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Música

La varita y el tocadiscos: embrujos en estéreo

En Move your soul, Música 17 September, 2019

Óscar Carrera

Óscar Carrera

PERFIL

Brujitos y brujitas. ¿Qué haríamos sin ellos? ¿Adónde irían los talleres de reiki o aromaterapia? ¿De qué se alimentaría el tarotista? Esta nueva especie, surgida en el siglo XX y a la vez vieja como el sol, guarda similitudes con la estrella de rock’n’roll. Ambos presumen de poderes extraordinarios para calar en criaturas influenciables.

Ambos tienen carta blanca para el comportamiento más chamánico, porque se mantienen en contacto con una fuerza trascendente que lo justifica (Charly es Charly, es un genio, es Dios, apuesta el refranero argentino). Sorprendería, entonces, que no existieran personajes dedicados a fusionar ambos mundos. Compensar la falta de inspiración musical con la inspiración divina es un combo demasiado redondo, por lo que nos reduciremos a artistas que no suenan del todo mal.

El tarot de Walter Wegmüller

Este místico y pintor suizo afirmaba tener orígenes gitanos y practicaba las artes adivinatorias con un tarot psicodélico que había diseñado él mismo en torno a 1968. No había mejores credenciales para capitanear un álbum electrónico dedicado a los Arcanos Mayores: Tarot (1973).

El tarot de Walter Wegmüller.

El proyecto, que incluía la atmósfera intergaláctica y los recitados misteriosos de rigor, fue propulsado por Timothy Leary, entonces exiliado en Suiza, e involucró a músicos de Ash Ra Tempel y Wallenstein, amparados por la disquera Kosmische Musik de R-U Kaiser. Tras su lanzamiento, en 1973, no volvimos a oír hablar de Wegmüller hasta casi diez años más tarde, cuando publicó un tratado sobre su concepción personal del tarot, titulado Tarot para la Nueva Era (Neu-Zeit Tarot).

Otros trabajos reseñables sobre este método adivinatorio, aunque de manos profanas, son 7 Trumps From The Tarot Card And Pinions (1969), de la compositora electrónica Ruth White, o The Mystical Powers of Roving Tarot Gamble (1968), de los bubblegum The Queen’s Nectarine Machine.

El zodíaco de Saturnalia

El único disco de Saturnalia (Magical Love, 1973) fue grabado bajo los mejores auspicios zodiacales y venía acompañado de un libreto de 28 páginas detallando el signo astrológico, el elemento (fuego, aire…) y los rasgos de personalidad de cada uno de sus miembros, además de divagaciones cosmológicas o sobre el amor libre. Un producto con portada en 3D que podría ser tildado de kitsch, algo más serio que los de Lemming pero igualmente sintomático de una época.

Paradójicamente, Magical Love no tuvo demasiada suerte. Existe el bulo de que fue grabado en 1969; también nosotros caímos, dado el esoterismo hippiesco que destila. Desde luego, la clarividencia no era lo suyo.

La santería de Desi Arnaz

Incluso los lugares más insospechados pueden ser escenarios de oscuros ritos. Cuando Ricky Ricardo (Desi Arnaz) se arrancaba, con sus congas, a interpretar una canción en español criollo en la popular serie cómica I Love Lucy, de los años cincuenta, casi nadie se paró a pensar que era un homenaje a una deidad yoruba.

Lester Sumrall. Witch Doctor. Psicodelia

El misionero Lester Sumrall nos advierte de los brujos africanos.

«Babalú» está asociado a las enfermedades contagiosas y es particularmente venerado en la santería cubana. Los procedimientos de su ritual se describen en la letra: diecisiete velas, un chupito de aguardiente…

Los ritmos de conga de la canción se emplean en el culto santero a Babalú. La compositora Margarita Lecuona era, como Arnaz, de origen cubano; ambos alcanzaron gran éxito en Estados Unidos y muchos de sus compatriotas creían explicarse por qué.

La videncia de Frances Baskerville

Ciertas «sensitivas», como Barbara The Gray Witch y Louise Huebner, «la única Bruja Oficial de L.A.» (y del mundo), ponían a circular hechizos en spoken word en el pujante mercado esotérico de finales de los sesenta. Frances Baskerville Cannon fue un paso más lejos: cantaba sus propias predicciones.

Frances adquirió poderes psíquicos después de que un camión la atropellara en 1979. Desde entonces se dedicó a mover objetos por levitación a cientos de kilómetros y a rescatar a niños y mayores (más de nueve mil), declarándose la mejor localizadora de gente en el estado de Texas. Decía haber alcanzado popularidad entre las estrellas: Michael Jackson le habría ofrecido un jet privado para que fuera a leerle las cartas.

En sus ratos libres, The Singing Psychic planeaba ganar el campeonato del mundo de ajedrez por poderes extrasensoriales, o grababa álbumes en los que revelaba al mundo la existencia de naves extraterrestres en nuestro planeta, lo que de verdad sucedió el día de la muerte de Kennedy, la reconciliación de Marvin Gaye con su padre o que California sería tragada por el océano.

La pureza de Gandalf the Grey

La brujería no solo ha inspirado música, sino también portadas de discos, desde por lo menos los tiempos de Ruth Welcome o Nelson Riddle. Pero, tras bucear entre decenas de álbumes presuntamente «embrujados», acabamos por sentir que faltaba algo: un brujo de verdad entre tanto olor a impostura.

Finalmente lo localizamos en la cubierta de esta rareza (The Grey Wizard Am I) autoeditada en 1972 por un tipo que firma como Gandalf pero nació como Chris Wilson. En 1987 volvería a insistir con Wizard, y en 2001 nos hará partícipes de sus Conversations With Mom (And Dad).

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