Lanzado seis meses antes del debut de los Ramones, Horses fue fundamental para difundir la simplicidad minimalista y el ‘házlo tú mismo‘ del género punk. No sé si es el primer disco punk o el último ‘proto punk’ y puede que dé lo mismo, lo que está claro es que el debut de Patti Smith es uno de los discos más influyentes de todos los tiempos y supuso una bocanada de aire fresco para el género desde el día de su aparición, un 10 de noviembre de 1975.
Poesía y rock & roll
Su protagonista absoluta no era una adolescente sino una poetisa que estaba a punto de cumplir 29 años y llevaba desde finales de los 60 metida en la vanguardia literaria que giraba alrededor del Hotel Chelsea de Nueva York, una en la que Allen Ginsberg se mezclaba con la Velvet Underground, y en la que recitaba sus poemas junto a la guitarra eléctrica de Lenny Kaye. Patti Smith tenía dos pasiones infinitas, la poesía y el rock & roll, y le gustaba mezclarlas.
En sus primeras actuaciones ella comenzaba a recitar sus poemas y luego Lenny comenzaba a tocar algún clásico de rock y entonces mezclaba la letra de la canción con sus propias palabras. Ese fue el germen del Patti Smith Group que empezaría a tomar forma en 1973 con la incorporación del pianista Richard Sohl y, un año después, se cerraría cuando se subieran al carro Ivan Král al bajo y a la guitarra y Jay Dee Daugherty a la batería. Ese mismo año grabarían su primer sencillo, autoeditado, compuesto por «Hey Joe/Piss Factory».
En 1975 comenzaron a tocar regularmente en el CBGB, el antro en el que estaba naciendo el punk en una escena que también incluía a Television, Blondie, Mink DeVille, Talking Heads, The Shirts, The Heartbreakers y, por supuesto, los Ramones. De todos ellos el grupo de Patti Smith fue el primero que consiguió un contrato discográfico, gracias al interés de Clive Davis que los fichó para Arista.
Un puente con la Velvet Underground
Como productor Patti eligió a John Cale, una elección que tendía un puente con una de las primeras bandas proto punk de la historia, la Velvet Underground, pero una también art rock y con un gusto por las letras afiladas. Y es que, a pesar de que muchos de los temas explorados en Horses, así como la energía y la rabia de la interpretación de Smith, son innegablemente punk rock, reducir el material de Patti Smith exclusivamente a la etiqueta de punk rock parece una visión innecesariamente limitada. La verdad era que Horses incorporaba una amplia gama de influencias y estilos; normal si tenemos en cuenta que Patti ya había grabado antes con Blue Öyster Cult o con Ray Manzarek de The Doors, así que podría considerarse tanto una obra maestra del art rock vanguardista como del punk, sencillamente, un gran disco de rock & roll.
Si uno escuchaba a los Ramones, había un sonido muy marcado y definido pero Horses era mucho más libre y abierto, sí había momentos de tres acordes tocados de manera amateur con mucha energía pero también largas elegías al piano y múltiples guiños a los caídos del rock como Jimi Hendrix, Jim Morrison o Brian Jones.
Quizás el momento que mejor define a este disco sea ese en el que Patti mezcla a Rimbaud con Johnny B Goode y aquella tierra de las mil danzas: And I fill my nose with snow and go Rimbaud, Go Rimbaud, go Rimbaud, and go Johnny go, and do the watusi, oh do the watusi. Poesía, rock & roll y espíritu punk gritados desde las entrañas.
Rebeldía e intensidad
Con Horses Patti Smith consiguió capturar la actitud rebelde del rock and roll a través de sus letras y poemas escritos en forma de flujo de conciencia. Es un disco abrumador en su rebeldía y su desparpajo, con un Cale volviéndose loco para poder capturar la energía de sus interpretaciones en directo, donde Patti comenzaba a recitar y el grupo comenzaba a tocar un clásico del rock & roll. El ejemplo más perfecto es la canción que abre el disco «Gloria/In Excelsis Deo», en la que Smith comienza recitando sobre un sombrío piano un antiguo poema suyo que dice así Jesus died for somebody sins, but not mine (Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos), posiblemente el más estremecedor y desafiante comienzo de un disco de rock.
Entonces, poco a poco, la banda va acelerando el tempo y nos damos cuenta de que estamos en los tres acordes del «Gloria» de Van Morrison para Them, pero que aquí se convierte en otra cosa totalmente distinta. Y es que si la versión original de Them era un temazo, la reinterpretación de Patti Smith es trascendente y parece que más que buscar sexo con una chica está buscando encontrar a Dios en el cielo para ajustar cuentas con él. La intensidad sigue subiendo por momentos hasta que llegamos al conocido estribillo en el que la canción explota.
Luego se toman un ligero descanso hasta que Patti, que ejerce de sacerdotisa a la que el resto de la banda sigue, comienza a aullar esos ding dong, ding dong, y esos agudos medio desafinados que valen más que muchos gorgoritos técnicamente perfectos pero sin ninguna pasión. Y entonces, se vuelve a parar y Patti vuelve a lanzar el aviso a Jesús, y la canción culmina con la gloria del rock & roll.
Hay otro ejemplo en el disco y está a la misma altura, aunque puede que menos inmediato, pero más desesperado, se trata de «Land» con sus tres secciones, ese primer recitado en el que Patti relata la violación de un chico llamado Johnny y su crisis nerviosa, en la que se ve rodeado de caballos que llegan desde todas las direcciones y explota con la incorporación del «Land Of 10.000 Dances». La canción va subiendo y bajando, mezclando narración recitada y partes cantadas, resultando en una barbaridad que es la que mejor explica la música de Smith con ese comentado momento del Go Rimbaud, go Rimbaud, and go Johnny go.
Patti Smith, exploradora de paisajes sonoros
Pero también hay canciones originales de Patti y su banda en las que Smith da rienda suelta a otros asuntos y otros estilos, está el reggae de «Redondo Beach», varios años antes de los Clash, 2Tone o The Police, o la fascinante «Kimberly», que Johnny Marr y Morrissey utilizarían en «The Hand That Rock The Craddle», sin olvidarnos de la potente y hermosa «Free Money», en la que habla de los sueños de hacerse rica de su pobre madre, y que puede considerarse la pariente cercana de «Because The Night». Sin olvidarnos de la colaboración con Tom Verlaine en «Break It Up» o la inclasificable belleza de «Birdland», basada en el mismo Libro de Sueños de Peter Reich que llevaría a Kate Bush a escribir «Cloudbursting».
Con Horses, Patti Smith consiguió mezclar a la perfección dos mundos, el de la poesía y el del rock & roll, que parecían contrapuestos. Además, abrió las puertas para un tipo de mujer que no había aparecido antes, libre, fuerte e independiente, fuera de todos los clichés de género. Bastaba fijarse en la fotografía de la portada, que le había hecho Robert Mapplethorpe, para saber que el rock & roll había encontrado una nueva, y excitante, mirada.







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