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Un alfabeto para Emma Suárez

En Cine y TV 16 February, 2020

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Un alfabeto para Emma Suárez (Extravertida Editorial, 2019) empezó como empiezan las buenas historias: en un lugar especial y en un momento mágico. Si Hollywood es la Meca del cine, Cannes es su Shangri-La. Las arenas de La Croisette han sido holladas por los pies más vistos del mundo, aunque algunos sean tan poco agraciados como los de Uma Thurman, pero lo que cuenta es ese carácter especial de un festival en el que se aúnan de manera única el glamour y el talento, el espíritu independiente y las producciones sin límite de ceros en su presupuesto.

Emma Suárez

Emma Suárez en el Festival de Cannes, 2016. Foto ©Eva Peydró.

En medio de esa magia, que tiene la capacidad de hacernos creer incluso que las jornadas de trabajo eternas son un emocionante deslizamiento por el tobogán de un parque acuático, y donde nuestra adrenalina desafía a diario nuestra capacidad de resistencia, surgió una chispa que tendría consecuencias más allá de un maravilloso momento del que fuimos conscientes mientras sucedía.

A una actriz no se la investiga… se la inventa. (María Félix)

Una cálida tarde de mayo de 2016, en una terraza junto al hotel Miramar —sede de las proyecciones de la Semaine de la Critique—, donde se hospedaba ella, Javier Tolentino mantuvo una entrevista con Emma Suárez en el marco de la promoción de Julieta, el filme de Pedro Almodóvar basado en tres historias de Alice Munro. Emma encarnaba a la protagonista en su madurez, en un papel compartido con Adriana Ugarte. Y yo no sabría decir si fue esa luz dorada sobre el cabello de la actriz, lo distendida que estuvo en cuanto comprobó que podría relajarse con su interlocutor o la química que fluyó entre ambos lo que provocó que las fotos que les hice transmitieran exactamente la complicidad que había surgido. Rara vez ocurre un acto súbito de seducción mutua en un contexto a priori tan estresante, pero si debió surgir solo pudo ser en La Croisette.

Emma Suárez

Emma Suárez en el Festival de Cannes, 2016. Foto ©Eva Peydró.

A partir de ahí, la mirada respetuosa y admirada del periodista se transformó en papel, cruzó el umbral de las ondas y se plasmó en un retrato narrado que traslada a sus páginas la cautivadora personalidad de la actriz Emma Suárez y su extraordinaria altura profesional. En una serie de entrevistas enhebradas en la cotidianidad de la cocina o en la intimidad del café, lejos del Mediterráneo y al rescaldo de un reconfortante fuego, que sustituyó al sol de la Riviera en la melena de Emma, se descubren al lector facetas inéditas, más allá de esa consensuada y general admiración que ella despierta en los espectadores.

Pienso que no hay persona más seductora que la que ignora serlo y no pretende serlo, y esa sería una de las definiciones de Emma Suárez. De la A a la Z, Javier Tolentino ha recurrido a todo el alfabeto para enmarcar, contextualizar y, ¿por qué no? diseccionar la magia de esa naturalidad. Entre copas de vino, recetas de cocina, leños que alimentaron un fuego acogedor, la charla surgió, se divagó y se adentró en algún terreno vedado que la prudencia con que se exploró no llegó a hendir, pero sí a descubrir.

La mujer que se mira en Gena Rowlands, recuerda con lealtad a Pilar Miró y tiene siempre presente el ejemplo de Fernando Rey y que cuando llega a la N tiene un No militante para Bernardo Bertolucci, se muestra colaboradora, prudente, agradecida a sus maestros y tremendamente tímida, tan celosa de su intimidad como entregada sin límites a su profesión, desde aquel germinal inicio con Leticia Valle.

Emma Suárez

Emma Suárez en el Festival de Cannes, 2016. Foto ©Eva Peydró.

En este libro donde la Z no es el último capítulo, el lector gozará una narración-diálogo que jamás pretende ser una biografía, autorizada o no, levantada sobre la promesa de nunca pretender ser una sesión de diván. Sin embargo, no defraudará a quien desee conocerla mejor, acompañándola en sus revelaciones sobre su formación como persona y como actriz, la importancia y el papel de su familia, de sus hermanos, de sus hijos o su método de interpretación.

Emma reflexiona con cercanía y sin falsa modestia ni hipocresía sobre los premios, sobre sus proyectos más queridos y sus decepciones profesionales, convertida en ese tipo de actriz que jamás respondería a la definición que en su día pronunció el gran Marcello Mastroianni: Un actor hace de todo para hacerse famoso y luego, cuando lo consigue, se pone un par de gafas oscuras para evitar ser reconocido. 

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