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Cine y TV

Nuria Giménez Lorang y su fascinante «My Mexican Bretzel»

En Entrevistas, Cine y TV 17 December, 2020

Marc Muñoz

Marc Muñoz

PERFIL

Me resume Nuria Giménez Lorang, directora de My Mexican Bretzel (2019), al inicio de esta entrevista en una pequeña terraza de un bar cercano a los cines Renoir de Barcelona, su andadura vital en París, Londres y Barcelona. En paralelo, una travesía laboral —camarera, teleoperadora, reportera, traductora, profesora, y otros trabajos que mi memoria no retiene— para salir a flote en urbes tan exigentes para el bolsillo. Ese trajín asume ahora una nueva entrada gracias a una de las anomalías cinematográficas más magnéticas del cine español reciente. My Mexican Bretzel no solo supone la aproximación a un material fascinante —las bobinas acumulando polvo en la casa de su abuelo materno—, sino el disfrute de un artefacto a medio camino entre la ficción y la no ficción, el found footage y sus variantes autorales (hasta aquí se puede leer), que nos descubre una nueva mirada femenina a celebrar.

El paso de su opera prima por certámenes y, ahora, por salas de cine, tras siete años de trabajo, supone la preciada recompensa para Nuria, la cual toma la notable recepción deparada por crítica y público con absoluta sorpresa, abrumada, y casi sobrepasada, pero inmensamente satisfecha.

my mexican bretzel

Nuria Giménez Lorang. Foto: Pol Rebaque.

Me imagino que descubrir esas bobinas de tu abuelo tuvo que ser toda una revelación para ti. ¿En qué momento te diste cuenta del valor de ese descubrimiento?, ¿y en qué momento decidiste que podías acoplar un relato sobre este material encontrado?

Pues tardé en ser consciente del valor. Sí que de entrada pensé ¡Guau!, esto es un tesoro, me lo llevo a Barcelona. Tampoco sabía en ese momento ni lo que contenían ni en qué estado estaban. Entonces empecé a digitalizar y sí que hubo un gran fase de emoción cuando llegaba a casa y visionaba las imágenes por primera vez. Pero hasta que no empecé a trabajarlas un poco y a darme cuenta del potencial que tenían no fui consciente de lo maravilloso del descubrimiento. Lo del relato sí que lo tuve claro desde el momento que vi que el material estaba en buenas condiciones. Además, todo el celuloide y las imágenes antiguas me despiertan una fascinación especial. Así que tendrían que haber estado en muy mal estado como para no plantearme hacer algo con ellas.

My Mexican Bretzel

Imagino una labor titánica para visionar todo el material. ¿Cuánto tiempo invertiste?

He visionado el material cientos de veces, literal. Empecé trabajando única y exclusivamente las imágenes, y luego, paralelamente, fui trabajando el texto. Eso ayudó a que me concentrara solo en la parte visual. Es cierto que 29 horas de material dan millones de posibilidades, y eso agobia un poco. Así que la primera autolimitación que me puse fue la de utilizar solo las grabaciones de mi abuelo, nada de buscar material extra de los 40’s, 50’s o 60’s. Entonces empecé a experimentar con las imágenes, a vincularme con ellas; hice pequeñas piezas cortas y empecé a insertar algunos sonidos. Y así, poco a poco, fui seleccionand0 las imágenes que más me fascinaban. Muchas de estas eran las que yo vinculaba con una parte más onírica, una que hiciera referencia al subconsciente. Luego también até en corto las partes en que Vivian no está sonriendo, momentos en que baja la guardia, mostrando mayor naturalidad. Esos trozos en que muestra una mueca, o señala un momento de hartazgo, todo eso me interesaba muchísimo. Y luego, obviamente, toda la parte de Nueva York me atraía muchísimo. Tal es así que las primeras protoversiones se iban a las cinco horas, porque había muchas imágenes que quería poner. Luego pasé a tres, hora y media… pero me costó un montón sacrificar, porque había imágenes muy valiosas.

Todo el proceso creativo fue muy intuitivo y muy visceral.

Así que trabajaste en paralelo la parcela visual y la del texto…

Sí, lo trabajé en paralelo. Fueron dos procesos paralelos que duraron tres años. La primera fase fue todo el visionado, con un excel donde apuntaba una descripción de todas las bobinas, y, de forma paralela, me apuntaba todo lo que se me venía a la cabeza, sobre cualquier tema. Podía ser un título, un personaje, un posible argumento, el falso gurú. Y después de tres años empecé a buscar la forma de encajar texto e imágenes, y también a seleccionar algunas partes del texto que me motivaran más y que encajaran para lo que quería contar con la ayuda de la parte visual. El proceso total fue de 7 años. Y fue en el momento que acoplé imagen y texto, cuando empecé a trabajar mucho más el personaje de Vivian Barret, entonces sí, ayudada por lo que mostraban sus imágenes. Ya que estas me daban mucha información sobre ella.

My Mexican Bretzel

La película juega con distintas convenciones y géneros. Utiliza resortes de la ficción y la no ficción. ¿Hasta qué punto fuiste consciente de todo esto?

En ningún momento. Todo el proceso creativo fue muy intuitivo y muy visceral. Literalmente, he hecho lo que me ha dado la gana, y he ido experimentando y descartando como me apetecía. Y muchas veces he descubierto lo que buscaba cuando lo encontraba, pero no antes. No ha sido premeditado ni intelectualizado. Lo que dices del juego es para mí la definición perfecta. Ya que todo tiene que ver con una parte lúdica, yo he disfrutando creando esta obra. Lo precioso del proyecto es que tenía un punto de partida maravilloso, y me he dejado llevar por el material para ver hasta dónde me llevaba. Obviamente, a veces te encuentras en callejones sin salida, pero al contrario, hay veces que te transporta a lugares impresionantes y bellísimos.

Creo que hay un estilo marcadamente literario a la hora de abordar el diario de Vivian. Me recordó, en cierta manera, a la literatura de Lucia Berlín. Mientras leía esas reflexiones profundas y lúcidas sobre la vida y sus grandes cuestiones, acompañadas por esas imágenes en tonos sepia de My Mexican Bretzel, pensé en ella y su obra. ¿Te serviste de alguna referencia literaria para crear esa voz narradora a través del personaje de Vivian?

Siempre que me preguntan por referencias e influencias contesto lo mismo. Estoy segura que todas las películas que he visto y todos los libros que he leído están presentes de algún modo, pero no son referencias conscientes. De hecho hay muchas referencias que me mencionan que yo no he leído ni he visto. Y me encanta recogerlas para ponerme a verlas. Sí que te podría decir que me encanta el cine expresionista alemán mudo de los años 20. Me vuelven loca los melodramas de David Lean, tipo Breve encuentro. Pero también me gusta el cine de Isaki Lacuesta, Andrés Duque y todos estos cineastas que proponen películas de no ficción que exploran nuevos caminos.

My Mexican Bretzel

Tu película tiene un trabajo de sonido muy interesante y elaborado. Decides prescindir prácticamente de la música y los efectos de sonido. Por momentos, My Mexican Bretzel parece una película muda. Sin embargo, el uso de los sonidos obedece a un efecto dramático o expresivo que capture o maximice el ánimos de los personajes. Podrías dar más detalles sobre el trabajo sonoro.

Desde el primer momento tenía claro que quería gran parte de la película en silencio. Me parece que estamos constantemente bombardeados por sonidos en todas partes. Contemplar imágenes en movimiento en silencio me parece bellísimo y tremendamente poderoso. Me interesaba no hacer un uso ambiental del sonido, utilizarlo solo para expresar las emociones, sobre todo las de Vivan Barret, y subrayar las obsesiones de Léon, especialmente con los vehículos, algo que daba mucho juego a nivel sonoro. Y eso es un trabajo increíble que ha hecho Jonathan Darch. Creo que el silencio ayuda a que estas partes con sonido cobren mayor fuerza. Por último, la selección musical es de Cristóbal Fernández, el co-montador. Otro crack.

¿Qué papel jugó Andrés Duque en el desarrollo de tu primera obra?

Andrés Duque consta como asesor de la fase inicial del proyecto. Andrés es un cineasta que admiro profundamente, también como persona.  Él fue la primera persona que lo vio. Cuando llevaba cinco años trabajando, se lo enseñé y me fue de mucha ayuda. No sé si hicimos cinco o seis sesiones juntos, en los que él expresaba su opinión sobre distintos aspectos. Y la verdad es que fue un lujo, porque Andrés tiene una mirada única y muy clara. Y eso pese a que la primera vez, tras cinco años trabajando y pensando que ya estaba listo, él me suelta está cruda, y yo le contesté ¡¿cómo?!. Fue cuando me di cuenta que faltaba mucho curro por hacer. Así que me ayudó muchísimo, aunque claro, te jode, porque no es lo quieres oír en ese momento. Pero se lo agradezco inmensamente.

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