Cultura

«Carne de caballo», entrevista con Iván Rojo

En Entrevistas, Cultura miércoles, 21/01/2026

Andrés Mainardi

Andrés Mainardi

PERFIL

En el mes de diciembre, Borja Navarro (autor de Arcén y Perros de caza) ofició de librero en La Batisfera Libros, para recomendar Carne de caballo (Editorial Dosmanos), el último compendio de relatos de su amigo y colega Iván Rojo. A primera vista, Carne de caballo no es una novela, pero tampoco es un libro de cuentos. Es algo menos y algo más. Para quedar bien, se podría decir que es un compendio de relatos clásicos con una fuerte impronta formal estadounidense. Es como si un escritor valenciano deformara sus recuerdos con la nueva narrativa norteamericana de la última década del siglo XX y principios del siglo XXI. O algo así como si Carver, Foster Wallace, DeLillo, Pynchon o Palaniuk hubiesen sido criados a base de pirotecnia, pan con tomate, aceite de oliva, paellas, Choleck y futbolín.

En fin, el resultado son diez textos distintos que hablan sobre la paternidad y los drones, pero también, como dice la escritora Bárbara Blasco en su prólogo, Carne de caballo es el libro de un hombre que deja la madrugada y el salir de fiestas para empezar a preparar biberones y cantar canciones de cuna.

La mañana de sábado en Patraix es gris y fría. De cazadora, jeans oscuros y lentes de sol estilo Ray-Ban, Iván Rojo merodea y fuma por el parque Enrique Granados. Hay algo en su andar que recuerda al caminar de Leonard Cohen en los escenarios. Misterioso, tranquilo y elegante. Como si estuviera esperando un milagro. Tal vez ese sea el aura que emana de un hombre que camina en el lugar donde fue niño y ya no lo es. Así, con el día en ciernes, se sentará en uno de esos bancos para responder a las siguientes preguntas sobre su escritura, sus libros y el estado actual de la literatura valenciana.

ANDRÉS MAINARDI: ¿Desde cuándo escribís y por qué lo hacés?

IVÁN ROJO: Desde muy pequeño. Si tuviera que determinar un momento exacto donde descubrí que me gustaba realmente hacer esto, sería en el colegio, en el cuarto curso de lo que antes se llamaba EGB (Educación General Básica). Supongo que tenía unos nueve años. En una tarea nos hicieron hacer una redacción, un cuento, escribir una historia. Me acuerdo de que cuando me senté a hacerlo, de un momento para el otro, dejó de ser una obligación impuesta para convertirse en un placer. Escribí un cuento que titulé La huella o La marca o algo así; era sobre un muerto que aparecía en un río, una cosa muy básica, pero que me hizo ilusión encuadernar, colgar en un corcho que había en el aula para que la gente lo leyera.

En sí, escribo porque es lo que más placer me da de lo que hago en el día a día, y además porque es lo que me permite abstraerme de otras cosas, es una válvula de escape, una liberación. Cuando escribo me olvido de lo demás. Escribir nunca me ha supuesto sufrimiento. No soy de esos escritores que dicen que lo pasan mal escribiendo, para mí es un deleite.

Carne de caballo

¿Recuerdas si tus compañeros de clase o la maestra detectaron algo de potencia en tu cuento?

¡Cero! Nadie detectó nada, ni siquiera yo. No recibí ningún feedback. Pero bueno, aquí estamos, tampoco era necesario. En ese sentido, me gusta que mis libros gusten, mis cuentos, mis poemas, obviamente, pero es algo que en modo alguno es un objetivo. Escribo desde lo personal y de manera un poco egoísta para satisfacer una necesidad de desconexión, de soltar preocupaciones, inquietudes, recuerdos. El feedback siempre es bueno y necesario, además si quieres vender algún libro, pero la verdad es que no le atribuyo una gran importancia como motivación para seguir escribiendo.

Entre tus títulos aparecen poemas, relatos, cuentos, ensayos, ahora esta idea de novela, ¿hay algún género que prevalezca sobre otros?

Lo que más me gusta escribir son relatos. Y lo que más me gusta leer. Me gustaría que los cuentos tengan un peso específico en mi obra. También he hecho una novela, tengo una que a lo mejor dentro de un tiempo sale. He publicado bastantes libros de poemas, sinceramente, porque han encontrado una salida más fácil en pequeñas editoriales y porque me resultan más fáciles de montar. He pasado muchos años escribiendo y publicando en un blogspot y en redes sociales a diario, textos cortos, poemas narrativos. Eso ha hecho que me hayan surgido oportunidades de publicar. A los relatos y a las novelas, sinceramente, les doy mayor importancia como obra representativa de lo que hago y por eso cuido más su construcción y publicación.

¿Con internet te diste a conocer?

Hace muchos años tenía un blog de WordPress y que tengo abandonado, no sé cuánto tendrá, más de 15 años. Luego pasé a publicar casi a diario en Facebook. Fue a raíz de esas publicaciones recurrentes de donde me han salido, menos esta última, todas las oportunidades de publicación que he tenido. Siempre me han contactado. Soy muy poco dado a buscarme la vida literariamente. Tengo pocos contactos, los que tengo, quitando a Borja Navarro y algún otro, los cuido muy poco. Soy, en esto y en otras facetas de mi vida, bastante outsider. Así que, por suerte, lo que he ido publicando ha sido por propuestas, más que por búsquedas.

Háblame sobre tu proceso de escritura ¿cómo ha sido el de Carne de caballo, tu último libro publicado?

Mi proceso de escritura es una necesidad cotidiana. O sea, siempre tengo en la cabeza alguna idea rondándome para ser escrita. La inmensa mayoría, como supongo que es normal, acaban en textos de consumo propio. Sobre todo, porque mi proceso de escritura parte de la observación de lo que me rodea. Por eso casi siempre son historias urbanas que intentan plasmar detalles poco visibles o por lo menos en principio poco trasladables a la escritura de lo que me encuentro por la calle, de conversaciones que oigo, de situaciones familiares, de problemas de amigos.

Carne de caballo ha acabado siendo lo que debía ser. Es un libro básicamente sobre relaciones paternofiliales que empezó como un proyecto para ser un libro en el que el peso específico de las narraciones lo llevaran los drones, ese era y de algún modo sigue siendo el leitmotiv. El germen absoluto fue una frase de un personaje del relato Carne de caballo que le da título al libro, que es un amigo mío en la vida real, con determinados problemas, con una situación personal y social complicada, que se obsesionó con el tema de los drones. Él no entendía por qué los drones estaban tan presentes de un tiempo a esta parte en nuestras vidas, en su mente fue como pasar de cero a cien. Mi mente hizo un clic que me motivó —no sé explicarlo mejor—, a buscar historias en las que los drones fueran los protagonistas o tuvieran un peso significativo.

Así empezó el libro, escribí unas cuantas páginas y al tiempo vi que en cada relato se iban colando pensamientos de paternidad. Al final me di cuenta que terminé escribiendo un libro sobre padres de hijos, que es coherente, además, por la situación vital que estoy viviendo, tengo una niña que cumplió tres años hace dos días y eso es lo que el cuerpo me pedía escribir. Y eso acabó en una fusión, donde los drones aparecen en todos los relatos, pero son cuentos sobre la paternidad.

Carne de caballo

Iván Rojo.

La figura del padre es central en el libro.

La figura del padre, en mi caso, es crucial en el libro, porque he tenido una relación complicada con el mío. Altibajos, tiranteces y acercamientos, que han tendido a ir estabilizándose con el tiempo, pero que ha sido bastante conflictiva e incluso tortuosa a lo largo de mi vida. Tener un padre un poco atípico, conflictivo, es lo que me ha hecho enfocar este libro sobre paternidad con personajes paternos que dejan bastante que desear.

De alguna u otra manera los padres siempre dejan bastante que desear, ¿has visto la película Aftersun?

Sé cuál es porque me lo han comentado, pero no la he visto.

Un amigo dijo sobre esa película: como la ficción, el padre es una mentira necesaria. Los personajes de Carne de caballo llevan como pueden esa mentira necesaria. Sobre todo, los personajes que no son padres destinados biológicamente. A la vez, la figura del padre tuvo muy mala prensa en los últimos años.

Tú lo has dicho, son personajes que hacen lo que pueden y fallan. A mí me apetece darle un poco de dignidad a ese estilo de personas. No es fácil ser padre, yo fallo muchas veces, intento no fallar, pero fallo. Y fallando entiendes a la gente de otras generaciones que ha fallado. Tengo 49 años, mi padre era un hombre de otra época que se desenvolvía en base a patrones de conducta heredados de otra generación más antigua absolutamente machista. A medio camino entre lo autoritario y lo desdeñoso, pero en el fondo había veces que quería hacerlo bien, no debemos olvidarnos tampoco de eso.

Es extraño el registro temporal del libro porque de algún modo se sitúa en un pasado reciente que ya no existe, enmarcado en el barrio de Patraix y en un futuro distópico donde todo es manejado mediante drones: ¿qué es más real el pasado o el futuro?

Creo que es más real el escenario pseudo-distópico por cómo es narrado, también porque siento que ya no existe el Patraix donde crecí y fui feliz de ese modo inconsciente en el que uno lo es cuando es un chaval. Hay sentimientos que ya no puedo recuperar. Suele haber bastante nostalgia en lo que escribo, intento mantener un poco bajo control eso, tampoco me mola profundizar demasiado. Mi yo patraixero se desenvuelve y avanza cada vez más hacia una distorsión definitiva de sus recuerdos. El tiempo me va a imponer en poco plazo que aquello que recuerdo encaje aún menos en lo que se me ofrece. Cuando ando por estas calles me siento mucho más lejos del que fui aquí que del que voy a ser. También creo que vamos hacia una realidad a la que a algunos se nos va a hacer muy difícil adaptarnos. No quiero parecer un abuelo cebolleta, pero siento cada vez más dificultad para seguir el ritmo de determinadas cosas. Ya tengo más vivido de lo que voy a vivir en Patraix y a veces me asusta un poco eso.

Hay algunos momentos donde los drones aparecen como animales, también como una tecnología fallida. Los relatos tienen un gran componente de crítica al progreso liberal.

Los drones han acabado siendo un elemento que contribuye a acentuar la desubicación que los personajes ya sienten de por sí. Son personas incapaces de afrontar las situaciones que tienen que protagonizar, se sienten fuera de tiempo, no saben adaptarse a lo que les rodea, son en muchas o en alguna faceta de su vida algo ineptos. Los drones aparecen como ese elemento extravagante, exótico, que sustituye a pájaros o perros, pero sobre todo mi intención era que contribuyeran a señalar esa falta de adaptación de los protagonistas con su entorno. Ese extrañamiento que sienten ante el hecho de que, por ejemplo, se muera tu hermano y cuando no lo has previsto tengas que hacerte cargo de un bebé. En esa historia la presencia de los drones es trascendental.

Desde mi punto de vista y esto no es una pregunta, el relato que comentas, titulado Los drones, es el mejor del libro.

Me alegro mucho de que me lo digas, porque cuando me han hablado del libro los que más han gustado son otros. Además, es mi favorito.

La escena de la máscara en ese relato es increíble. Lo que me gusta de ese relato y del titulado Carne de caballo es que son personas que no están destinadas a ser padres y lo son. Y nunca terminan creyéndoselo.

Son paternidades absolutamente exógenas esos dos relatos. Y lo que me hablas de la máscara, si yo tuviera que rescatar un pasaje del libro, me quedaría con ese. Ese recurso condensa buena parte del mensaje del libro. Uno es uno hasta que las circunstancias le dicen que ya no puede ser ese uno, ya no sabe serlo y tiene que reencontrarse.

Carne de caballo

¿Quiénes son tus referentes en la literatura, qué lees cuándo escribes?

No leo cuando escribo. Si leo cuando escribo me distraigo demasiado y, además, si lo hago pienso que no escribo como me gustaría, no escribo como los autores que me gusta leer. Entonces prefiero abstenerme de la lectura mientras estoy escribiendo. Con los poemas y demás no me pasa, pero con los relatos o novelas no leo. Si me tengo que tirar medio año sin leer, lo hago. Mis referentes, básicamente, son los que más me gusta leer: cuentistas norteamericanos.

¿Entonces, notas influencia de la nueva narrativa norteamericana en tus relatos?

Sí. Y en concreto, para este libro, es algo de lo que era consciente cuando lo escribía. Si tuviera que emparentar mis relatos con alguno de los escritores que admiro, salvando las distancias, sería con los cuentos de George Saunders. Sobre todo, porque él introduce de manera mucho más profunda que yo elementos distópicos en sus narraciones. A veces no sabes si estás leyendo sobre algo que ocurrió en 1960 o en el 2060. Además, me parece que también trata muy bien las crisis de identidad. Los momentos críticos a nivel personal de sus protagonistas. También la presión del entorno exigiendo el cumplimiento de determinadas expectativas. Carne de caballo no existiría sin la lectura de esos cuentos.

¿Tú crees que Carne de caballo entra dentro de una genealogía de cierto tipo de literatura valenciana? En primer lugar, ¿existe para ti una literatura valenciana?

Me va a costar responder con claridad porque no lo sé. Leo y admiro a varios escritores valencianos. Tales como Borja Navarro, que me parece que además con lo joven que es, está sabiendo encauzar su talento evidente de manera muy acertada. También sé que existe una escena de la literatura valenciana, porque oigo hablar de ella. Pero te digo que no me considero dentro de ese movimiento, porque siempre he sido muy poco dado a la interacción literaria. Es a raíz que de haber conocido a Borja Navarro que he leído a Bárbara Blasco, y ella ha escrito el prólogo de mi libro, también a David Pascual.

Los que te acabo de mencionar creo que son los escritores valencianos que generacionalmente podría enmarcar en un grupo de autores que tienen ciertas afinidades entre sí y de los que, de hecho, me han hablado cuando he ido a Barcelona a presentar mi último libro. Me han dicho que los valencianos están pegando fuerte, como Alberto Torres Blandina. Siento que hay una escena valenciana que se mueve bien gracias a estos autores puntuales. De los que te he mencionado me gusta lo que hacen, pero solo me siento emparentado, desde un punto de vista de escritor, con lo que hace Borja Navarro. Las temáticas, las preocupaciones y el estilo, por eso es el que más me gusta.

¿En Madrid o Barcelona hay un circuito de literatura mejor establecido? ¿València está en crecimiento? ¿Necesita mirarse a sí misma?

Sí. Y creo que todavía falta para eso. Gracias a Dosmanos que es una editorial barcelonesa he ido para allí de forma recurrente. Noto un salto de calidad en las actividades de difusión en Barcelona. Todavía no he hecho una presentación de Carne de caballo aquí en València y en Barcelona ya he hecho dos a las que le ha ido muy bien. Estoy seguro de que mi escasa repercusión en esta ciudad, como dice Bárbara Blasco en el prólogo, se debe a mí, soy responsable de esto, pero a veces me extraña. Espero, igualmente, hacer una presentación en València de este último libro, creo que en breve habrá una.

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