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El cine en 2020: El futuro será mejor que esto

En Cine y TV 30 diciembre, 2020

Javi Cózar

Javi Cózar

PERFIL

Habitualmente en estas fechas llega la consabida invasión de tops de las mejores películas (y series) del año. Yo mismo suelo confeccionar uno aquí, en EL HYPE. Pero no lo haré este año. Y no me malinterpretéis. No solo respeto, sino que aplaudo entusiásticamente a aquellos críticos que han decidido hacer público su top de lo mejor del año. Es muy saludable que algunos lo hagan porque es necesario, y quiero subrayar esta palabra, es del todo necesario acabar el año cinematográfico con una cierta sensación de normalidad que nos permita encarar 2021 con esperanza.

Pero yo no puedo entrar ahí porque miro hacia atrás y el desconcierto me abruma. Este año solo hemos tenido dos meses y medio de funcionamiento normalizado de la industria del cine, entre el 1 de enero y el 13 de marzo. Luego, el cierre total de cines. Y luego… bueno, sobre esa parte quiero reflexionar precisamente.

Los cines son seguros. La cultura es segura.

Desde que empezaron a abrir los cines españoles, a finales del mes de junio, la industria ha vivido un año que ni Charlie Brooker, el creador de Black Mirror, podría haber escrito. El caos que han supuesto las restricciones impuestas por las autoridades, que han mutado más y más rápido de lo que espero que el coronavirus sea capaz de mutar, se han trasladado a la distribución y la exhibición de películas.

Las distribuidoras pequeñas aprovecharon para estrenar restos de catálogo, en el mejor de los casos, o directamente aplazaron estrenos, según se iban abriendo y cerrando los cines en comunidades autónomas clave como Catalunya y Madrid. Santiago Segura, que de tonto no tiene un pelo, estrenando en medio del verano más seco de estrenos su Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra, y reventando una taquilla sin competencia alguna, eso es cierto. Y las distribuidoras grandes… ay… ese sainete tiene un nombre propio: Tenet.

2020

Tenet sintetiza el caos de la exhibición cinematográfica en 2020.

Lo que ha ocurrido con la última película de Christopher Nolan sintetiza de manera ejemplar el caos que ha supuesto todo este 2020 que acaba ya, y de hecho escribo estas líneas con el fondo de la extraordinaria música de Ludwig Göransson porque parece expresamente compuesta como banda sonora de este año: su calculada asimetría y aparente desorden definen la estupefacción emocional y vital en la que estamos sumidos todos.

El director aferrándose con uñas y dientes a un estreno theatrical, Warner aplazando varias veces la fecha de estreno porque, aunque no lo dijeron, los cines estadounidenses estaban cerrados y no querían renunciar al mercado doméstico. Las semanas de verano pasaban y, con cada nuevo aplazamiento, las salas de cine se ahogaban un poco más sin combustible que ofrecer a su público. Finalmente, Tenet se estrenó en cines el 26 de agosto, pero no hizo mucha pasta. Claro, ¿cómo va a hacer mucha pasta con los cines de medio mundo cerrados y con una pandemia global que hace que muchas personas, legítima y comprensiblemente, decidan no ir a espacios cerrados?

2020

Mulan, probablemente el primer blockbuster de la nueva era digital.

Para cuando se estrenó Tenet, Disney ya había anunciado que una de las apuestas más potentes de la casa de Mickey Mouse, la versión de acción real de Mulan, se estrenaría directamente en su plataforma Disney + sin pasar antes por salas, y eso a pesar de que tenía fecha de estreno programada desde 2019 para mediados de julio. Apuesta arriesgada por dos motivos: uno, porque había que pagar para verla ya que no entraba en la suscripción de la plataforma, y dos, porque atentaba frontalmente contra el modelo de “ventanas” en vigor en Hollywood desde la aparición del vídeo doméstico a finales de los años 70, y en virtud del cual el estreno en salas precede siempre al estreno en formatos domésticos.

La cosa les salió bastante bien, y Mulan se ha convertido probablemente en el primer blockbuster de la nueva era digital. Tanto es así que otras películas ya han corrido la misma suerte, la más significativa de las cuales ha sido Soul, que era la gran apuesta de Pixar (para salas) de este año. Este cambio en la manera en la que Disney entrega sus productos puede estar presagiando, y de hecho es lo que muchos temen, una transformación mucho más gigantesca en la que las salas de cine pasarían a tener un papel residual en el modelo de distribución de películas.

Así parece haberlo entendido Warner Bros. que, en el (hasta ahora) último terremoto que ha asolado a la industria del cine, anunció a principios de diciembre que todo su catálogo para 2021 lo estrenará en el mercado estadounidense simultáneamente en salas de cine y en su plataforma HBO Max. De momento, en el resto del mundo seguirán el modelo tradicional, pero eso es porque HBO Max sólo está disponible allí. ¿Qué ocurrirá cuando empiece a operar en otros países?

Dune, de Villeneuve, posible damnificada por la decisión de Warner.

La decisión de Warner ha encontrado un fuerte (y lógico) rechazo dentro de la propia industria, principalmente y de manera bastante comprensible entre grandes cadenas de exhibición como AMC. Uno de los que más claro y alto ha hablado ha sido Denis Villeneuve, que en un artículo para Variety cargaba duramente contra la productora.

Aunque no se pueden obviar sus motivaciones personales, ya que su Dune sería una de las películas afectadas (digo “sería” porque parece que ahora se lo están replanteando), Villeneuve plantea cuestiones bastante interesantes como el verdadero motivo que ha empujado a los directivos de Warner a tomar esta decisión (según Villeneuve, los 150 billones de dólares de deuda acumulada de la compañía de telecomunicaciones AT&T, propietaria de HBO Max), y deja bien claro que hacer cine es una colaboración basada en la confianza mutua del equipo de trabajo, y Warner Bros. ha anunciado que ya no está en el mismo equipo.

Antes de la pandemia ya se hablaba de todo esto, pero es incuestionable que el desastre provocado en el sector por el lockdown global ha acelerado muchísimo la toma de decisiones. La situación no invita a ser optimista… a menos que nos fijemos en los pequeños detalles. Por ejemplo, hasta el momento no está acreditado ningún brote en ninguna sala de cine (ni teatro). Es más: desde finales de agosto se han celebrado festivales en modalidad presencial como los de Venecia, Málaga, San Sebastián y Sitges, sin (afortunadamente) consecuencias respecto a la pandemia. Los cines son seguros. La cultura es segura. Y ya sé que es un eslogan, pero creo que también es importante repetirlo ante los continuos ataques de gobiernos de cafres como el de Catalunya, que en verano cerró las salas de cine un mes antes de cerrar los prostíbulos.

El ritual de disfrutar una película junto a desconocidos no va a desaparecer en el corto plazo.

Otro detalle para el optimismo: no todas las majors se alinean con la decisión de Warner. El CEO de Sony Pictures, Tony Vinciquerra, ha dicho que el estreno en salas seguirá siendo el modelo de su compañía. Vale, es fácil decirlo cuando no tienes una plataforma propia de distribución como sí tienen Warner y Disney. Pero si realmente quisieran en Sony, crear un servicio de streaming les llevaría muy poco tiempo y enseguida estarían en condiciones de competir con el resto de plataformas.

Que va a haber cambios profundos no lo duda nadie. Que la exhibición en plataformas se va a convertir, se ha convertido de hecho ya, en un canal paralelo al de la exhibición en salas, también está fuera de discusión. Esa frase que hace décadas está instalada en el marketing de películas y que se coloca a menudo en la parte inferior de los carteles, Solo en cines, adquiere a partir de ya un significado completamente nuevo y casi lúgubre: un grito desesperado que indica que esa película en cuestión ha escapado de las fauces de las plataformas de streaming y, casi como si fuera un milagro, ha conseguido sobrevivir a directivos, ejecutivos, accionistas, y demás burócratas, y llegar hasta los cines.

Vale, la situación es complicada. Pero de ahí a pronosticar el final de las salas de cine, como hacen muchos y como yo mismo hice en esta revista comentando el estreno de Tenet, hay un trecho que ahora mismo me niego a asumir. Posiblemente caminamos hacia una redefinición industrial en la que la “ventana” se negociará película a película, como sugiere Vinciquerra, y por lo tanto en algunas ocasiones llegarán a plataformas en dos semanas y en otras ocasiones llegarán en un mes o en más tiempo.

Pero el estreno en sala sigue aportando un valor estratégico al producto que es difícil de ignorar. Y el cine, que es un arte que afortunadamente puede disfrutarse en varios lugares y de varias maneras, sigue siendo ante todo una experiencia colectiva. Por eso el ritual de disfrutar una película junto a desconocidos no va a desaparecer en el corto plazo. Y por eso, no lo dudéis, el futuro será mejor que este año 2020.

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