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«La tarta del presidente», entrevista con Hasan Hadi

En Entrevistas, Cine y Series jueves, 01/01/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Durante el pasado Festival de Cannes, La tarta del presidente fue una de las más escuchadas recomendaciones para quienes se interesan por el cine más allá de la Sección Oficial. Los ecos de la ópera prima del cineasta Hasan Hadi, la primera película iraquí en ser nominada a los Oscar como Mejor Película Internacional, se confirmaron con el premio del público, la Cámara de Oro a la Mejor ópera prima y el premio AFCAE de los exhibidores franceses a la Mejor película.

La película está ambientada en los estertores de la dictadura de Saddam Hussein, mostrando las consecuencias del boicot internacional a Irak en la cotidianidad de una comunidad precaria. La mirada de Hasan Hadi elige a los niños como conductores de un cuento hiperrealista, especialmente a su protagonista, la pequeña Lamia de 9 años (Baneen Ahmad Nayef), angustiada por tener que preparar una tarta para su profesor, por el cumpleaños de Sadam, cuando el ayuno forzado es la dieta diaria de la familia que forma con su abuela (Waheed Thabet Khreibat). En una sociedad opresiva, bajo un régimen dictatorial, los destinos de sus ciudadanos son un juguete en manos de profesores, comerciantes o fuerzas del orden.

Afortunadamente, no nos encontramos ante un Cafarnaúm sino ante una película que mide bien su impacto en el espectador, ya que, por otra parte, su historia, que representa el drama de todo un país, no precisa de subrayado. Con motivo del estreno comercial en España de La tarta del presidente —se proyectó en la sección Perlak del pasado Festival de San Sebastián—, entrevistamos a su director, formado en la NYU Tisch School of the Arts, y cuya película, en coproducción entre Irán, Irak y EEUU, tuvo el apoyo de Sundance Labs.

La tarta del presidente

La tarta del presidente nos muestra un momento de la historia de Irak ligado a los últimos años del régimen de Saddam Hussein, un período de extrema dureza para la sociedad iraquí, comenzamos esta entrevista indagando en el motivo por el cual Hasan Hadi ha elegido ese momento. Cuando empecé a escribir y a hacer esta película, mi único objetivo era contar una historia: una historia de amor y amistad bajo una dictadura, la guerra y las sanciones, y arrojar luz sobre Irak y sobre un periodo de la historia del país que nunca ha sido explorado cinematográficamente. Es uno de esos momentos que marcaron profundamente al pueblo iraquí y al país, y cuyo impacto todavía se siente hoy, incluso en la actualidad.

La historia se sitúa al nivel de una niña de nueve años, adoptando una perspectiva infantil, ingenua y perseverante, el director convirtió a los niños en motores narrativos porque yo era un niño en esa época, así que me resultó natural compartir recuerdos que conservo de entonces. Además, en una película como esta, con un fuerte contexto político, quería que el punto de vista fuera distinto… La película está inspirada en hechos reales y recuerdos personales, sí, totalmente. La película está inspirada en eso. Para mí, la perspectiva infantil me ofrecía la mirada objetiva que quería transmitir al público. Los niños no son políticos, no tienen sesgos; ven el mundo tal como es, sin filtros. Y quería que esa fuera también la experiencia del espectador.

La tarta del presidente

¿Cómo se aborda un casting de este tipo y el trabajo con actores no profesionales, especialmente con niños? Hicimos casting en la calle. No había actores profesionales; todos eran no profesionales. Buscábamos personas que se parecieran a los personajes que teníamos en el guion o que resultaran lo suficientemente interesantes para la película. En el caso de los niños, Said, el niño, fue el primer actor que encontramos, y Baneen —Lamia— fue la última actriz que encontramos para el film. Recibí un vídeo de 30 segundos en el que se presentaba, decía su nombre y daba información sobre ella. En ese momento supe inmediatamente que era la niña capaz de sostener la película sobre sus hombros. Pero sus padres no apoyaban la decisión al principio, porque no sabían qué era el cine, qué significaba hacer una película. Y cuando no conoces algo, normalmente le tienes miedo. Sería necesaria mucha persuasión… Hizo falta mucha conversación, explicación e implicarlos en el proceso hasta que finalmente se volvieron muy colaboradores y apoyaron completamente el proyecto.

Uno de los aspectos importantes del film es que los adultos a menudo aparecen como indiferentes o incluso crueles. ¿Qué dice esto de la sociedad iraquí de la época? Creo que refleja el hecho de vivir bajo un régimen brutal, afirma Hadi,  muestra que la sociedad estaba sometida a presiones tan enormes que cambiaron su naturaleza, que alteraron la moral y destruyeron la ética social. Eso es lo que la película intenta poner de relieve. ¿Podemos decir entonces que el bloqueo transformó la sociedad iraquí? Cien por cien. Y seguimos sintiendo su impacto hoy en día. Uno de los grandes problemas actuales en Irak, especialmente a nivel político, es la corrupción. Y el ciclo de corrupción comenzó durante las sanciones. Desgraciadamente, una vez que ese ciclo se inicia, es muy difícil detenerlo. Requiere mucha educación y una reconstrucción de toda una generación y del país entero, basada en un código ético diferente.

La tarta del presidente

Desafortunadamente, esto no es exclusivo de Irak. Es inevitable pensar en las consecuencias que el bloqueo económico tiene para la sociedad civil de países como Cuba, Sí, exactamente. Se dan situaciones similares porque al limitar los recursos, la gente tiene que luchar por su propia supervivencia. Por eso, cuando se piensa en las sanciones como una herramienta diplomática que solo afecta a los líderes, me parece una idea ingenua, porque no es verdad. Afectan únicamente a los civiles inocentes en su vida cotidiana.

Rodar en Irak no es tarea fácil, las dificultades técnicas, logísticas, fueron un reto para el equipo, Son muchos. Por ejemplo, incluso para alquilar equipos muy básicos, no estaban disponibles. O conseguir permisos: algo que en un país con industria cinematográfica se resuelve con unos pocos correos electrónicos, allí puede llevar días o semanas. Incluso a nivel de equipo humano, tuvimos dificultades para cubrir los puestos técnicos porque el equipo local no tenía suficiente experiencia para una película de este tipo. Por eso tuvimos que traer a miembros del equipo del extranjero y trabajar de forma conjunta con el equipo iraquí, para ampliar conocimientos y habilidades.

En cuanto al lenguaje visual, es realmente impactante. La fotografía de Tudor Vladimir Panduru (Malmkrog, 2020) capta tanto las marismas como la ciudad con una claridad y una profundidad de campo extraordinarias. El trabajo fue intenso para aunar este enfoque visual, Durante la preproducción hablamos mucho del guion y de cómo trabajar con actores. Por eso decidimos minimizar la cobertura y aumentar el movimiento de cámara, para reducir el montaje. Al trabajar con actores no profesionales, queríamos que las interpretaciones se desarrollaran de forma natural, cruda y real. También hablamos mucho del tono de la película: ese aire de fábula o cuento que queríamos trasladar a través de la cámara y de su movimiento. Elegimos un formato de imagen que encajara con el paisaje, con la amplitud de los espacios y con el viaje que emprenden los personajes. Y también volvimos a la época, seleccionando una paleta de colores representativa de ese tiempo, para crear una sensación de nostalgia.

A pesar del trasfondo trágico, la película evita el exceso emocional y la dramatización explícita, como decisión estilística consciente. No quería sobredramatizar. No me interesa ser emocionalmente abusivo con el espectador. Por eso intenté ser lo más sutil posible en ciertas escenas. Además, tras haber estado expuesto a muchos tipos de cine, ese es el tipo de películas y emociones a las que yo respondo como espectador.

Para terminar nuestra entrevista, preguntamos al director sobre la extraordinaria acogida internacional y sus expectativas a partir del momento en que comienza su carrera comercial, Hasta ahora la recepción ha sido increíblemente positiva y cálida. Mi esperanza es que, cuando la película termine y la pantalla se quede en negro, el público empiece a pensar en los personajes: si sobrevivieron o no, y, en caso de haberlo hecho, cómo continuaron con sus vidas. La película trata de humanizar cifras abstractas, números matemáticos o titulares de prensa. Estos niños podrían haber sido solo un número más en una noticia. De alguna manera, la película les da voz, identidad, una existencia tangible. Y también muestra qué hacen las sanciones, qué son las dictaduras y qué son las guerras. Para que la próxima vez que se oigan palabras como bloqueo, sanciones o dictador, se entienda que las víctimas no son necesariamente militares. Las víctimas son, en su inmensa mayoría, civiles inocentes. Espero que eso llegue al público.

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