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“El padrino” desconocido

En Cine y TV 3 May, 2022

Ángel Pontones

Ángel Pontones

PERFIL

Esta entrevista a Michael Andolini de Corleone fue posible gracias a la intermediación de Francis Ford Coppola. Me habían hablado de Corleone como un personaje frío y difícil, y lo era, pero también resultó un entrevistado muy inteligente y observador, que se calló mucho menos de lo previsto y desveló con ello un anecdotario desconocido sobre su familia y las circunstancias que le llevaron a dirigir la Cosa nostra en el Nueva York de mediados del siglo pasado.

EL HYPE:  No sé bien por donde empezar este cuestionario, señor Corleone.

MICHAEL CORLEONE: Por donde le apetezca. Le responderé a lo que crea conveniente y a lo que no, torceré el gesto. ¿Entendido?

-Me parece lo lógico. Además figura en el contrato de confidencialidad que me hizo firmar su guardaespaldas.

-Por cierto y antes de nada… ¿viene usted a matarme? Se lo digo porque ya no hace falta.

-No, solo quería saber algo más de lo de siempre.

El padrino

-Me avisó Francis (Coppola) que este año tocaba un aniversario, y que casi seguro que vendrían por aquí un montón de periodistas. Hizo bien en decírmelo porque sabe que no me gustan.

-Pero yo debí gustarle a él pues gracias a su recomendación estoy aquí.

-Bueno, pero no tengo todo el día. ¿Qué es lo que quería saber?

-Como ha recordado antes, se cumplen 50 años del estreno de “El Padrino”, la película de Francis sobre su familia.
-50 años ya.

-¿La ha visto alguna vez?

-No veo películas. No me gustan porque no me las creo. Y los cines no me gustan porque nunca me he podido permitir acudir a lugares a oscuras con asientos encajonados, y con solo una salida de emergencia. No habría llegado a los 30 si llego a ver todas las películas que me recomendaron.

-Pero ésta la vio

-Mi hermana Connie se empeñó, porque no dejaban de hablarle bien de ella.

-¿Y qué le pareció?

-Me gustaron cosas: la música (tararea la melodía de Nino Rota), el ambiente. Pero especialmente como retratan a mi padre, aunque recuerdo que él no hablaba así.

-¿No?

-Mi padre no hablaba como si le hubieran hecho una traqueotomía.

-¿Y cómo hablaba su padre?

-Hablaba poco. No sabía manejarse bien con el inglés y tampoco quería dar sensación de ignorante, pero el actor (Brando) se empeñó en esa voz. Cuando le pregunté a que venía aquello, se encogió de hombros. Como hacía mi padre.

El padrino

-Su padre tenía don de gentes.

-Él quería meterme en política, pero era mejor político que yo. Deseaba más que nada que la familia tuviera amigos en todas partes, amigos que te consiguen cosas y te salvan de otras. Pero las cosas no siempre salen como uno quiere.

-Ahora me está hablando del intento de asesinato de Don Vito. En la frutería.

-No, hablo de cuando mi padre buscaba a alguien que contara su historia y apareció Francis para hacerlo.

-¿Coppola?

-No, el escritor. Mario Francis. Puzo.

-Es verdad, también se llamaba Francis. ¿Su padre le pidió que escribiera la historia de los Corleone?

-Mi padre solo le indicó cómo hacerlo. Puzo recibió sus bendiciones, y un cheque que no pudo cobrar ya que todo estaba a nombre de mi madre. En consecuencia, Puzo se quedó con los derechos de la novela y se hizo rico.

-¿Eso lo había planeado su padre?

-Mi padre no tenía fondos. Puzo fue muy ingenuo o muy listo aceptando ese cheque.

-¿Y lo que sucede en la novela es real?

-Coja los periódicos de la época y búsquenos. Estamos todos ahí.

-No me ha respondido.

-Lo es a ratos. ¿Usted contaría todo lo que le pasa? ¿No piensa en el honor de su familia?

el padrino

-¿Me está diciendo que Puzo hizo un publirreportaje de los Corleone?

-Que nos hacía falta, porque aunque mi padre tenía códigos y líneas rojas que no pasaba (y que le costaron cinco balas en el cuerpo), los negocios de la familia no estaban bien vistos.

-Jamás lo habría imaginado así. Siempre pensé que Puzo se inspiró para su novela en una familia siciliana, los Mortillaro, y Coppola en Frank Costello a la hora de sacar el personaje de su padre.

-¿Costello? ¿El de Abbot y Costello? No sé quien es Costello.

-Un gánster de la vieja escuela, pero olvídelo.

-No sé si Puzo y Coppola se basaron en otra gente, pero consiguieron hacer a mi padre mucho más simpático de lo que lo recuerdo. No se recrearon en lo innecesario. Papá llegó arriba con su esfuerzo y lo que ha dicho usted antes, su don de gentes. Eso está bien reflejado en la novela y en la película. Pero no era cercano. Imponía demasiado.

-Debía imponer.

-Yo también pensaba así pero a la larga no es bueno. Imponer por costumbre crea una corte de miedosos y rencorosos. Fíjese en el funerario, Bonasera. Nos odia desde el principio de la película. Agacha la cabeza porque no hay otra. Pero lees en su mirada que nos amortajaría a todos con gusto si pudiera, y en el mismo ataud.

-Echo de menos a su madre en la historia. Pasa por la película como de puntillas. Da la sensación que se aleja de la cámara cuando ésta aparece.

-Mi madre solo quería pasar por el mundo sin hacer ruido. Las broncas las dejaba para dentro de casa, y eso nadie estaba interesado en filmarlo.

-Hábleme de sus hermanos Santino y Fredo.

-De Fredo no quiero hablar, y creo que a estas alturas no hace falta explicarlo. Santino era como sale en la película. Excesivo, imprudente, ocupaba tanto que no nos dejaba al resto. Si hubiera sucedido a mi padre, habría dejado la ciudad de Nueva York como un queso de gruyère. Igual era lo que la ciudad se merecía, pero la familia no. Y pese a echarle de menos, nos hizo un buen favor desapareciendo. Aunque eso le costara la salud a…

-Su padre.

-Eso es. El final de Santino fue realmente la puntilla de papá. Nunca volvió a ser el mismo. Y supo que ya no tenía fuerzas para seguir siendo Don.

-Y le nombró a usted.

-No se fiaba aún de mí. O quería que yo siguiera con su sueño de llegar al Senado. Yo era un héroe recien llegado de la guerra. Respetado. Era lo más respetado que conocía a kilómetros a la redonda. A mi padre se le ocurrió entonces que Tom podía ser capaz de dirigir a la familia.

-¿Tom Hagen? Habría sido un buen Don.

-Sí, pero Duvall (Robert Duvall, el actor que interpreta a Tom Hagen) tenía la agenda repleta y no quiso comprometerse. Entonces papá, con gran pesar de su corazón, me pidió el favor de sucederlo. Y de pasar a ser mi Consigliere.

-Entiendo.

-Lo que hizo mi padre, que era renunciar al sueño de su vida, no lo hace cualquiera. Eligiéndome echaba por tierra todo lo que había planeado para nosotros. Y lo curioso es que corrigiéndose, acabó acertando. Tom había nacido para ser consigliere y cuando papá murió, pasó a serlo mío. Veía más lejos que nosotros, y eso le permitía percibir con más tiempo los problemas y las soluciones. No se quejaba casi nunca.

-Daba la sensación que no tenía tiempo para enfadarse.

Palermo

El Padrino II (Francis Ford Coppola, 1974).

-Mi hermana tenía claro que alguien le contaba en sueños el futuro.

-Pero más de una vez no le hizo caso.

-Y me fue mal. Yo no he sido un gran Don, especialmente cuando me comparo con mi padre y la época que le tocó vivir. Me he equivocado bastante y he sido lo bastante terco como para no arrepentirme. Pero he tenido suerte con el tiempo. El tiempo ha tapado muchos de mis errores.

-¿Qué recuerda de Brando?

-Que se pasó la película anotando frases de mi padre por todo el decorado pues se le olvidaban. También gastaba bromas. Llamabas a la puerta de su hotel y te recibía en pelotas. A alguna gente le hacía gracia y a otra ninguna. Casi lo despidieron porque en la productora pensaban que con él iban directos a la ruina. Luego todo el mundo vio la película. Desde que hizo de mi padre le fue imposible pagar una cuenta en Little Italy, todos los restaurantes le invitaban Tu dinero no sirve aquí, Marlon. ¡El Padrino, chicos!. ¡Mirad, ha llegado el Padrino!. Cuando me dijeron lo que había cobrado por la película casi me trago el anillo de Don. Todo el mundo que participó en aquello se hizo rico. Puzo, Coppola, Brando, el productor Albert Ruddy…

-¿Y de Robert De Niro (el joven Vito Corleone)?

-Ese si se molestó en saber como hablaban los chicos del barrio. Muy disciplinado. Un poco raro, pero honesto. Hacía lo que le pedían, se fijaba en las cosas.

-Eso quiere decir que usted también vio la segunda película, pues allí se cuenta la historia de los comienzos del joven Vito.

-Sí, pero allí el director mezcló su historia con la mía, y yo acabé mareado.

-Mucha gente piensa que esa mezcla es magnífica. Tanto que la consideran lo mejor que ha rodado Coppola en toda su vida.

-Yo habría puesto la historia en orden, porque a ratos pensaba que mi padre iba a aparecer con Don Ciccio en medio de La Habana. Pero yo no dirijo películas.

-Dele otra oportunidad. Se la merece.

-Me dijeron que luego se intentó hacer esto que digo y pasarlo por televisión, como en una serie, pero a nadie le gustó. No apostaré nunca por el gusto de la gente.

-¿Se lleva bien con Al Pacino? Michael Corleone le debe mucha de su fama a él.

-Me pareció un chico inteligente. Me alegro que la película le diera fama y dinero. Tuvo buenas ideas, como fugarse a Sicilia cuando me cargué a Virgil Sollozzo (el jefe del clan mafioso que había ordenado asesinar a Don Vito) y al jefe de policia que le hacía los recados (McCluskey). Yo jamás he pisado Italia.

-¿Nunca estuvo en Italia? ¿No fue allí a vengarse del asesino de su abuela?

-Mi abuela murió de apendicitis. No se fie de lo que le cuentan en las películas. Alfredo (Pacino) se fue a Italia y pasó un buen año allí. Se enamoró, se casó con una chica siciliana y luego alguien le puso una bomba en el coche a ella. Que se le va a hacer. Cuando volvió a América era otra persona. Más dura, más amargada. Parecía un exiliado de su anterior vida. Había rellenado su mochila con todo lo que le hacía falta para ser Don.

-Eso acabó costándole perder a su familia, a Kay Adams, la mujer que le esperaba en los USA.

-Nada sale gratis en esta vida. Y Keaton (Diane Keaton, la chica que hacía de mi mujer) no soportaba Nueva York y estaba loca por irse a trabajar a Hollywood. Aquello no tenía futuro.

-Pero ella pensaba que usted era una persona decente. Le amaba, pero fue perdiendo su fe al ver en lo que se estaba convirtiendo.

-Bla, bla, bla. Que mi familia no era como las demás, se veía a una hora lejos. Y toda esa gente que nos protegía: Brazzi, Clemenza, Tessio. Como para cruzárselos por la noche. Toda la masacre final: Tattaglia, Moe Greene, Barzini, mi cuñado Carlo. ¿De veras que Diane Keaton no se olía nada? Sea sincero ¿Usted se habría fiado de nosotros?

el padrino

-Otro día me entrevista usted a mí, señor Corleone. Hoy lo hacemos al revés. Defíname a Coppola.

-Coppola era un niño con un juguete carísimo. y las ideas muy claras. Me gustaba su familia, muy unida. Tenía cosas que valoro en la mía. Su padre (Carmine Coppola) era un pianista estupendo. La partitura de la película es de Nino Rota, pero las piezas que escucho de vez en cuando son las de Carmine. Me decía que yo tenía oído musical, pero que para marcar el ritmo entendía antes el compás del tambor de un revolver que un diapasón.

-Francis Coppola decía de Michael Corleone que era una especie de Rey Lear que se destruye a sí mismo y a los que quiere, al intentar protegerlos del resto.

-Querría yo ver si Francis lo hubiera hecho mejor en mi lugar. Es muy fácil narrar una historia y bastante menos vivirla. A Francis la fama le hizo algo. Le volvió imprudente, se creyó capaz de todo. Hoy vive a gusto con sus viñedos. Pero para llegar allí ha recibido más tiros que mi padre.

-¿Qué había de verdad en el asunto de la banca Vaticana, los complots en la sombra, el envenenamiento del Papa Juan Pablo?

-Le he dicho que nunca he pisado Italia. Y prefiero que no hablemos de esa película. Francis la hizo sin fe, por el maldito dinero. Si tenía problemas de pasta podía haberme llamado. Me pusieron a un consigliere más simpatico y mucho más inútil (George Hamilton), y acabé echando mucho de menos a Tom Hagen, pero a él también le habían ofrecido más pasta por salir en algún otro bodrio

-¿Le pareció bien que su sucesor fuera el hijo de Santino?

-Me pareció bien. Y cuando me lo parece menos, pienso que pudo ser Stallone y se me van las dudas.

-Usted quería mucho a su hija Sofia (Coppola). Su amor por ella nos predispone a entender que está condenada a la tragedia final.

-Hablemos de otra cosa. Ahora es directora de cine, y hace tiempo que no sé de ella.

-Yo tampoco.

-Y hablando de tiempo…

-¿Tres preguntas más?

-¿Rápidas?

-¿Qué es lo que menos le gustó de la primera película?

-La violencia. No era necesaria. Clavarle la mano en la mesa a Brazzi, pegarle un tiro entre las gafas a Greene. O en el cuello a McCluskey. Todo gratuito, casi ridículo. Cinco años antes de rodarla, el Código Hays no permitía que un tipo disparara a otro en un mismo plano, pues era una demostración de violencia explícita. Al desaparecer la censura es como si de repente hubieran abierto de golpe las compuertas de una presa. Una competición a ver quién podía ser más salvaje. Muy desagradable. ¿Qué querían mostrar? ¿Qué éramos así y que merecíamos lo que nos pasara? Pues bueno.

-Al parecer fue cosa de la productora.

-¿Y eso lo hace mejor?

-¿Era Sinatra el cantante que viene a pedir ayuda a Don Vito para que le dieran el papel en De aquí a la eternidad? (en la película el “cantante” se llama Anthony Fontana)

-Sinatra era un cantante. ¿Para que necesitaba actuar?

-Ok.

¿Me has metido en un grupo para mandarme anuncios? ¿EN SERIO?

-La tomó con la película porque decía que habiamos intentado meternos con él. Y muchos años después, en la tercera parte, quiso salir haciendo de Don Altobello, un Don que me traicionaba. Pero luego se quejó de que le pagaban poco y se fue. ¿Se puede ser más incoherente? Pocas ganas de actuar tendría si a esas alturas solo le guiaba la pasta.

-Habría sido un “malo” espectacular.

-Pero lo de Don Altobello viene a cuento con lo que le dije antes. Todos nos traicionábamos a todos. ¿Cómo no iba a ver eso mi mujer?

-¿Lo de meter la cabeza del caballo bajo la cama del productor de cine fue idea de su padre, de Puzo o de Coppola?

-De Brando.

-¿Qué expresa realmente su mirada en el último plano de El Padrino II?

-Quedamos en que eran tres preguntas. Y que no quería hablar de Fredo.

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