El amante doble: Puro Ozon
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El amante doble: Puro Ozon

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El amante doble (2017) es un Ozon por los cuatro costados. La rarezas de la vida, la extrañeza interior, la ausencia de límites entre lo consciente y lo inconsciente, el suspense, lo sobrenatural y las personalidades que traspasan cualquier tipología común, son la especialidad del director francés. Tras la canónica y deslumbrante Frantz (2016), el

El amante doble (2017) es un Ozon por los cuatro costados. La rarezas de la vida, la extrañeza interior, la ausencia de límites entre lo consciente y lo inconsciente, el suspense, lo sobrenatural y las personalidades que traspasan cualquier tipología común, son la especialidad del director francés.

Tras la canónica y deslumbrante Frantz (2016), el prolífico director se sumerge de nuevo en una de esas historias traviesas tan de su gusto, cuya contemplación nos permite soltar una carcajada, mientras nuestro corazón se encoge. En El amante doble, Chloé (Marine Vacth), una bellísima joven exmodelo, que ha elegido trabajar como vigilante de museo, se enamora de su psicoanalista Paul (Jérémie Renier), al que acude por padecer dolores abdominales psicosomáticos. Al cabo de poco tiempo, comienzan a vivir juntos y será cuando ella descubra que la identidad de su hombre es un misterio.

El amante doble (François Ozon, 2017)

Ozon basa su historia en un cuento de Joyce Carol Oates (Live of the Twins), que escribió bajo el pseudónimo de Rosamond Smith -otra vuelta de tuerca a la duplicidad-, y vuelve a contar con el erotismo estilizado de Marine Vatch (Joven y bonita, 2013), como eje y bisagra de su thriller. El melodramatismo, la falta de inhibiciones y la impredecibilidad son ingredientes del juego a que nos tiene acostumbrados el director y, en esta ocasión, con la complicidad de la fotografía de Manu Dacosse y uno de sus más exquisitos diseños de producción, logra una manipulación muy cool, que confunde al espectador, le intriga y aleja a partes iguales.

El amante doble (François Ozon, 2017)

François Ozon explora de nuevo la compleja personalidad de sus protagonistas femeninas, la distancia entre la realidad y la imaginación, la transferencia de personalidad y los conflictos del dopelgänger, ese  doble fantasmagórico tan cinematográfico. Jérémie Renier sobresale en su doble papel, con elegancia sin recurrir al truco fácil, colaborando a la confusión cuando es necesario; Marine  Vacht (Chloé) nos mantiene seducidos durante todo el metraje y el cameo de Jacqueline Bisset nos obliga a añorar más su presencia en el cine actual.

El amante doble juguetea con un sentido del humor que desdramatiza las situaciones cuando es oportuno, el director no escatima recursos para desplegar un argumento muy bien cimentado, en un guion impecable. Si algo caracteriza a Ozon es la falta de sutileza y buena prueba es el plano inicial del filme, lo que conforma un estilo tan personal que provoca la adhesión o el rechazo, aunque siempre queda un término intermedio al espectador: desinhibirse a la vez, soltar esa carcajada que responde a la provocación y disfrutar de la necesaria imaginación como parte de la vida, asumiendo su complejidad.

Eva Peydró
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