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Interstellar

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Contados cineastas del Hollywood actual generan tanta expectación y reacciones encontradas como Christopher Nolan con cada nuevo trabajo. Su incursión en los aledaños de la space opera estaba llamada a no constituir la excepción a la regla: un género con predisposición a abordar los dilemas existenciales, intelectuales y (meta)físicos del ser humano suponía el patrón

Contados cineastas del Hollywood actual generan tanta expectación y reacciones encontradas como Christopher Nolan con cada nuevo trabajo. Su incursión en los aledaños de la space opera estaba llamada a no constituir la excepción a la regla: un género con predisposición a abordar los dilemas existenciales, intelectuales y (meta)físicos del ser humano suponía el patrón idóneo para sus intereses y ambiciones autorales. El resultado, aunque satisfactorio, deja menos nueces de las que el ruido nos había prometido.

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

La última película del autor de Memento (2000) no oculta los cimientos de su discurso: el monólogo sobre el amor que articula el personaje al que da vida Anne Hathaway se ofrece como contrapunto a la lógica del argumento de su compañero de odisea espacial. Es este el reto de Interstellar, maridar la física teórica de Kip Thorne con la todopoderosa función dramática que el cine hollywoodiense otorga a los sentimientos. Cineasta siempre interesado en la arquitectura interna de sus relatos, Nolan construye un complejo engranaje narrativo que combina lo íntimo con lo espectacular merced a la sutura de ambas dimensiones del relato que posibilita la superposición de acciones mediante montaje alternado (estrategia recurrente en la obra del realizador), pero el director de Origen (Inception, 2010) olvida que la mecánica del corazón y la emoción humana es voluble y no se rige por esos razonamientos matemáticos de la física y la mecánica cuántica que vehiculan la línea de acción del relato, de igual manera que tampoco puede explicarse con la misma sorprendente claridad con que el guion expone al público los principios de las teorías científicas sobre las que se construye la historia.

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

El mayor pecado de Nolan reside en continuar revelándose incapaz de domeñar su desmedida ambición y tendencia a lo excesivo: allá donde la ciencia ficción literaria y cinematográfica ha planteado preguntas a su público, Nolan parece empeñado en trascender su condición de demiurgo de su universo diegético para autoerigirse en el del propio universo.

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

Los cuantiosos logros de Interstellar ―cimentar su argumento en dos propiedades intrínsecas a la naturaleza humana como el sentimiento amoroso y el instinto de supervivencia, la formulación plástica de modelos teóricos como los agujeros negros, la relación paternofilial condenada a la ausencia y la comunicación espectral o el papel narrativo de la música en algunos instantes (el pulso narrativo de Nolan posee una fuerte cadencia sinfónica), entre otros― aseguran un viaje alucinante al fondo de la mente y el alma humana musicado por versos de Dylan Thomas a modo de réquiem por nuestra especie. Pese a sus aristas y algún que otro fleco narrativo, el riesgo de su propuesta (atención al salto mortal del tercer acto) y la audacia con que su guion hace confluir las dos líneas narrativas convierten a Interstellar en lo más próximo (con el permiso de Kubrick) que Hollywood ha estado de ofrecer un filme comercial que juegue en la misma liga que Stalker (Andrei Tarkovsky, 1979).

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

Interstellar (Christopher Nolan, 2014)

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