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Me llamo Bond, chica Bond

En Cine y TV 29 September, 2021

Aníbal Moltó Barranco

Aníbal Moltó Barranco

PERFIL

Hermosas, sensuales, ocasionalmente peligrosas… Las chicas Bond son elemento indispensable dentro de la saga más longeva del cine. Estas mujeres, amantes, camaradas o enemigas, compañeras o rivales, han dejado claras dos realidades: que 007 debe tener una larga lista de hijos ilegítimos y de enfermedades venéreas y que su importancia está por encima de las armas, los gadgets o los prodigiosos automóviles.

Durante más de 50 años, James Bond ha salvado al mundo junto a  innumerables compañeras, cuya esencia ha ido evolucionando progresivamente. A lo largo de sus 25 entregas, sus perfiles, habilidades y roles han ido modificando y adaptando a los ajustes de cultura heteropatriarcal. En este post, analizaremos no solo la evolución de su figura, sino también la de su relación con Bond, así como la de su importancia dentro de la saga.

Antes de abordar los rasgos característicos de las mujeres de la etapa de Sean Connery, hay que examinar la cuestión del trato que en ella les dispensa Bond. Si por algo destacan los filmes de esta fase, es por su marcado contenido de violencia machista: palmadas en el trasero, bofetadas o estrangulamientos, son tratados con naturalidad e incluso con humor, banalizando comportamientos agresivos hacia las mujeres.

Oficialmente, la primera chica Bond fue Ursula Andress, interpretando a Honey Ryder, emergiendo del mar cual Venus destilando sensualidad, ns uno de los momentos más recordados de la saga. Su figura, acumula muchos elementos de la cultura heteropatriarcal del momento. Además de la sobre-sexualización de su imagen, combina su belleza de mujer adulta con la personalidad de una niña, encarnando a una inocente joven que vive de recoger conchas.

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Ursula Andress como Honey Ryder en Dr. No (1962)

Habrá ido a algún colegio…

No lo necesité, tengo una enciclopedia. A los ocho años empecé en la A y ya estoy en la T

Honey es una especie de pequeña salvaje, con el cuerpo de una escultural vikinga. A su lado, está Bond, un hombre de formación superior, cuyo trato hacia ella se caracterizará por una marcada condescendencia paternalista. Ryder encarna a una niña atrapada en el cuerpo de una atractiva mujer y Bond utilizará  su madurez viril, para convertirla en su pasatiempo.

Un caso similar lo encontramos en Desde Rusia con amor (From Russia with Love, Terence Young, 1963) en el personaje de Tatiana Romanova, interpretado por Daniela Bianchi, una agente soviética de lo más peculiar: frágil, dócil, ingenua, asustadiza sumisa y algo boba, que actúa engañada, trabajando para la organización SPECTRA.

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Daniela Bianchi como Tatiana Romanova en Desde Rusia con amor (1963).

Como antítesis, encontramos en el mismo filme a la generala Rosa Klebb (Lotte Lenya). Una mujer entrada en años,desagradable, de semblante masculino, personalidad odiosa, y tremendamente perspicaz. No es casualidad, que siendo estricta e inflexible y con una elevada posición de responsabilidad, sea mostrada con semejantes rasgos. El modelo femenino del momento era de personalidad obediente y sumisa y Klebb, al encarnar a una villana, le corresponde el arquetipo de mujer nada deseable para el patriarcado.

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Lotte Lenya como Rosa Klebb en Desde Rusia con amor (1963).

Otro caso interesante  es el de Pussy Galore, interpretada por Honor Blackman en James Bond contra Goldfinger (Goldfinger, Guy Hamilton, 1964). De mirada felina, haciendo honor a su nombre (como eufemismo), es una servidora del enemigo, la piloto personal de Goldfinger, que se presenta a sí misma como inmune a los encantos masculinos. Tanto su lealtad al adversario de Bond, como su resistencia sucumben irremediablemente ante los encantos de 007.

Aunque ella deja claro su rechazo, después de un juego de llaves de judo, Bond la fuerza, y a pesar de que se resiste, finalmente, claudica experimentando un viraje hacia el bando del bien, cómo no, tras una sesión de sexo apasionado con Bond. Aunque algunos dirán que Galore acepta el hecho de que se siente atraída por él, otros verán en ello  un claro caso de violación, en el que a ella las fuerzas le abandonan  no quedándole más remedio que rendirse.

Jill Masterson, interpretada por Shirley Eaton, pese a la brevedad de su personaje en Goldfinger, se convirtió en todo un icono de la saga. Jill juega el rol de acompañante del malvado y de caballo de Troya a la hora de hacer trampas al póker. Tras su primer contacto con Bond, queda fascinada por su carisma, lo que la conduce a vivir con él un affair inmediatamente. Sin embargo, su breve romance finalizaría con su asesinato a manos de Odjob, sicario personal de Golfinger, mediante asfixia cutánea.

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Shirley Eaton cubierta de pintura dorada en una de las escenas más icónicas de la saga Bond.

Vemos así, por primera vez, la muerte de una mujer como consecuencia de haber tenido una aventura con James Bond, imagen ante la que el espía se muestra impasible, frío, emocionalmente inmune, poniéndose de manifiesto que, para él, las mujeres son solo un divertimento desechable. Esta actitud insensible e indiferente no se circunscribe únicamente a 007, sino también de M, jefe del MI6, quien le reprende, no por la muerte de la joven, sino por la huida de Goldfinger.

Llegó 1973 y Connery colgó el esmoquin, dando paso a Roger Moore. En esta fase, la inmensa mayoría de las protagonistas fueron grandes compañeras de aventuras, más que damiselas en peligro. Destacaron  por estar provistas de grandes dotes profesionales, como la Dra. Holly Goodhead (Lois Chiles), científica espacial en Moonraker, o Satcey Sutton (Tanya Roberts) la geóloga de Panorama para matar, cuyos conocimientos en sus respectivos campos fueron clave para que Bond cumpliera sus misiones satisfactoriamente.

Además de grandes eruditas, esta saga contó con grandes heroínas de acción, como Melina Havelock (Carole Bouquet), una joven griega sedienta de venganza, cuyas habilidades con la ballesta fueron de gran ayuda en Solo para sus ojos o como en el caso de Anya Amasova (Barbara Bach) en La espía que me amó, una agente del KGB cuyo carácter y extraordinaria belleza le permitieron ocupar, dentro del ranking de la revista Entertainment Weekly, el quinto puesto de las Bond girls más populares.

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Carole Bouquet en Solo para sus ojos (1981).

No obstante,  si hubo una chica Bond que rompió cánones en esta subsaga, esa fue May Day (Grace Jones). Su constitución atlética, 1’79 metros de altura, piel oscura y ambiguos ademanes la convirtieron en la Bond girl más recordada de este período. Sin embargo, una mujer de estas características nunca podría haber pertenecido al bando de los buenos, de ahí que su rol fuera el de amante y naturalmente esbirra del malvado. En contraposición, está Stacey Stutton, mujer blanca, rubia de ojos azules, y muy femenina, que puso de manifiesto que la saga aún no se había desprendido del sexismo y mucho menos del racismo.

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Max Zorin (Christopher Walken) y May Day (Grace Jones), villanos principales de Panorama para matar (1985).

La fase de Timothy Dalton fue breve y, sin embargo, la imagen de las chicas Bond, presentó cambios de enorme relevancia. Dalton destacó por ser el menos seductor de la saga. De hecho, la fase Dalton es la única donde no le vemos manteniendo relaciones sexuales. Este nuevo Bond se presentaba más como un sicario que como un galán, haciendo desaparecer el cortejo y su relación con las mujeres fuera menos física.

Uno de los más grandes, fue el relevo de Moneypenny, de Lois Maxwell a Caroline Bliss, de apariencia más juvenil. Por primera vez, su coqueteo no era respondido por 007, siendo este consciente de que ambos eran compañeros de trabajo y de que la supera ampliamente en en edad.

Dada esta relación más fría con las mujeres, las chicas Bond elegidas destacaban más como camaradas, que como amantes. Kara Milovy (Olivia D’Abo) constituyó un símbolo de esta nueva tendencia, una violonchelista novia de un militar soviético corrupto, o la agente Pam Bouvier (Carey Lowell),  ambas con una belleza menos explosiva y con una relación mucho más profesional con Bond.

Pierce Brosnan sucedería a Dalton en Goldeneye, siendo, para muchos críticos, el Bond que mejor encarnaba la esencia del agente que Ian Fleming imaginó. Si bien, en esta fase, su trato con las mujeres, en general, volvería a basarse en el cortejo,no siempre fue así, tanto cualitativa como funcionalmente.

En primer lugar, se produjo el cambio más radical hasta entonces: el nuevo rostro del jefe del MI6, interpretado por Judi Dench. James Bond se pondría así, por primera vez, a las órdenes de una mujer, aunque mostrándose inicialmente reacio aceptar su autoridad, debido a discrepanacias respecto a sus métodos. No obstante, ante su actitud, ella pone de manifiesto quién ejerce el mando, reprochándole, además, su misoginia.

Por otro lado, apareció en escena una de las más revolucionarias chicas Bond de la saga: Xenia Sergeyenva Onatopp (Famke Janssen). Esta ex piloto de caza soviética, combina belleza con un sádico instinto criminal nunca antes visto en la saga, una asesina que no se vale únicamente de armas de fuego para abatir a sus víctimas, sino también medieante la estrangulación con sus muslos durante el acto sexual. Si bien no fue la primera vez que se veía a una mujer jugar el rol de esbirro, ninguna resultó tan mortífera como Onatopp.

Xenia se convirtió en toda una némesis para el espía, presentándose como un personaje de acción más, siendo también la primera en mostrar un orgasmo en pantalla. Todos estos elementos hicieron que ella, entrara en la lista de las Bond girls más recordadas, según Entertainment Weekly.

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Famke Janssen como Xenia Onatopp en Goldeneye (1995).

Por otro lado, la figura de Moneypenny protagonizaría otra de las transformaciones más interersantes del film. Siendo la relación de la secretaria de M y Bond una combinación de tensión sexual no resuelta, amor platónico y cordialidad, con una importante presencia de inocentes flirteos, en Goldeneye se le dio un giro de 360º, apareciendo ella vestida de noche, después de una cita con otro caballero, cansada de intentar impresionar a Bond. Acto seguido, tras un inapropiado comentario por parte del agente, Moneypenny le advierte que esas actitudes podrían considerarse acoso sexual. Deja así de ser una mujer-juguete para convertirse en una mujer más independiente y segura de sí misma. Por desgracia, este cambio no perduraría, ya que durante los tres filmes siguientes, Moneypenny seguiría bebiendo los vientos por 007.

El mundo nunca es suficiente (The World Is Enough, Michael Apted, 1999), fue una cinta muy interesante respecto al tema de la sumisión a través de  la figura de tres chicas Bond muy diferentes. La primera en aparecer fue la doctora Warmflash (Serena Scott Thomas), médico residente del MI6, quien reacia a conceder el alta médica a Bond tras sufrir una grave lesión, cambia completamente de opinión cuando sucumbe a los encantos de 007, dejándose convencer por la voluntad de su amante.

En contraste, encontramos a Elektra King (Sophie Marceau), una chica Bond radicalmente alternativa. A lo largo del film, se induce a pensar que el malvado principal es Renard y ella sin embargo una frágil damisela que precisa de protección. Finalmente, se desvela la verdad, es ella quien está detrás de todo y Renard no es sino una simple marioneta. Asi, por primera vez, dentro del bando anti-Bond, el liderazgo cambiaba de género, dando paso a una concepción muy novedosa respecto al papel de la mujer en la franquicia.

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Sophie Marceau como Elektra King en El mundo nunca es suficiente (1999).

Fría y calculadora, capaz de manipular tanto a Bond como a Renard para alcanzar sus objetivos, consiguió poner al héroe contra las cuerdas hasta el extremo de estar a punto de matarle con una silla-garrote vil. A diferencia de Warmflash, ella, como villana, no se deja manipular con el sexo, siendo ella quien controla a los demás a través del erotismo. Hambrienta de poder, pone de manifiesto sus dotes para la manipulación y el control. Su belleza y carácter hacen de ella un arma mortífera capaz de llevar a millones de personas a una muerte casi segura.

¿No lo entiendes? Nadie se resiste a mí

Sin embargo, el sexismo se impuso al argumento, negándole a King el final propio de los villanos de la saga. Si bien estos, generalmente, morían al final del filme, justo después de sus esbirros, en este caso fue al revés. Su muerte se produce antes de la de Renard, como si ella ejerciera un rol secundario.

En oposición a King, está la doctora Christmas Jones (Denise Richards), con quien Bond entabla el romance final. Joven y con unas medidas de infarto, esta física nuclear es una combinación entre la Dra. Goodhead y Pussy Galore: una científica atractiva y competente, pero inaccesible y ajena a los encantos masculinos. No obstante, pese a dejar claro a Bond, en su primer encuentro, su falta de interés hacia el mundo masculino, el hecho de haber sido rescatada por él conlleva una buena sesión de sexo como compensación. Son muchos pues los recursos de 007, y así se hace evidente que si James Bond no consigue seducir con su atractivo, lo hace con otras dotes.

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Denise Richards como Christmas Jones en El mundo nunca es suficiente (1999).

Como puede verse, en esta cinta, el arquetipo de mujer honesta se caracterizó por ser fácilmente manipulable y sumisa. Warmflash y Jones son presentadas como ejemplares al dejarse seducir por James Bond, mientras que King encarna la maldad ejerciendo el papel de mujer independiente, manipuladora y dominante. En el mundo Bond, si una mujer seduce y manipula a un hombre para conseguir sus propios intereses se trata inequívocamente de una villana, pero si lo hace un hombre a una mujer, él es indiscutiblemente un héroe.

La película Muere otro día (Die Another Day, Lee Tamahori, 2002)  destacó más por la exagerada concentración fan service que por su calidad. No obstante, pese a su evidente mediocridad, presentó un cambio muy significativo para la saga. Su protagonista femenina, Jynx (Halle Berry,) no fue la primera chica Bond de piel oscura, pero sí fue pionera al ejercer un rol de mayor relevancia, siendo su compañera principal en esta entrega, así como su amante final. En contraposición a Jynx, se encuentra Miranda Frost (Rosamund Pike), esbirra del malvado, con una belleza  tradicionalmente más asociable a la de las Bond girls: rubia, blanca y de ojos claros, suponiendo así una subversión total de los roles femeninos que pudieron verse, por ejemplo, en Panorama para matar, siendo, en este caso, la heroína una mujer negra y dura y la villana blanca, rubia y femenina.

Cuatro años después de que Brosnan renunciara a la liencia para matar, Daniel Craig tomaría el relevo en Casino Royale (Martin Campbell, 2007), una cinta que supuso un soplo de aire fresco para la saga, desmontando tópicos y clichés propios de la franquicia. Una de las transformaciones más destacadas fue el cambio de tornas en lo relativo a la sexualización. Si bien, hasta entonces, las mujeres aparecían, ocasionalmente, desnudas o semidesnudas, en este caso la erotización recayó en la figura de Bond, en una escena, en la que, al igual que en Muere otro día, se homenajea a Ursula Andress, haciendo hincapié en la musculada y mojada anatomía de Craig.

Esta nueva tendencia pudo verse también  en las chicas Bond, especialmente en la interpretada por Eva Green. Su personaje, Vesper, es uno de los más carismáticos de la saga, dotado de una potete personalidad y un papel revolucionario en la franquicia. Tal fue el impacto que, hasta la fecha, es la única chica Bond en contar con un tema musical compuesto para ella.

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Eva Green como Vesper Lynd en Casino Royale (2006).

Vesper Lynd es un personaje único, pionero en muchísimos aspectos. En su primera escena, Bond la identifica como una posible conquista. No obstante, tras un comentario condescendiente acerca de su nombre, Lynd le sorprende con su actitud, empeñada en que la tomen en serio, demostrándole que belleza e inteligencia no son virtudes reñidas entre sí.

«No sería aventurado imaginar que para usted las mujeres son de usar y tirar y no un valioso compromiso»

Su carácter pionero no acabó aquí, ya que también fue la primera mujer en salvar la vida a Bond. La integridad del agente británico nunca dependió tanto de una mujer hasta el momento en el que Vesper activó los electrodos que evitaron que 007 muriera de un paro cardíaco.

Por otro lado, fue también pionera en enamorar a Bond, hasta entonces incapaz de declararle su amor a una mujer, sentimiento que se volvería posteriormente contra él cuando ella le traicione y se suicide. Estas circunstancias harán que durante el siguiente filme, Quantum of Solace, Bond desarrolle una enfermiza obsesión por ella, amándola y odiándola al mismo tiempo. Si hasta entonces el efecto de las mujeres en Bond fue pasajero, el de Vesper fue permanente. En este sentido merece mención aparte 007 al servicio secreto de su majestad, protagonizada por George Lazenby, caso insólito en el que Bond contrajo matrimonio con Teresa (Diana Rigg), cuya trágica muerte sin embargo, no pareció afectarle en entegas posteriores, tanto al menos como lo hizo la de Vesper.

Su sucesora, Camille, interpretada por Olga Kurylenko, supuso también un cambio importante en el paradigma de Bond girl, presentándose como un reflejo de 007:  una mujer torturada y sedienta de venganza. Ambos conectan emocionalmente, unidos por el dolor y la solidaridad, finalizando su aventura sin sexo, simplemente sellando su vínculo con un casto beso, más fraternal que amoroso.

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Olga Kurylenko en Quantum of Solace (2008).

No obstante, esto no significa que Bond no gozara de la compañía física de una bella mujer, logrando seducir a Strawberry Fields (Gemma Arterton), empleada del Servicio Secreto Británico. Su relación, al igual que con Jill Masterson, la llevaría a su asesinato, ahogada, en este caso, en petróleo.

Sin embargo, la reacción, tanto de M como de Bond, es en este caso completamente distinta a la vista en Goldfinger: el agente se enfurece y su jefa le reprende, haciéndole consciente de las catastróficas consecuencias de su actitud respecto a las mujeres. Su reprimenda además no se circunscribe a las palabras, llegando a suspender de empleo a Bond. Acto seguido, él pide a M que destaque la valentía de Fields en su informe.

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Gemma Arterton cubierta de pintura negra homenajeando a Shirley Eaton en Quantum of Solace (2008).

«Mira lo que provoca tu carisma, James»

Cuatro años pasaron hasta el estreno de Skyfall (Sam Mendes, 2012), una de las entregas mejor recibidas por el público. La cinta destacó por ahondar en la faceta más humana de James Bond, desmitificándolo y dándole un aspecto más decadente. Respecto a las chicas Bond, éste es el filme en el que menos presencia tienen en toda la franquicia.

No obstante, hay aspectos que sí son destacables. La primera, y con menor metraje, es Sévérine, interpretada por por Bérénice Marlohe. Siendo una víctima de violencia sexual, una mujer explotada en un burdel y posteriormente por el villano, acaba muriendo a manos de su agresor en unas circunstancias en la que héroe y villano se la juegan como si fuera una pieza de caza. Esta crítica es algo inédito en el mundo 007, mostrándose asíel drama social de la esclavitud sexual por primera vez en esta franquicia.

Otra transformación, de cariz más revolucionario, fue la de figura de Moneypenny (Naomi Harris), de una forma nunca antes vista. En primer lugar se le dotó de identidad, asignándole un nombre de pila, pasando de ser simplemente Moneypenny a Eve Moneypenny.

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Naomi Harris como Eve Moneypenny en Skyfall (2012).

Sin embargo, este no fue el único cambio. Moneypenny dejó de ser secretaria para ejercer como compañera de misiones de Bond, cambiándose la dinámica entre ellos. Esta radical reinterpretación ha sido, posiblemente, el mayor avance en la conceptualización de la mujer en la saga 007.

Pero si para Moneypenny Skyfall supuso un ascenso, para Judi Dench implicó su fin como lideresa del MI6. Esta entrega supuso la culminación de su personaje, dotándola de un mayor protagonismo, mediante una subtrama en la que debe enfrentarse a sus detractores, como consecuencia de sus decisiones. Su relación con Bond alcanzó el clímax, volviéndose paulatinamente más personal, basada en la admiración y el respeto mutuos.

Spectre no destacó por romper moldes respecto a las chicas Bond. Su primera amante fue interpretada por Monica Bellucci, actriz que, según los fans, tardó demasiado en ejercer este papel. Fue la mujer con mayor edad en interpretar a una chica Bond, aportando un nuevo canon de belleza. Si bien si su personaje no presentó una evolución del perfil de las chicas Bond, fue la propia Bellucci, quien, en una entrevista se definió no como chica Bond, sino como mujer Bond, tal vez buscando reducir el paternalismo vinculado a estos personajes.

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Monica Bellucci en Spectre (2015).

Lo que resulta innegable a lo largo de la saga es que las chicas Bond representan fielmente la evolución de los roles de género durante de los últimos cuarenta años. Aunque es posible que haya escenas que provoquen sonrojo o indignación, especialmente en las primeras entregas,  pueden sin embargo, resultar útiles para adquirir una perspectiva amplia de los desafíos que ha presentado en este período la lucha por la igualdad de género, tanto aquellos que se han superado como aquellos que no.

La saga Bond ha sabido adaptarse paulatinamente a los nuevos tiempos en su enfoque respecto a las mujeres, atrofiando su machismo gradualmente durante más de cuarenta años hasta convertirse incluso recientemente en un medio reivindicativo del Día de la Mujer Trabajadora, denunciando la desigualdad sexual en el Reino Unido en un spot donde 007 viste ropa femenina.

Sin tiempo para morir (No Time to Die, Cary Joji Fukunaga, 2020) se estrena el próximo 1 de octubre, con un espectacular reparto femenino ¿Cuál será el rol de sus personajes en esta nueva aventura?

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