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Hostias como panes: violencia clasificada “S”

En Cine y Series jueves, 30 de mayo de 2019

Javi Cózar

Javi Cózar

PERFIL

Entre 1977 y 1984 estuvo vigente en España una calificación especial para las películas que consistía en una “S” mayúscula encerrada en un círculo. Se trataba de películas que, por su contenido, “podían herir la sensibilidad del espectador”. La calificación se creó para dar salida al creciente número de películas de la época del destape que empezaron a proliferar tras la muerte de Franco y la desaparición de la censura en el país. Sin embargo, la “S” acabó aplicándose también a algunas (no muchas) películas ajenas al género softcore, generalmente películas de terror con altas dosis de gore y, en alguna rara ocasión, también a alguna cinta de acción con la violencia subida de tono (para la época), como ocurrió con Mad Max, salvajes de la autopista (1979).

Mad Max, salvajes de la autopista (George Miller, 1979).

El viernes 31 de mayo se estrena la tercera parte de la saga protagonizada por John Wick que, con toda probabilidad, recibiría una “S” si existiera esa calificación hoy en día. Es cierto que la sociedad ha cambiado radicalmente desde entonces, y con ella el mundo y también la manera de ver y entender el cine: cualquier espectador de aquella época probablemente sufriría un infarto no ya con una película como John Wick (2014) sino con muchas otras de menor intensidad. Pero también es cierto que en los últimos años sí que se han estrenado algunas cintas de acción que han llevado la violencia a un extremo tan bárbaro que, sin duda, se granjearían la morbosa calificación “S”. En el siguiente listado no están todas, ni tampoco es la intención, pero las que están desde luego que tendrían todos los números para acabar con el anagrama “S” en el cartel.

300 (Zack Snyde 2006)

Seguramente uno de los primeros usos masivos del CGI para generar efectos sangrientos, la película es un auténtico catálogo en el arte de la sangre digital en primer plano. Daba un poco igual que el ordenador no consiguiera reproducir del todo la textura hemoglobínica porque el contexto ya era una alucinación vanguardista completamente digital: prácticamente todo excepto los actores se había creado dentro de ordenadores, en una experiencia que luego se replicaría demasiado a menudo casi siempre con peores resultados.

Chorros de sangre en slow motion enmarcados en un contexto pseudo-histórico (la película narra, a su manera, la batalla de las Termópilas acaecida en el año 480 a.C.) inundan casi todos los fotogramas de esta película, lo que no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta que la apuesta era totalmente mainstream y las calificaciones en diversos países, empezando por Estados Unidos, podían rebajar las expectativas comerciales. Quizás aquí hemos retrocedido un poco desde entonces, y ahí está el lamentable caso de la última encarnación cinematográfica de Hellboy que lo corrobora…

ASES CALIENTES (Smokin’ Aces. Joe Carnahan, 2006)

A veces, tampoco hacía falta que hubiera demasiada violencia para que a una película le colgaran la “S” en el cartel, bastaba con una o dos escenas de alto voltaje. Ases calientes entraría en este apartado, sin duda. Aunque no pueda decirse precisamente que su desarrollo sea plácido, puesto que está plagado de tiroteos y crueldad a raudales, el verdadero highlight que impulsaría sin duda la “S” en la calificación llega en el tercio final con el tiroteo en el hotel entre los diversos hitmen que pululan por la moqueta del establecimiento.

El tiroteo es crudo, extremadamente gráfico, una secuencia bastante larga desarrollada en un contexto de caos puro y duro, una especie de “todos contra todos” de letales (y sangrientos) resultados para los personajes que protagonizan la secuencia.

Shoot 'Em Up: En el punto de mira (Michael Davis, 2007)

¡¡Cuidadín con esa zanahoria!!

SHOOT ‘EM UP: EN EL PUNTO DE MIRA (Shoot ‘Em Up. Michael Davis, 2007)

Una película que comienza con un tipo clavándole una zanahoria en la boca a otro tipo y empujándola hasta que le sale por la nuca, qué duda cabe, es una firme candidata a llevarse una “S” como una catedral. La colección de muertes violentas de la película es admirable, aunque en este caso no son del todo perturbadoras porque su propia naturaleza over the top las convierte en caricaturas, lejos del realismo gráfico de otras propuestas de esta lista.

De hecho, toda la violencia en Shoot ‘Em Up: En el punto de mira está tan pasada de rosca que acaba pareciendo más un furioso cartoon que una película de acción convencional.

John Rambo (Sylvester Stallone, 2008)

John Rambo y su mejor amiga. Una de ellas, al menos…

JOHN RAMBO (Rambo. 2008, Sylvester Stallone)

La penúltima resurrección del popular excombatiente de Vietnam resultó ser la (hasta la fecha) más sangrienta de todas. Y ya era complicado, habida cuenta de que Rambo: Acorralado – Parte II (1985) pasa por ser una de las películas más violentas de los años 80 —hoy en día cualquier niño de 10 años ha jugado a videojuegos más sangrientos, ya, pero entonces el público no estaba tan acostumbrado a que un tipo explotara en mil pedazos por el impacto del proyectil de un bazuca.

La enésima incursión de Stallone en las junglas asiáticas encierra algunos de los momentos más brutales del cine bélico del siglo XXI, como aquel en el que unos campesinos son obligados a transitar por un terreno plagado de minas y cuando las pisan (y las pisan) explotan en mil pedazos. Lo de reventar cuerpos le debe gustar mucho a Sly porque en el clímax de esta película se pone hasta las cejas de reventar unas cuantas docenas de sus odiados amarillos con nada más y nada menos que un cañón automático. No estaba para coñas el tipo.

CRANK: ALTO VOLTAJE (Crank: High Voltage. Mark Neveldine y Brian Taylor, 2009)

Chev Chelios, el personaje protagonista, cae de los cielos (literalmente) y se estrella (de nuevo literalmente) contra el asfalto de una calle. Otro comienzo demoledor que marca a otra película muy, muy, pero que muy pasada de vueltas en cuento a la representación gráfica de la violencia. Rodada cámara en mano y dando saltos como un canguro detrás (y delante, y encima, y debajo) de Jason Statham, esta secuela de Crank: Veneno en la sangre (2006) no es que sea mejor que su predecesora, es que la supera en todos los aspectos desde el momento en el que asume como propia la locura del personaje protagonista y la traslada al aspecto formal y narrativo de la película. Sórdida y garrula como pocas, se le va mucho la olla y está en las antípodas del tipo de película que recomendarías a tu suegra.

THE RAID (Gareth Evan, 2011)

Convertida desde su paso por festivales como el de Sitges en un fenómeno de culto, es imposible negarle a esta película su proto-espacio en el cine de acción del siglo XXI: su colorido e imaginativo inventario de maneras de infringir daño en un cuerpo humano no tenía precedentes en 2011, y de hecho son muy pocas las películas que después han conseguido acercarse.

La reducción del argumento a la mínima expresión (un ejército de policías tienen que subir piso a piso por el interior de un edificio enfrentándose a una horda de delincuentes armados hasta los dientes) importa realmente un bledo cuando la experiencia se convierte en una brutal, desproporcionada, y a todas luces excesiva sinfonía de caos y violencia desatados sin freno.

No debe haber muchas películas de acción en la historia del cine (ninguna, seguramente) con semejante acumulación de muertes violentas por minuto. Y prácticamente no hay dos defunciones iguales, además: desde acribillados a balazos hasta con un tiro disparado a medio centímetro de la cara, pasando por la semi-decapitación con los restos de una puerta de madera o directamente a machetazo limpio. Los personajes de esta película acaban muriendo de maneras tan brutales, tan creativas, tan sádicas, que el espectador ávido de emociones fuertes no puedo menos que aplaudir rabioso con todo lo puesto, hasta con las orejas. La certeza de que no puedan existir muchas películas más violentas que The Raid le otorga su incuestionable singularidad y, por descontado, un lugar sagrado en el moderno actioner.

JOHN WICK (Chad Stahelsk, 2014)

Caso curioso el de esta cinta: nunca llegó a estrenarse en salas de cine en España, pero sí en formato doméstico (con el título de John Wick: Otro día para matar) obteniendo tal repercusión que su secuela, John Wick: Pacto de sangre, sí que conoció estreno cinematográfico. Más allá de esta anécdota, la verdad es que el cine de acción estadounidense, por lo general bastante mojigato y a años luz de la desvergüenza oriental de productos como The Raid, dio un paso adelante con esta película en la que, esta vez sí, la acción era bastante gráfica.

Seguramente influido por el creciente auge de, precisamente, películas asiáticas de acción como la de Gareth Evans, John Wick ofrece un buen recital de muertes más o menos salvajes que hay que saber leer en su contexto: no se acercan ni por asomo a las que provienen del otro lado del mundo, pero su nivel de violencia sobresale sin duda entre las que se fabrican en su país de origen, Estados Unidos. Destacan sobre todo sus brillantemente filmadas escenas de peleas cuerpo a cuerpo, con unas coreografías contundentes y ciertamente muy impactantes.

Hardcore Henry (Ilya Naishuller, 2015)

El shooter de los videojuegos cobra vida cinematográfica…

HARDCORE HENRY (Hardcore Henry, Ilya Naishuller, 2015)

Otra locura bastante en la línea de Crank: Alto voltaje, solo que con una peculiaridad que la hace bastante única, yo diría que no solamente en el género de acción sino incluso en la historia del cine: el punto de vista durante todo el metraje es la primera persona del protagonista, perspectiva que no es abandonada desde el primer fotograma y hasta el último.

Adoptando pues con total desparpajo la narrativa de los videojuegos shooter, tanto a nivel formal como argumental, la película se convierte en una inacabable sucesión de toda clase de actos violentos explícitos: tiroteos demenciales, carreras desesperadas, y huidas imposibles que incluyen desde descuelgues por fachadas de edificios hasta saltos inhumanos. Lo que muestra Hardcore Henry redefine por completo el concepto over the top y lo adapta a las audiencias del nuevo milenio estableciendo un nuevo estándar a igualar.

Atómica (David Leitch, 2017)

Realmente sí que es atómica esta rubia…

ATÓMICA (Atomic Blonde, David Leitch, 2017)

David Leitch, que llevaba 20 años jugándose el tipo como especialista cuando co-dirigió sin acreditar John Wick, obtuvo con Atómica su primer crédito reconocido como realizador. Extraordinario debut que se basa, como no podía ser de otra manera, en unas secuencias de acción prodigiosas cuyo mayor activo es una fisicidad casi palpable: en las antípodas de una realización plagada de efectos visuales à la Michael Bay, Leitch apuesta por efectos especiales a la antigua usanza, recreados en vivo en plató.

Y claro, así le salió a Leitch esta bestia parda del cine de acción hiper mineralizado que cuenta con alguna de las secuencias más explosivas que ha dado el género en los últimos años, empezando por esa alucinante pelea en las escaleras de un edificio que parece no terminar nunca, siguiendo por la persecución en coche, y acabando por cada una de las peleas cuerpo a cuerpo. Imprescindible si se quiere entender hacia donde camina la violencia en el cine actual.

THE NIGHT COMES FOR US (Timo Tjahjanto, 2018)

Si alguna película puede alardear de acercarse a la locura sádica de las imágenes de The Raid esa es desde luego The Night Comes for Us. Lo cerca que se queda dependerá de la consideración personal de cada espectador, pero la contundencia de sus imágenes no alberga demasiado margen para las dudas: está MUY cerca. Baste decir que la película termina con una escena, ya por derecho propio inscrita en los anales del cine en el apartado de peleas interminables al ladito de la de Están vivos, en la que los dos protagonistas se sacuden tan fuerte y durante tanto rato que la cosa termina con los dos cuerpos físicamente profanados hasta límites inconcebibles.

Es solo un ejemplo, pero la película va tan cargadita de escenas al borde de lo insano que no es que tenga la “S” asegurada, es que se juega la “X” directamente: Saw VI (2009), tristemente famosa hace unos años por recibir en España la “X” reservada al cine pornográfico, es como un cortometraje del Pato Donald al lado de esta película.

Estamos pues no ante una película, sino ante un verdadero museo de los horrores, el primer grand guignol del siglo XXI. Pasen y vean, amigos y amigas, lo que un cuerpo humano puede deformarse gracias a este catálogo de sangre, crueldad, sadismo, fisuras, roturas, desmembraciones, agujeros, dislocaciones, desgarros, torceduras, quemaduras, hachazos, cuchilladas, fusilamientos, codazos, deformaciones, patadas, puñetazos y, por supuesto, un rosario inabarcable de hostias como panes.

El ojo humano no ha visto nada igual en una pantalla de cine. Y tardará en volverlo a ver.

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