Lluís Miñarro, director de Emergency Exit, no es solo un nombre fundamental del cine independiente español: es uno de los últimos agitadores auténticos del cine europeo. Productor de autores que redefinieron el lenguaje contemporáneo —de Apichatpong Weerasethakul a Manoel de Oliveira, de Albert Serra a Naomi Kawase— y responsable de algunos de los experimentos más libres surgidos desde la periferia creativa de Europa, Miñarro ha construido una carrera que desafía sistemáticamente las expectativas del mercado, las modas críticas y las reglas de la industria.
Su nueva obra, Emergency Exit, estrenada en el apartado más radical del Festival Black Nights de Tallinn (Rebels with a Cause), confirma esta militancia estética. Concebida como una road movie existencial atrapada en un autobús sin destino, poblada por un casting celestial: Oriol Pla, Emma Suárez, Albert Pla, Marisa Paredes, Arielle Dombasle, Francesc Orella, Myriam Mézières, Aida Folch… interpretando sus propias versiones fragmentadas, y filmada con una estilización retro que evoca tanto a Buñuel como al cine artesanal de los años 70, la película funciona como un espejo deformante de nuestras obsesiones, nuestras máscaras y nuestra incapacidad de asumir la finitud.
En un momento en el que el cine global comulga con la digestibilidad, la explicación y el control del mensaje, Miñarro continúa trabajando en dirección opuesta: abraza el misterio, lo excesivo, lo que no encaja. Emergency Exit no busca complacer ni convencer; quiere inquietar, seducir y cuestionar el relato seguro que nos contamos para soportar el viaje.
Con esa mezcla de candor, lucidez y audacia que lo caracteriza, Lluís Miñarro conversa con El Hype sobre esta deriva hacia lo desconocido.
Un autobús hacia ninguna parte
Emergency Exit es una película muy libre que vibra en su propia frecuencia —como es habitual en la filmografía de su director— y escapa de las narrativas seguras y de los formatos reconocibles. Narra una especie de tránsito, una travesía hacia una laguna Estigia contemporánea. Ese autobús sin rumbo es también una metáfora del mundo; lo hemos visto como un inventario de deseos, con personajes múltiples, muy diversos, casi como una caravana de almas. ¿Esta película sería una lectura generacional, una crítica social o más bien una reflexión más íntima sobre el paso del tiempo? Miñarro nos lo confirma: «Podría ser las tres cosas, pero creo que la última es la más adecuada, pero también es una visión y no personal, también colectiva, me interesa la visión sobre la muerte, que en Occidente es como muy dramática, quizá por nuestras raíces culturales. Es un vehículo a ninguna parte, por un lado, pero es un vehículo que casi podrías metafóricamente ver como un ataúd con ruedas, porque esas almas perdidas que ves dentro también podríamos definirlas como fantasmas». Como una barca de Caronte, cuyo pasaje nos lleva a evocar inevitablemente a Buñuel, también un espíritu muy libertario y ese cine artesanal, de otra época, que al director le fascina.
El espíritu de los 70 y el final de un “cine puro”
En Emergency Exit conviven el bagaje cinéfilo y, al mismo tiempo, inquietudes muy contemporáneas, que Miñarro ha conseguido hacer dialogar: «Para mí el cine de los años 70, incluso 80, hasta ahí, era un cine que tenía una cierta virginidad, podríamos decir. En el sentido de que siempre se estaba inventando y que, de alguna forma, no estaba tan marketizado, tan dependiente de estructuras de posproducción, de realización informática, digitales, etc. No habían irrumpido aún estas nuevas tecnologías que para mí lo que han hecho es desvirtuar el sentido puro del cine, del cine original.
Precisamente lo he ambientado en esa época de los años 70 por diversas razones. Una, porque para mí ahí se acaba el cine “puro”, por decirlo de alguna forma. Luego viene una deriva en la que han entrado la publicidad, los videos musicales, las plataformas, etc. Ha cambiado bastante radicalmente, no solo en lo que comunica, sino también en cómo se está haciendo. Mantener ese espíritu un poco artesanal, como uno de los maestros con los que he trabajado, Manoel de Oliveira, para mí era esencial, porque me recordaba también una etapa en la que yo estaba haciendo crítica cinematográfica, comentando en cine-clubs; estaba muy metido como cinéfilo, pero no era ni productor ni director todavía. Es una etapa de mi juventud que tengo muy presente y que, de alguna forma, me ha conformado como persona».
Barcelona, la contracultura y el realismo mágico
Esa época a la que se refiere Miñarro fue culturalmente de una potencia explosiva: «También coincide con la reforma política, en el sentido de que se acaba la dictadura. Y coincide con la ventaja que tuve en esos años en Barcelona, donde se conocía a todo un espectro de escritores impresionantes, que son los que me han llevado al realismo mágico. Esos escritores eran Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Bolaño, Jorge Edwards… Gente muy próxima al cine, que entonces frecuentaba ciertos circuitos, de la mano de alguien muy vinculado a Valencia, que era Ricardo Muñoz Suay.
Gracias a Ricardo Muñoz Suay —en aquel entonces productor o coproductor de películas como Viridiana, películas de Francesco Rosi, etc.—, al estar en ese círculo, que era una cosa muy bella y, a la vez, muy fácil en el fondo para un hombre que venía simplemente del cineclubismo, como era mi caso, pude participar de todo eso y conocer gente muy interesante, porque todos eran, además, muy cinéfilos.
Para mí esta película, en cierta manera, también es un homenaje indirecto —no es que lo ponga la película— a toda esa generación, a esas personas, a ese momento vital de los años 70. Por eso la he ambientado en esa etapa. Los coches son de esa época, los usuarios son de esa época, las actrices más mayores parecen como perdidas de esa época».

Metalenguaje, guiños cinéfilos y el no-lugar del autobús
En Emergency Exit hay algo de maravilloso en esas figuras “fuera de tiempo”, casi como personajes del cine mudo, con el maquillaje, la gestualidad… La película está plagada de metalenguaje y referencias cinematográficas, cuidadosamente insertadas: «Sí, claro. Hay una referencia evidente, que es El ángel exterminador de Buñuel como punto de partida, la historia se me ocurrió en México, al terminar de rodar allí Love Me Not. Aparte de Buñuel, que es alguien a quien admiro, hay guiños cinematográficos muy concretos para quien tenga una cultura cinéfila amplia. Y quien no la tenga, no pasa nada: son señales, símbolos.
Ahí está Eros, ese personaje que intenta acabar con todo el mundo, que podrías sacar de Teorema de Pasolini, de otra manera. O el abrigo que, en el fondo, sugiere que quizá debajo va desnudo, como Dominique Sanda en Une chambre en ville de Jacques Demy. Emma Suárez tiene un moño con un recogido que recuerda al de El año pasado en Marienbad… Son pequeños detalles que no sostienen la historia —la película sería la misma sin ellos—, pero funcionan como pequeñas claves para cinéfilos, fragmentos de películas que para mí son favoritas.
Back projection, sueño compartido y personajes desubicados
La unidad de lugar —el autobús como espacio suspendido entre la vida y el más allá— se presenta al espectador en un entorno minimalista, casi teatral, que reduce el artificio narrativo para potenciar otro tipo de experiencia. El director vio que era la única forma posible de rodar Emergency Exit, así, à la Hitchcock: «Quizá tampoco podría haber hecho esta película de otra manera. Imagínate circular con ese autobús por carreteras, con cortes de tráfico, ruidos externos, etc. Desde el principio vi que la única manera posible de realizarla era como hacía él: en estudio, con los paisajes filmados aparte y proyectados en back projection.
Este recurso contribuye en gran manera a la creación de una atmósfera que parece un sueño compartido: colores saturados, cielos rosas, paisajes irreales. «Sí, me interesaba ese “no-lugar”: por un lado, un lugar específico; por otro, un sitio que no se sabe dónde está, aunque veas paisajes de La Gomera y Tenerife —nos explica el director—, con el tipo de personajes que suben: un hombre que parece mexicano, Naomi Kawase, una japonesa, etc., este universo mezclado me situaba en una atmósfera entre sueño y realidad».
Entre lo kitsch y lo metafísico: el equilibrio imposible
Emergency Exit se desliza todo el tiempo entre lo absurdo, lo kitsch y lo metafísico. No cae ni en la parodia ni en la solemnidad, y es fácil empatizar con los personajes. Miñarro ve en ello una continuidad estilística con sus películas anteriores, «Eso es difícil de explicar, pero ya estaba en mi cine. Si recuerdas Stella Cadente, también trataba de un tema serio, como el espíritu contrarreformista que aparece recurrentemente en España, y a la vez estaba el humor. Supongo que tiene que ver con cómo soy. Me apasiona ser un poco travieso, aunque tenga más de 70 años.» La curiosidad y la travesura es lo que nos hace estar vivos y dispuestos. En esto, Miñarro nos recuerda al maestro Oliveira, un role model: esa curiosidad que no se acaba nunca.»A mí me sale de forma natural —confiesa el director. Por un lado, me gusta rodearme de belleza —se ve claro—; por otro, puedo tener un punto kitsch o estrafalario. Hay algo muy “valenciano” en la película, en la moqueta de dacha, en el exceso. Creo que en Valencia se puede entender muy bien».

Reparto, deseos, máscaras y sincronías en Emergency Exit
La nómina de intérpretes es sobresaliente, interpretan versiones de sí mismos o arquetipos simbólicos, desde lo más carnal hasta lo más espiritual. Da la sensación de un exorcismo colectivo, de un inventario de deseos, heridas, contradicciones y obsesiones humanas, de trauma y de memoria. Esa mezcla entre autoficción y alegoría fue un motivo de atracción especial para Lluís Miñarro: «El aspecto de universalidad. Son personajes en los que, de alguna forma, todo el mundo podría reconocerse. Somos “diablos”, si quieres, todos nosotros. Tenemos diferentes capas, máscaras, maneras de interpretar la vida. En el fondo, todos estamos perdidos en el mismo barco, sin saber hacia dónde vamos, ni de dónde venimos. Ante eso, yo quiero transmitir una actitud de: ‘relájate, la vida es esto’. Del hecho de nacer ya sabes que un día habrás de morir, porque va implícito.
En Emergency Exit no podemos dejar de percibir sincronías increíbles, y el director es muy consciente: «Hay sincronías muy fuertes. Marisa Paredes se interpreta a sí misma y luego fallece. Es como si la película hubiera anticipado algo, como si ella hubiera sido ‘escogida’ para hacer su última película. Son esas cosas mágicas que normalmente no valoramos, pero que son lo importante. Son esas cosas mágicas que tiene la vida a las que, de alguna forma, normalmente, no les damos importancia. Son como anécdotas y, en cambio, son lo importante, porque son parte de la magia que tiene nuestra existencia.»
Naomi Kawase, modelos brasileños y un casting muy personal
El reparto es variadísimo, en el autobús conviven amigos de Miñarro, mitos cinéfilos y figuras inesperadas, el director nos explica así el proceso de casting: «Muchos son actores con los que ya había trabajado: Francesc Orella, Gonzalo Cunill, Emma Suárez… A Naomi Kawase la conocía como directora, pero aquí prácticamente debuta como actriz. Luego está Jhonattan Burjack, ese Eros desbordado, que es un modelo brasileño de firmas de alta costura; lo descubrí viendo páginas de moda por internet». Oriol Pla es un gran actor que tras su trabajo en Emergency Exit ha sido galardonado con un Emmy por Yo, adicto, Miñarro lo conocía por su faceta teatral: «Y mira ahora: acaba de recibir un premio importante… Otra coincidencia más. Todo el reparto responde a esa mezcla de cercanía personal, intuición y deseo de crear un microcosmos muy vivo».
El estado del cine de autor: sobreproducción, pantallas y refugios
Emergency Exit se ha estrenado en los festivales de Tallinn y de Gijón, programada en secciones que premian la ruptura formal y el riesgo. ¿Hoy existe más receptividad hacia propuestas radicales o seguimos en un ecosistema conservador? Miñarro no duda al responder que, por desgracia, el cine de autor más independiente tiene muchas dificultades: «Aunque consigas producir la película, el gran problema es que los distribuidores no la quieren y no tiene espacio en las salas. Y, además, la asistencia al cine ha bajado; desde la pandemia la gente se ha acostumbrado a ver audiovisual en casa, con otro tipo de atención, otros formatos.
El sistema está preparado para que se hagan películas —hay ayudas, escuelas, etc.—, pero en España se producen unas 300 al año, cuando antes eran 180. Luego todas se pelean por las mismas pantallas y muchas no están más de una semana en cartel. Es terrible. Lo que me compensa es que el tipo de cine que propongo tiene un buen circuito en festivales, filmotecas, cineclubs. No es un esfuerzo tirado a la basura: se revisita, se ve con perspectiva. No es como la publicidad, que se hace y se desecha.

Contra el cine que lo explica todo
«Pido al espectador participación, pero no le exijo nada. Lo invito a un viaje; le ofrezco un regalo para que lo lleve consigo. Lo hago por respeto al espectador». A Miñarro no le interesa el cine que lo explica todo, así, Emergency Exit también es un acto de resistencia frente a ese didactismo narrativo “modelo plataforma”, es una propuesta para los espectadores a los que nos gusta que confíen en nuestra inteligencia, en nuestra capacidad de aportar un bagaje propio, cultura, vivencias, para verlas reflejadas de alguna forma en lo que se le presenta. «Lo bonito es esa interacción, que puedan identificarse con algo. Los que nos dedicamos a la cultura tendríamos que tener esa responsabilidad —afirma Miñarro—. A mí el cine previsible nunca me ha interesado como espectador; ¿cómo va a interesarme producirlo o dirigirlo? Si es tan previsible, no me interesa».
El productor que también dirige: verdad, etiquetas y mapa del cine
En su brillante faceta de productor, ha acompañado a autores esenciales en sus primeras películas —Serra, Lisandro Alonso, Recha, y ha hecho posibles obras de cineastas como Kawase o Apitchapong Weerasethakul, Marc Recha, Béla Tarr, José Luis Guerin—, demostrando una exquisita habilidad para detectar el talento y apostar por él. Preguntamos a Miñarro cuál es esa cualidad que reconoce en un gran cineasta y nos contesta sin dudar: «Su verdad. Que vea que es auténtico y vibre con lo que propone, que conecte emocionalmente con el proyecto y que sus referencias cinematográficas dialoguen con las mías». ¿Podríamos decir como que Miñarro tiene un mapa personal del cine y en él una línea de puntos le uniría a esos grandes cineastas? «Sí, me gusta esa imagen, porque siempre hay puntos en común, porque son maneras paralelas o muy parecidas de entender el cine cinematográfico».
Sin embargo, las dificultades de compaginar la producción y la dirección a tan alto nivel creativo no han dejado de acecharle: «La perversión en mi carrera radica en que, como he sido productor de más de 40 películas, la gente a veces me mira con reservas como realizador, como si fueran oficios incompatibles. Son etiquetas. Para mí son dimensiones distintas: producir y dirigir no tienen la misma implicación afectiva. Como director hay un componente personal, una exposición mucho más íntima».

Próximas salidas de emergencia
El título Emergency Exit parece sugerir una salida de emergencia personal, pero ¿qué hay después? «Esta es mi inminente salida de emergencia. He cargado esta película a la espalda durante cinco años, con muchos problemas de financiación, historias con el ministerio… Ahora que está terminada y empieza a circular por festivales, sí, tengo margen para pensar en lo siguiente. Sigo en activo como productor; estoy trabajando en una película sobre la época rusa de los trabajos forzados, con un material de archivo muy interesante. Y tengo ideas para otra salida de emergencia propia, pero dedicado a este proyecto, no tengo demasiado tiempo para lo próximo, pero tengo ideas…»
Emergency Exit es la confirmación de que Lluís Miñarro sigue operando en una frecuencia propia, ajena a las urgencias comerciales y a las nuevas ortodoxias culturales, empujando los límites. Su cine no explica, provoca. En un ecosistema cinematográfico cada vez más higienizado y programático, su obra insiste en recordarnos que el arte no tiene por qué ser edificante, útil o transparente. Puede —y quizá debe— ser incómodo, contradictorio, inclasificable, pero también hermoso.
En tiempos de discursos polarizados y tendencias que reducen el cine a consigna o mercancía, la libertad absoluta del artista y la inteligencia del espectador son más importantes que nunca. Emergency Exit es una prueba de esa fe: un viaje hacia ninguna parte que, precisamente por eso, nos obliga a mirar de frente la incertidumbre radical de estar vivos.
El cine puede seguir siendo un acto de resistencia y Miñarro insiste en reivindicar el desconcierto como motor creativo, la curiosidad como maravilla constante en un universo donde no debemos olvidarnos de cuál es nuestro lugar.






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