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62 Festival de San Sebastián #1 Denzel Washington, Dolan y Rodríguez

62 Festival de San Sebastián #1 Denzel Washington, Dolan y Rodríguez

San Sebastián  nos recibió tan cálido como un verano indio y el programa del 62 Festival de cine nos acogió con propuestas autorales y sugestivas. Hasta el día 27, el Festival de San Sebastián nos trae a Bille August, Carlos Vermut, François Ozon, Danis Tanovic, Cédric Kahn, Cristián Jiménez, Isaki Lacuesta, Luis Miñarro y Mia

San Sebastián  nos recibió tan cálido como un verano indio y el programa del 62 Festival de cine nos acogió con propuestas autorales y sugestivas.

Hasta el día 27, el Festival de San Sebastián nos trae a Bille August, Carlos Vermut, François Ozon, Danis Tanovic, Cédric Kahn, Cristián Jiménez, Isaki Lacuesta, Luis Miñarro y Mia Hansen Løve, entre otros directores que prometen saciar a los cinéfilos. Como siempre, sin embargo, todo está por ver.

Si tuviéramos que juzgar por la película inaugural, nos iríamos a casa, lejos del Kursaal, los pintxos y la Concha, para no volver a ver nada parecido a The Equalizer (El protector). La película, protagonizada por Denzel Washington y  dirigida por Antoine Fuqua, que ya trabajaron juntos en Training Day, está basada en la serie popular en EEUU en los años ochenta, sobre un agente retirado de la CIA, que vive con austeridad monacal, pero conserva una gran sensibilidad al crimen y la violencia. Un vengador justiciero que, como un Superman cualquiera, tiene un trabajo normal y anodino (en una ferretería de gran superficie), desplegando cuando es necesario una dotes de lucha cuerpo a cuerpo y técnicas de deducción casi paranormales. El superlativo paternalismo, disfrazado de buena intención y la enfatización a base de ralentís, efectos de lluvia, clichés de buenos y malos, jerarquías y redenciones  fue bigger tan life y, por tanto, estomagante.

Fuqua no ha escatimado en el impacto visual del film, deudor del imaginario cinematográfico y pictórico (el dinner à la Hopper es uno de los decorados principales). Insiste, igualmente, en la dicotomía día/noche para remachar esa doble personalidad de su protagonista, tan próxima a los superhéroes. La acción es desatada por una joven prostituida por la mafia rusa (Chloë Grace Moretz), que una vez cumplido su cometido en cuanto a la morfología del relato, se ausenta durante casi todo el metraje, para aparecer, únicamente, en la secuencia final y corroborar la labor redentora del héroe en ratos libres. Ni entretiene.

El público lo pasó bastante mejor con Mummy, de Xavier Dolan, presentada en la sección Perlas, que ya reseñó EL HYPE en su estreno en el Festival de Cannes. Para la cronista fue el tercer visionado de la película y no cambiaría una coma, al contrario,  se ratifica y disfruta una vez más. Pocos directores actuales tienen la capacidad del joven canadiense para aportar una visión tan pegada a la piel de los protagonistas, que viven un conflicto familiar a causa del trastorno mental del hijo adolescente. La relación apasionada de amor-odio, desesperación y renovación de las esperanzas de la madre sola, apabullada por las conductas que no puede manejar es espléndidamente descrita, sin blancos y negros, en una variedad de matices tan ciertos como la pura contradicción de la vida real.

El esplendor visual y musical de las obras del prodigioso Dolan lleva incluso en esta ocasión un acertado juego con el formato de pantalla que, como todos los aportes de sus películas narra, enriquece la coherencia del producto final y demuestra con qué clase de director nos enfrentamos: uno que se divierte y que filma como respira, sin miedos ni límites. Espléndido todo el reparto con ese dúo de virtuosas que son Anne Dorval y Suzanne Clément, así como el adolescente Antoine Oliver Pilon, cuya interpretación nos lleva de la compasión y la ternura al miedo, en un torbellino inquietante.

El cine español ha estado representado en Sección Oficial el primer día del certamen por La isla mínima, de Alberto Rodríguez (Grupo 7). Un thriller canónico, ambientado en las marismas del Guadalquivir, en 1980, albores del postfranquismo, una contextualización nada banal, que aporta a la trama el regusto de las maneras enquistadas y díficiles de cambiar de la oligarquía, las primeras huelgas de jornaleros y el díficil tránsito de los miembros de las fuerzas armadas hacia la democracia.

Inspirada, sin duda, en los crímenes de Alcàsser, La isla mínima representa un paso adelante en ese cine de calidad, que la taquilla también agradece, concebido con ambición y talento. La interpretación de Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, como los policías llegados de Madrid para investigar la desaparición de dos adolescentes, es excelente, real y matizada en cuanto a la diferente filiación y extracción de ambos, su tolerancia y aceptación, con una química de buddies y un aire a lo True Detective innegable. Antonio de la Torre encarna con una verosimilitud impresionante a un ejemplar humano del biotipo, duro, desesperado y básico en su personalidad, mientras que Manolo Solo representa a un periodista de El Caso, personaje inseparable de la escena criminal de la España franquista y primeros años de la democracia, con una hondura y sencillez remarcables.

La isla mínima, (2014, Alberto Rodríguez)

El desarrollismo, el boom turístico de la Costa del Sol, el caciquismo, la rebelión de los trabajadores del campo y la falta de horizontes de una sociedad condenada a la miseria y la endogamia aparecen en tramas secundarias bien tejidas con el argumento principal, consiguiendo atraparnos en una atmósfera de impotencia y oscuridad asfixiante. Uno de los aciertos del director es el recurso a los planos aéreos, la infografía de los créditos y algunas secuencias, que nos recuerda, por si lo podíamos olvidar, que estamos inmersos en un espacio mínimo, de gente en miniatura, peones, hormigas sin libre albedrío movidas por planes predeterminados que les son ajenos.

Alberto Rodríguez huye en lo posible del componente morboso, para centrarse en la acción, sus orígenes e implicaciones, valorando lo humano y teniendo siempre en cuenta ese mundo que hay alrededor y solo se ve al tomar distancia.

Todas las crónicas del 62 Festival de San Sebastián, aquí.

Eva Peydró
ADMINISTRATOR
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