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Canciones homenaje: Tartas americanas y diamantes locos

En Música 3 October, 2021

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

La historia de la música popular está llena de canciones homenaje de músicos sobre otros músicos, ya sean sobre ídolos o influencias, amigos o compañeros, parejas e incluso enemigos, que eso del ‘beef’ ya llevaba mucho tiempo inventado antes de que el rap lo convirtiera en un arte… Eso sí, para esos piques entre músicos ya habrá otro espacio, aquí me voy a centrar principalmente en músicos cantando las alabanzas de otros músicos de los que hay múltiples ejemplos.

Vamos a empezar por esas canciones en las que se nos habla no de uno, sino de muchos músicos, como el “Rumberos de Ayer” en el que Benny Moré nos recuerda a algunos músicos caídos como Andrea Baró o Mulenze, aunque la muerte que le llevó a escribir esa canción fue la del gran Chano Pozo que se lleva toda la parte del estribillo: Sin Chano yo no quiero bailar, a la rumba ya no voy más (sin Chano).

Hay otras, como el “Monterrey” de Eric Burdon & The Animals que hacen un repaso exhaustivo de un evento determinado, en su caso el mítico festival de Monterrey, en el que también participaron. No solo nombran a muchos de los participantes, Hendrix, The Who, Ravi Shankar, Hugh Masekela, The Grateful Dead, Jefferson Airplane o los Byrds, sino que también son capaces de meter varios guiños musicales, como el sitar de Shankar o la trompeta de Masekela, aunque, sin duda, lo mejor llega cuando cuelan una parte del “Renaissance Fair” de los Byrds en su propia canción.

Las hay en todos los géneros, como Tupac recordando con cariño a varios de los más grandes de la ‘vieja escuela’ del hip hop, como Grandmaster Flash, Grandmaster Caz, Doug E. Fresh, Eric B. & Rakim, De La Soul, Big Daddy Kane, Queen Latifah, KRS One, Slick Rick, Kurtis Blow o LL Cool J, o U2 recordando a Billie Holiday y varios de los grandes del jazz en su homenaje a Nueva York, Birdland en la cincuenta y tres, la calle suena como una sinfonía, tenemos a John Coltrane y un amor supremo, Miles, y tiene que ser un ángel, Lady Day tiene ojos de diamante, ella ve la verdad detrás de las mentiras. Sobre los grandes del swing y el jazz también habla Stevie Wonder en la genial “Sir Duke” de Songs In The Key Of Life: Porque están Basie, Miller, Satchmo y el rey de todos, Sir Duke, y con una voz como la de Ella sonando es imposible que la banda se pierda.

Y luego está quien se mete a sí mismo en la canción, como Johnny Cash que, a finales de los 70, decidió dedicarle esta canción a June Carter sobre sus inicios en Sun Records junto a sus colegas del Million Dollar Quartet, en los tiempos en los que Elvis abrió la puerta para que él mismo, Carl (Perkins) y Jerry (Lee Lewis) y Charlie (Feathers) y Roy (Orbison)y Billy Riley también, en 1955, en Memphis en la Avenida Union dieran comienzo al rockabilly.

Luego está Mick Jones, llevando la contraria a su banda, los Clash, y en el mismo año en el que sacaron la desafiante “1977”, en la que cantaban ni Elvis, ni Beatles, ni Rolling Stones, sacando “Jail Guitar Doors”, en la que alababa a tres de sus guitarristas favoritos, Wayne Kramer de MC5, Peter Green de Fleetwood Mac y Keith Richards, de ya saben qué banda… Claro que el guitarrista de los Stones es otro fetiche para las grandes canciones, como bien prueba el “Keith Don’t Go” de Nils Lofgren.

Recientemente, Robin Pecknold con sus Fleet Foxes nos ofrecía en la hermosa “Sunblind” una recolección de varios de sus héroes, con especial mención a David Berman y el American Water de Silver Jews, pero en la que también aparecen Chris Bell, Elliott Smith, Nick Drake, Richard Swift, Jeff Buckley, Otis Redding

Por su parte Ian Dury nos da una lista de razones para estar alegres, entre ellas Buddy Holly, Elvis (Presley) y Scotty (Moore), Wee Willie Harris, Rico Rodriguez de los Skatalites, John Coltrane o Adriano Celentano, también podría haber metido al Dulce Gene Vincent, pero a él le dedicó una canción entera. Pero si a Dury le alegraba Buddy Holly a Don McLean le seguía escociendo su temprana muerte, en un accidente de avión junto a Ritchie Valens y The Big Bopper y se sacó de la manga una increíble canción en la que declaraba a aquel nefasto día como el día que murió la música (es increíble cómo el autor de “That’ll Be The Day” ha seguido en la memoria de otras generaciones, como se puede ver con la divertida “Buddy Holly” de Weezer). La canción de McLean era “American Pie” y en el rompecabezas de su icónica letra se pasaba a repasar muchos de los grandes iconos de la música rock de los 60, Bob Dylan, los Beatles y los Stones, los Byrds, Janis Joplin, siempre bajo otros seudónimos, eso sí.

En aquella canción Bob Dylan era “el bufón”, el hombre que le robó a Elvis su corona, pues bien Dylan también decidió el año pasado que iba a dejar pequeñas a todas las demás canciones en las que se nombraban a otros músicos y a otras canciones, haciendo esa salvajada de 17 minutos llamada “Murde Most Foul”, en la que tras repasar el asesinato de Kennedy, al modo enigmático de “American Pie”, se lanza con una especie de playlist interminable en la que nombra más de 70 canciones, de Beethoven a los Beatles, pasando por Robert Johnson, Little Richard, los Who, Elvis, Patsy Cline, Queen, Stevie Nicks o Randy Newman.

Normal que sea uno de los músicos a los que más canciones se le han dedicado, sobre todo entre los que todavía siguen vivos, en 1971 un todavía semi desconocido David Bowie le compondría “Song For Bob Dylan”, en la que le declaraba su amor absoluto y le pedía que volviera (la canción fue publicada en 1971 cuando Dylan vivía semi recluido): Ahora escucha esto, Robert Zimmerman, aunque supongo que no nos encontraremos, pregúntale a tu buen amigo Dylan si puede mirar un rato por la vieja calle, dile que hemos perdido sus poemas así que estamos escribiendo en las paredes. Devuélvenos nuestra unidad, devuélvenos nuestra familia.

Otro de los ídolos de Bowie, John Lennon, también se acordó de Dylan en una de sus canciones más significativas, “God”, en la que se distanciaba para siempre de los Beatles con una frase que cayó como una piedra de 16 toneladas entre los que pensaban que los 60 durarían para siempre: No creo en Elvis, no creo en Zimmerman, no creo en los Beatles… Solo creo en mí, en Yoko y en mí, y esa es la realidad.

Lennon renegando de la Santísima Trinidad del rock, tres de los nombres a los que más canciones les han dedicado. Sobre el primero me gustaría destacar tres, el precioso blues de Elvis Presley de Gillian Welch: Sólo un chico de campo que se peinaba, y se puso una camisa que hizo su madre y salió al aire y se agitó como una corista, y se agitó como una reina de Harlem, y se agitó como un vagabundo de medianoche, nena, como nunca has visto. Luego está la gran Kate Bush imaginando algo con lo que muchos han soñado en “King Of The Mountain”, Elvis está vivo, eso sí, con unas circunstancias muy particulares, lanzándose con el trineo Rosebud de Ciudadano Kane por las heladas tierras del Yeti. Pero mi favorita es “Blue Moon Revisited (Song For Elvis)” de los Cowboy Junkies, capaz de erizar la piel.

Del segundo, Robert Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, ya hemos hablado pero hay que destacar que no le tendría en cuenta a Lennon que no creyera en él y le dedicaría una bonita canción, “Roll On John”: De los muelles de Liverpool a las calles rojas de Hamburgo, en la cantera con los Quarrymen, tocando para las grandes multitudes, tocando para los asientos baratos, otro día en la vida en tu camino hacia el final de tu viaje.

Claro que sobre Lennon y los Beatles hay otra multitud de homenajes, Harry Nilsson hizo una versión de “You Can’t Do That” en la que metía referencias a más de una decena de otras canciones de los de Liverpool, terminando con un emotivo Strawberry Beatles Forever. Otros beatlemaníacos acérrimos, los brasileños Caetano Veloso (que también tiene un bonito homenaje a su nombre a cargo de Deluxe) y Gilberto Gil también utilizaron la famosa canción escrita en Almería para titular su canción de homenaje a todo el rock & roll, convenientemente cambiado el título a (seguro que el propio Lennon estaría de acuerdo) “Chuckberry Fields Forever”. Pero volviendo a los Fab Four, Daniel Johnston dejaba claro que todos querían ser como los Beatles, mientras que de vuelta a Inglaterra The House Of Love les homenajeaban, junto a sus máximos rivales, en la melancólica y hermosa “The Beatles And The Stones”.

Por supuesto, luego están los homenajes que sus propios compañeros hicieron a Lennon tras su asesinato. Paul McCartney se despedía del hombre con el que formó la dupla compositiva más importante del Siglo XX con “Here Today”: Y si digo que realmente te conozco muy bien ¿Cuál sería tu respuesta? Si estuvieras aquí hoy. Bueno, conociéndote, probablemente te reirías y dirías que somos mundos aparte. Si estuvieras aquí hoy. Mientras que George Harrison hacía lo mismo con “All Those Years Ago”: Estoy hablando de cómo dar, no actúan con mucha honestidad, pero tú señalaste el camino de la verdad cuando dijiste Todo lo que necesitas es amor.

Claro que los Beatles no fueron los únicos que tuvieron que decir adiós a un compañero de banda. A pesar de que se habían distanciado mucho, y habían terminado echándole del grupo, los Stones, en concreto Mick Jagger, le dedicaron la sentida “Shine a Light” de Exile On Main Street a su fundador, Brian Jones. Por su parte, AC/DC entregó su canción definitiva, “Back In Black”, como poderoso homenaje a su primer cantante, Bon Scott, olvidando las lágrimas y convirtiéndola en un himno de celebración del caído.

Pero tampoco hace falta que un miembro se muera para que sus compañeros le recuerden. Puede que no exista una banda sobre la que planee un fantasma (durante mucho tiempo vivo) como Pink Floyd y la alargada sombra de su primer cantante y líder, Syd Barrett. El descenso hacia la locura del autor de “See Emily Play” se convertiría en la inspiración de muchas de sus canciones, como “Brain Damage” o buena parte de The Wall, pero, sin duda, las dos más emocionantes aparecieron en el mismo disco, Wish You Were Here. Se trata de la canción titular y “Shine On You Crazy Diamond”, una canción en la que el fantasma se hizo carne y hueso y apareció por el estudio de grabación sin previo aviso, el antiguo Adonis, convertido en un hombre gordo, calvo y desorientado que llevó a Roger Waters a las lágrimas…

Y es que los héroes malditos también dan mucho juego, Barrett también tiene un bonito homenaje a cargo de su amigo Kevin Ayers en “Oh, Wot A Dream”, una canción que comenzaba así: Eres la persona más extraordinaria y escribes las melodías más peculiares. Pero la palma de entre este tipo se la lleva el genial Brian Wilson de los Beach Boys, con homenajes de todos los tipos, John Cale, ex de la Velvet Underground, le decía que creía en él y que siempre pensaba en él cuando escuchaba su música, los Tears For Fears parafraseaban a Van Morrison y escribían “Brian Wilson Said”, mientras que Belle & Sebastian eran tan adorables que en “I Love My Car” aman a su Carl, a su Brian, a su Dennis (los tres hermanos Wilson) y a su Al (Jardine) pero incluso podría encontrar en mi corazón una razón para amar a Mike Love, y eso que estamos hablando de uno de los mayores gilipollas de la historia de la música popular (y hay muchísimos candidatos).

Claro que no todas las canciones homenaje son a grandes estrellas, también las hay a nombres menos conocidos pero que han sido igualmente  importantes para una selecta minoría. Uno de los grupos más interesantes es el de artistas blancos homenajeando a sus cantantes soul favoritos, Van Morrison cantaba que Jackie Wilson dice que estoy en el cielo cuando sonríes, Billy Bragg se emocionaba cuando pensaba en las lágrimas corriendo por la cara de Levi Stubbs, el cantante de los Four Tops, mientras que los Dexy’s Midnight Runners echaban la casa abajo alabando la fuerza de Geno Washington.

Antes de convertirse en una marca de camisetas conocidísima, los Ramones fueron el grupo más divertido de la historia y entregaron un buen puñado de grandes canciones que no vendieron nada. Dio lo mismo, su música influyó mucho más que la de todos los grupos que vendían a millones mientras ellos sacaban sus primeros discos. Tanto es así que las Sleater Kinney quisieron ser tu Joey Ramone y Kevin Morby les hizo un homenaje, con guiño a Jim Carroll y su “People Who Died”, al grito de guerra de Dee Dee (y contraseña más fácil de desbloquear de la historia), “1234”: Joey, Johnny, Dee Dee, Tommy, todos era mis amigos y ahora están muertos.

R.E.M. sí que terminaron vendiendo millones de disco tras el pelotazo global que supuso “Losing My Religion” pero se habían pasado los 80 siendo el grupo alternativo favorito de gente como Nirvana o Pavement, que en 1993 sacarían su homenaje, “Unseen Power Of The Picket Fence”: Más tarde llegó “Reckoning”, la portada de Finster, y los títulos a juego, «So. Central Rain», «(Don’t Go Back to) Rockville», «Harborcoat», «Pretty Persuasion», has nacido para ser una cámara, «Time After Time» era mi canción menos favorita.

También está el caso de una de las bandas más famosas del mundo, en este caso Led Zeppelin, mandándole un cariñoso saludo a un compañero de profesión mucho más desconocido, que es lo que hizo Jimmy Page con el gran Roy Harper en “Hats Off To Roy Harper” de Led Zeppelin III. Pero, sin duda, una de mis canciones favoritas homenaje es “Alex Chilton” de los Replacements, un temazo con el que comparto esto: Nunca viajo lejos sin un poco de Big Star.

También hay casos en el que artistas consagrados alaban a otros más jóvenes que les han impactado, es el caso de Brian Eno (al que también le han dedicado buenas canciones, como la de MGMT) que tras escuchar el primer disco de los Talking Heads, les dedicó una canción ese mismo año llamada “King Lead’s Hat”, que no es sino un anagrama del nombre de la banda, la cosa le debió gustar a David Byrne porque al final terminarían trabajando juntos.

Pero si hay un caso que destaca en este apartado es el de Kurt Cobain. Su suicidio llevó a muchos de los ídolos del líder de Nirvana a dedicarle canciones, R.E.M. le compusieron “Let Me In”, Patti Smith “About A Boy” pero puede que la más significativa fuera “Sleeps With Angels” de Neil Young, sobre todo teniendo en cuenta que en su nota de suicidio citó una de las canciones del propio Young, “Hey, Hey, My, My”.

A Cobain también le dedicó una canción su viuda, Courtney Love, con el “Malibu” de Hole, compuesta con otro ex novio, Billy Corgan. Y eso nos lleva a uno de los últimos apartados, el de músicos implicados en relaciones sentimentales con otros músicos y dedicándoles canciones, está el caso de Bob Dylan y Joan Baez, el primero a la segunda le dedicó dos grandes temas, “Queen Jane Aproximatly” y “Visions Of Johanna”, mientras que la segunda le correspondió con “Diamonds & Rust”, compuesta poco después de que este la llamara casi 10 años después de haber roto. También está el tremendo impacto que supuso para Nick Cave su breve pero explosiva relación con PJ Harvey a la que dedicó “Green Eyes” y “Black Hair” en el excelente The Boatman’s Call. Pero mi favorita en este caso es sobre una relación todavía más corta. Leonard Cohen siempre se arrepintió de haber expuesto demasiadas cosas sobre su pequeña aventura con Janis Joplin en Chelsea Hotel #2, la canción, que compuso tras la muerte de la mítica cantante, comienza diciendo Te recuerdo bien en el Hotel Chelsea, hablabas con tanta valentía y dulzura, haciéndome una mamada en la cama sin hacer mientras las limusinas esperan en la calle, pero, a pesar de la indiscreción, Cohen acaba entregando lo mejor de sí mismo: Eras famosa, tu corazón era una leyenda. Volviste a decirme que preferías a los hombres guapos pero conmigo harías una excepción (…) Te arreglaste, dijiste: Bueno, no importa, somos feos pero tenemos la música. El final, sencillamente devastador: No quiero sugerir que te amé más, no puedo seguir la pista de cada petirrojo caído, te recuerdo bien en el Hotel Chelsea, eso es todo, ni siquiera pienso en ti tan a menudo.

Pero, para no hacer esto interminable, quiero terminar con mi forma de homenaje preferida, cantársela en directo al homenajeado y lograr emocionarle profundamente, que es lo que pasó cuando First Aid Kit cantaron “Emmylou” delante de la susodicha, durante una ceremonia en su honor en Suecia. Supongo que, por muchos años que hayan pasado, es imposible no emocionarse escuchando a dos voces así de angelicales cantarte eso de seré tu Emmylou, seré tu June, si tú eres mi Gram y mi Johnny también, no, no te pido mucho, sólo canta, cariño, canta conmigo. A veces sobran totalmente las palabras, fíjense en el momento en el que Klara Söderberg se queda sola contando con el único acompañamiento de su guitarra, en el instante en el que nombra a Gram Parsons hay un plano de Emmylou Harris quitándose una lágrima del rostro y puede que ese sea el absoluto cénit de toda una carrera, hacer llorar de emoción a tu ídolo y referente.

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