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Cultura

Marrakech: el oasis de Yves Saint Laurent

En Abandonen el edificio, Cultura 26 February, 2020

Sandra Jiménez

Sandra Jiménez

PERFIL

El icónico diseñador de moda y empresario francés Yves Saint Laurent concitó en 2014 el interés de dos producciones cinematográficas francesas que coincidieron en estrenar sendos biopics sobre el hombre que elevó el esmoquin a los desfiles de alta costura de París.

Yves Saint Laurent (2014), protagonizada por Pierre Niney y Guilleaume Galliene, es la versión de Jalil Espert, donde el director nos muestra todo el lujo y el poder de las pasarelas de moda, todo lo que ocurre entre bastidores, el estrés de las horas previas a la preparación, los últimos retoques… La película narra su encuentro con Pierre Bergé y cómo gracias a él fundaron ambos un imperio, ya que a pesar del talento y la pasión del diseñador, Bergé tenía la inteligencia y la visión empresarial para ver un diamante en bruto en el joven e impulsivo Saint Laurent.

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Yves Saint Laurent y Pierre Bergé.

En este biopic, Lespert se centra en algunos de los momentos más importantes de la carrera del diseñador: la creación de una de sus colecciones más emblemáticas, Mondrian, y la influencia del viaje que realizó la pareja a Marrakech en 1966. A partir de ese momento se puede hablar de un antes y un después en su carrera.

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Yves Saint Laurent (Jalil Espert, 2014).

Por otra parte, Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014), protagonizada por Gaspard Ulliel y Jerémie Renier, explora más en la personalidad del creador y se centra en su etapa más prolífica, en la que crea las colecciones inspiradas en Rusia y Marruecos y la fragancia Rive Gauche. En ella se describen sus adicciones a las drogas y el alcohol y su tormentosa relación con su amante, Jacques de Bascher.

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Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014).

La soberbia puesta en escena de ambas películas está en la línea del universo estético del creador, aunque la versión de Jalil Lespert, que contó con la aprobación de Bergé, es más completa y visualmente más bella. Tanto una como otra reflejan una relación no exenta de altibajos, en la que mientras el genio sufría por el simple hecho de vivir, su compañero sufría por no saber hacerle feliz.

Así, en medio de este torbellino de emociones y pasiones que surgió entre los tres protagonistas, añadido a la presión y responsabilidad de dirigir y mantener a flote una empresa, y la exigencia de crear e innovar constantemente, para mantener un cierto estatus en el mundo de la moda, aparece Marrakech, cuya arquitectura se convirtió en el oasis perfecto de su tormentosa relación. La ciudad marroquí se convirtió en un lugar al que acudir y en el que encontrar la paz y el equilibrio ansiado.

Yves Saint Laurent (Jalil Espert, 2014).

Los colores vivos, eléctricos, de la ciudad que desprendía un aroma a semillas de menta, limón, cardamomo, canela y pimienta recordarían a Yves su infancia en Argelia. Como ya he comentado,  Saint Laurent y Bergé viajaron a por primera vez a Marrakech en 1966. Allí, rendidos ante la belleza de la ciudad, decidieron comprar su primera casa, Dar El Hanch (la casa de la serpiente), un riad dentro de la Medina. Tras venderla, adquirieron Dar es Saada, en la ciudad nueva, en el barrio de Guéliz, arquitectónicamente muy interesante, ya que posee magníficas residencias Art Decó y pequeños talleres de artistas de vanguardia.

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Yves Saint Laurent y Pierre Bergé en Marrakech.

Años más tarde, en 1980, Yves y Pierre comprarían la Casa Majorelle, perteneciente al pintor y artista expatriado francés Jacques Majorelle, una vivienda estilo Art Decó, obra del arquitecto Paul Sinoir, que se inspiró para la realización del proyecto en la obra de Le Corbusier y en el Palacio de la Bahía de la ciudad. La casa, compuesta por dos plantas, estaba distribuida del siguiente modo: en la planta baja estaba el taller del artista y en la primera, su vivienda, el característico volumen pintado en ese intenso color azul de ultramar, conocido como Majorelle, creado por el pintor en 1937.

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Jardín Majorelle, perteneciente al artista y pintor Jacques Majorelle (Marrakech).

Fascinados por el Jardín original, ambos desarrollarían una pasión en común por las plantas. En esa época, fundarían la Association pour la Sauvegarde et le Rayonnement du Jardin Majorelle, incrementando considerablemente el número de especies vegetales del mismo. A su vez, transformarían el taller en Museo de arte islámico, donde a día de hoy se puede contemplar su colección personal de objetos de arte Islámico del Magreb, Oriente Medio, de África y Asia, algunas telas y dibujos del artista.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

La casa Majorelle pasará a ser para su uso privado y nace así Villa Oasis, su residencia desde los años 80. Fue precisamente en esta villa donde Bergé encargaría a los arquitectos Olivier Marty y Karl Fournier, pertenecientes al Studio KO, la realización de un museo para albergar la colección de Yves Saint Laurent.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

El edificio está situado en la calle Yves Saint Laurent, al lado del famoso Jardín Majorelle y fue construido en terracota, hormigón y un terrazo en el exterior de color tierra con fragmentos de piedra marroquí, en sintonía con el entorno, mientras que en el interior se utilizó piedra local y mármol.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

El edificio es un volumen rotundo que representa esa dualidad entre las curvas de una mujer y las líneas rectas de prendas como sus trajes de chaqueta, sus esmóquines y sus vestidos. Al observarlo, vemos los cortes limpios y perfectamente conectados como resultado de la intersección de los diferentes prismas que forman el edificio, cilíndricos, rectangulares y cuadrados.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

En el exterior, sus fachadas están realizadas con ladrillos de terracota en la parte superior y una combinación de piedra local y mármol en la inferior. Los ladrillos, hechos de tierra marroquí, están dispuestos y modulados de tal manera que crean un patrón rítmico perfecto y uniforme que nos recuerda a un telar gigante en el que cada ladrillo simula un hilo que encaja y se traba con el anterior dando presencia al conjunto.

Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

En contraposición, el interior es fino y delicado, como el forro de una prenda lujosa. El patio interior circular nos envuelve con la calidez de la luz que, reflejada en sus paredes pintadas de color piel, acaricia nuestra vista y nos deleita y seduce con los diferentes espacios que componen el edificio. Entre ellos, hallamos la zona de exposición permanente que muestra el trabajo de Yves Saint Laurent dentro de una escenografía diseñada por Christophe Martin, otro espacio más pequeño para exposición temporal, un auditorio revestido en madera, una librería, una cafetería restaurante con terraza y una biblioteca de investigación.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

Nada queda al azar en esta construcción y, por ese motivo, la carpintería interior y algunos de los revestimientos repiten el patrón del ladrillo, sus piezas de madera y las cerámicas que se traban unas con otras creando hermosos dibujos propios de un tejido.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

Por otra parte, el museo de Marrakech presenta un sistema de aire acondicionado con control de temperatura y humedad para garantizar que cada artículo se conserve en perfecto estado. La paz y la tranquilidad que se respiran al recorrer el Museo y contemplar la obra de Saint Laurent y Bergé, transmiten la importancia que tuvo esta ciudad en la compleja relación de ambos y sus intensas vidas. El edificio refleja muy bien la personalidad de dos caracteres opuestos, pero a su vez complementarios.

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Museo Yves Saint Laurent en Marrakech. © Studio KO arquitectos.

Una vez más, la arquitectura y el urbanismo se nos muestran como catalizadores de emociones. En este caso, Marrakech, la ciudad de los mil colores, aromas y contrastes, se nos presenta como un laberinto de callejuelas entre las que se intercalan plazas, mercados, mezquitas y palacios, donde podemos encontrar la paz y el sosiego del alma cuando damos un paseo rodeados de cactus, buganvillas, palmeras, nenúfares y jazmines, fuentes y arroyos, escuchando el sonido de los pájaros.

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