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76 Mostra de Venecia #3 Guédiguian, los bárbaros y la mafia

En Cine y TV 7 September, 2019

Gian Giacomo Stiffoni

Gian Giacomo Stiffoni

PERFIL

Los últimos días de la Mostra han aportado una atmósfera más relajada: menos estrellas, menos títulos llamativos, ya que gran parte de los periodistas está preparando las maletas para los festivales norteamericanos de Toronto y Telluride. Entre los espectadores y críticos que quedan, hay quien recupera joyas del pasado restauradas en la sección “Venezia Classici”.

Por nuestra parte hemos apreciado soberbias nuevas ediciones de La strategia del ragno de Bertolucci, Lo sceicco bianco de Fellini y Ensayo de un crimen de Buñuel y el logrado documentale del hijo de Tarkovski sobre su padre Andrey Tarkovski. A cinema Prayer), quienes cruzan una lengua de laguna para ir a la isla del Lazzareto Vecchio, para ver lo que ofrece Virtual Reality (sección que ha llegado a su tercera edición y donde ha tenido cierto éxito la instalación interactiva con argumento de ciencia ficción, The Key).

Queda espacio para el cine de autor internacional que constituye la franja intermedia del festival, que sin embargo este año parece estar un poco en dificultad.

Festival de Venecia

Andrey Tarkovsky Jr. frente al retrato de su padre.

Lo hemos constatado ya desde las primeras cintas en concurso presentadas en estos últimos días. Una desilusión ha sido el ambicioso (casi quince años de gestación) The Painted Bird de Václav Marhoul, inspirado en una obra de Jerzy Kosinski, autor del famoso Desde el jardín. Un niño judío (el joven actor Petr Kotlár) encaja en silencio un sinfín de desgracias y violencias que son el concentrado de los horrores de la Segunda guerra mundial en una región polaca: viene vendido a una gitana, presencia la, violencia doméstica de un patriarca campesino y, cambiando de amo en amo, ve ojos extraídos de sus órbitas, zoofilia y muertes cruentas a voluntad. Después llegan los nazis, los abusos sexuales y la final los comunistas que, si cabe, son todavía peores que los alemanes.

Muchos espectadores han salido de la sala frente a esta secuencia pretenciosa e infinita de atrocidades; el estilo relamido y nada novedoso, basado en una bella pero inútil fotografía, y la sensación que el director se recree demasiado en la narración de los horribles acontecimientos, irrita y aburre a lo largo de las casi tres horas interminables de la cinta.

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El joven Petr Kotlár en The Painted Bird.

La película australiana Babyteeth de la directora Shannon Murphy y el largometraje Saturday Fiction del realizador chino Lou Ye también decepcionaron bastante. Babyteeth encaja el problema de la enfermedad terminal dentro de una historia de amor entre adolescentes (una chica de buena familia hija de una psicoterapeuta y un pequeño traficante de drogas rechazado por su familia). Milla (la joven actriz australiana Eliza Scanlen) tiene los días contados, y conocer al joven Moses hace nacer en ella una alegría que ya sabe que va a durar poco.

El tema del amor que enfrenta la muerte podía ser tratado con mayor interés, sin embargo, la directora no consigue llevarlo mucho más allá de un melodrama sentimental sin ninguna originalidad formal y sobre todo es incapaz de llevar el espectador a una participación menos pasiva y banal frente a las inquietudes de dos adolescentes.

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Eliza Scaneln en una escena de Babyteeth.

Saturday Fiction, digámoslo enseguida, fue bastante aburrida. Entre melodrama sentimental e historia de espionaje, el largometraje de Lou Ye, ambientado en la Shanghai de 1941 bajo la ocupación japonesa, empieza de forma interesante mezclando la historia real con la representación teatral de la misma, pero se pierde en su metraje. El relato se convierte de hecho en la descontada historia de una actriz espía (interpretada por Gong Li) que mantiene un secreto y que tiene que utilizar todas sus artes de seducción para sacar información sobre los planes japoneses.

La cámara de director está siempre en mano y excesivamente móvil, así como confuso resulta el montaje. El intento era probablemente el de suministrar dinamismo a los acontecimientos, sobre todo en larga escena con disparos al final de la película, pero el resultado resultó solo confuso. Todo sonaba a ya visto, la actuación de los intérpretes, algunos de ellos actores franceses, fue bastante plana y las dos horas que dura la cinta acabaron por ser interminables.

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Gong Li en  Saturday Fiction.

Las cosas mejoraron sensiblemente con la proyección del nuevo largometraje de Robert Guédiguian. El título, Gloria Mundi —precedido, entre paréntesis, en los títulos iniciales por el añadido (Sic transit)— quiere ser un compendio y una definición de los acontecimientos narrados en el argumento. Así pasa la gloria del mundo, o sea como son efímeras las cosas del mundo, se convierte así en la síntesis de lo que marca las existencias de una familia de Marsella y sus relaciones complejas, ambiguas, hechas de amor, odio, envidia, frustraciones y alegrías.

El habitual grupo de actores que utiliza siempre Guédiguian (el equivalente cinematográfico de una compañía de teatral) da vida, después del nacimiento de Gloria a un grupo familiar desunido al que vuelve el primer marido de Sylvie, Daniel, después de veinte años de prisión. La mujer se ha vuelto a casar con un conductor de autobuses que ha criado la primera hija de Sylvie y Daniel y otra tenida del segundo matrimonio. Los problemas económicos de las dos hijas y de sus parejas y las dificultades en el trabajo del matrimonio de ancianos, dentro de la realidad de la crisis económica actual, son solo el punto de partita que utiliza el director.

Con su trabajo, como siempre basado en una simplicidad narrativa y formal modélicas, Guédiguian quiere en realidad ponernos frente a los avatares de una muestra de la sociedad y al mismo tiempo contarnos como en la vida de una familia todo es efímero, complejo y simple al mismo tiempo (como los Haiku que escribe Daniel), así como detrás de la esquina puede estar la vía para mejorar nuestra existencia o el incidente que estropearla para siempre.

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Los actores de Guédiguian en Gloria Mundi.

Poco que decir de A Herdade del portugués Tiago Guedes, que trajo de vuelta el cine portugués a la competición veneciana después de varios años de ausencia. Guedes sigue con sus temas habituales: la regencia de una hacienda incómoda y desmesurada, los enfrentamientos sociales, el análisis de momentos de la historia de su país. Todo dentro de los acontecimientos personales de una familia de terratenientes en dos épocas precisas, 1973 y 1991. Sale un retrato con tonos de seco melodrama y toques heredados del  western, bien contado, que sin embargo no convence completamente limitándose a la simple narración de los acontecimientos careciendo de sugerencias en lo visual y en la estructura formal del relato.

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Albano Jerónimo en  A Herdade.

Algo mejor, pero sin demasiadas luces, Waiting for the Barbarians del director de origen colombiano Ciro Guerra, sacado de una de las mejores novelas del premio Nobel sudafricano John Maxwell Coetzee, autor también del guion de la película. Un juez (Mark Rylance), administrador de un aislado puesto de frontera al borde de un imperio sin nombre, espera con serenidad la pensión hasta que llega el coronel Joll (Johnny Deep) encargado de intervenir sobre las actividades de los “bárbaros”. La forma de tratarlos de parte de coronel, utilizando la tortura, llevará el juez a una crisis de conciencia que desembocará en una rebelión de matiz casi quijotesco.

Lo mejor de la cinta fue sin duda el excelente guión de Coetzee que consigue ofrecer al espectador con su historia de calado metafórico, un análisis despiadado del riesgo que corre nuestro tiempo. ¿Quiénes son los verdaderos bárbaros? ¿Los sospechados enemigos que tranquilos viven en la frontera o esos hombres que llevan a sí mismos y a sus adeptos a la más despiadada brutalidad inventando un enemigo que no existe? La respuesta es evidente. Nuestra sociedad, ya totalmente insensible y víctima del miedo, es la que corre el verdadero riesgo de convertirse en los nuevos bárbaros esperando con su inanidad el inevitable derrumbe de los valores.

Respecto al argumento muy sugerente, la cinta de Guerra sin embargo se queda atrás. Una buena fotografía y una notable interpretación de los actores (sobre todo la de Rylance) no son suficientes para que el largometraje sea poco más que correcto, con una exposición a nivel estilístico de la historia bastante banal y descontado en lo que se refiere al aspecto visual y narrativo.

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Johnny Deep y Mark Rylance en Waiting for the Barbarians.

Última cinta presentada en concurso fue la tercera de las italianas, La mafia non è più quella di una volta de Franco Maresco. El estilo del documental de Maresco, que se ha separado definitivamente del que fue colaborador Daniele Ciprì, es el habitual: situaciones al borde del surrealismo, desagradables y con personajes no ajenos al ridículo y totalmente grotescos. Esta vez el tema parece ser preguntarse, con la ayuda de la famosa fotógrafa Letizia Battaglia, cómo ha cambiado la percepción de la Mafia en Sicilia veinticinco años después de la muerte de los dos magistrados antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Gran parte del largometraje se centra en la organización del empresario (¿ficticio?) de cantantes de la nueva canción napolitana, Ciccio Mirra (ya presente en la película de Maresco de 2013 Belluscone y que aquí aparece siempre en blanco y negro) que organiza, bajo la sugerencia del director Maresco, un concierto para recordar los dos jueces asesinados. La actitud de Mirra es totalmente ambigua, ya que acepta la iniciativa, pero al mismo tiempo no consigue criticar abiertamente a la Cosa Nostra luciendo un constante estado de complicidad silenciosa. Un mutismo que el director siciliano parece sugerir ser en el DNA de los habitantes de su región llegando hasta al actual presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, originario de Palermo.

Aparte la falta de gusto de involucrar, aunque de forma irónica, la mayor carga del estado italiano, cuyo hermano fue ajusticiado por la Mafia en los años ochenta, no cabe duda de que el filme de Maresco divierte. Sin embargo, la comicidad de sus personajes impresentables no consigue incidir y transformarse en una crítica eficaz hacia un fenómeno tan horrible como, es el crimen organizado. Todo suena a farsa y a diversión sin que se perciba con claridad si existe una verdadera diferencia entre una justificada crítica y una fácil complicidad con el terrible fenómeno social y político que sigue siendo la Mafia.

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La mafia non è più quella di una volta.

La sección paralela de la Mostra, Orizzonti, se cerró con la película de Oskar Alegría, Zumiriki, única presencia española (aparte la de Pedro Almodóvar, merecedor este año del León de Oro por la carrera) en un festival que hace demasiado tiempo que  parece haber olvidado esta cinematografía.

Lo que era una pequeña isla en medio a un río, paraíso donde jugaba de niño el realizador, ha desaparecido sumergida por la construcción de un dique. Lo que queda en el río que se ha formado son solo los vestigios de cuatro árboles que sobreviven en memoria de un tiempo pasado. Es este el punto de partida de Zumiriki que es también la última palabra de un diccionario redactado por el padre del realizador, obsesionado por la pérdida de antiguas palabras en una pequeña aldea de habla vasca.

El documental de Alegría, cineasta y escritor, es una aventura en la naturaleza, una vuelta a los orígenes de su tierra y a lo salvaje, realizada en cuatro meses de total aislamiento. Los recuerdos y las imágenes se convierten en un ancla de salvación ante el naufragio de la palabra dentro de un poema visual en solitario sobre la memoria, de notable impacto emotivo que tiene como único defecto el sobrarle por lo menos media hora de metreje.

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Zumiriki de Oskar Alegria.

 

PALMARÉS

León de Oro: Joker de Todd Philipps.

Gran Premio del Jurado: J’accuse de Roman Polanski.

Mejor Director: Roy Andersson por Om det oändliga (About Endlessness).

Coppa Volpi a la mejor actriz: Ariane Ascaride por Gloria Mundi.

Coppa Volpi al mejor actor: Luca Marinelli por Martin Eden.

Mejor guion: Yonfan por Ji yuan tai qi hao (No. 7 Cherry Lane).

Premio Marcello Mastroianni (para jóvenes actores emergentes): Toby Wallace por Babyteeth.

Premio Especial del juradoLa mafia non è più quella di una volta de Franco Maresco.

 

SECCIÓN HORIZONTES

Premio Ópera Prima: You will die at 20 (Amjad Abu Alala).

Mejor guion:Jessica Palud, Philippe Lioret, Diastème por Revenir.

Premio Horizontes Mejor Actor: Sami Boujila por por Un fils .

Premio Horizontes Mejor Actriz: Marta Nieto por Madre.

Premio especial del JuradoVerdict de Raymund Ribay Gutiérrez.

Mejor dirección: Théo Court por Blanco en Blancé.

Mejor PelículaAtlantis de Valentyn Vasyanovych.

 

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