas con un fuerte carácter independiente y un espíritu valiente, unidos a un firme pensamiento crítico, algo escaso en el periodo en que vivieron.

Pero en la historia también hay excepciones y ejemplos en los que dos personas pueden aunar sus fuerzas y compartir esa pasión por su profesión obteniendo resultados excelentes sin necesidad de acabar maltrechas alguna de las partes. Ése es el caso, del matrimonio compuesto por los arquitectos y diseñadores Charles y Ray Eames, quienes revolucionaron el mundo del diseño industrial del siglo XX. Su unión dio lugar a uno de los mejores legados artísticos que se conocen. En un libro que leí sobre ellos, Charles, refiriéndose a su mujer, citaría lo siguiente: No se me ocurre mayor suerte que encontrar a tu alma gemela y que además, puedas trabajar con ella.

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Charles y Ray Eames, diseñadores industriales.

Un día, por casualidad, escuchando y viendo vídeos del grupo inglés de indie rock Alt-J escuché la canción “Taro”. No sé por qué, ese día la música y la letra llamaron especialmente mi atención. Sentí que detrás de esa letra había algo más, porque era como una elegía dedicada a alguien especial. Descubrí que la letra hablaba del fotógrafo Robert Capa y, aunque la mayor parte trataba sobre él, en realidad era como un pequeño homenaje a la que fue su pareja, la también fotógrafa Gerda Taro.

Buscando, averigüé que esta carismática y talentosa joven pareja nunca se casó, pero compartió una intensa y agitada vida como fotorreporteros de guerra.

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Robert Capa y Gerda Taro, fotógrafos de guerra.

Gerta Pohorylle nació en 1910, en Stuttgart, en el seno de una familia judía de origen polaco. A pesar de sus orígenes burgueses, siempre formó parte activa en movimientos socialistas y obreros e incluso estuvo detenida en 1933. A raíz de eso, cuando los nazis llegaron al poder y viendo lo complicada que podía llegar a ser su situación en su país, decidió emigrar a París. Allí conocería a Endre Friedmann, un judío húngaro que en aquel momento se ganaba la vida como fotoperiodista.

La atracción entre ambos fue inmediata y empezaron a compartir algo más que conocimientos de fotografía, un fuerte radicalismo político y un agudo sentido del exilio. Tal vez para ocultar su ascendencia judía o tal vez porque presentían que su vida como fotógrafos no llegaría nunca a cubrir sus necesidades económicas ni les garantizaría un trabajo estable, decidieron reinventarse y crear la figura de un rico y exitoso fotógrafo estadounidense que venía a Europa a trabajar. Este personaje ficticio fue Robert Capa. A partir de ese momento, la joven pareja, para poder vender sus fotos, se hizo pasar por sus representantes y cambiaron sus nombres.

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Gerda Taro fotografiada por Robert Capa.

Ella pasó a llamarse Gerda Taro (emulando de alguna manera a la famosa actriz Greta Garbo), y él, Robert Capa, en honor al gran director de cine Frank Capra.

Estamos en 1936, el año en el que comenzó la guerra civil española. Movidos por la juventud, unos fuertes ideales revolucionarios que luchaban contra la injusticia social y el antifascismo, unido a una naciente empatía por el sufrimiento del pueblo español, decidieron emprender la aventura de cubrir el conflicto bélico y trasladarse a Madrid.

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Robert Capa y Gerda Taro, fotógrafos de guerra.

Lo que ambos desconocían es que esta lucha contra el fascismo acabaría convirtiéndose en la suya propia, dados sus orígenes como exiliados y refugiados. Era tal su nivel de implicación en el conflicto que los combatientes republicamos la apodaron Little Red Fox (el pequeño zorro rojo) por el color de pelo, su belleza y su astucia para colarse entre los hombres y conseguir la mejor foto.

Al principio la marca «Capa» fue utilizada indistintamente por ambos pero, poco a poco, comenzó a producirse cierto distanciamiento entre ellos, ya que Robert era un vividor, bebedor, pícaro y seductor que tenía numerosas amantes. Por su parte, ella era una mujer fuerte e independiente, segura de sí misma, con fuertes ideales políticos, que cada vez se acercaba más al periodista canadiense Ted Allan quien, con el tiempo, se convertiría en un amigo íntimo, compañero de viaje y amante.

Así fue como Endre Friedmann se quedó con el nombre de «Robert Capa» y ella, poco a poco, empezó su corta carrera en solitario, ya que murió justo un año después del comienzo de la guerra civil, con poco más de 26 años. Fue la primera fotoperiodista de guerra que murió en plena acción. Se cree que muchas de las fotos del comienzo de la guerra firmadas bajo el nombre de Capa son obra suya pero no se sabe a ciencia cierta, así como las que realizó poco antes de morir. Muchas de sus fotografías se recogen en un libro llamado La maleta mexicana.

También existe un documental con el mismo título dirigido por la realizadora y comisaria de fotografía contemporánea Trisha Ziff. En el mismo, se narra el descubrimiento, en 2007, de miles de negativos de imágenes tomadas durante la Guerra Civil Española por Robert Capa, Gerda Taro y David “Chim” Seymour. Por otra parte, Taro, cortometraje dirigido por Dani Rebner en el 2019 y protagonizado por Sophie Maréchal, Marc De Panda y Raúl Julve relata el momento en el que se conocieron estos tres personajes durante la guerra civil española.

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Sophie Maréchal como Gerda Taro en el cortometraje Taro (Dani Rebner, 2019).

Al terminar de leer su historia ya supe que no había sido un hecho aislado sino que existían otras parejas que como ellos habían compartido pasión y profesión, con un trasfondo común, el de la guerra. Además, las protagonistas femeninas compartían profesión: corresponsal o cronista y foto reportera. Todas ellas, con una marcada personalidad, gracias a su valentía y sensibilidad artística consiguieron acercar a los lectores la guerra y los conflictos bélicos. Sí, esos que parece que siempre suceden muy, muy lejos de casa. Ellas fueron capaces de transmitir el dolor y la lucha diaria de las víctimas civiles, tan alejado de los discursos de los líderes políticos.

Otra pareja de guerra con una apasionante historia de amor que combinaba lo mejor y lo peor de cada uno de ellos, fue la formada por el escritor Ernest Hemingway y la reportera de guerra Martha Gellhorn. Ambos formaron parte del grupo de periodistas que llegaron de todas las partes del mundo para cubrir la guerra civil española y que se alojaron el Hotel Florida en Madrid.

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Los escritores y periodistas Ernest Hemingway y Martha Gellhorn.

La película Hemingway y Gellhorn, dirigida por Philip Kaufman en 2012, e interpretada por Clive Owen y Nicole Kidman se centra en el momento en que ambos se conocieron en 1936 en Key West. En un momento de máxima efervescencia política, movidos por los mismos intereses y motivaciones se verán envueltos en diferentes misiones desde España hasta China.

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Hemingway y Gellhorn (Philip Kaufman, 2012).

Hemingway era un ególatra, alcohólico, grosero, impredecible e inseguro, obsesionado con la amistad y la lealtad y con pocos escrúpulos. Su presencia era muy habitual en batallas históricas como el desembarco de Normandía o la liberación de París.

Gellhorn era una periodista rebelde de fuertes convicciones ideológicas; defensora de la causa anti-franquista, cubrió los conflictos bélicos más importantes del siglo XX. Nació en Stuttgart, en 1908, unos años antes que su compañera Gerda. Al igual que ella, era una mujer muy imaginativa, decidida, fuerte y apasionada que enseguida se sintió fuertemente atraída por Hemingway. Lo mismo le ocurrió a él, que enseguida cayó cautivado por la belleza y energía de Martha. Entre ellos surgió un amor tumultuoso unido a la fascinación por un conflicto que, en cierta medida, les era ajeno, como era la guerra civil española. Movidos por la pasión se trasladaron a España donde comenzaría la aventura que acabaría por separarlos, tal y como ocurrió con Capa y Taro.

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Hemingway y Gellhorn (Philip Kaufman, 2012).

La acusada personalidad de ambos, unida a una gran independencia, a ese ansia desmedida de libertad, una inquebrantable confianza en sí mismos que los hizo capaces de llegar a los extremos más insospechados con tal de luchar por aquello en lo que creían, les llevó a tener una agitada vida personal llena de celos. No fueron ajenos a algún que otro episodio de maltrato, en una relación plagada de fracasos que terminaría en un matrimonio fallido. Se casaron en 1940 y en 1945 Gellhorn lo abandonaría, convirtiéndose en la única mujer de la vida de Hemingway que se atrevió a hacerlo.

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Los escritores y periodistas Ernest Hemingway y Martha Gellhorn.

Pese a tener estilos muy diferentes a la hora de narrar los acontecimientos. El estilo sobrio y minimalista de Gellhorn contrastaba con el de Hemingway, mucho más rico y elaborado. Ambos dejarían huella en las generaciones posteriores.

La corresponsal, dirigida por Matthew Heinemann en 2018, narra la historia de otra pareja, pero esta vez no sentimental sino profesional. El filme relata la historia de la cronista de guerra del periódico británico Sunday Times, Marie Colvin, que perdió la vida en febrero de 2012, mientras cubría el asedio de la ciudad de Homs durante la guerra civil siria.

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La corresponsal (Matthew Heinemann, 2018).

Rosamund Pike interpreta a la intrépida reportera del parche en el ojo, una mujer con una marcada personalidad, sofisticada, irreverente, divertida, alcohólica, fumadora compulsiva, obsesionada con destapar la verdad y muy comprometida, a la que no le gustaba alardear de sus historias, pero que puso voz a millones de civiles atrapados en medio de conflictos que parecían no existir para la opinión pública.

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La corresponsal (Matthew Heinemann, 2018).

Mary Colvin fue una mujer atormentada que fracasó en sus tres matrimonios, porque parecía tener miedo a los convencionalismos de una vida más hogareña, alejada de los conflictos bélicos.

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Marie Colvin y el fotógrafo Paul Conroy. © Fotografía: Foundation Marie Colvin.

La película muestra también la amistad tan singular con su compañero de viaje, el fotógrafo británico Paul Conroy, quien la consideraba su alma gemela y que está interpretado por el actor Jamie Dornan. Él es el único hombre en el que Marie confió en toda su vida. Valoraba que fuera un tipo práctico, que tuviera un pasado como soldado y mantuviera siempre la calma. Ambos compartían un sentido del humor muy oscuro, que les servía de mecanismo de defensa ante las atrocidades que vieron.

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La corresponsal (Matthew Heinemann, 2018).

Las guerras son horribles, y mucho más las civiles, en las que los contendientes no son profesionales, sino personas civiles de una misma familia, enfrentados por unas ideas radicales y mucho ánimo de imponerlas a la fuerza. Aunque los reporteros de guerra ya existían, en el caso de Gerda y Martha la Guerra Civil española hizo que tuvieran relevancia a nivel internacional y sentaron las bases de un periodismo comprometido. Su testigo fue retomado por generaciones posteriores, como es el caso de Marie Colvin. Descubrir historias de amor en medio de una guerra es como ver que la vida se abre paso en medio de tanta muerte y destrucción.

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