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El patio

Etología del canto

En Música, El patio 1 September, 2021

Óscar Carrera

Óscar Carrera

PERFIL

Extremo en el otro sentido es el caso del camachuelo, cuyo canto es completamente aprendido. Cuando los investigadores criaron un camachuelo en una jaula junto con un canario, se encontraron con que, al llegar la primavera y la época de la reproducción, el camachuelo cantaba el canto del canario. A pesar de todo logró aparearse y, cuando sus propias crías alcanzaron la madurez, cantaron el canto del canario que habían aprendido de su padre (aunque habían estado expuestas al canto propio de su especie). Incluso se observó que una de esas crías, llegado el momento, transmitió a su vez el meme del canto de canario a alguno de sus propios polluelos, con lo cual esa tradición cultural había sobrevivido al menos tres generaciones (Jesús Mosterín, Filosofía de la cultura, Alianza Editorial, 1993, p. 36).

Este es sólo uno de los experimentos que demuestran la existencia de la transmisión cultural en los animales. Pese a lo que algunos prefieren seguir pensando, los animales no solo tienen sentimientos, sociedades, ingenio o capacidades creativas, sino también tradiciones culturales que se heredan de generación en generación. Zoólogos y etólogos lo demuestran cada dos días.

etología

Camachuelo

¿Que no se lo cree? Hagamos un experimento mental. Sustituyamos, en el párrafo anterior, el camachuelo por “la música española”, el canario por “los Beatles”, el padre por «la radio» y los investigadores por “los locos años sesenta”. Nos quedaría algo así:

Extremo en el otro sentido es el caso de la música española, cuyo canto es completamente aprendido. Cuando los locos años sesenta criaron música española en una jaula junto con los Beatles, se encontraron con que, al llegar la primavera y la época de la reproducción, la música española cantaba el canto de los Beatles. A pesar de todo logró aparearse y, cuando sus propias crías alcanzaron la madurez, cantaron el canto de los Beatles que habían aprendido de la radio (aunque habían estado expuestas al canto propio de su especie). Incluso se observó que una de esas crías, llegado el momento, transmitió a su vez el meme del canto de los Beatles a alguno de sus propios polluelos, con lo cual esa tradición cultural había sobrevivido al menos tres generaciones.

El esquema de tres generaciones es muy atinado. La primera generación se vio en “la jaula” del franquismo junto con los Beatles, y no pudo menos que contagiarse de su canto de libertad. Son los años de Los Bravos, Los Brincos, Los Mustang, la locura yeyé y los apropiadamente llamados Canarios. Miguel Ríos nos invitaba a todos a subirnos al autobús de un tour mágico y misterioso:

Escucha, hermano, la canción de la alegría,

el canto alegre del que espera un nuevo día.

 

Ven, canta, sueña cantando,

vive soñando el nuevo sol

(“Himno a la alegría”)

El futuro rock español conceptualizará este descubrimiento como «un nuevo día»: desde Màquina! hasta Haizea, despertadores, cruasanes y amaneceres copan sus portadas. Todavía había lumbre para rato, y nuestros primeros roqueros (con q) legaron a sus descendientes de los años setenta su reverencia por la música anglosajona, que estos (Smash, Módulos, Vainica Doble, los propios Màquina!…) siguieron profesando. Sin embargo, a finales de los setenta algo cambió.

En la tercera generación, según nuestro párrafo, sólo “alguno de sus propios polluelos” transmitió el canto aprendido de otra especie. Es la hora de Triana, Veneno, Camarón, Emilio Cao, Moncho Alpuente, el folclore regional, el rock urbano, la canción protesta y el comentario a la Transición. Sólo ahora podemos decir que el rock español se ha aclimatado. Se ha descubierto a sí mismo sin haber olvidado lo aprendido. Cierto, «algunos polluelos» siguieron reproduciendo los cantos anglosajones, pero este corral se había hecho más amplio y más diverso.

Ahora bien, ¿qué sucedió después de esa tercera generación? ¿Regresó el camachuelo a sus raíces y abandonó su patrimonio canario? ¿Armonizó ambos cantos, los de fuera y los de dentro, en una síntesis genial? Los científicos no arrojan luz sobre este asunto, y cada cual tiene derecho a su opinión. Pero no son pocos los que piensan que la mona se había vestido de seda durante demasiado tiempo.

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