Festival de Sitges 2014 ha tenido un balance para recordar
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47 Festival de Sitges: # 4 Un año para recordar

47 Festival de Sitges: # 4 Un año para recordar

A punto de terminar la edición 47 del festival, es momento de disfrutar de las últimas películas y de hacer balance de lo visto este año. Entre el jueves y el viernes el festival aún ha tenido fuelle para darnos alegrías más que destacables como Relatos salvajes, extraordinaria y potente co-producción entre Argentina y España que,

A punto de terminar la edición 47 del festival, es momento de disfrutar de las últimas películas y de hacer balance de lo visto este año.

Entre el jueves y el viernes el festival aún ha tenido fuelle para darnos alegrías más que destacables como Relatos salvajes, extraordinaria y potente co-producción entre Argentina y España que, como sugiere su título, se compone de relatos más o menos breves sin conexión alguna entre sí. Al contrario de lo que suele ocurrir en las películas divididas en segmentos, aquí la estructura de los mismos es totalmente libre y no se supeditan ni a duración ni a estilo ni a conexión temática.

Todos ellos, eso sí, hablan de la desesperación humana ante acontecimientos más o menos imprevisibles o casuales. De una potencia y una originalidad fuera de toda duda, Relatos salvajes consigue devolver al espectador el placer de la narración breve, del relato corto, un poco al estilo de los que hace años escribía Stephen King demostrando su extraordinario dominio de las distancias cortas. En este sentido, no hace falta más que ver el prólogo que abre la película y que se desarrolla dentro de un avión: el elemento sorpresa y el sarcasmo se dan la mano en un feliz matrimonio que termina de manera absolutamente brillante.

Relatos salvajes

También por encima de la media merece ser destacada It follows, que no está dirigida por John Carpenter pero como si lo fuera. Y es que su director, David Robert Mitchell, se ha propuesto homenajear/imitar al maestro en todo lo que ha podido: en la música, en la diabólica naturaleza del Mal que acosa a los protagonistas, y hasta en ciertas localizaciones: algunas calles que se ven en esta película parecen las mismas (o lo son) que las de La noche de Halloween. El resultado es inquietante aunque afectado por ciertos tics del cine indie, como por ejemplo el de las caras de estar pensando en complicados logaritmos matemáticos que ponen casi todo el rato los protagonistas. Esta filtración de lo indie acaba diluyendo un poco el efecto terrorífico que persigue la cinta y, por lo tanto, el producto final no está ni mucho menos a la altura de la mayoría de películas de Carpenter, pero desde luego sí que podemos ubicarlo muy por encima de lo que en general se hace hoy día en el género de terror.

It Follows (David Robert Mitchell, 2014).

It Follows (David Robert Mitchell, 2014).

Pero si de una película hay que hablar en lo que respecta a la sección oficial a concurso de este año es de What we do in the shadows. La idea es tan efectiva y al mismo tiempo tan ridículamente simple que mientras se proyecta en pantalla uno se pregunta una y otra vez cómo es posible que en este mundo, donde parece que ya lo hemos visto todo, a nadie se le haya ocurrido antes. Se trata de un falso documental que sigue la vida ordinaria de tres vampiros que comparten un piso en Nueva Zelanda. ¿Suena bien? ¿Se corresponde con un buen arranque? Sí, desde luego que sí: lo primero que vemos es un despertador sonando furioso a las seis… ¡pero de la tarde! Y lo segundo que vemos es una mano torpe saliendo de un ataúd para apagar el despertador y volver a meterse dentro de la caja.

Los primeros cinco minutos de película, que son los que sitúan al espectador en el terreno que va a pisar, son así de delirantes, pero, milagrosamente, la película no se queda en un chiste estirado y consigue durante casi todo el metraje extraer petróleo de esta premisa con gags ciertamente antológicos: el momento en el que los vampiros se preparan para salir de marcha pero no pueden comprobar cómo les queda la ropa porque no se reflejan en el espejo es de una absoluta genialidad, como también lo es el posterior y frustrante paseo por discotecas para ver si en alguna el portero les invita a entrar porque, como son vampiros, si nadie les invita a pasar entonces no pueden entrar en ningún sitio.

Por supuesto que la película no aguanta el ritmo los 90 minutos de proyección y tiene bajones de interés más o menos obvios (todo lo relativo a los hombres lobo, por ejemplo), pero en conjunto funciona de manera delirante y acierta con extrema precisión en el diseño de personajes de los tres protagonistas, tres caracteres perfectamente dibujados y distintos entre sí con puntos de interés todos ellos, lo que hace que cuando la película se centre en cada uno por separado no suponga una pérdida de interés respecto a los otros dos. Habrá que volver a ella para analizarla con más tranquilidad y ver hasta qué punto What we do in the shadows supone o no una auténtica evolución en el fantástico y en el falso documental, que son las dos fuentes de las que bebe esta extraordinaria hibridación de géneros.

Lo que hacemos en las sombras

Por último, y muy rápidamente, una reflexión general para cerrar este festival de Sitges. Ya lo decíamos en el artículo de presentación: 300 películas son muchas películas. Este año, sin embargo, Ángel Sala y su equipo han conseguido reunir una programación de una calidad media bastante alta, muy superior a la de las últimas ediciones. Y esta es una sensación que flota en el ambiente, que se comenta en las filas de butacas ya desde el pasado fin de semana, así que si tanta gente lo ve así en algo debe haber acertado el festival.

Para el año que viene parece que ya se ha anunciado un cierto cambio en el formato del festival, pero tiempo habrá de hablar de ello. Ahora, lo que toca es felicitar a Sala porque la edición de Sitges 2014 será sin duda recordada como una de las mejores de toda su etapa.

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