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Cine y TV

«Las consecuencias» o la catarsis del dolor secreto

En Director's Cut, Cine y TV 14 September, 2021

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Si ya es complicado escapar a las consecuencias de nuestros actos, tanto más lo es en un huis clos tan claustrofóbico como una isla, y yendo más lejos, una minúscula, y, además, por si faltara algo, volcánica. La historia transgeneracional que escribieron Claudia Pinto Emperador y Eduardo Sánchez Rugeles, convertida en un poderoso filme bajo la dirección de la primera, se explaya en la simbiosis de la naturaleza con el paisaje emocional. Esto es así, porque tan indisoluble es el paisaje del drama familiar que se despliega con morosidad calculada, como la tragedia en cuanto  a la latencia de un poderosa amenaza subterránea, un potencial explosivo más grande que los días que sus protagonistas pasan hollando las negras arenas de sus playas.

El producto abrasador de las entrañas de la tierra aguarda su momento, anunciado por la huida de las aves, para eclosionar y derramarse, arrasando y transformando el paisaje. De la misma manera, el viaje hacia el interior de la isla, a través del mar, para entrar a la vez en el universo íntimo y desolado del duelo, se transforma poco a poco en un descenso abisal a lo más hondo del dolor y los secretos que una familia ha conseguido ocultar y evitar a lo largo de varias generaciones.

La metáfora de la reclusión y la incandescencia sepultada bajo la piel de la isla, el omnipresente romper de las olas en la banda sonora del filme, que por cierto cuenta con una inspiradísima partitura de Vincent Barriere -quien ya colaborara con Pinto Emperador en La distancia más larga (2013)-, convierte a Las consecuencias (2021) en un filme atmosférico y de contrastes. La fotografía de un gris azulado (Gabo Guerra), que evita la explosiva luminosidad del mar y las islas, sobre la arena tan oscura o la exigüidad de la cabaña en la que los tres personajes principales se refugian de su dolor (padre, hija y nieta), dotan de una frialdad íntima un drama de alto voltaje. Incluso el mar abierto es una tumba, no hay escapatoria aparente al profundo dolor del duelo y menos todavía a la sombra del pasado.

Las consecuencias

Un drama de tales características necesita de un corajudo reparto, que en este caso se apoya en la consistencia interpretativa de su cuarteto protagonista: Juana Acosta, Alfredo Castro —excelente en los matices de un personaje maravillosamente ambiguo—, Carmen Elías y la joven María Romanillos, que fue galardonada como mejor actriz de reparto en el pasado Festival de Málaga, acompañados por Sonia Almarcha y un cameo de Héctor Alterio. Esta coproducción España-Países Bajos (Holanda)-Bélgica, es una película que dosifica su trama y sus entresijos, sus múltiples capas y sustratos. Claudia Pinto propone al espectador una película participativa, en la que cualquier matiz está cargado de significado y reta a su audiencia en cuanto a sintaxis y profundidad, par dejarle exhausto emocionalmente en su plano final.

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