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Cultura

George Saunders: es cuento largo

En Hermosos y malditas, Cultura 19 November, 2019

Jesús García Cívico

Jesús García Cívico

PERFIL

Es cuento largo, y no lo digo porque la historia de la esclavitud en EEUU continuara más allá de la guerra de Secesión (1861-1865) o porque el racismo en EEUU constituya su pesadilla más interminable y odiosa de forma análoga a la sociedad delirante y homicida que posibilitó el nazismo en Alemania tal como lo relata en Es cuento largo, Günter Grass.

Tampoco por la cantidad de letras dedicadas a la alta, fascinante, dolorida figura del decimosexto presidente Abraham Lincoln protagonista de Lincoln en el Bardo (2017), la novela del escritor de Amarillo (Texas) George Saunders, sino porque lo que me parece esa novela de uno de los mejores relatistas norteamericanos vivos es precisamente eso: cuento largo.

Capitán Lockwood Todd, William Wallace Lincoln y Tad Lincoln (The Gilder Lehrman Collection, New York).

Capitán Lockwood Todd, William Wallace Lincoln y Tad Lincoln. (The Gilder Lehrman Collection, New York).

Pero con ello tampoco quiero expresar que el Booker Prize for Fiction 2017 (el prestigioso premio de Reino Unido que parecía reservado ese año a un británico) no fuera merecido o que se contravinieran algunas de las más prescindibles normas no escritas (o lamentablemente escritas) acerca de lo que es o deja de ser una novela. Creo que el hecho de ser Lincoln en el bardo cuento largo es algo que redundaba en beneficio de la obra.

La razón es que George Saunders es un grandísimo escritor de relatos, incluso he llegado a sentir en distintas ocasiones, como aquella en la que terminé las antologías Guerracivilandia en ruinas, Pastoralia, o, mi preferida: 10 de diciembre que sus relatos son los más fascinantes que he podido leer en los últimos años.

Es cuento largo porque en Saunders parece muy explícita la constancia en contar siempre una única historia: la aparición del emocionante brillo de la esperanza en los instantes más duros de la vida.

Es cuento largo porque los experimentos formales integrados en el conjunto de su obra, siempre tan honestos como esenciales, aparecen ora como imprescindible contrapeso sobre el tono de su verosimilitud (las crónicas de época sobre la presidencia de Lincoln y la guerra civil), ora como recurso dirigido a incrementar muy deliberadamente el ritmo cardiaco del lector.

En ese cuento largo —me refiero ya a la obra completa de Saunders— sobre el fulgor de la bondad y la aparición de la esperanza en los estados terminales del ánimo o de la vida, la búsqueda de una originalidad formal es honesta con lo que se está contando, ya sea el famoso episodio de redención de un jovencito inseguro que evita la violación o la muerte de la vecina de la que está enamorado (Vuelta de honor, el genial y primer relato de 10 de diciembre), ya sea como en el magnífico Escape de la cabeza de araña, una estructura distópica que experimenta sobre el comienzo y el fin del amor con un nuevo tipo de preso y de tortura.

George Saunders

Duel, Tiburón, Encuentros en la tercera fase o ET narran la misma gran historia: el encuentro con lo terrible-maravilloso.

Los episodios de 10 de diciembre acabaron de convencerme de que Saunders es a la literatura lo que Spielberg a la historia del cine: ambos empeñados en contar, en medio de un amor muy puro por la cultura popular, ese gran y único cuento acerca de la esperada aparición de lo aterrador-maravilloso. En la extraordinaria tradición norteamericana (de EEUU y Canadá) de escritores de cuento o de relato —la gran línea Allan Poe-Alice Munro—, Saunders dice que aprendió de Ernest Hemingway y de Jack Kerouac, que su estilo se creó en la senda de los renovadores Raymond Carver o Tobias Wolff, y de él, dicen o decimos, que al igual que Vollman o Foster Wallace su estilo es único y perfectamente singular.

Pastoralia, publicado en 2001 por Mondadori y reeditado más tarde por Alfabia, comenzaba con la confesión de un tipo de derrota interior, por boca del troglodita de un parque temático, y las voces de seres en la periferia del gran barrio del éxito americano se beneficiaban del arte de la traducción de Ben Clark. Reparamos allí en algunas de sus constantes temáticas como los pensamientos en el intersticio entre la imaginación, la necesidad de aventura y ciertos complejos de inferioridad («La infelicidad del peluquero»).

George Saunders. ©Dennis Nett.

George Saunders. ©Dennis Nett.

Civilwarland in bad decline (1996) reunía 6 relatos y una novela corta, aparecidos entre 1992 y 1995 en revistas como Harper’s, Quarterly West o The New Yorker y el tono general de la antología ya se movía entre elementos distópicos y el trasfondo de la guerra civil norteamericana, una suerte de parque temático posmoderno, cuyo hilo musical lo constituían los gritos afónicos de la historia, por decirlo con W. G. Sebald. La figura del fantasma, la distopía, la fantasía más jubilosa (la de los niños) así como otros elementos del fantástico, remitían, de acuerdo con mi sensibilidad, al trasfondo spielbergniano de Duel a E.T. (El fin de FIRPO en el mundo podría estar protagonizado por Elliott). A estos, George Saunders añade su sensibilidad más personal con la enfermedad (Roblemar), la salvación en el último segundo, el desbordamiento de la emoción, las encrucijadas sentimentales de tipos profundamente marginales y otras constantes temáticas expresadas en primeras personas en fase de aprendizaje.

Lincoln en el bardo ha sido la primera novela de Saunders, su estructura polifónica —una serie de diálogos en el cementerio de Oak Hill, 160 citas históricas— no es la más sencilla, pero como pude razonar en otro lugar siempre apreciamos más aquello que nos cuesta esfuerzo conseguir.

Henry P. Moore (American, 1835 - 1911).

Henry P. Moore (American, 1835 – 1911).

Antes de aventurarse en este cuento largo basado en una anécdota histórica —el bueno de Lincoln abrió en dos ocasiones la tumba del más llorado de sus tres pequeños hijos, mientras afuera le ensordecían los cañones de una guerra civil—, recomiendo comenzar con 10 de diciembre y continuar hasta este libro de emociones sublimadas, de ternura con los desaventajados, de memoria de errores, de muertos que creen estar enfermos, de humanos demasiado humanos, de citas históricas, de límites de la aflicción.

Más en general, recomendamos los hermosos, intensos, extremos relatos de George Saunders, por la frescura de su arte literario, por su originalidad enmarcada en el viejo gran estilo, por su pacifismo, por su benevolencia con los cobardes y con los depravados, por su singularidad, por la huida de las emociones trilladas o por las emociones pequeñas, por su atmósfera melancólica, por la lucha mantenida contra la vacuidad del abanico de situaciones vulgares que la vida contemporánea sueña en la gran ciudad-dormitorio, por la temperatura que cobra el corazón instantes después de su lectura, por el resplandor de la salvación individual frente a los renovados verdugos del eterno romanticismo.

Hermosos: relatos de George Saunders.

Malditas: historias manoseadas (las de los otros).

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