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Disculpen que les hable de Javier Tolentino

Disculpen que les hable de Javier Tolentino

Si hay una voz que en nuestro país que asociemos al cine es la de Javier Tolentino, no es un doblador ni un actor sino un periodista cuya profesión y personalidad son un todo apasionado y entregado al mundo de la radio. Desde El séptimo vicio, el programa de Radio 3 dedicado al séptimo arte,

Si hay una voz que en nuestro país que asociemos al cine es la de Javier Tolentino, no es un doblador ni un actor sino un periodista cuya profesión y personalidad son un todo apasionado y entregado al mundo de la radio. Desde El séptimo vicio, el programa de Radio 3 dedicado al séptimo arte, que ha enviciado a millones de oyentes a los que ha abierto las puertas del gran cine, ese que parece pequeño hasta que Tolentino nos inocula el maravilloso veneno del cine hecho con amor y sinceridad, el periodista ha fidelizado y ampliado su audiencia sin trampa ni cartón, solo -y esto es un mundo- desde la libertad y la independencia, con un poder comunicativo propio de los grandes.

A esos formidables hombres y mujeres de la radio pública, que han transformado el medio para llevar a cada casa, y a todos los rincones de la geografía, la información, el entretenimiento y la opinión más fiable y profesional, rinde homenaje Javier Tolentino en su último libro Disculpen que les hable de la radio, editado por las editoriales Canibaal y Ocho y Medio. Se trata de un relato-manual-biografía imprescindible, que sin farragosas exégesis ni autocomplacencias, nos habla de una vocación temprana e imparable, de noches de directo al raso, entrevistas imposibles y crónicas vívidas que ya son historia de la radio. Gracias a la verdad, humildad y provechosa experiencia que rezuma la obra, el lector identifica sin más pistas la cualidad de los grandes periodistas y profesionales de la radio, esa que podría incluir al autor –malgré lui– en la lista de sus exhaustivas citas.

Como nos comenta Javier Tolentino en la entrevista que concedió a este medio durante el pasado Festival de Cannes, Disculpen que les hable de la radio es más que un libro, admite más de una lectura y es, en definitiva, una declaración de amor y agradecimiento, una cuenta saldada -por ahora- con el medio al que dedica su vida y del que puede sentirse referente.

EVA PEYDRÓ: ¿Por qué ha sido importante para ti incluir en la parte final del libro la entrevista con Eduardo Sotillos, un tótem de la radio y la información en España?

JAVIER TOLENTINO: Siempre tuve muy claro, desde el principio de la escritura del libro, que quería contar con Eduardo Sotillos, quien para mí ha sido el hombre con más poder de la radio pública española. Ha tenido una experiencia de poder político bastante importante, es el creador del concepto nuevo de Radio Nacional de España y el creador de Radio 3. Era importante ponerla al final, tras un texto sobre treinta años de la radio española, para que viéramos las opiniones de una persona que ha tenido tanto peso, y no enfrentadas a las mías, cada uno tiene su experiencia, pero me parecía bueno que el que yo consideraba así, filtrara con 14 preguntas precisas lo que yo había dicho. Con él he tenido importantes debates sobre libertad periodística, sobre los servicios informativos, el hecho de cerrarlos en Radio 3, así como el cuadro de actores, la fusión con Radiocadena Española, que supuso un debate traumático en el seno de la radio pública española. Era oportuno ponerlo al final,  porque es un suplemento para el lector, para que elabore su propia opinión entre mi propia experiencia y la del hombre que ha tenido el máximo poder en la radio española.

E.P.: Tu trabajo es más una actividad que una profesión, según tú mismo reconoces.

J.T.: Todo aquél que se acerque al periodismo desde cualquier tipo de plataforma, prensa generalista, radio, online… con predisposición de burócrata, con horario de oficina, está equivocado. Desde que te levantas estás con la actividad periodística hasta que acaba el día. Sin embargo, hay oficios y profesiones que no requieren esa implicación, hay inspectores de hacienda o comerciantes que despachan y no se llevan el trabajo a casa. Esta es mi opinión, el periodista no debe bajar nunca la persiana, y respeto a los compañeros que a las cuatro de la tarde se marchan de la redacción y dejan de ser periodistas. Yo no lo entiendo así y no puede ser así, porque el material con el que trabajas está siempre vivo y coleando, en la calle, en casa, en el bus, en el teatro o el parlamento. Un periodista no puede cerrar la puerta.

E.P.: Un aspecto muy característico de tu libro es la gran cantidad de extensas notas, ¿cuál fue tu intención?

J.T.: Dejar al texto principal que tenga su propio ritmo, su propia secuencia, y que la gente pueda seguir la lectura si no le interesa la letra pequeña. La segunda lectura es para los que quieren saber más de la historia, de los nombres que cito. Fue un debate en el seno de la editorial, pero les convencí, son casi como dos libros, tiene dos texturas, una lectura de un tirón y otra de unos trescientos nombres, menos conocidos para los oyentes, pero que considero un rasgo de justicia reconocer lo que he aprendido de ellos.

Presentación de Disculpen que les hable de la radio, en Librería Ocho y Medio (Madrid).

Presentación de Disculpen que les hable de la radio, en Librería Ocho y Medio (Madrid).

E.P.: El periodismo de Javier Tolentino podría llamarse itinerante, El séptimo vicio está presente en muchas citas culturales, festivales desde donde emites tu programa, con música, poesía… ¿Como lo concibes  dentro de esa amalgama de oferta cultural que vehiculas a través del cine?

J.T.: Yo coincido mucho, desde siempre, con la radio que se puede hacer desde cualquier parte, con el periodismo radiofónico que se aparta del estudio, por un principio fundamental, cuando los invitados,  los políticos, cineastas, deportistas, acuden a un estudio radiofónico se ponen en situación de ser entrevistados, en modo entrevistado y ya no responden desde la espontaneidad y la frescura de cuando los pillas en su entorno, su lugar de trabajo, a pie de césped o casi compartiendo debates con los demás compañeros de oficio. En principio, hay que mover la radio, porque el periodista ha de moverse. Además, me gustan los sonidos de la vida, de la radio. Si transmites desde los estudios de Cannes, además del contenido del programa, el oyente se impregna del ambiente, incluso de los fallos, que son parte del periodismo en directo, es su banda sonora.

Recuerdo que cuando murió María Zambrano -lo cito en el libro- yo tenía que entrar en un boletín, que es la máxima expresión del periodismo informativo en radio, porque no se pueden hacer juegos a lo Lynch, debes ir a “sujeto, verbo y predicado”. Era un seco día de invierno en la Castellana, la crónica salió infectada de los claxon de los coches, el tráfico, el frío… y ha habido mucha gente que ha recordado esa crónica con la sensación de que se quedaron secos esa tarde de invierno en la que murió María Zambrano. Lo decías, lo comunicabas, hablaba un familiar…, pero también notabas que la ciudad estaba más triste que nunca.

El periodismo hay que sacarlo del estudio central, aunque sea más peligroso, más arriesgado. Cuento algunas de esas anécdotas en el libro, por ejemplo, pasé con Andrés Aberasturi noches de invierno con una unidad móvil, buscando cada noche a diario un personaje de Madrid, Barcelona, Valencia, que tenías que descubrir a los oyentes, en un triple salto sin red. Creo que el reporterismo es una buena escuela para los periodistas.

La indepencia y la libertad deben formar parte del proceso periodístico, de lo contrario constituyen una pantomima que trata de convencer al otro para hurtarle y para engañarle.

E.P.: En estos momentos estamos hablando en Cannes, durante el festival más glamuroso del mundo, pero, al tiempo, en tu programa también tienen cabida los festivales pequeños con películas que no llegan a los grandes públicos y que tus oyentes pueden conocer a través de El séptimo vicio. ¿Cuál tu festival preferido entre esos que nos descubres?

J.T.: Hay varios, pero citaría dos emblemáticos, uno es el Festival de Cans -que no es el de Cannes-, un festival gallego, donde se ha logrado llevar el cine al medio rural, utilizan los tractores para llevar al público, las cuadras y pajares se convierten en salas de proyección… El otro es la muestra de cine más pequeña del mundo, en Ascaso, en pleno Pirineo, al aire libre, al final del verano, con el público en tiendas de campaña. Se ocupa un pueblo casi abandonado, que incluso se ha recuperado con nuevos vecinos, cinco o seis que ya se han instalado allí. El festival cumple un papel muy importante y da buena cuenta Radio 3, que atiende tradicionalmente al medio rural actual, no el de los aceituneros altivos sino el de hoy en día, de agricultores jóvenes del Ampurdán, de València o la Castilla profunda y que gracias a la tecnología están conectados al cine más actual y los mejores festivales, como puedan estarlo los habitantes de Madrid. Pero, sobre todo, también tienen derecho a mostrar su propio cine.

José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián piensa que hay que racionalizar los festivales, que hay demasiados, pero yo, por el contrario, opino que a nadie ofende ni hace daño que cada pueblecito tenga su festival con una línea propia de trabajo, con sus invitados, ¿acaso no hay 500 equipos de fútbol?

Javier Tolentino

E.P.: ¿Cuál sería la enseñanza que resume tu libro?

J.T.: Yo tenía que sacar ese texto, lo quería hacer desde hace tiempo. No quiero dar lecciones, habiendo tanta gente que me ha precedido, yo solo pretendo transmitir una emoción, necesitaba sacarlo y, gracias a los editores, respira mucha libertad e independencia, hablo de radio pública y en ella sigo. Me comprometo con el lenguaje, no es un texto publicitario, nadie me lo ha pedido, lo he escrito a partir de que creo que a alguien le vendrá bien, en radio pequeña o grande, me gusta sacar cuestiones a debate, en las charlas y presentaciones en universidades y otros foros adquiere un sentido.

E.P.: Tu vocación fue muy temprana, fuiste un niño fascinado por la radio, pero esa ilusión ¿en qué medida te ha decepcionado?

J.T.: El medio, nada en absoluto, solo las personas o yo mismo pueden decepcionar, porque el medio es infinito, más que el cine o la televisión. En radio no hay que encuadrar ni hacer un plano, trabajamos con el sonido, las imágenes se construyen en la cabeza, el micrófono es la cámara y el receptor es la pantalla. Si la radio es ilimitada y no se le saca el máximo provecho es responsabilidad de las personas. Cualquier cadena de radio es sonido, comunicación, lenguaje, se puede hacer mejor o peor, más o menos ajustada a como tú piensas, más o menos cultural, depende de tus gustos, los límites los pones tú , no el medio.

E.P.: Gracias a las nuevas tecnologías cualquier emisora de radio puede llegar a todo el mundo, esto importante para la gente que empieza o piensa que no necesita una gran infrastuctura, pero ¿qué mas deberían tener en cuenta a la hora de hacer radio?

J.T.: La radio hay que pensarla, reflexionarla y escribirla, no se trata de ponerse delante del micrófono y rajar. Hay que esquematizarla, hay que aprender a gestionar la radio, que por muy libre que sea no significa que sea desorganizada. Primero hay que dotarla de un organigrama, pensar a dónde quieres ir, en qué formatos -opinión, creación, información-, puedes adaptar obras literarias, crear informativos culturales alternativos, etc., pero para todo hace falta organización En principio, quizá no debería plantearse una poigramación de 24 horas, hay que saber con quién cuentas y, por supuesto, que sea profesional, la radio tiene un alto coste personal, además del otro. El punto no es que todo sea gratis, hay que aspirar a que sea profesional, a que financie tu  vida. ¿Qué llamamos profesional de la radio? no se trata solo de trabajar en una emisora, hay pruebas de ello. Profesional es el que hace de la radio un proyecto de comiunicación pensado, escrito, financiado, con un esquema de gestión, programación y relación con los profesionales que la forman. La radio necesita un director de la emisora, que asuma el liderazgo y las decisiones de su propio consejo de dirección o programación.

E.P.: Curiosamente, acabamos de ver Hacia la luz, de Naomi Kawase, un filme protagonizado por una audiodescriptora de películas, ello me lleva a considerar la dificultad de hacer ver el cine desde un programa de radio.

J.T.: Esto es posible porque el lenguaje va mas allá de una nota escrita, la palabra convoca las ideas, expresa el pensamiento. Un cronista de internacional emitiendo desde Beirut provoca en el oyente imágenes, cada vez que construimos ideas, paisajes, películas, música, creamos expectativas de imagen que van más allá de las obtenidas por una cámara de cine o de fotografía. Lo vemos en Kiarostami, su cine lo sabe muy bien: una imagen fija convoca un montón de cosas, la nieve, oscuridad, miedo, soledad de un pueblecito en la nieve persa, lo puedes invocar todo desde la palabra. Hablar de un disco y mostrarlo es fantástico, pero nosotros hablamos y opinamos, debatimos de cine, informamos, pero convocamos  a los oyentes y filmotecas para proponer esas películas de las que hablamos, para que tengan la oportunidad que tienen nuestros compañeros con la música.

E.P.: ¿Qué opinas sobre las plataformas digitales que llevan el cine a cualquier lugar ?

J.T.: Desde el principio he colaborado con una de las pioneras, 400 Films, porque estoy convencido de que es una forma de democratizar el cine. Hay que reclamar que el cine deba verse en las salas, ¿pero, en cuáles, cuando en España han cerrado tantas y la mayoría de ciudades y pueblos no tienen acceso a ellas?.  Y más difícil aun es acceder al cine de autor o minoritario. ¿Qué pasa también con el mundo rural? que llegan las plataformas online para no necesitar la distribución tradicional, que todavía tiene derechos casi medievales, y poder acceder legalmente al lbuen cine desde cualquier parte.

Foto cabecera ©Nacho Jordá.

Eva Peydró
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