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Cine y TV

Las 10 películas inolvidables de 2021

En Director's Cut, Cine y TV 2 January, 2022

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Colaboré durante años en una publicación que puntuaba las películas de cero (huir) a cinco (obra maestra) y deseaba con todas mis fuerzas fundar una revista cultural que no adoctrinara, que reseñara desde la competencia profesional y el respeto a lectores y lectoras, que creo libres de considerar errados a nuestros críticos. Todos los años me piden algunos colegas de la profesión mis propias listas, esas que no publico en mi propio medio, pero me sigo negando a puntuar los filmes. Mis listas se nutren de aquellas películas que recomendaría —y en la distancia corta, conociendo al espectador, más afinadamente— y que por un motivo u otro me impresionaron.

Las listas en negativo, de aquellas películas que no volvería a ver, me decepcionaron, no vibraron con mi sensibilidad o no valoré por algún motivo más argumentable, no existen, porque simplemente no las recomendaría, pero podrían incluir Una joven prometedora (Emerald Fennell) o Historia de mi mujer (Ildikó Enyedi).

 

TITANE (Julia Ducournau, 2021)

Titane es una de las películas más impresionantes del año, el filme de la directora de Crudo (2016) no es un fuego de artificio sin más, para escandalizar y épatar, sino un profundo trabajo que revela en imágenes una reflexión patente sobre el futuro del cine. La fisicidad, la violencia y la acción, la psicología y los convencionalismos asaltan al espectador inesperadamente con nuevos códigos que no se basan en la pirotecnia de la imagen sino en la profundidad de carga de su discurso. Las fronteras entre géneros e identidades se diluyen como lo hacen las de los géneros cinematográficos en que dividimos los filmes desde los tiempos de Thomas A. Edison.

A pesar de la explosión de acción y propuestas a digerir, Titane es un filme humilde y muy valiente, que afirma su derecho a existir, y a no tener que demostrar su filiación, en un mundo obsesionado con la clasificación. Hasta tal punto es una fijación, que binario o no binario queda corto para toda la catalogación que cada día se engrosa, y que pretendiendo no excluir lo que hace es encorsetar. Hay que etiquetar para sentirnos tranquilos y saber a lo que nos enfrentamos, pero Julia Ducourneau no teme dejar que la realidad (ficticia o posible) no encaje en nuestros compartimentados cerebros. Ser capaz de aunar la violencia extrema con el lirismo más crudo del amor sin prospecto y dejarnos boquiabiertos, cuando nuestras tripas nos dicen sí y nuestra mente aún no ha recibido el estímulo que sale de la pantalla solo está al alcance de aquellos que hicieron grande el cine en los setenta.

 

WHAT DO WE SEE WHEN WE LOOK AT THE SKY (Aleksandre Koberidze, 2021)

La película georgiana que se alzó con el premio Fipresci en el pasado Festival de Berlín, es un moderno cuento de hadas, en el que una pareja: la farmacéutica Lisa (Oliko Barbakadze) y el futbolista Giorgi (Giorgi Ambroladze), se enamora a primera vista y no llega a reunirse en su primera cita por el encantamiento de que es objeto, y que los transforma físicamente haciéndolos irreconocibles mutuamente. Los paseos por la ciudad de Kutaisi, las rutinas de los jardines, los kioskos, los juegos infantiles, la voz del narrador, nos abducen como si miráramos al cielo y pudiéramos ver la cara de la luna. En la cotidianidad de las humildes casas de los protagonistas o en los partidos de fútbol o en los esforzados intentos para que los pequeños negocios prosperen, leemos los signos reveladores de una historia ausente, en espera, que todos deseamos que se reanude pero sin renunciar a que el hechizo acabe. Desprovistos de sus habilidades y conocimientos, Lisa y Giorgi inician una nueva vida con la naturalidad de quien acepta conscientemente que vive en un mundo donde los encantamientos pueden suceder y la vida nunca es segura. En un ejercicio de desapego genuino, ambos inician se entregan a un destino que observamos sin culpabilidad, hipnotizados. La calidez de los fragmentos en 16 mm funciona como una lente de aumento que nos acerca aún más. La aceptación de lo sobrenatural y sus códigos nos asombra tanto como nuestra capacidad de empatizar con ellos, en un ejercicio cinematográfico que nos hace felices cómplices.

 

EVOLUTION (Kornél Mundruczó, 2021)

Tras el estreno en Netflix de Fragmentos de una mujer (2020), el director húngaro  vuelve a basarse en un magnífico guion de su esposa, Kata Wéber para ofrecernos un filme que rastrea las huellas de la Segunda guerra mundial a lo largo de tres generaciones de una misma familia, para desembocar en el Berlín actual. Evolution reflexiona sobre la herencia y las cuentas pendientes del conflicto, para tejer en lo íntimo con los mimbres de lo histórico, desde un campo de concentración hasta un instituto multiétnico del siglo XXI. Sin solemnidad ni discursos, valiéndose de metáforas como el agua, que arrasa, limpia y fluye a través del tiempo y el espacio, Wéber y Mundruczó se preguntan en este tríptico sobre lo que hemos aprendido y sobre la esperanza para las nuevas generaciones, los retos que afronta la construcción de una identidad en un nuevo país y una cultura diferente. Padmé HamdemirAnnamária LángLili Monori y el talentoso y carismático Goya Rego protagonizan un filme donde Eva, Lena y Thomas (abuela, hija y nieto) viven más o menos conscientemente con el peso de su dramático pasado.

Kata Wéber escribió la historia, que arranca en Hungría en 1945 y partía de una obra de teatro, basándose en su propia madre y en los relatos de amigos judíos que vivieron el comunismo o emigraron a Alemania. La primera de las tres historias, sin diálogos, de una sequedad granítica, nos obliga a un entrega sensorial recompensada con la deriva surreal de las imágenes en una especie de parto o renacimiento que cierra la tragedia y abre la puerta a una postguerra de incertidumbre, en la que el mundo se dividirá políticamente durante más de cuarenta años. En las otras dos historias, sobrecogedoras también a su propia manera, los protagonistas nos ganarán, con el hilo conductor de Lena, entre su madre anciana en Budapest y su hijo adolescente en Berlín. Ella es el eslabón y el equilibrio, conserva la memoria del pasado y tiene la posibilidad de ver el futuro encarnado en Thomas, el heredero inconsciente de una tradición, que enfrentará a su vez un conflicto característico de nuestro tiempo, un choque cultural-religioso enraizado en lo más profundo de nuestra humanidad.

 

COMPARTIMENTO Nº 6 (Hytti nro 6, Juho Kuosmanen, 2021)

La historia de una joven arqueóloga finlandesa que a la mañana siguiente de una noche de amor deber partir en tren hacia el yacimiento arqueológico de Múrmansk consiguió ex aequo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. En esta road movie del director de El día más feliz en la vida de Olli Mäki, que cumple todos los requisitos del género, Laura (Seidi Haarla) debe viajar en el mismo compartimento que Ljoha (Yuri Borisov), iniciándose una imposible convivencia entre dos seres absolutamente opuestos. Lo que el crítico Peter Bradshaw calificó de un Antes del amanecer a la finlandesa es un filme que crece ante nuestros ojos, según se despliega el inmenso ejercicio de deshielo y empatía. Basada en la novela de Rosa Liksom, Compartimento nº6 es una historia invernal en la que la bondad y la personalidad de ambos protagonistas dan un juego apasionante, mientras somos testigos de una transformación que desafía los convencionalismos y que Kuosmanen sabe hacer patente en gestos, diálogos e incluso en el aspecto físico de sus protagonistas. La contundencia de una historia de estas características, con personajes rudos, fuertes y blindados emocionalmente, que negocian con la soledad y sus propios límites orilla el sentimentalismo, en un ejercicio de autenticidad que nos seduce hasta el último fotograma. Las últimas escenas cuando se acercan a su meta de poder examinar los petroglifos, incluyen al paisaje como un elemento dramático que in absentia ha sido el motor de su historia.

 

LA RULETA DE LA FORTUNA Y LA FANTASÍA (Gûzen to sôzô, Ryûsuke Hamaguchi)

Las tres historias que componen esta película muestran que la escritura y la observación elevan las imágenes al infinito, con una delicadeza y expresividad absolutamente proporcionales y admirables, Hamaguch —que se alzó con el Oso de plata en el pasado Festival de Berlín— nos convence de que la casualidad es una materia narrativa inagotable, pero tan frágil como la nitroglicerina. Las pequeñas vidas que se entretejen y muestran en sus avatares cotidianos un resquicio de posibilidad, como un potencial de redención aparecen menudas, elegantes, preparadas para seguir en sus pequeñas zonas de confort o lanzarse a la seducción más arriesgada. La casualidad, el malentendido y el erotismo más singular se despliegan en un tríptico protagonizado por mujeres rohmerianas de ojos rasgados. La ruleta es divertida, al tiempo que nos da vergüenza ajena o nos incomoda, pero tanto como veracidad transmiten sus protagonistas. La melancolía empapa un filme de intensos diálogos y descafeinada angustia existencial que roza en algún episodio el psicodrama.

 

LA PEOR PERSONA DEL MUNDO (Verdens verste menneske, Joachim Trier, 2021)

El título francés de la película, tal como se estrenó en el Festival de Cannes, Julie (en 12 chapitres), nos da una mejor idea de su naturaleza. La joven Julie (magnífica Renate Reinsve premiada como mejor actriz en el festival) es retratada a lo largo de varios años, desde la universidad, donde su voluble vocación profesional la lleva a cambiar de una a otra, hasta que alcanza una divertida madurez, a través de experiencias íntimas, amorosas, sexuales y familiares. Julie lidia con  su propio pasado que debe procesar para avanzar, representado en la relación con su padre, sus anhelos creativos que busca cómo encauzar y la relación con los hombres, en la que también se debate entre el deseo tan complejo como incómodo, que nos obliga a constantes elecciones y renuncias. En un tono preciso que solo al final deriva hacia la seriedad —afortunadamente, esquivando la solemnidad— y la distancia adecuada, marcando con sentido del humor e ironía su propio terreno de juego, el director de Thelma (2017) se imbuye en el universo femenino con una muy estimable cercanía, así como con conocimiento y respeto, sin trazar jamás un retrato superficial o caer en los clichés del coming of age.

La química de Reinsve con el talentoso protagonista de Oslo, 31 de agostoAnders Danielsen Lie (Aksel), nos ofrece secuencias impagables en un filme que dura dos horas y se nos hace corto. Julie recorre Oslo enamorada, contrariada o perdida, convirtiendo a la ciudad en un campo de batalla, terreno de juego o parque de atracciones, que la acompaña empáticamente, abriéndose a sus emociones y deseos. Trier sabe utilizar magistralmente este recurso que llega a su culmen en un encuentro decisivo para su vida, en el que el mundo literalmente se congela y, fiel a sus sentimientos, Julie corre en busca de lo que más desea. Nosotros también nos enamoramos de ella y deseamos seguir sus correrías para siempre, al tiempo que nos reflejamos como en un espejo que deja a la vista todas nuestras dudas y contradicciones, como en el mejor Woody Allen.

 

EL PODER DEL PERRO (The Power of the Dog, Jane Campion, 2021)

La directora de Bright Star adapta la novela de Thomas Savage (1967) del mismo título, protagonizada por los hermanos Burbank, George (Jesse Plemons) y Phil (Benedict Cumberbatch) herederos de un rancho en Montana, en los años 20, que sus padres provenientes del Este, ya han dejado por la vida en un hotel de Salt Lake City. La entrada en sus vidas de la viuda Rose (Kristen Dunst) y su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee) revelará las fisuras entre los hermanos y los secretos Phil. George es un hombre limitado, que abandonó la universidad, pero un gestor metódico, mientras que su hermano tiene una inteligencia brillante que contrasta con una exaltada defensa de los valores más rancios de la hombría en los últimos estertores del Oeste tal como describen las leyendas y la literatura. La difícil aceptación de la propia homosexualidad y el empecinamiento en la autoexclusión de todo entorno ajeno al huis clos del rancho y sus “jardines secretos” convierte a Phil en un extraño en su propia casa hasta que un resquicio de humanidad le convierte al atormentado ranchero en un ser más vulnerable de lo que creía.  Campion dirige un filme admirable, austero, con silencios y sonidos que hielan la sangre, mientras sus actores ofrecen un recital desde las entrañas.

El poder del perro es una excelente adaptación del espíritu de la obra de Savage, que traslada su complejo estudio psicológico a la perfección. La directora domina el uso del paisaje en sus filmes y aquí tiene materia para hacerlo de forma sobresaliente, como al mostrar el aislamiento de la casa, metáfora de la familia y de Phil en un entorno rodeado de montañas, amenazado por la imparable civilización.

 

BENEDICTION (Terence Davis, 2021)

Jack Lowden y Peter Capaldi encarnan, de joven y de anciano, al poeta y pacifista británico Siegfried Sassoon, en este biopic cuyo guion fue premiado en el último Festival de San Sebastián. El recorrido vital de Sassoon fue complejo y profundamente comprometido enfrentándose a su gobierno durante la I Guerra Mundial y también a la sociedad, reivindicando su sexualidad, en un arco vital que le llevó finalmente a entregarse a la fe cristiana. Las elipsis, las imágenes de archivo y un último plano inolvidable, que nos desgarra profundamente, se alternan con recursos estilísticos de un gran maestro. Por el filme, sobresaliente entre los que hemos visionado este año, desfilan los episodios de la vida del poeta, parejas sexuales, amistades intelectuales, y una vida social intensa que es retratada con fidelidad y sin estilización. Los millones de caídos en la guerra son una presencia tan constante en el filme como los bailes de salón y tan bien empastadas están ambas esferas que Davis nos deja el cuerpo destrozado tal es la efectividad con que maneja sus cartas.

Benediction más que una película es una experiencia de 137′, disfrazada de inocente biopic, una experiencia de hermosa y punzante melancolía, que no nos permite recrearnos ni en el dolor ni en la belleza que transmite. El director de A Quiet Passion prefiere describir al hombre y sus conflictos, más que al poeta y artista, aunque su obra sobrevuele la película y escuchemos algunos de sus poemas en off. A lo largo de Benediction, Sassoon se encontrará con el cantante Ivor Novello, artistas, intelectuales y con Hester (Kate Phillips),  la mujer que elegirá a modo de redención, y los diálogos fluyen intensos y ligeros a la vez, de forma que querríamos poder detenerlos y paladearlos mejor.

 

VORTEX (Gaspar Noé, 2021)

El director de Irreversible dirige a Dario Argento y Françoise Lebrun en un filme que podríamos considerar el reverso de Amour (Hanecke, 2012) y con que el yo me quedaría. Tras sufrir un derrame cerebral que casi le costó la vida en 2019, el director argentino decidió abandonar la bebida y también dirigir esta película, una poderosa reflexión sobre el envejecimiento, la identidad y la muerte. El proceso de decadencia física y mental de una pareja de ancianos que al inicio de la película viven solos y siguen llevando a cabo tareas intelectuales: él escritor y ella psicoanalista, es filmado con crudeza, como capítulos en un manual. Ambos van descendiendo los peldaños de su peculiar cadalso, perdiendo facultades. Ella que sanaba mentes, con demencia; él, guionista viendo desaparecer su trabajo a manos de su esposa que ya no distingue lo que lee. Siguiéndoles con una cercanía impactante y un estilo experimental, con pantalla partida aunque compartan plano, es impresionante que nos haga olvidar que estamos viendo un filme de ficción, Vórtex es un espejo en el que el espectador se contempla como un fantasma de las navidades futuras.

La madurez reflexiva de Noé nos atenaza la garganta y nos hace desear detener el curso de los acontecimientos, porque lo que se va desarrollando en la pantalla es la tragedia de la vida, imparable pero siempre digna, porque la mirada del director así lo quiere, quizá por eso nos duele más la visión de esta pareja que todavía arrastra sus viejas batallas como en la canción de Jacques Brel. Vidas separadas aunque unidas, y cuyas consecuencias patentizan su hijo y su nieto, la impotencia, la responsabilidad y los errores. Vórtex es un deslumbrante ejercicio cinematográfico, heredero de los mejores maestros, sin compasión ni trampas, donde la decadencia física va acompañada dolorosamente de las ganas de vivir. Como dicen sus protagonistas: La vida es un sueño dentro de un sueño.

 

ESPÍRITU SAGRADO (Chema García Ibarra, 2021)

Tras su primer corto, El ataque de los robots de nebulosa-5 (2008), ya anhelábamos esta portentosa Espíritu sagrado (2021), porque solo era cuestión de tiempo que desplegara ante nuestros ojos un largometraje imbuido de su personalísimo estilo. Con una mirada sostenida, que ni subraya ni envilece, el director ilicitano se inscribe en la división de honor de los que sirven con sinceridad a un universo propio que no necesita afeites ni crudeza añadida, seguro de que su cámara muestra lo más revelador, contradictorio y provocador. El zoo humano que rescata de Carrús, el barrio más pobre de España, resiste a la caricatura, porque el objetivo es puro espejo del feísmo, de la ignorancia, la ingenuidad, pero también revelador de la profunda conexión entre cualquier clase, a través de una de las inquietudes más primigenias: el misterio de la existencia y el deseo de trascendencia.

En Espíritu sagrado los conceptos de arriba y abajo, adentro y afuera, el espacio y el tiempo son solo espacios mentales, para crear el misterio de la cosa única, según predica el Hermetismo, aunque se divida entre buenos y malos, polis y malhechores y verdaderos y falsos. La película —que obtuvo mención especial en el Festival de Locarno y premio a la dirección de arte a Leonor Díaz en Mar del Plata y premio Fipresci en el festival de Miskolc— envuelve en costumbrismo una poderosa y seductora propuesta, plagada de un singular sentido del humor que nos interroga constantemente, y demuestra la perspicacia y la intencionalidad de García Ibarra, cuya firmeza al volante de este Espíritu sagrado no permite el mínimo desvío de tono, a lo largo de todo el metraje. La fotografía de Ion de Sosa (director de Sueñan los androides, 2014) transforma el kitsch en documento, el brutalismo de VPO en antesala de lo extraordinario y el acero inoxidable de una barra de bar en metonímia de un way of life. Los bibelots y la iconografía sagrada o esotérica de todo a cien, trascendida solo por la eventual voluntad tribal, se alejan del poder decorativo como significantes, que les otorgan creadores con más ínfulas y menos redaños, para constituirse en significado por sí mismos.

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