"The Black Holes": una adolescencia entre Lovecraft y The Cramps - el Hype
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“The Black Holes”: una adolescencia entre Lovecraft y The Cramps

“The Black Holes”: una adolescencia entre Lovecraft y The Cramps

Hay en The Black Holes, de Borja González, una de esas cosas que hacen que más allá de todo, sea una obra especial. Puede ser, no lo niego, que provoquen esa impresión las referencias musicales y cinematográficas, el encanto de sus jóvenes protagonistas o el embeleso preciosista de un dibujo que tan pronto gravita hacia

Hay en The Black Holes, de Borja González, una de esas cosas que hacen que más allá de todo, sea una obra especial. Puede ser, no lo niego, que provoquen esa impresión las referencias musicales y cinematográficas, el encanto de sus jóvenes protagonistas o el embeleso preciosista de un dibujo que tan pronto gravita hacia lo gótico como retoza en la frescura urbana y nocturna.

"The Black Holes", Borja González

Lo que propone González en su primera obra de larga duración brilla, sí, por el acierto de aunar con excelente tino al Mike Mignola más lovecraftiano con el punk más juguetón de Jaime Hernández, pero lo hace aún más por haber sabido encontrar un código propio que, no solo le permite marcarse un mashup de estilos aparentemente nada compatibles, sino que muestra de buenas a primeras una gran naturalidad para establecer sus propios tiempos y maneras.

En The Black Holes suenan de fondo Ghost Rider de Suicide, Davy Crockett de Thee Headcoatees o Bikini Girls with Machine Guns de The Cramps. Y lo hacen no solo porque sean canciones o grupos que mencionan las chicas del grupo punk homónimo que protagonizan esta obra o porque veamos posters colgados en las paredes de sus habitaciones o de su local de ensayo, sino porque la atmósfera que desprenden las páginas del cómic así lo sugieren.

The Cramps

Tanto, o más, consiguen evocar el ruido de un bosque por la noche, el olor a tierra húmeda, las ramas rozando tu cara, la inquietante calma de un chapuzón nocturno bajo la luz de la luna o el roce de un camisón en una fresca madrugada de verano. González, privilegiado escenarista, demuestra esa extraña habilidad consistente en hacer que el lector, más que conectar con la historia, se sumerja en ella.

La sinopsis de The Black Holes habla de un trío de chicas empeñadas en montar una banda de punk y, siendo un descripción correcta, es también una injusta simplificación, la primera capa de una canción o la canción más corta y pegadiza de un disco doble.

A lo largo de las páginas de la obra encontraremos, más sugerido que contado, una estupenda recreación del misterioso e inconsistente idioma que se habla durante la adolescencia. Hallaremos nocturnidad, hormonas y efervescencia; adivinaremos estribillos pegadizos y distorsión; evocaremos las cumbres borrascosas que pueblan la vida de unas jóvenes a las que les ha tocado vivir una época en la que entregarse a lo mágico y a la fantasía, para crear una realidad con sus propias reglas, es la única vía de escape a una rutina nada halagüeña. Pero es que, ¿acaso no era eso el punk?

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