Ya ha arrancado el 59 Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, y lo ha hecho apostando por el nuevo largometraje de Carlota Pereda, Found Alive. Pereda llega a su cuarto largometraje, tras el reconocimiento crítico del segundo, Cerdita (2022), pero también después de que el tercero, La ermita (2023), fuera ignorado tanto por la prensa especializada como por el público.
Chloë Grace Moretz interpreta aquí a Reeve LeClaire, una mujer víctima de un secuestro en el pasado que se embarca en una desesperada investigación para intentar salvar a otras chicas que se encuentran en su misma situación. Con esta premisa, Pereda lo arriesga casi todo a un procedural que recuerda demasiado a El silencio de los corderos, tanto en su argumento como en su planteamiento visual (a veces parece que está filmado en lugares similares).
Sin embargo, Found Alive se desangra sin remisión por una herida tremenda, un guion que solo es capaz de evolucionar a partir de situaciones de conveniencia (ergo forzadas e inverosímiles dentro del contexto cinematográfico de la propuesta), dejando a su paso un desolador campo de agujeros en la trama que terminan por invalidar sus, por otra parte, innegables virtudes.
Virtudes que encarna, en primer lugar, una esforzada Chloë Grace Moretz, que hace lo que puede con un personaje al que nunca se le acaba de dibujar del todo una coherencia interna que justifique sus acciones. También hay que reconocerle a la película un empaque visual bastante correcto, sin soluciones imaginativas pero con la suficiente pericia estética como para no resultar aburrida. Son virtudes, con todo, que no salvan una película que se deja ver sin resultar especialmente molesta, pero que no podrá trascender de ninguna manera en un panorama de género, el del thriller de misterio, bastante saturado.
Father Joe, presentada en la sección Òrbita, que aglutina propuestas no fantásticas, es otro intento de Luc Besson por fabricar una épica de violencia con rasgos distintivos propios. En esta ocasión cede la batuta a Barthélémy Grossmann, pero Besson es el autor en solitario del guion y también su productora, EuropaCorp, está detrás de la producción, así que la sombra de Besson es seguramente muy alargada y justifica una cierta responsabilidad autoral que, si no supera, desde luego sí que eclipsa sin duda a la de Grossmann.
Father Joe no se anda con tonterías y va al grano ya desde el minuto uno: todos los integrantes de un laboratorio clandestino de drogas son eliminados por un misterioso justiciero que, al final de esta primera secuencia, descubrimos que es el padre Joe del título, un hierático (pero convincente, as usual) Kiefer Sutherland. La declaración de principios de la película es evidente: tenemos a un cura que se comporta casi como un John Wick, de saldo pero John Wick al fin y al cabo, que maneja todo un arsenal balístico con la misma facilidad con la que reparte sermones en sus misas de los domingos. Hay, pues, que ponerle fe como espectador a una película con semejante arranque.
Si se está dispuesto a ello, la recompensa es una cinta entretenidísima, casi una versión aburguesada y descafeinada de la obra magna de Besson, la inolvidable El profesional (León), con evidentes ganas de parecerse (en cuanto a la violencia) a las películas protagonizadas por el mencionado John Wick, aunque aquí ni Grossmann ni su equipo de especialistas están desde luego en la misma liga. Ni falta que hace. Basta, al menos para resultar una propuesta atractiva, una idea desquiciada como la que plantea Father Joe (un sacerdote luchando contra el imperio de la droga), un Al Pacino decrépito pero aún capaz de recitar con aplomo sus diálogos, y toda una set piece de violencia desatada que explota (literalmente) en el interior de una iglesia. No hay más preguntas, señoría.

Termino esta primera crónica desde Sitges hablando de Kevin Bacon, una de las visitas más esperadas de esta edición del festival. Además de para recoger el Gran Premi Honorífic, Bacon se ha presentado con una película debajo del brazo, Family Movie. Es posible que pocas veces el título de una película haya descrito de manera más acertada lo que realmente ha ocurrido en el rodaje, ya que, efectivamente, Family Movie es un proyecto en el que toda la familia Bacon ha participado: Kevin dirigiendo e interpretando, y Sosie, Travis (sus hijos) y Kyra Sedgwick (su esposa) interpretando también (Travis, además, se ha encargado de la banda sonora, y es que el mayor de los dos hijos es músico de profesión).
Todo este juego meta tiene una traducción ampliada en el argumento, que de manera poco sorpresiva acontece en el rodaje de una película de terror. Kevin y Kyra interpretan a una pareja, Sosie y Travis a sus hijos, así que jijijaja vale bien qué ocurrentes. También hay algún cameo (menos de los que podría suponerse teniendo en cuenta la importante y extensa trayectoria de Kevin Bacon), así que los ingredientes para cocinar el manido homenaje al oficio de crear películas están todos ahí.
Y ahí reside la principal limitación de Family Movie, que todo su contexto ya está caducado antes incluso de comenzar la proyección. Es cierto que las intenciones son buenas, y también que el argumento presenta algún que otro apunte decididamente divertido, como lo es convertir a media película al personaje de Kyra Sedgwick en una serial killer que bebe directamente de la Kathleen Turner de Los asesinatos de mamá. Pero el buenismo de la propuesta es por momentos hasta sonrojante, especialmente cuando disemina su (por otra parte previsible) moraleja de “el cine lo arregla todo”, y, aunque no consigue arruinar la función, sí que diluye sus logros.
Es difícil, con todo, resistirse a la puerilidad e inocencia de un artefacto como el que propone Family Movie. En tiempos donde el cinismo domina el discurso cinematográfico, donde se entiende la sencillez como sinónimo de simpleza, quizás deberíamos aplaudir un poco más una película que se enorgullece en ser pequeña, sencilla y sin dobleces narrativos de ningún tipo.






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