Bill Morrison y Vouvoula Skoura en el 28º Festival Internacional de Documentales de Tesalónica

En Film & TV viernes, 27/02/2026

Eva Peydró

Eva Peydró

PERFIL

Memoria, ruinas y archivos vivos

El Festival Internacional de Documentales de Tesalónica se ha consolidado desde hace años como un espacio privilegiado para repensar el documental más allá de sus límites convencionales. En su 28ª edición (del 5 al 15 de marzo), el Festival refuerza ese compromiso otorgando los Alexandros de Oro honoríficos a dos cineastas que han redefinido radicalmente nuestra relación con la memoria, la historia y el tiempo: el artista multimedia estadounidense Bill Morrison y la cineasta interdisciplinar griega Vouvoula Skoura. Aunque sus prácticas difieren formal y geográficamente, ambos han dedicado su trayectoria a interrogar los archivos no como depósitos estáticos del pasado, sino como territorios vivos, inestables y profundamente políticos.

En un momento en el que las imágenes en movimiento circulan más rápido de lo que pueden conservarse, Tesalónica propone un doble gesto de reconocimiento y cuidado: homenajear a dos figuras pioneras y, al mismo tiempo, situar en primer plano cuestiones urgentes sobre la degradación, la pérdida, la restauración, la accesibilidad y la ética de la memoria en el cine.

Bill Morrison: la poética de la descomposición

Calificado por The New York Times como el “poeta laureado de las películas perdidas”, Bill Morrison lleva décadas transformando metraje dañado y descartado en algunas de las obras más inquietantes del cine contemporáneo. Sus películas no reutilizan simplemente imágenes de archivo: las escuchan. Arañazos, quemaduras químicas, moho y desintegración no se tratan como defectos a corregir, sino como fuerzas expresivas, equivalentes visuales de la erosión, el olvido y el trauma histórico.

La presencia de Morrison en Tesalónica se articula en torno a un amplio foco que incluye seis obras clave y coincide con el gran homenaje del Festival al uso del archivo en el cine. Además, impartirá una masterclass titulada Uncovering the Hidden Frame, en la que reflexionará sobre su evolución artística y sobre el papel central que el material de archivo ha desempeñado en su práctica. Un título especialmente pertinente para un cineasta que ha revelado de forma constante aquello que el cine tiende a ocultar: su propia mortalidad.

Bill Morrison. Thessaloniki

Bill Morrison.

Su trayectoria es singular. Desde Decasia —la primera obra del siglo XXI incluida en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos— hasta Dawson City: Frozen Time, Morrison ha construido una filmografía en la que la historia reaparece como sedimento frágil. Decasia sigue siendo una obra fundacional: una meditación sinfónica compuesta íntegramente a partir de material en descomposición, donde el cine se manifiesta a la vez como ruina y revelación. Kenneth Anger la calificó como lo más perturbador que había visto nunca; Errol Morris fue más lejos al considerarla “la mejor película de la historia”. Más allá de la hipérbole, la obra transformó de manera definitiva la forma de entender el archivo desde un punto de vista estético y filosófico.

Dawson City: Frozen Time amplía este enfoque en una investigación histórica de gran aliento. El hallazgo de más de 500 películas del periodo silente enterradas bajo una piscina en el Yukón sirve de punto de partida para un collage denso de imágenes, fotografías, entrevistas y documentos que traza una historia del capitalismo, el colonialismo, los ciclos de auge y caída y la fragilidad de la memoria cultural. Morrison actúa aquí menos como historiador que como arqueólogo de las imágenes en movimiento, consciente de que toda excavación implica daño.

Entre las películas que se proyectan en Tesalónica, The Village Detective: A Song Cycle destaca por su premisa inesperada: rollos de una comedia soviética recuperados del mar frente a las costas de Islandia. A diferencia del hallazgo monumental de Dawson City, este descubrimiento es incompleto, dañado y aparentemente menor. Sin embargo, Morrison lo convierte en una reflexión sobre el valor, la pérdida y la devoción, reflejada en la figura del actor Mikhail Žarov y elevada por la partitura elegíaca de David Lang.

La música ha sido siempre central en la obra de Morrison. The Great Flood, realizado junto al guitarrista Bill Frisell, revisita la inundación del Misisipi de 1927 como catástrofe ambiental y punto de inflexión cultural, conectando el desastre natural con la Gran Migración y la transformación de la música estadounidense. The Miners’ Hymns, con música de Jóhann Jóhannsson, funciona como un réquiem para una industria extinta, uniendo historia laboral, memoria colectiva y duelo.

Las aproximaciones más literarias de Morrison, como Spark of Being, reinterpretación de Frankenstein a partir de material encontrado, exponen un tema recurrente: la frontera inestable entre creador y criatura, archivo y presente, cuerpo e imagen. Su corto más reciente, Incident, nominado al Óscar, afronta la violencia contemporánea a partir de imágenes de vigilancia, demostrando que la ética del archivo en Morrison sigue siendo dolorosamente actual en la era digital.

Tesalónica Bill Morrison

Vouvoula Skoura: la memoria como migración interior

Si Morrison excava la historia colectiva a través del celuloide en descomposición, Vouvoula Skoura aborda la memoria como un movimiento fluido e interior —lo que ella misma ha denominado “migración interior”. El homenaje que Tesalónica dedica a Skoura es a la vez amplio y reparador: veinte películas que abarcan cuatro décadas, junto con el compromiso del Festival de restaurar Inner Migration (1984) y Skoria Fotos (1989) en colaboración con el Archivo Cinematográfico Griego.

Nacida en Tesalónica y marcada por el exilio durante la dictadura griega, la obra de Skoura se sitúa entre las artes visuales, la poesía, el ensayo fílmico y la instalación de vídeo. Formada en artes gráficas y gráficos por ordenador, ha rechazado sistemáticamente la narración lineal en favor de estructuras contemplativas y fragmentarias que reproducen el funcionamiento de la memoria.

En Tesalónica, la memoria no solo se conmemora: se reactiva. Y en esa reactivación, el cine recupera su función más urgente: hacer visible el tiempo como algo frágil, compartido y en permanente transformación.

Su obra temprana Inner Migration traza la vida de una mujer a través de la infancia, la adolescencia y el matrimonio, entrelazando memoria personal e historia nacional, guerra civil y desarraigo cultural. Radical para su época, la película visibiliza la ruptura violenta que experimentan muchas mujeres al verse obligadas a abandonar su entorno, transformando el desplazamiento geográfico en un viaje interior y temporal.

En Skoria Fotos, Skoura afronta el díptico Eros–Muerte mediante un collage denso de imaginería clásica, fotografía contemporánea y procesamiento digital. Las referencias a Morandi, Caravaggio o López conviven con la destrucción de las propias imágenes, como si el legado solo pudiera sobrevivir siendo cuestionado y reconfigurado.

VOUVOULA SKOURA Thessaloniki

Vouvoula Skoura.

Buena parte de la obra posterior de Skoura se centra en artistas, escritores y poetas —Etel Adnan, Giorgos Seferis, Odysseas Elytis, James Joyce— no como monumentos, sino como voces en exilio. Etel Adnan: Words in Exile, galardonada en Tesalónica, construye un retrato polifónico de la poeta a partir de cartas, conversaciones, paisajes y lenguas. Veinte años después, Skoura regresa a Adnan en Etel Adnan: Undying Colours (2026), recuperando sus últimas reflexiones en un Líbano marcado por fracturas históricas persistentes.

El cine de Skoura vuelve una y otra vez al mito —Medea, Filoctetes, las Sibilas— no como alegoría atemporal, sino como marco para pensar la violencia, el duelo, la migración y la pérdida de la inocencia. Películas como Medea – No Comment (2001) y Sibyls (2002) rehúyen el cierre narrativo y permiten que el silencio, la repetición y la fractura visual generen sentido.

Sus trabajos más recientes, como Eveline 2020 (2020) y UTOPIA. The Poetics of Borders: Berlin – Nicosia (2025), afrontan de manera directa el desplazamiento contemporáneo. Crisis de refugiados, ciudades divididas y travesías marítimas se inscriben en un cine donde el mar funciona como memoria y herida, continuidad y ruptura.

Archivos, ética y políticas del cuidado

Lo que une a Bill Morrison y Vouvoula Skoura no es el estilo, sino una ética de la atención. Ambos tratan las imágenes como cuerpos vulnerables, expuestos a la erosión, la censura, la obsolescencia tecnológica y la violencia política. Su trabajo insiste en que los archivos no son neutrales: están moldeados por el poder, el abandono y decisiones de conservación que nunca son inocentes.

Al otorgarles los Alexandros de Oro honoríficos y comprometer recursos para la restauración y la accesibilidad —como la proyección con AD y SDH de Etel Adnan: Words in Exile, con el apoyo de Alpha Bank— el Festival Internacional de Documentales de Tesalónica se posiciona no solo como escaparate, sino como agente activo en la política de la memoria.

En una época saturada de imágenes pero cada vez más desconectada de la profundidad histórica, Morrison y Skoura nos recuerdan que la tarea del cine no es acumular, sino escuchar: las grietas de la emulsión, los silencios del testimonio, las voces en riesgo de desaparecer. Sus películas no ofrecen consuelo; ofrecen responsabilidad.

En Tesalónica, la memoria no solo se conmemora: se reactiva. Y en esa reactivación, el cine recupera su función más urgente: hacer visible el tiempo como algo frágil, compartido y en permanente transformación.

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