«El ser querido»: culpa y perdón

En Cine y Series domingo, 17/05/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, sobrecogió en el 79º Festival de Cannes por su extraordinaria capacidad para tensar emocionalmente cada escena, además de por su madurez para abordar un territorio más íntimo y devastador: el abandono filial, la culpa y el deseo imposible de seguir siendo amado por quien nos hirió. Tras el impacto e interminable ovación de As bestas —presentada fuera de competición en Cannes en 2022—, Sorogoyen, que fue nominado al Oscar en 2019 por su corto Madre, vuelve al festival con una película sobria y feroz, escrita junto a su colaboradora habitual Isabel Peña, donde el conflicto emocional adquiere una densidad casi insoportable.

El punto de partida es el regreso a España de Esteban Martínez, cineasta español de fama internacional, regresa a España para rodar una nueva película y ofrece el papel principal a Emilia, actriz de telenovelas y camarera, la hija a la que abandonó de niña y no ve desde hace trece años. Ella acepta, consciente de que el rodaje implicará enfrentarse por fin a un hombre al que nunca pudo considerar realmente su padre. Pero Sorogoyen transforma esa premisa en un campo de minas emocional en forma de resentimiento, orgullo, heridas abiertas y una incapacidad devastadora para comunicarse.

El ser querido The Beloved.

La película se abre con una de las secuencias más magistrales de los últimos tiempos. Sorogoyen lleva al extremo su concepción del realismo emocional, según declaró: cinco cámaras rodando simultáneamente, una única toma de hora y media, sin cortes ni interrupciones, y apenas diez páginas de diálogo obligatorio sobre las que los actores podían improvisar libremente. El director explicó después que una segunda toma habría destruido aquello que buscaba capturar: la ansiedad irrepetible del reencuentro entre una hija abandonada y un padre del que no sabe qué esperar después de trece años. El resultado posee una fuerza extraordinaria. La escena evoluciona desde la incomodidad inicial hacia un auténtico nudo en la garganta conforme ambos personajes se acercan al abismo emocional abierto por el abandono. Los primeros planos congelan literalmente la sangre: los silencios, los microgestos, las miradas esquivas o sostenidas contienen más información emocional que cualquier diálogo. Así, cuando Emilia pasa de la cerveza al vino, ya no hay vuelta atrás, ha desenfundado la ansiedad y también el rencor.

En uno de esos momentos irrepetibles surgidos de la improvisación, Victoria Luengo mira espontáneamente a Javier Bardem y le dice: “Estás muy guapo”. Sorogoyen ha contado que fue una reacción completamente sincera. Y precisamente ahí reside parte del milagro de la escena: la película comprende que el conflicto tras el abandono nunca es puro odio. El deseo residual de afecto, la necesidad infantil de seguir siendo reconocido o querido por quien nos hizo daño, sobreviven incluso bajo capas de resentimiento y orgullo.

Frente al peso gigantesco de Bardem, Victoria Luengo, candidata al Goya por Suro (Mikel Gurrea, 2022), sostiene la película con una fuerza impresionante. Ambos actores se enfrentan constantemente en duelos visuales de enorme intensidad, donde las miradas y los mínimos movimientos faciales parecen volver innecesarias las palabras. Luengo logra transmitir simultáneamente dureza, necesidad de afecto, orgullo herido y agotamiento emocional. Hay algo profundamente físico en la manera en que ambos se observan: como si cada conversación fuera un combate donde nadie desea realmente vencer.

La película comparte ciertos ecos emocionales con Valor sentimental de Joachim Trier, especialmente en la exploración del conflicto familiar tras el abandono. Pero mientras Trier tiende hacia una emotividad más abierta y vulnerable, Sorogoyen opta por la adustez del sur: lágrimas contenidas, emociones tragadas hasta el límite de saturación, silencios donde el dolor madura lentamente antes de estallar.

El ser querido The Beloved.

También resultan magníficos Raúl Arévalo y Marina Foïs —ya presente en As bestas—, integrados dentro de un reparto donde cada personaje parece cargar con heridas propias y con una conciencia incómoda de aquello que no puede reparar.

Formalmente, Sorogoyen vuelve a demostrar un dominio excepcional de la tensión y del espacio emocional, ayudándose también de los cambios de foco y del color al blanco y negro. Cada escena parece construida sobre un equilibrio milimétrico entre control y explosión. La película avanza dosificando cuidadosamente sus revelaciones, sus puntos de contacto entre ficción y vida real, entre el rodaje dentro del rodaje y la tragedia familiar que late por debajo. La pareja protagonista se mantiene en el alambre de un ajuste de cuentas indeseado, buscando el equilibrio a pesar de la manipulación afectiva y la búsqueda imposible de reparación.

El ser querido es dolorosa y emocionalmente compleja, un retrato descarnado sobre el resentimiento, el desamparo y la necesidad de ser amado.

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