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Fantástico Sr. Wes Anderson

En Cine y TV 21 October, 2021

Sergio Ariza

Sergio Ariza

PERFIL

INT. HABITACIÓN INFANTIL – DÍA (FLASHBACK)

NARRADOR (VOZ EN OFF)

(Montaje de imágenes mientras suena «Do I Still Figure In Your Life» de Pete Dello)

Wes Anderson nació en Houston, Texas. Hijo de la agente inmobiliaria y arqueóloga Ann Anderson (apellido de soltera Burroughs), y de Melver Leonard Anderson, relaciones públicas y publicista. Desde pequeño hizo pequeñas películas mudas en las que aparecían sus dos hermanos, Mel y Eric, aunque siempre quiso ser un escritor. Sus padres se divorciaron cuando tenía ocho años lo que le creó una tremenda depresión. Se graduó en el instituto St. John de Texas donde dirigió y representó las obras de teatro Los cinco Maseratis y La batalla del Álamo. Obtuvo el título de filosofía en la Universidad de Texas en Austin, donde trabajó como proyeccionista de cine mientras estudiaba y escribía obras y guiones junto a su compañero de cuarto, Owen Wilson.

Este podría ser el inicio de la película sobre Wes Anderson si el mismo Wes Anderson la dirigiera, su personaje principal llevaría un traje de pana y veríamos una colección de planos perfectamente simétricos, con colores vivos y poco realistas, habría también estilizadas tomas en cámara lenta con decorados propios del Art Nouveau, fotogramas estáticos de libros infantiles o libretas, densamente empaquetados y con una composición minuciosa, un par de momentos utilizando la técnica de animación stop motion… ¡ah!, y, por supuesto, en su amplio elenco aparecerá Bill Murray.

El estilo de Wes Anderson es tan inconfundible que se presta a la parodia y a la caricatura, es evidente que Wes Anderson es un estilista, alguien al que podríamos encuadrar dentro de los presupuestos del arte por el arte, un tipo cuyas películas llevan su firma tan metida en el ADN que para algunos críticos no son más que eso, floridos ejercicios de estilo sin nada más en su interior, bonitos objetos ‘vintage’ pero vacíos de alma.

Pero creo que, a pesar de que Anderson parece más preocupado por la forma que por el fondo, sus películas no son vanos y ostentosos envoltorios sin nada dentro, sino que el director se preocupa también, y mucho, por sus personajes, eso sí, siempre deja bien clara su presencia en sus películas, donde, además, siempre suele haber un narrador. Para Anderson es importante dejar claro que lo que está contando es una ficción.

El autor de Los Tenenbaums está todo lo alejado posible de ese estilo realista y de cámara invisible que tanto se ha impuesto en el cine americano. Los suyos son planos en los que el fondo es plano, con los personajes mirando directamente a cámara, en perpendicular a ella o son vistos por detrás, la mayoría de los directores evitan estos tipos de planos porque parecen artificiales y construidos, y la mayoría de los directores quieren que su trabajo permanezca invisible, que la cámara no se note, pero para Anderson es totalmente al revés, quiere que el espectador tenga claro que está ante una obra de ficción, a Anderson le gusta dejar su huella, que la gente sepa que hay un tipo dirigiendo una historia.

Sus películas transcurren en un mundo propio, el suyo. Sus películas y sus personajes son muy parecidos porque Wes Anderson pinta retratos con la cámara en lo que lo más importante es profundizar en los personajes más que en el argumento de la película. Sus caracteres son todos disciplinados y, a la vez, completamente irresponsables, desquiciados y un poco ridículos pero, como se dice al describir al señor Gustave de El Gran Hotel Budapest, son un destello de civilización en el bárbaro matadero que conocemos como Humanidad y Anderson parece quererlos a todos por igual, con sus manías y sus imperfecciones, ya sea el caradura de Royal Tennenbaum, el obsesivo Steve Zissou o el carismático señor Fox.

Otra de las características de sus personajes es que los adultos se comportan como adolescentes y éstos lo hacen como adultos, estando la mayoría de sus películas contadas desde la perspectiva de uno de esos adolescentes, ya sea el Max Fischer de Academia Rushmore, el Zero Moustafa de El Gran Hotel Budapest o el Sam Shakusky de Moonrise Kingdom. Precisamente el primero es lo más parecido a un autorretrato en el cine de Anderson, que llegó a rodar la película en su antiguo instituto de St. John y metió en el personaje esos sentimientos de envidia social, de querer aspirar a una especie de mundo aristocrático, algo que, en cierta medida, el propio Wes Anderson consiguió al integrarse en el círculo de la familia Coppola, descubriendo a Jason Schwartzman y escribiendo junto a Roman Coppola.

Y es que Anderson parece anhelar ese regusto como de aristocráticos outsiders y vieja analogía que hacen de él algo así como el Santo Patrón del hipsterismo, el Dios Padre en una Santísima Trinidad en la que estaría acompañado de Zooey Deschanel y Belle & Sebastian. Los chándales Adidas, las barbas, los bigotes, los trajes de pana, los vinilos y otros complementos hipster pueblan sus películas desde antes de que el New York Times volviera a poner en uso el término a principios del Siglo XXI.

Su debut en la dirección fue con Bottle Rocket pero se la puede considerar todavía un experimento fallido, así que se podría decir que Academia Rushmore fue la película en la que estableció su estilo, siendo la primera en la que aparecieron tanto Bill Murray como Jason Schwartzman, y en la que comenzó otra de sus características, la perfecta utilización de maravillosas canciones pop a lo largo de su metraje, con una interesante fijación en este caso por el pop británico de los 60. Pero la perfección de su estilo llegó con su tercera película, Los Tenenbaums. Una Familia de genios, posiblemente la mejor película de su carrera, donde ya se muestra un sentido muy refinado de los matices que separan la comedia de la tragedia.

Las películas de Wes Anderson parecen felices y ligeras pero están llenas de personajes tristes y depresivos, en ellas se puede pasar de un montaje de alegres momentos al ritmo del “Me And Julio Down By The Schoolyard” de Paul Simon a un intento de suicidio bajo los sones de Elliott Smith (un par de años antes de que el cantante se suicidara él mismo). Pero lo increíble es que el tono es siempre perfecto, con los personajes abriéndose el alma sin filtros en frases soltadas a bocajarro pero con un estilo totalmente neutro. En Los Tenenbaums todo gira alrededor del patriarca, el principal responsable de dos décadas de traiciones, fracasos y decepciones que han llevado a los prometedores hijos al borde de la crisis nerviosa.

Para el papel Anderson consiguió a un Gene Hackman que aceptó a regañadientes. El actor no congenió con el director y tuvieron varios choques durante el rodaje, siendo su relación real parecida a la del personaje con sus hijos en la ficción, pero sin la afabilidad que suele dar Anderson a todos sus personajes. En un momento dado el actor le llegó a decir no seas nenaza y compórtate como un hombre, sin tener muy claro qué clase de película estaba rodando. Cuando finalmente la vio proyectada por primera vez, en su estreno en el Festival de Nueva York, y escuchó las primeras carcajadas se volvió y dijo: ¿Así que estábamos rodando una comedia?. Aun así, en su necrológica su Royal Tenenbaum se mencionará a la par que los más míticos personajes de su maravillosa carrera, como el Harry Caul de La Conversación o el Sheriff Little Bill Daggett de Sin Perdón.

De todas formas Hackman es una de las pocas excepciones para un director al que le gusta rodearse de rostros conocidos cuando va a rodar una película, ya sea su amigo y compañero de facultad, Owen Wilson (Wilson es, además, el coguionista de Academia Rushmore y Los Tenenbaums), Adrien Brody, Tilda Swinton, Edward Norton, Willem Dafoe o Anjelica Huston, además de los mencionados Murray y Schwartzman.

Pero si Los Tenenbaums fue la película que modeló su estilo Moonrise Kingdom fue su demostración empírica. La película comenzaba a los sones de The Young Person’s Guide to the Orchestra, que uno de los hermanos pequeños de Suzy toca en su tocadiscos. La pieza tiene a un narrador presentando a una orquesta sobre un tema de Henry Purcell. El narrador va nombrando las diferentes secciones de la orquesta, lo que concuerda con la forma en que Anderson presenta a Suzy y a los distintos miembros de su familia. Se les muestra en habitaciones separadas y sin comunicarse entre sí, lo que da prueba de su desconexión emocional. La música de Purcell encaja con los movimientos de cámara y la puesta en escena de Anderson, ampliamente planificada.

Es una sinfonía de encuadres, planos, personajes y lugares 100% Wes Anderson, es el director enseñándonos meticulosamente su estilo y sus ligeras variaciones, es formalmente brillante, es precioso pero también es recargado y puede sacar a más de uno de la historia. Recuerdo como la primera vez que la vi, me pareció una película fría y vacía de contenido. Sin embargo, revisándola hace poco me ha parecido notable y emocionante.

Es evidente que en el cine de Anderson siempre ha pesado más la forma que el fondo, pero aquí eso es llevado al paroxismo, lo que la hace, por otro lado, la más Wes Anderson de todas sus películas y una de las favoritas de los seguidores más acérrimos, esos que colocan su habitación como si fuera una de sus películas y visten como si fueran uno de sus personajes.

Aun así, he descubierto que en Moonrise Kingdom hay mucho más que un estilista rizando el rizo. El último plano es espectacular, los protagonistas se despiden, cambia a un plano de esos tan perfectamente simétricos que recuerda al inicio y Suzy mira directamente al espectador, nos sentimos culpables de espiar su intimidad, de ser extraños en su mundo, pero a ella parece no importarle, se va de plano y la cámara baja al cuadro que había estado pintando Frank, no es un retrato de Suzy y sus hermanos sino de esa playa que funciona como metáfora del momento en el que dejaron de ser niños y se convirtieron en adultos, claro que siendo parte del mundo de Wes Anderson bien podría ser totalmente al revés.

(Se cierra el telón, suena el “Ooh La La” de The Faces)

FIN

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