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Cultura

Russafart: el arte de la fotosíntesis

Russafart: el arte de la fotosíntesis

Russafart, la bienal de arte de Valencia, ha finalizado su cuarta edición reuniendo a una gran cantidad de artistas, espacios expositivos y artísticos, galerías y estudios. El evento termina, pero todo lo que se ha encargado de visibilizar sigue ahí. El artista habita su espacio personal -sea taller, sea estudio- y este pasa indefectiblemente a

Russafart, la bienal de arte de Valencia, ha finalizado su cuarta edición reuniendo a una gran cantidad de artistas, espacios expositivos y artísticos, galerías y estudios. El evento termina, pero todo lo que se ha encargado de visibilizar sigue ahí.

El artista habita su espacio personal -sea taller, sea estudio- y este pasa indefectiblemente a ser parte de su obra, una de sus creaciones más auténticas, un microuniverso salpicado de todo aquello que él o ella quiere que irrumpa de su mano en la realidad. Sé de creadores capaces de trabajar en casi cualquier circunstancia y lugar, pero me atrevería a decir que son una minoría. La mayoría, o al menos, muchos de los que he podido conocer, requieren de un refugio adaptado a sus necesidades para poder desarrollar su trabajo, un más allá tras una puerta que sentir como propio.

La ciudad alberga tras sus fachadas una gran cantidad de cobijos de este tipo. Pasarían desapercibidos de no ser por iniciativas como Russafart, bienal artística de talleres abiertos que terminó el pasado domingo. Coordinado por Arístides Rosell -a quien puedes encontrar en Imprevisual-, el evento, que va por su cuarta edición, ha situado en el mapa para la ocasión ochenta y ocho hitos, entre espacios artísticos, expositivos, galerías y estudios. Cabe suponer que el esfuerzo no ha sido precisamente pequeño. Russafart es ya seña identidad de un barrio que respira de un modo distinto, una pequeña nación dentro de Valencia en la que al margen de tópicos sobre barbudos, bicicletas vintage y tatuajes, podemos encontrar mucho de convivencia, de creatividad, de reconversión de lo viejo en nuevo sin perder la esencia, de reivindicación y activismo, y de iniciativa.

Cómo evolucionará el barrio es algo que dejo a otros, cómo seguirá creciendo Russafart es un asunto sobre el que sí me planteo algunas cuestiones. El tiempo que estuve allí, el sábado en concreto, lo dediqué primero a visitar la instalación 2012/14 de Irene Grau en el que ha sido su hogar-taller -en adelante solo hogar-, y luego, a vagar sin rumbo concreto. Así llegué a descubrir, entre otros, el taller Marie-Lou Desmeules (Cuba 31), el estudio de José Saborit (Denia 10), o el espacio de William James Packer (Denia 49). A continuación pasé por el Sporting Club de Ruzafa (Sevilla 5), y me dirigí a El Altillo (Puerto Rico, 46), recientemente inaugurado y abarrotado de gente -no es para menos-; qué buena noticia que el gran trabajo que han realizado sus componentes para habilitar el taller se haya visto recompensado con el estreno por todo lo alto en Russafart. La última cita la tuve con The Wooden Hut Studio (Pintor Gisbert 3) y su primera group exhibition, en la que participaban artistas como Victoria Iranzo, Alberto Beltrán, Abel Segura Sánchez, Luciana Novo, Aaron Duval, Dani Coves, o Álex Marco. Había estado aquí con anterioridad, pero nunca está de más volver; estoy convencido de que este espacio va a ser -si no es ya- un referente clave siempre que se hable de arte en Ruzafa.

El Altillo. Russafart

El Altillo

Wooden Hut. Russafart

The Wooden Hut Studio

Si algo he observado este año en Russafart, más que en otros -tal vez solo es percepción mía-, es que la experiencia es muy ecléctica. Esto no es algo en absoluto negativo, de hecho, es coherente con el espíritu del acontecimiento, que es una muestra de talleres abiertos. Pero sí es cierto que la cantidad de espacios puede llegar a abrumar, especialmente si no se tienen referencias de ninguno de ellos. Russafart no selecciona por obra del artista, ni pienso que sea su cometido ni la vocación con la que nació, pero -se me ocurre- podría ser interesante contemplar unos premios Russafart por categorías: a los espacios más espectaculares, a aquellos con las propuestas más interesantes, a los más activos.

En cualquier caso, esta bienal es ya patrimonio de la ciudad, tanto de entendidos en arte como de profanos curiosos como el que escribe, y hay que apoyarla para que perdure. La cuarta edición ha terminado, pero puedes seguir en contacto con todo lo que se ha encargado de visibilizar. Los talleres permanecen ahí, las galerías continúan trabajando, los artistas no han colgado sus herramientas. El oxígeno artístico sigue liberándose. Russafart hace la fotosíntesis todos los días del año.

*Fotos de El Altillo y The Wooden Hut Studio, vía sus sites. 

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