Tras esbozar la lista de mis películas preferidas de 2025, me he reafirmado en que ha sido un año de cine en estado de máxima tensión creativa: un territorio donde conviven el gran autor consagrado y las voces más radicales del presente, el clasicismo revisitado y la experimentación política, formal y espiritual. Esto no sería una novedad si no hubiera habido un correlato entre las magníficas producciones, su repercusión comercial y sus galardones. Entre Cannes, Berlín, Venecia y los principales circuitos internacionales, estas películas no solo han marcado el pulso del año por su recorrido en festivales y premios, sino por su capacidad para interpelar el mundo contemporáneo desde lugares incómodos, íntimos o abiertamente subversivos. Y esta ya es una tendencia que se consolida. Mi lista reúne obras que entienden el cine como riesgo, pensamiento y experiencia sensorial, y que, cada una a su manera, definen por qué 2025 será recordado como un año excepcional para el cine de autor. Poco aficionada a los ratings, un año más, las películas no aparecen en un orden de preferencia, son disfrutables cada una a su manera y en cada situación, por no ser sus méritos medibles con el mismo rasero, entre otros motivos.
Una batalla tras otra (One Battle After Another, Paul Thomas Anderson)
Protagonizada por unos sobresalientes Benicio del Toro y Leonardo DiCaprio, Regina Hall, Teyana Taylor y una brillante interpretación de Sean Penn, quien debió divertirse de lo lindo con un papel en las antípodas de sí mismo. La película del director de Licorice Pizza (2021) adapta la novela Vineland, de Thomas Pynchon, tras haberlo hecho con Inherent Vice en 2014. Una batalla tras otra, que es la mejor película de acción de 2025, ha sido prenominada a cinco Oscar.
Sirat (Oliver Laxe)
Oliver Laxe se alzó con el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes con una película nada fácil de abordar en su más profundo significado, pero espectacular en su propuesta fílmica, personajes e interpretación de Sergi López. El cine más espiritual, que se inspira en el budismo, el islamismo y despliega un estudio visual del desapego, se une a la brutalidad y materialidad de su estilo, para conseguir una de las películas más originales y valientes de la temporada, con la que Almodóvar, en la producción, apostó por lanzar la carrera del director de Lo que arde, más allá de los circuitos arty. Sirat está prenominada a cinco Oscar (Película internacional, fotografía, casting, banda sonora y sonido) y participa también en los Globos de Oro y Critic’s Choice, superando a La sociedad de la nieve, que había hecho historia con dos, sin llegar a ganar ninguno. Lee la crítica.
Valor sentimental (Affeksjonsverdi, Joachim Trier)
Trier escribió su última película junto a su colaborador habitual Eskil Vogt, para narrar una historia de herencias envenenadas, llena de simbolismos y arreglos de cuentas familiares. La casa, las historias que alberga, las propias paredes y las transformaciones sucesivas se convierten en Valor sentimental en un personaje más que abraza al resto, unas veces con amor, otras como un lastre. Ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, está protagonizada por Stellan Skarsgård, Renate Reinsve y Elle Fanning, y ha sido prenominada a los Oscar a Mejor película, película internacional, dirección, guion, así como sus protagonistas. Lee la crítica aquí.
Un simple accidente (Yek tasadof-e sadeh, Jafar Panahi)
Un simple accidente, la ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes es una muestra más de que si un director de cine ha desafiado la persecución política, ha sufrido la prisión y el confinamiento, sin dejar de adaptar sus obras a las limitaciones que la falta de libertad le ha impuesto, ese es el iraní Jafar Panahi. Un simple accidente, coproducida por Irán, Francia y Luxemburgo, es una lúcida y humanista reflexión sobre el estrés postraumático de la víctima y la reacción ante su verdugo, cuando, en libertad, los papeles de cada uno de ellos tienen la posibilidad de invertirse. La película será la opción francesa a Mejor película internacional en los próximos Oscar, superando el escaso gusto e intereses creados en la elección de Pot au feu, el pasado año. Lee la crítica.
El agente secreto (O Agente Secreto, Kléber Mendonça Filho)
La última película del director de Bacurau está ambientada en Brasil en 1977, durante la dictadura que duró 21 años. El agente secreto, protagonizada por Wagner Moura, ganador del premio al Mejor actor en el pasado Festival de Cannes, también consiguió el galardón a Mejor director y el FIPRESCI, es una impresionante obra con un imperativo fuera de campo. El agente secreto es una película de particular acción, donde lo existencial crea una tensión creciente, fruto de una narrativa dosificada, donde la muerte es una presencia omnipresente. Mendonça Filho ha dirigido una obra maestra que desafía el relato lineal con una efectiva combinación de recursos, logrando una atmósfera inmersiva y perturbadora.
Nouvelle vague (Nouvelle vague, Richard Linklater)
Richard Linklater estrenó en la pasada Berlinale una pequeña maravilla protagonizada por Ethan Hawke, interpretando a Laurenz Hart, en su último encuentro con su exsocio Richard Rodgers, con quien firmó algunos de los más emblemáticos temas y musicales de la historia. En Nouvelle vague, el director vuelve a internarse en la historia, en este caso del cine, mostrando un particular making of del filme más famoso del movimiento artístico que nació en la redacción de Cahiers du Cinéma. Zoe Deutch, Aubry Dullin y Gillaume Marbeck dan nueva vida a los protagonistas y al director de À bout de souffle, junto a un numeroso reparto coral que incluye toda la nómina de directores, productores y miembros de la comunidad del cine francés que haría historia. Lee la crítica aquí.
Sound of Falling (In die Sonne schauen, Masha Sehilinski)
La segunda película dirigida por la alemana Mascha Schilinski es un atmosférico monumento cinematográfico que, sin afectación ni pretenciosidad, nos sumerge en un siglo convulso, a través del retrato de varias generaciones de mujeres, pertenecientes a la misma familia, ancladas de un modo u otro al mismo espacio, la granja de Altmark junto al río Elba. Las cuatro protagonistas poseen la cualidad de ser singulares y a la vez compartir la huella de la historia, del dolor, del misterio que envuelve la vida y la muerte. Con sus voces en off, que nos desvelan los recovecos de una narración administrada con gran economía, en diferentes edades y situaciones personales, logran el milagro de tejer un coherente y turbador panóptico, en el que lo intrínseco de la mentalidad de cada época y las raíces culturales de sus comportamientos se superponen a la realidad arquetípica del género, sus servidumbres y limitaciones sociales. Lee la crítica.
Kontinental ’25 (Radu Jude)
Ganadora del Oso de plata al mejor guion en la pasada Berlinale, y con la actriz Eszter Tompa premiada en el Festival de Gijón, Kontinental ’25, ha sido rodada en 10 días con un iPhone, pero la radicalidad de esta película nos interpela desde su contenido. En Kontinental ’25, la acción se desarrolla en Cluj-Napoca, en el corazón de Transilvania, donde Orsolya ejerce como funcionaria responsable de ejecutar desalojos. Una intervención rutinaria —la expulsión de un hombre sin techo que ocupa un sótano— deriva en un desenlace irreversible que abre una grieta ética imposible de cerrar y la enfrenta a las implicaciones humanas de su trabajo. Jude articula a partir de este detonante una radiografía incisiva de la Europa actual, marcada por la voracidad inmobiliaria, los discursos ultraderechistas y una moral colectiva en evidente deterioro. Con una puesta en escena austera, diálogos punzantes y su típico humor negro expone, sin concesiones, las tensiones y paradojas de la Europa actual.
El extranjero (L’Étranger, François Ozon)
François Ozon adapta la célebre novela de Albert Camus (1942), junto a su guionista habitual Philippe Piazzo, en una interpretación que, lejos de domesticar el texto, lo comprende y lo traduce con una notable lucidez cinematográfica. Rodada en un blanco y negro impecable por Manuel Dacosse, la película conserva intacto el núcleo filosófico y moral de la obra original, con una elección estética que podría interpretarse como una tentación de solemnidad o como una red de seguridad ante un texto inmortal, pero que resulta, por el contrario, profundamente orgánica. Meursault está encarnado por un impecable Benjamin Voisin que sostiene a la perfección la ambigüedad de su personaje. Lee la crítica.
El accidente de piano (L’accident de piano, Quentin Dupieux)
En esta comedia negra del director de El segundo acto, Dupieux nos relata a través de una influencer obsesionada con sus seguidores —que por carecer de sensibilidad al dolor asume riesgos físicos sin límites, interpretada por Adèle Exarchopoulos— la demencial deriva social de nuestros días. El accidente de piano es una sátira fascinante, divertida y desquiciada en la forma pero no en el fondo. Alternando flashbacks que nos ayudan a conocer la historia de la despótica y antipática Magalie, la seguimos a un retiro de montaña donde se esconde de sus seguidores tras un accidente en uno de sus videos virales. El aislamiento no evitará que la llegada de una periodista (Sandrine Kiberlaine) con una información que llevará a la extorsión, provoque terribles consecuencias.
Silent Friend (Stille Freundin, Ildiko Enyedi)
Una de las propuestas más interesantes de la 82ª Mostra de Venecia fue, sin duda, Silent Friend, de Ildikó Enyedi, que en cada momento seduce por su sabia combinación de rigor visual y sensibilidad poética. La directora húngara construye un tríptico narrativo en el que tres historias separadas en el tiempo se entrelazan gracias a la presencia silenciosa de un antiguo ginkgo, un árbol convertido en testigo y símbolo de una relación estrecha entre hombre y naturaleza. Cada época encuentra su propio lenguaje formal dentro del mismo marco espacial: el jardín botánico de una universidad en Alemania. Leer más.
Un poeta (Simón Mesa Soto)
El director colombiano participó por tercera vez en el Festival de Cannes, en este 2025, habiendo obtenido la Palma de oro al mejor cortometraje con Leidi, en 2014. Las peripecias de un artista que no deja de sufrir y cuyos conocidos tachan de quejica y perezoso son tan conmovedoras como irritantes. Este estudio sobre el artista y la incomprensión, que tiene lugar en Medellín, fue presentado en la sección Un Certain Regard, donde recogió las más elogiosas críticas. Con un humor sombrío que nos hiela la sonrisa, Mesa Soto describe a un personaje inolvidable, sensible, un has-been, que no logra ser tomado en serio y levantar cabeza en un ambiente poético de bohemios precarios, donde todavía es capaz de destacar por su prepotencia y resiliencia. La crítica social y el retrato del artista son de una ternura y un realismo remarcables.
O Riso e la Faca (Pedro Pinho)
En la época actual, un ingeniero medioambiental portugués se adentra en Guinea-Bisáu, África occidental, donde su vida personal será objeto de complejas relaciones, al tiempo que indaga sobre la misteriosa desaparición de su predecesor. Las incursiones en el paisaje postcolonial del cine portugués son remarcables y tienen en esta película una muestra sobresaliente, enraizada en la tradición más ortodoxa y al mismo tiempo rompedora con el discurso anterior. A lo largo de más de tres horas, Sérgio aparece como un personaje icónico pero transgresor al mismo tiempo, mientras vivimos en directo junto a él sus descubrimientos y frustraciones, que adquieren una dimensión que supera el intimismo, para adentrarse en lo histórico. El director de La fábrica de nada estrenó su película en el Festival de Cannes y también compitió en la Seminci, aunque todavía no tiene fecha de estreno en España.
Yes (Navad Lapid)
La última película del director de Ahed’s Knee se estrenó en la Quincena de realizadores del 78.º Festival de Cannes. Se trata de una película implacable que, a lo largo de dos horas y media, nos muestra Gaza como una “zona de interés”, como un terrorífico fuera de campo. Yes fue una de las películas más impactantes programadas en el festival, a pesar de que su efectividad no se basa en la exposición cruda del genocidio, del asesinato sistemático de ciudadanos de cualquier edad y condición, incluyendo a médicos y periodistas. Solo en una parte del film veremos la humareda que exhala una tierra sin vida, pero por contra, Lapid exhibe descarnadamente, prologada por una ilustración de Joseph Grosz, la orgía perpetua de una sociedad que no duda en organizar boat parties con el aliciente de jalear los distantes bombardeos. Lee la crítica.







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